jueves, 14 de marzo de 2013

Paquito I: Habemus Papam

Pasadas las 20:00 horas de ayer, el cardenal Jorge Mario Bergoglio apareció por el balcón central de la basílica de San Pedro convertido en nuevo pontífice y saludando a las enardecidas hordas de fanáticos católicos que le jaleaban con las lágrimas en los ojos y la Fe muy desbordada; “Nuntio vobis gaudium magnum HABEMUS PAPAM Francesco I”. O algo así. En ese instante, al verle, muchos no pudimos evitar el sorprendente parecido que tiene el recién estrenado Papa a Matías (Luis Barbero), el ilustre e inseparable amigo de Manolo, el abuelo de Chechu en la serie televisiva ‘Médico de familia’. Como expresaba el gran Rafa Gil, no es extraño imaginarle diciendo sus primeras palabras como Santo Padre: “Manolooooo… me han hecho Papa”.
Después de que Joseph Ratzinger dimitiera el pasado febrero porque la Fuerza le había abandonado y tras cinco votaciones, este cardenal jesuita argentino dejaba en la cuneta a los favoritos en todas las quinielas de las casas de apuestas (Scola, Odilo Scherer, Dolan, O’Malley y Wuerl). El pontífice número 266 tiene setenta y seis años, un título en química, le falta un pulmón que perdió por una infección en su juventud, es el primer jesuita (como los pasteles) de la historia en ser elegido Papa y el primero no europeo en los últimos mil años. Lo mejor de todo esto es, como siempre, que el cónclave no se eternizó, la fumata blanca emergió de la chimenea sin mucha demora y que el circo mediático de secularización evangelizadora que se ha desplegado en todo el mundo por fin tiene un día más de sobreinformación papal.
El “pontífice del fin del mundo”, como ya se le conoce, se dedicará a esas cosas de papado archiconocidas… Viajar por todo el mundo e intentar blandir la conciencia católica allá por donde vaya. Y lo hará con su carácter fuertemente conservador, radical en su postura en contra de los homosexuales, antiabortista y acusado en su día de confabulación con la dictadura de Videla y de robo de bebés por las Madres de la Plaza de Mayo. Todo un ejemplo que abandera el catolicismo de nuestros días y ejemplo jerárquico de una Iglesia con menos credibilidad que el programa electoral de un político. Veremos si a partir de ahora, Francisco I sigue utilizando el autobús público como medio de transporte y reparte la riqueza ostentosa del Vaticano entre los más desfavorecidos, ya que como ha dicho: “La pobreza es inmoral, injusta e ilegitima”. Tiene una gran oportunidad de enmendarlo. Pero claro...

martes, 12 de marzo de 2013

Review 'El Atlas de las Nubes (Cloud Atlas)', de Andy y Lana Wachowski y Tom Tykwer

Multifábula kamikaze
Los hermanos Wachowski, junto al alemán Tom Tykwer, adaptan la compleja novela de David Mitchell con una arriesgada aventura que simboliza y desafía el concepto propio de la narración.
La compleja construcción de la novela superventas de David Mitchell ‘El Atlas de las nubes’ ha supuesto una coyuntura de largo recorrido para que los hermanos Wachowski regresen al cine. Y no podían hacerlo de otro modo que con la incontrolable ambición de dos megalómanos fílmicos que ostentan esa cualidad después de la trilogía ‘Matrix’ y exhibir un costoso capricho transformado en decepcionante fracaso que fue ‘Speed Racer’. Una empresa compleja, que ha tenido que contar con el alemán Tom Tykwer para salir adelante y llevar a cabo esta historia de laberintos temporales que proponía el autor británico y donde el tiempo narrativo se fragmenta en constantes trayectos de ida y vuelta, encadenando un entramado discontinuo, con seis historias y estilos diferentes que transcurren desde 1849 hasta un futuro que corresponde a los últimos días de la Tierra y abarca desde el género de aventuras, pasando por la novela negra o el caleidoscopio de ciencia ficción.
Un tejido histórico a modo de ‘mash-up’ que pretende promover una ilustrativa interconexión de la vida a través de un melodrama de esclavos del siglo XIX en las Islas del Pacífico, una relación epistolar en Cambridge de los años 30, un ‘thriller’ conspiratorio sobre un programa nuclear en San Francisco de 1973, dejando un drama sobre la vejez en nuestros días para acabar sin remisión hacia un futuro ubicado en un superestado coreano poseído por un salvaje capitalismo en una futurista Neo-Seúl en 2144 donde agraviados clones buscan su libertad y acabar en un post-apocalíptico Hawai… Todo ello para exponer las vicisitudes por las que el ser humano está destinado a sobrevivir bajo condiciones adversas. En la película, los tres realizadores utilizan esa conexión transversal de historias combinadas con un efecto de ‘matrioshka’, generando varias elipsis en sus seis tiempos y trenzar así un turbulento tratado en contra de la tiranía polifórmica que agrede a la integridad de los más débiles, el conflicto entre individuo y el poder opresor, en un continuo cruce de destinos consignados a regresar al mismo punto.
‘El atlas de las nubes’ no incide en la multiplicidad estilística literaria de Mitchell y Tykwer y los Wachowski la trasladan a la gran pantalla reescribiendo sus propias reglas y desplegando en su propio histerismo detallista una representación del mundo no tan singular como adaptado a la pluralidad de géneros, asumiendo la devoción kamikaze del asunto para terminar por imponer una actitud innovadora que fusiona forma y contenido. El discurso quiere ser un manifiesto de la vida que existe más allá de las limitaciones del ser humano, interconectado por medio del alma a través de los siglos. A los Wachowski les encanta sublimar lo estrictamente cinematográfico para llegar a un nivel filosófico superior, de ahí que conjuguen estas historias superpuestas con un entramado de personajes a los que dan vida una retahíla de estrellas (Tom Hanks;, Halle Berry, Du-Na Bae, Keith David, Xun Zhou, Jim Broadbent, Jim Sturges, James D´Arcy, Ben Whishaw, David Gyasi, Hugh Grant, Hugo Weaving o Susan Sarandon), evadiendo el contexto y transformándose en múltiples roles mediante maquillajes que resultan en ocasiones irrisorios. Muchas veces cambian de condición, raza o sexo en un periplo donde las fronteras físicas no son obstáculos para ser trascendidas. Una idea que puede ser transferida con el cambio de sexo que ha elegido uno de los hermanos Wachowski, que ha pasado de ser Larry a ser Lana.
Lo que en ‘Matrix’ era la raíz de un gnosticismo simbólico que hacía cuestionar la naturaleza misma de la realidad se reasienta en una transmigración del alma que debe encontrar esa fórmula que conlleve a un albedrío frente a los poderes fácticos, atributo que reintegre un punto de partida con la esperanza de la propia naturaleza y se presente como paliativo a los errores cometidos. La importancia del eterno retorno y del incesante conflicto entre libertad y opresión siguen aquí siendo el núcleo argumental que ya desarrollaron, sobre todo, en su magistral primera entrega de ‘Matrix’.
‘El atlas de las nubes’ es un ensayo cinematográfico que peca de desproporcionado, que tiene desequilibrios muy evidentes y desglosa lo mejor y lo peor de sus creadores (por encima de la aportación de Tykwer), pero que en el fondo no es más que una aventura que simboliza, en sí misma, el concepto propio de la narración, desafiando su lógica como una experiencia modélica a la hora de proponer un puzzle con esencia ‘new age’. Una multifábula acerca de aquellos que intentan alterar el orden establecido contra los que, por beneficio propio, se esfuerzan por mantenerlo. Discurso que se actualiza con los acontecimientos a los que está sometida la sociedad moderna.
Un castillo de naipes postmoderno e vehemente, drásticamente ostentoso en su forma y amplificado en su percepción audiovisual, como un colosal ‘mindbender’ plagado de giros de espectacular arquitectura, parábola de la libertad y el control autoritario, de esa falsa realidad de la que continúan revelando sus nocivos riesgos. Tan desmesurada como incomprendida, el tiempo hará valorar esta nueva película suicida, para bien o para mal.
Miguel Á. Refoyo "Refo" © 2013

viernes, 8 de marzo de 2013

El fascinante mundo de los nudos de corbata

Si soy sincero, nunca me he sentido atraído por el mundo del traje, de lo relativo a la sastrería y confección, la afectación distinguida y refinada que conlleva esa elegancia sobreentendida de vestir con este estilo. Así, cuando echo un vistazo a mi ‘placard’ no tengo mucha duda en elegir vestuario adecuado, ni los tonos idóneos para quedar con tal o cual persona. Ni siquiera tengo traje. A las bodas acudo siempre con el mismo. Uno que ni siquiera es mío. Mi posición laboral y social me excluye de esos términos. Sólo veo camisas de cuadros, camisetas de películas y grupos musicales y pantalones de saldo de bolsillos laterales adquiridos en una gran superficie. El universo de la estricta normativa que promulgaba Barnie Stinson sobre la máxima de utilizar esta apariencia de negocios y circunspecta no va conmigo. Aunque es cierto, que yo también hubiera aceptado este tipo de regalos de Francisco Camps, Álvaro Pérez o El Bigotes. Todo ello porque no es requerimiento de trabajo en mi atuendo. Si no, no tendría ningún problema en acostumbrarme a esta rutina. Igual, incluso llegaría a establecer un vínculo estilístico con esta moda. Lo dudo mucho, pero nunca se sabe.
No obstante, existe una esfera que siempre me ha llamado la atención en este contexto de refinada etiqueta; se trata de aquello que concierne a las corbatas. Ya no sólo las posibilidades dimensionales de géneros, motivos, clases, tejidos y demás características que acompañan a este complemento. Me atrae, fundamentalmente, esa ineludible pericia que concierne al nudo, desde sus infinitas nomenclaturas hasta su complejidad en la laboriosa composición de un nudo bien hecho que casi impone una destreza mágica, como puede ser resolver un puzzle. Esa temática donde el ‘windsor’, ‘half windsor’ o simple… se hiperdimensiona dentro de la red con infinidad de modalidades dignas del mayor y más bregado marinero. Youtube ofrece, en ese sentido, una plétora de nudos apasionantes: ‘four in hand’, ‘grammichele’, ‘cape knot’, ‘trinity’, ‘truelove’, ‘pratt’, ‘eldredge’… Todo un mundo de habilidad y maña. Si no, echad un vistazo a cómo la gente se desenvuelve con diversas modalidades de nudos.

jueves, 7 de marzo de 2013

Tres décadas sin Georges Prosper Remi, el mítico Hergè

Cuando en 1929 Georges Prosper Remi, el gran Hergè, lanzó a Tintín a las páginas del diario ultraconservador ‘Le Petit Vingtième’ no podía imaginar que su vida estaría voluntariamente hipotecada a este personaje. No le importó. Con él desarrolló un mundo de aventuras fascinantes, que fueron y seguirán siendo cumbre del noveno arte y referencia inagotable de importantes autores ulteriores. Su primera aventura fue ‘Tintin en el país de los soviets’, relato antibolchevique que parodiaba a los rusos comunistas de entonces. Tintín es un antihéroe difícil de catalogar, que podía ubicarse con la personalidad multifuncional de un chaval algo infantiloide, de rasgos adolescentes y discernimiento adulto. Esta poligénesis de personalidad matizaría los valores universales de un mito que hoy, con el paso de los años, ha sido injustamente olvidado. Esta semana se cumplen tres décadas de la muerte del padre de la criatura animada. Su fallecimiento fue también el lógico fin de las aventuras de Tintín, puesto que no permitió que nadie siguiese publicando más páginas sobre el intrépido periodista. Tintín forma parte de la memoria colectiva extendida a lo largo de innumerables generaciones que cayeron rendidas al culto de unas aventuras insólitas y originales, trufada de enigmas y secretos, simbolismos y testimonios históricos. El joven periodista no tenía ninguna peculiaridad que le hicieran especial, sólo su sagaz perspicacia, su arrojo y un atuendo abstracto y algo señorial que contrastaba con su rostro de crío sempiterno.
El acercamiento a Tintín llevaba a la incertidumbre de una dudosa empatía, pues en el fondo es un personaje algo antipático y sabiondo, con polémico aire asexuado que hizo que controvertidos argüidores sobre la figura del cómic como Matthew Parris aseveraran su inequívoca condición homosexual e incluso algunos ultracatólicos no dudan en elevarle a ejemplo paradigmático de verdadero héroe cristiano por su conducta y valores intachables. Sin embargo si nos tuviéramos que quedar con una hipótesis surreal sería la de Claude Cyr, profesor de medicina de la Universidad Sherbrooke, de Québec, que atribuía a los innumerables golpes en la cabeza y pérdidas de conocimiento que Tintín sufre a lo largo de sus aventuras el efecto nocivo llamado hipogonadismo hipogonadrotópico, que afectó a su reducción de hormonas del crecimiento y a un retraso de la pubertad. De ahí su aspecto algo infantil. Más allá de patrañas teóricas acerca de su oculta vida privada o sobre su genética, cierto es que Tintín jamás como reportero aparece escribiendo un artículo o ejerciendo la labor periodista que se le supone, lo que le da cierta neutralidad, atribuyéndole un inequívoco aire enigmático y reservado. En el fondo, su esencia se resume en la capacidad de seguir como factor de acompañamiento a los personajes secundarios, como si el lector asumiera la personalidad neutra de Tintín para acomodar los objetivos a la interacción con el grupo de personalidades más extravagantes del universo de Hergè.
Por eso, Tintín, acompañado de su inseparable fox terrier Milú (confidente y conciencia asumida de la realidad), se ve ensombrecido en parte de la obra ‘tintinológica’ por la figura del capitán Haddock, ese ‘bon vivant’ al que le gusta beber y que se perfila como el personaje con más enjundia de cuantos creó Hergé. El viejo lobo marino ostenta una opulencia de rasgos y personalidad que bien podría equipararse a grandes figuras novelescas de la Historia y que tan bien define el volumen ‘La estrella misteriosa’. Tampoco podemos olvidar a icónicos personajes como el científico loco y excéntrico Silvestre Tornasol, ideado gracias a una imagen del profesor Auguste Piccard (un amigo de Hergé) o a los obstinados Hernández y Fernández, esos compañeros mimetizados el uno en el otro pertenecientes a la policía judicial dispuestos a detener a nuestro héroe. El elenco podría completarse con Bianca Castafiore, único personaje femenino todo este entramado aventurero. Todos los que escoltan a Tintín constituyen un simbolismo a lo que fueron Gawain, Perceval, Parsifal o Galahad, entre otros, en su inapelable búsqueda del Santo Grial. Las aventuras de Tintín son, en el fondo, como un juego de tablero en el que ir conociendo más pistas sobre ese secreto a desvelar, siguiendo un intachable código de honor a través de sus viajes dentro de un entorno de deferencia a las culturas milenarias y el aprendizaje de las mismas, donde la arquitectura es tan fundamental en sus peligrosas travesías.
La extensa bibliografía protagonizada por el personaje de Hergè se compone de obras maestras, de volúmenes inspirados en relación a sus diversos puntos de vista que abarcan una temática de riqueza apasionante, cuestionando moral y razón, teorizando sobre el arte y la ciencia, incluso adelantándose proféticamente al Apolo XI catorce años antes con ‘Aterrizaje en la Luna’ en el año 1954. A lo largo y ancho del mundo, Tintín desgranó los más emocionantes misterios, desde América, con una descripción particularmente anacrónica de los Estados Unidos de la época, pasando por el Congo bajo una visión poco secular de África como tierra de misiones, el faraónico Egipto, una China ocupada por el Japón Imperial hasta llegar a un Tibet donde no podía faltar el Yeti. Los volúmenes de Hergè son auténticos tratados de enseñanzas ocultas y enriquecedoras; ‘El Cetro de Ottokar’, ‘El Secreto del Unicornio’, ‘Las Joyas de la Castafiore’, ‘Tintín y los Pícaros’, ‘El Asunto Tornasol’, ‘Vuelo 714 para Sidney’… imponen una percepción de la aventura en estado puro, incomparable y necesaria.

miércoles, 6 de marzo de 2013

Nos deja José Sancho, una voz visceral inconfundible

El actor de una voz de poderoso alcance, el talento de una personalidad visceral y arrolladora, el currante incansable que fue maestro de actores y un referente en la interpretación española se ha ido sin avisar. Sin hacer ruido, sin que nadie supiera de su complicada situación. José Sancho, el gran Pepe, nos ha dejado a los 68 años víctima de un cáncer que pocos conocían, como parte de ese hermetismo personal que confirió a su esfera privada, alérgico constante a los medios de comunicación, mucho más de la rama amarillenta y rastrera del corazón. “El estudiante” de ‘Curro Jiménez’ se hizo catedrático de su profesión, debutó en el cine con ‘El hombre de la diligencia’, de José María Elorrieta y forjó su carrera cinematográfica con pequeños papeles que le curtieron delante de las cámaras mientras se hacía grande en los teatros. Pasó por la televisión de calidad de los años 70, en montajes teatrales como ‘Ficciones’ o la mítica ‘Estudio 1’, pasando por roles olvidables e incluso trabajando de forma puntual junto a Jackie Chan en ‘Los supercamorristas’, dejando su impronta en ‘Turno de oficio’ y dejando lo mejor de sí mismo junto a directores como Ricardo Palacios, Carlos Saura, Vicente Escrivá, Luis García Berlanga, Vicente Aranda o Pedro Almodóvar, entre tantos otros. La televisión le ofreció una vía profesional valedora de una polifacética trayectoria en la que destaca su última gran composición como Rubén Bertomeu en la estupenda ‘Crematorio’. Con la muerte de Pepe Sancho se va otro de esos icónicos e irrepetibles actores que deja en el recuerdo trabajos para la nostalgia.

viernes, 1 de marzo de 2013

Conexión Welles

Peter Bogdanovich: ¿Cuánto costo 'Campanadas a medianoche'?
Orson Welles: Un millón. Uno solo.
Peter Bogdanovich: Barato. ¿Como lo conseguiste?
Orson Welles: Recortando gastos por todas partes.
Peter Bogdanovich: ¿Por ejemplo?
Orson Welles: Por ejemplo, cosas como terminar la actuación de John Gielgud en el importante papel de Enrique IV en solo diez días. Después, cuando se hubo marchado, hicimos las tomas en las que aparecía de espaldas sustituyéndolo por un extra español. Hay una escena en la que deben aparecer los siete actores principales y en la que, literalmente, ninguno de los fotografiados es quien se supone que debe ser...

miércoles, 27 de febrero de 2013

Patatadas coreanas

Las ‘french fries’ vienen a ser las patatas fritas de toda la vida. Cuenta la leyenda “papatil” no oficial que en la época de Luis XIV, a uno de los cocineros reales se le cayeron unas patatas troceadas sobre aceite muy caliente y el resto es historia. Hoy en día, las ‘french fries’ se conocen por proporcionarse en grandes cadenas alimenticias de ‘fast food’. Esto lo saben bien en Corea del Sur, que celebran sin ningún complejo ni medida la fiesta de la Patata Frita con un estilo muy determinado, consistente en ponerse hasta el culo de este manjar a palo seco, sin ketchup ni salsas, con empuje y hasta que uno no puede más. Los McDonald’s de todo el mundo ya están tomando nota. Los coreanos ahí implatando nuevos retos, como el ‘Gangnam Style’.

lunes, 25 de febrero de 2013

85ª Edición de los Oscar

Una gala ágil con poco humor, sin sorpresas y sin emoción
La noche se preveía como una de esas veladas con algunas incógnitas, pero al fin y al cabo el reparto de premios era más que previsible para este tipo de saraos intrascendentes. El primer enigma era medir la valía de un humorista afianzado como uno de los valores más sólidos del ‘stablishment’ televisivo iba a responder como anfitrión de los Oscar. Su humor cínico e incómodo se perfilaban como un riesgo. Aunque desde el inicio de la gala Seth MacFarlane tuvo claro que su función allí era más funcional que otra cosa, pese a que intentó mostrar su vena más cáustica en pequeños destellos de humor malintencionado. Como comenzó con un “el reto para hacer reír a Tommy Lee Jones comienza ahora” y el actor de gesto hierático logró componer una carcajada. William Shatner, caracterizado del mítico Capitán Kirk aparecía en una pantalla advirtiendo que lo había hecho francamente mal. Fue entonces cuando MacFarlane lograría su instante de gloria. En un vídeo, cantó ‘We saw your boobs’, en referencia a los desnudos cinematográficos y las tetas de muchas de las candidatas y actrices que hacían mostrarse en desacuerdo con el gusto de la pegadiza canción. En la platea, se dedicó a intentar corregir todo con varios números musicales con un despliegue de coreografías y demostrando sus aptitudes para la canción.
Durante la gala fue diluyéndose, no sin dejar alguna frase malintencionada vertida sobre el actor francés Jean Dujardin, a la violencia del filme de Quentin Tarantino atribuida a la tormentosa relación de Chris Brown y Rihanna, la inconsecuencia de dejar fuera de los directores nominados a Ben Affleck, la familia Coppola, un encuentro sexual con Sally Field, la entidad de ‘fucker’ de George Clooney, ‘gags’ históricos que no fueron aplaudidos o la vitriólica alusión a la nacionalidad hispana de Penélope, Bardem y Salma Hayek, que desconcertó por su importunismo cínico pero lleno de humor cabrón (“no nos enteramos de nada de lo que dicen, pero no nos importa porque son muy bellos”). El creador de ‘Padre de familia’ estuvo a la altura y cumplió con las expectativas. Sin embargo, el arreglo al ‘timing’ de la gala y su destreza para no entorpecer lo establecido, hicieron que pareciera más irregular de lo que en realidad fue. Y también porque el humor, irreverente o no, brilló por su ausencia. Cuando en una gala no presenta ni un solo premio Will Ferrell, Ben Stiller, Steve Carell, Zach Galifianakis, Tina Fey o Amy Poehler (a las que se les mencionó), la cosa resulta como ayer: desaborida y algo insustancial. Faltó humor. Y MacFarlane no pudo hacer nada para llenar este enorme vacío, aunque lo intentó.
El primer Oscar de la noche se lo llevó Christopher Waltz. Su papel de Doctor King Schultz en ‘Django desencadenado’ ha convertido en perfecta comunión la confabulación entre el actor austriaco y el director de ‘Jackie Brown’. Dos colaboraciones, dos premios. El cortometraje de animación ‘Paperman’ y ‘Brave’ fueron los ganadores en este apartado que, por primera vez, se entrega conjuntamente. La falda escocesa de Mark Andrews, muy a juego con la fábula de Pixar que, para ser sinceros, este año tenía rivales de más entidad para haberse llevado el Oscar. Fue el momento del Oscar a mejor fotografía. Y llegó presentado por el casting masculino de ‘Los Vengadores’ (Robert Downey Jr., Chris Evans, Mark Ruffalo, Jeremy Renner y Samuel L. Jackson). Claudio Miranda ganó por su trabajo digitalizado en ‘La vida Pi’, que abría el camino a lo que iba a ser el gran ‘sleeper’ de la noche. Miranda, un cruce estético y facial entre Rick Baker y Steve Zahn fue protagonista de algunos chistes en la red social por su parecido con Abraxas Malfoy. La película de Ang Lee encadenaría su segunda estatuilla con el de efectos especiales, que reconocía la creación de criaturas salvajes y ambientes exóticos ‘new age’ a un trabajo espectacular al servicio de una mágica historia de narración compleja.
Fue curioso que la música que daba salida y entrada a los cortes publicitarios fuera la ‘score’ de ‘E.T. El extraterrestre’, así como que en los agradecimientos más extensos se avisara con la música de ‘Tiburón’. En esos momentos, se podía llegar a pensar que la noche de Spielberg podía ser un hecho. Nada más lejos de la realidad. Jennifer Aniston y Channing Tatum pasaron a entregar el Oscar al mejor vestuario. Desde España era lógica la expectación porque Paco Delgado pudiera traerse el galardón a casa, pero siendo realistas la gran favorita era Jacqueline Durran, fundamentalmente por sus excelentes aportaciones en ‘Orgullo y prejuicio’ y ‘Expiación’ se habían quedado sin el lógico reconocimiento y porque su contribución en el vestuario de ‘Anna Karenina’ es espectacular. ‘Los miserables’, sin embargo, sí pudo celebrar el Oscar al mejor maquillaje y peluquería instantes antes que apareciera la silueta de esa diosa de ébano que es Halle Berry, que presentó un homenaje musical al 50 aniversario de la saga de James Bond; desde las conocidas notas de Monty Norman, pasando por John Barry, el ‘Live and let die’ de Paul y Linda McCartney hasta la aparición en el escenario de la mítica Shirley Bassey, que interpretó, como no podía ser de otro modo, ‘Goldfinger’.
Fue cuando la pareja de ‘Django desencadenado’ Jamie Foxx y Kerry Washington entregaron los Oscar a los mejores cortometrajes de ficción y documental. Foxx apuntó que de esta necesaria categoría salieron algunos de los nombres más importantes de la Historia del Cine. Buen detalle el del padre de Corinne Bishop, de las estrellas silenciosas de la noche. La hija del actor llamó la atención por su belleza en la alfombra roja ante la atónita mirada de las consolidadas estrellas a las que pudo robar parte de su protagonismo. ‘Curfew’, de Shawn Christensen e ‘Inocente’, un corto financiado por ‘crowdfunding’, fueron los ganadores. Documental, también sin sorpresas. ‘Searching for Sugar Man’ centrado en la insólita historia del músico Sixto Rodríguez fue la ganadora. Cuando Jessica Chastain y Jennifer Garner presentaron el Oscar a la mejor película de habla no inglesa, todo el mundo sabía de antemano que Michael Haneke subiría a por su premio por la cruda y brillante ‘Amor’. Y así fue. De momento la noche estaba dejando la sensación de guión de tiralíneas en las que las sorpresas no tenían cabida. MacFarlane tampoco podía hacer mucho y menos mal que en los tiempos que corren Twitter aporta el entretenimiento que tanto se echó en falta en la madrugada de ayer.
John Travolta, con ese velcro para “quita y pon” de peluquines presentó uno de los acontecimientos temáticos de la ceremonia. El musical, muy presente durante toda la retransmisión vivió uno de sus momentos álgidos cuando Catherine Zeta-Jones revivió el ‘All That Jazz’ de ‘Chicago’ que no pudo cuando hace once años recogió su estatuilla en avanzado estado de gestación. Un vendaval de artista la señora de Michael Douglas. Siguió Jennifer Hudson, que es como tres menos de lo que era cuando que ganó el Oscar por ‘Dreamgirls’, para afianzarse como una de las mejores voces de la noche y la eclosión melódica y espectacular tuvo como colofón a todos los intérpretes de ‘Los Miserables’. Todos; Hugh Jackman, Anne Hathaway, Amanda Seyfried, Eddie Redmayne, Aaron Tveit, Samantha Barks, Russell Crowe, Sacha Baron Cohen, Helena Bonham Carter… un coro, figurantes y de tal manera que la tablas del Dolby Theathre llegó a parecer, por momentos, el escenario de la ceremonia de clausura de las olimpiadas de Barcelona con todos los atletas cantando y bailando al son de Los Manolos. Pura ponderación musical, puro Hollywood. Otro de los detalles curiosos se vivió de boca de Mark Wahlberg y del oso Ted (con la voz del propio MacFarlane) cuando, después de entregar el Oscar a la mejor edición de sonidos para ‘Los Miserables’, anunciaron el de mejor sonido. “Hay dos ganadores. Y no es coña”, dijo Wahlberg. ‘La noche más oscura’ y ‘Skyfall’ fueron las ganadoras en esta categoría ante la mirada atónita de todos. La última vez que se produjo un ‘ex a quo’ (con la de ayer son seis en toda la historia de los premios) fue en 1994, con los cortos de ficción ‘Franz Kafka’s It’s a Wonderful Life’ y ‘Trevor’. Aunque si hay que recordar una memorable fue la que hizo compartir el Oscar a la mejor actriz principal en 1968 a Katharine Hepburn por ‘Un león en invierno’ y Barbra Streisand por ‘Funny Girl’.
A Christopher Plummer nunca le ha gustado que le recordaran su participación como el Capitán Von Trapp de ‘Sonrisas y lágrimas’. De hecho, la odia. Así que MacFarlane aprovechó para hacer pupa y concretar un absurdo ‘gag’. El señorial actor canadiense que dio paso a uno de los Oscar más cantados de la noche: Anne Hathaway, por ‘Los Miserables’ en ese recordado plano fijo en el que canta ‘I dreamed a dream’. Con voz temblorosa y emocionada agradeció su premio cual Karra Elejalde sin olvidarse de nadie, dejando la posibilidad de que el espectador pudiera ir a por cerveza, preparar unos sándwiches, ir a mear, a consultar un par de webs y volver de regreso… y ahí seguía la promotora del ‘pezongate’, sin que la música de John Williams y el escualo hicieran acto de presencia.
Llegaban los primeros Oscar para dos de las favoritas; a ‘Argo’ le llegaba la alegría con el mejor montaje, así como ‘Lincoln’ conseguía el de mejor dirección artística de manos de Harry Potter (Daniel Radcliffe) y Bella Swan (Kristen Stewart, cojeando). Entre medias, Adele cantó a medio gas ‘Skyfall’ con la convicción de que iba a ser la ganadora. Tras el ‘In memorian’ que repasó los decesos más importantes del mundo del cine que terminó con Streisand cantando ‘The way we were’, de su amigo el compositor Marvin Hamslich, dándole más importancia que al resto. Mychael Danna se llevaba la mejor partitura por ‘La vida de Pi’, dejando a Alexandre Desplat (y van cinco ocasiones) sin su Oscar. La cinta de Ang Lee iba cobrando un inesperado protagonismo. Había prisa porque Adele recogiera su Oscar, así que se despacharon con bastante displicencia al resto de canciones nominadas. Feo detalle partidista.
Dustin Hoffman y una espectacular Charlize Theron compusieron una extraña pareja para repartir los de guiones. Chris Terrio, adpatado por ‘Argo’ y Quentin Tarantino, original por la espléndida ‘Django Desencadenado’, que subió como si viniera de fiesta y confiriéndole la importancia que en realidad tienen estos premios. Subió como quien no quiere la cosa, agradeció con desparpajo señalando (para envidia de todos) que Charlize es su vecina, hizo la señal de la victoria con los dedos y abandonó el escenario entre los aplausos de sus compañeros de profesión. La noche deparaba un par de sorpresas. Sobre todo cuando Michael Douglas y Jane Fonda, que parecían padre e hija, abrieron el sobre con el veredicto del mejor director del año ante la sopresa de todos o casi todos: Ang Lee. Se había especulado con que Haneke pudiera ganar, estaba claro que aunque Spielberg partiera como favorito es un cineasta al que la Academia suele menospreciar e incluso David O. Russell había tomado importancia en las quinielas.
Lee agradeció el Oscar al "Dios Cine" y con su cara de buena persona se fue con su segundo Oscar (lo recogió por ‘Brokwback Montain) como director sin saber qué es ganarlo conjuntamente a la mejor película. “Xie xie” se fue diciendo. Jean Dujardin, mejor actor del año pasado por un bluf titulado ‘The Artist’, producido por Harvey Weinstein (el productor que mejor compra Oscars), siguió esa misma estela al anunciar el nombre de la mejor actriz. Jessica Chastain no pudo consolidar su posición como “actriz de moda” con el Oscar, puesto que fue a parar a Jennifer Lawrence que, anonadada, tropezó con el sinuoso vestido y cayó en las escaleras ante esa reacción de ‘gentleman’ de Hugh Jackman. Con sólo veintidós años, su personaje de Tiffany Maxwell (bastante más hacedero que su magnífica composición en ‘Winter’s Bone’) le había dado la gloria. Eso sí, la actriz demostró su buen humor “¿Os levantáis sólo porque me he caído?” y elegancia al formular un agradecimiento impecable y sucinto.
La noche llegaba a su fin y no había espacio para las sorpresas. Daniel Day-Lewis se convertía en el primer actor de la historia de los Oscar en lograr tres de ellos como actor protagonista. Su prodigiosa mimetización de Abrahm Lincoln era el mejor trabajo junto al de Joaquin Phoenix por ‘The Master’ y recibió la estatuilla de una institución interpretativa como Meryl Streep. Como durante la gala se fue fraguando una fehaciente falta de humor, hizo que un tipo tan serio como Day-Lewis tuviera que recurrir a una serie de ‘gags’ sobre con la Streep para animar el cotarro, pero no fue suficiente. Jack Nicholson, al que estos saraos son para él de lo más familiar fue el encargado de presentar el premio más importante de la noche. O al menos, eso parecía, ya que, de entre bambalinas bajó una pantalla gigantesca para anunciar a… ¡Michelle Obama! ¿Qué coño pinta la Primera Dama en la entrega de los Oscar? Nos preguntamos todos. Bueno, todos no. A los americanos les debe parece de lo más normal que se politicen este tipo de espectáculos, oficializando fuera de contexto toda la gala de los Oscar. Para que luego se venga diciendo aquí que los Goya han aprovechado un evento similar para reivindicar cuestiones ajenas al cine. Pues toma.
Obama abrió el sobre entre sirvientes con sonrisas fingidas y exageradas y el Oscar a la mejor película 2012 fue, como todos sabían de antemano, para ‘Argo’, de Ben Affleck, que lo primero que hizo fue llamar “genio” al gran olvidado de la noche, Steven Spelberg y procurar no olvidarse de nadie. Tanto es así que ni George Clooney, productor de la cinta, no pudo ni pronunciar unas palabras. MacFarlane, casi con cronómetro en mano despidió la función con una frase muy suya: “¿Quién paga todo esto?”. Lo cierto es que no será recodada esta gala por mucho más que por el intento del creador de ‘Padre de familia’ por agilizar la duración de la ceremonia. A veces, y sólo a veces, es preferible que todo dure más si el resultado va a ser más satisfactoria. No estuvo mal la 85ª edición de los Oscar, pero supo a poco. Demasiado tal vez. En cualquier caso “Argo fuck yourself”.
LO MEJOR
- El vestido “pezonil” de Anne Hathaway, que revolucionó las redes sociales en los prolegómenos de la alfombra roja que hizo que un usuario que creó el nick @HathawayNipple se hinchará a conseguir seguidores.
- El ‘skecth’ de ‘El vuelo’ protagonizado por calcetines. Descojonante.
- Las maravillosas voces de Jennifer Hudson, Shirley Bassey, Adele y los protagonistas de ‘Los Miserables’ y Barbra Streisand que eclipsó a las demás con su antológico ‘The Way We Were’ un poco metido en la gala con calzador.
- Como siempre que está presente, en el Abismo se destaca la figura del totémico Jack.
- La canción ‘We saw your boobs’. Algo que sí pasará a la historia de los premios.
- La larga cabellera asilverada de Claudio Miranda.
- Lo bien que se lo pasó Quvenzhané Wallis, subiendo los brazos cada vez que l a enfocaban como Hushpuppy, su personaje en la entrañable ‘Bestias del sur salvaje’.
- Que entre tanto vestido de lujo y boato de diseño, Ellen Hunt optara por un vestido de H&M con el mismo glamour que sus compañeras. En tiempos de crisis…
- Corinne Bishop, la hija de Jamie Foxx. Sin duda alguna.
- ¿Qué sería unos Oscars sin Halle Berry y Charlize Theron? Realmente espectaculares.
LO PEOR
- Lo previsible de todo.
- Faltó humor, los vídeos con montajes sarcásticos que tan bien funcionan. Algo más de dinamismo visual, no sólo en el contenido.
- 85 años y sólo hubo homenaje a James Bond, con la cantidad de momentos históricos que podrían haber repasado con esta onomástica.
- La falta de anécdotas, más allá de la caída en las escaleras de Jennifer Lawrence y algún chiste imprudente del gran MacFarlane.
- Ver el rostro sonriente de Spielberg, que asiste siempre a los Oscar para irse de vacío.
- Un poco el discurso del presidente Hawk Koch, que fue presentando a los aspirantes de un concurso de videos con un trasfondo sociológico para concienciar de muchas mejoras que se pueden hacer en el mundo. Superñoño.
- El larguíííííísimo discurso de agradecimiento de Anne Hathaway.
- Que Salma Hayek fuera tan tapada. Esto no eran los Grammys.
- El rostro casi inexpresivo de Nicole Kidman, que parece su estatua robada del Madame Tousad.
- Que Jessica Chastain no se llevara el premio a la mejor actriz.
- La presencia de Michelle Obama en el último premio.
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domingo, 24 de febrero de 2013

Llegó la noche de los Oscar


El Oscar, denominado así desde 1927, es el premio otorgado por los miembros de la Academy of Motion Picture Arts and Science a las películas más importantes del año. Una figura de bronce, bañada en oro y diseñada por el decorador Cedric Gibbons y elaborada por el escultor George Stanley, que recibe su nombre por la leyenda en torno a la secretaria Margaret Herrick, quien le sacó parecido con un tío suyo llamado Oscar Pierce. Sin embargo, se cuenta que el columnista Sidney Skolosky aseguraba que el nombre surgió de una entrevista que le concedió Katharine Hepburn en 1934 (cinco años antes de la adquisición del nombre oficial) cuando la actriz obtuvo el premio y se refirió a éste como “su Oscar”. La concesión del premio depende de los miembros de la Academia, elegidos por cooptación en todas las ramas de la industria cinematográfica.
Tras una sucesión de selecciones, se proponen los nombres de las películas y de los candidatos para el voto final. Para ser seleccionada en cualquiera de sus categorías, la película debe haber sido exhibida comercialmente durante al menos siete días consecutivos en cualquier sala cinematográfica del condado de Los Ángeles. Para ello, una cinta no podrá participar si su primera exhibición pública o distribución se ha realizado a través de otro medio diferente. La votación es efectuada exclusivamente por los miembros vivos y activos de la Academia con un voto secreto que será contado por la Price Waterhouse Coopers, una firma de notarios públicos designada por el presidente de la Academia. Para las películas de habla no inglesa, el filme debe haber sido exhibido en su país de origen entre el 1 de noviembre del año de su realización y el 30 de septiembre del año de las nominaciones. Los Premios Especiales de la Academia son el Oscar Honorífico, que reconoce la carrera y la contribución al arte de la cinematografía en cualquiera de sus funciones y los premios Irving G. Thalberg, el Humanitario Jean Hersholt y el Gordon E. Sawyer a los apartados tecnológicos y técnicos.
Sus más conocidas sedes ha sido los míticos Dorohty Chandler, el Shrine Auditorium y el monumental Kodak Theatre, que este año se pasa a llamarse Dolby Teathre, diseñado por Rockwell Group, un inmenso complejo situado en Hollywood & Highland de Los Ángeles con capacidad para 3.400 personas repartidas en 24 plateas y en el que destaca una tiara con motivos del Campidoglio de Miguel Ángel en Roma y una sala de prensa para 1.500 periodistas. Los primeros presentadores de la gala fueron Douglas Fairbanks y William C. de Mille y entre los destacados en esta función de maestro de ceremonia por el número de veces que han presentado la gala figuran Bob Hope (16), Billy Crystal (9) y Johnny Carsson (5). Este año se estrena como anfitrión Seth MacFarlane, creador de ‘Padre de familia’ y poseedor de un humor cáustico que prevé sorpresas para una noche que brindará otra de esas galas intrascendentes donde la diversión y el cine presentan su cara más glamorosa.
El vídeo es un ‘supercut’ de Nelson Carvajal con clips de todas las películas ganadoras del Oscar a la mejor película acompañado de la canción ‘November’, de Max Richter. Esta noche, a ver qué nos depara la 85ª edición de estos premios.

jueves, 21 de febrero de 2013

‘Refugio 115’: un cortometraje de Iván Villamel

La oscuridad como amenaza
En la Barcelona de la Guerra Civil, un grupo de ciudadanos permanece en un búnker antiaéreo refugiándose del fragor bélico, ajenos a los rumores que apuntan a extraños fenómenos extraños que acontecen en estos inhóspitos lugares bajo el suelo de la ciudad. Es el punto de arranque del cortometraje de Iván Villamel, una pequeña fábula que abre su presentación con una canción tradicional infantil para invitar al espectador a sumergirse en un mundo ajeno a la realidad bélica que se produce en el exterior. ‘Refugio 115’ avanza en sus apenas ocho minutos a través de unos siniestros pasillos subterráneos donde la oscuridad emerge como la alegoría que va más allá de ese impulso hereditario y universal que remite a insondables miedos de diversas y terroríficas dimensiones, conformado como parte del folklore del género de terror en cualquiera de sus dimensiones y descripciones artísticas.
Para ello, el director se esmera en crear una atmósfera opresiva, malsana y polvorienta que habilita un contexto irrespirable de efectos nictofóbicos, donde la vulnerabilidad de los personajes se ve sometida a una nada que les persigue y les absorbe. Es la ocultación de apariencia del Mal lo que confiere a ‘Refugio 115’ la ambigüedad enigmática necesaria para que Villamel explore los confines del vacío, de las derivaciones simbólicas de una guerra como transfondo, con una amenaza que está en esos túneles y no en la superficie, con la conflagración en pleno proceso de bombardeos y ataques civiles. Ésa presencia sin luz es el medio con el que la narración fabula mediante la interesante y tortuosa concepción telúrica y ancestral de la oscuridad que asola las conciencias con múltiples formas.
En ‘Refugio 115’ abunda la riqueza de simetrías entre el claroscuro que absorbe la esencia del relato desde el primer al último plano, tratando de extraer la psicología de la irrealidad que oculta la penumbra que se va “comiendo” a los protagonistas, atendiendo con un detalle minimalista los encuadres y los ángulos para que la composición esté en todo momento equilibrada y siga una línea cohesionada que no traicione ni su génesis ni al género que trata. La virtud de un cortometraje que se expone frontalmente y sin ardides de ningún tipo es que Villamel no pretende reinventar ni comprimir una corriente concreta, si no seguir fielmente la sencillez de la puesta en escena sin renunciar a un suspense cuyas referencias a lugares comunes del género resultan, en conjunto, muy estimulantes.
Se trata de un ejercicio de estilo que sirve como pretexto para definir la destreza del narrador a la hora de transportar al público en la indefensión de unos personajes al amparo de lo desconocido, con evidente herencia clásica, integrando ese relevante juego de luces y sombras, junto a un diseño de sonido ejecutado con precisión, que proporcionan a la textura subterránea los atributos necesarios entre lo escabroso y la fantasía donde la amenaza surge como un continuo ultimátum y se hace latente en todo su metraje.
‘Refugio 115’ discurre con elegancia demostrando numerosos instantes sugestivos, sobre todo, en lo concerniente a una llamativa narración visual, que se superpone a los matices emotivos, pues la demarcación de tiempo hace que Villamel haya optado por representar el terror subversivo con elementos fílmicos y expresivos de la oscuridad y de su significado antes que remarcar los mecanismos dramáticos de todos sus personajes.
Un cuento de terror cuyo propósito es crear una sensación inquietante sintetizada en el fuera de plano más elemental, alejado de cualquier efectismo, rehuyendo de la fisicidad o exhibición sangrienta que homenajea al cine de más clásico y sombrío legado. Villamel aboga por el género fantástico de tono perturbador, cuya tesis habita en la significación simbólica de esa sugerente negrura que parece arrasar la recóndita esperanza de libertad y paz del ser humano y de la que, como esos conductos bajo tierra, parece no tener escapatoria.