lunes, 29 de febrero de 2016

Especial 88ª Edición de los Oscar

Reivindicaciones raciales, insulsez, DiCaprio y sorpresa final
El carácter reivindicativo y la polémica habían marcado de forma previsible el signo de esta gala correspondiente a la 88ª edición de los Premios Oscar. Desde el ‘lobby’ afroamericano instaurado en el Hollywood más poderoso se habían alzado las voces porque intérpretes de enjundia como Idris Elba por ‘Beasts of No Nation’, Michael B. Jordan por ‘Creed’, Samuel L. Jackson por su extraordinaria composición en ‘The Hateful Eight’ o Will Smith, el más discordante ante este tema, con ‘Concussion’, habían quedado fuera de la carrera final por la estatuilla. Eso y que sólo catorce estrellas negras han logrado el galardón a lo largo de la historia de los premios, de los cuales nueve de ellas se han obtenido en el siglo XXI. Si a eso sumamos que el 93% de los más de seis mil miembros de la Academia de Hollywood son de raza blanca y que el 77% son hombres mayores de sesenta años nos da a entender el porqué del malestar en la profesión afroamericana por esa supuesta discriminación racial.
El hecho es que en el instante en que Chris Rcok apareció en el escenario del Kodak Theatre de Los Ángeles toda la gala tomó un cariz de desagravio contra la Academia con cierta libertad e incorrección política para hacer todo tipo de reivindicaciones en torno a ese hastag que encenció las redes sociales, #OscarsSoWhite, como denuncia a la desigualdad racial en los Oscar. El actor afroamericano fue directo al asunto, solicitando con humor y un cinismo incómodo oportunidades para los artistas de color en la industria, con recadito al enfado de Will Smith y su esposa por boicotear este año la velada. Y dejó una perla que todavía debe estar escociendo en las bienpensantes y conservadoras entrañas de estos galardones: “En el segmento ‘In Memoriam’ sólo aparecerá gente negra que ha sido tiroteada por policías”.
Rock fue un anfitrión muy discreto, abordando en sus escasas apariciones una y otra vez el recalcitrante tema étnico y haciendo una segunda versión del número de la ‘pizza’ de Ellen DeGeneres con las galletitas de las ‘girls scouts’ a las que pertenecían, supuestamente, sus dos hijas. A partir de ahí, se puede decir que Rock cumplió su faceta con comedimiento y sin hacer mucho ruido. Muy similar a su presentación de hace once años. Ejerció de anfitrión como esperaba de él. Un maestro de ceremonias funcional y eficaz que hizo prevalecer su etnia y preconizarla a la mínima de cambio. Y sin necesidad de cantar ni de números musicales. Los Goya, en ese sentido, tienen mucho que aprender. Muy correcto y en su papel. Aunque se echó menos más caña después del muy brillante ‘speech’ incial.
El reparto de premios comenzó convirtiendo a la cinta post apocalíptica del veterano George Miller ‘Mad Max: Fury Road’ en una de las grandes protagonistas de la noche. Casi sin que el espectador se diera cuenta, había ganado seis Oscar. Todos técnicos, sí. Pero al fin y al cabo, suponía el reconocimiento subrepticio a una obra arriesgada y contracorriente que ha sido considerada una de las películas más importantes del año pese a su condición de vehemente cinta de acción y adrenalina pura; mejor diseño de vestuario, mejor diseño de producción, mejor maquillaje y peluquería, mejor montaje (la mujer de Miller, Margaret Sixel) y las dos disciplinas de sonido (mejor montaje de sonido y mejor mezcla de sonido), dejaban a la cuarta parte de la saga del guerrero de la carretera como una vencedora moral y como la cinta con más estatuillas de una noche que iba a regalar alguna que otra sorpresa inesperada. Los dos primeros premios a los guiones (Josh Singer y Tom McCarthy por ‘Spotlight’ original y Charles Randolph y Adam McKay por ‘La gran apuesta’ adaptado) comenzaron una palmarés que por previsible no deja de ser justo con los valores artísticos de películas muy destacadas en una estupenda cosecha de películas estrenadas en 2015.
Fue entonces cuando una estupenda (en todos los sentidos) Sarah Silverman dio rienda suelta a su exceso absurdo presentando la canción que a posteriori ganaría el Oscar, ‘Writing’s On The Wall’, de Sam Smith. El tema principal de ‘Spectre’ sirvió a la actriz para hacer comedia y mofa sobre las hipotéticas carencias sexuales y heterosexualidad de James Bond. Puro dislate que dio paso a una desastrosa interpretación de falsetes y gallos por parte de Smith, que cuando ganó avanzada la gala abanderó el movimiento gay reivindicando el orgullo homosexual como una protesta más en una noche de reproches a la Academia (y, de paso, a la sociedad actual occidental).
En este apartado, el cabreo de Anohni (antes Antony Hegarty, de Antony and the Johnsons) por no ser invitado a cantar su canción nominada en detrimento de otros artistas como Lady Gaga que sí cantaron (se supone que por la duración del tema) hicieron que los desafueros de la Academia encontrara otro flanco más de desaprobación en cuanto a su metodología y logística.
Alicia Vikander hizo buenas las apuestas que apuntaban su candidatura como mejor actriz secundaria por ‘La Chica Danesa’, que también protagoniza ‘Ex Machina’, película que no se iría de vacío al obtener el ganador, de modo sorpresivo, a los mejores efectos especiales por encima de otras cintas como ‘El Renacido’, ‘Mad Max’ o la nueva reinvención del mundo galáctico de George Lucas ‘Star Wars: el despertar de la Fuerza’. ‘El renacido’ abría su acumulación de estatuillas con un Oscar muy especial a la mejor fotografía. Era la primera vez que un nominado recibe tres galardones de forma consecutiva. Así, Emmanuel Lubezki pasaba a la historia ganándole la partida a Roger Deakins (trece candidaturas y ni un solo Oscar), John Seale y Ed Lachman. Parecía que la cinta de Iñárritu comenzaba su particular recolección en una noche mágica para su desafío natural que ha conquistado a crítica y público.
La noche ofrecía otra de esas sorpresas inesperadas cuando Mark Rylance se alzó con el premio al mejor actor de reparto por su actuación en ‘El Puente de los Espías’, el filme de Steven Spielberg. Todos daban por hecho que Sylvester Stallone ganaría el Oscar por su composición de Rocky Balboa en ‘Creed’, pero perdió el combate contra todo pronóstico. Chile obtenía su primer Oscar al mejor cortometraje documental por ‘Historia de un Oso’ y ‘Amy’ de Asif Kapadia, sobre la vida de la fallecida Amy Winehouse se llevaba el mejor largometraje documental.
La noche estaba marcada bajo un halo de convencionalismo bastante anodino, con momentos musicales como el de Dave Grohl, que puso música y voz con una versión a capela del ‘Blackbird’ de los Beatles al vídeo que recordó a los profesionales fallecidos el pasado años o la actuación de Lady Gaga al piano, interpretando ‘The Hunting Ground’, poderosa canción sobre el acoso sexual en los campus de Estados Unidos arropada por víctimas de esos abusos y que fue presentado por el vicepresidente del país Joe Biden. Antes László Nemes se llevó a Hungría el Oscar a la mejor película de habla no inglesa por ‘El hijo de Saúl’, otro de esos premios que estaban bastante cantados.
Pero el momento más emotivo y que merece ser recordado en esta edición número 88 de los Oscar fue cuando la platea se puso en pie para ovacionar a la leyenda de la partitura cinematográfica Ennio Morricone, que se fundió en un hermoso abrazo con otro mito del cine, John Williams. Subió emocionado agradeciendo a su mujer todo su apoyo a lo largo de su vida con este primer Oscar a una banda sonora original por ‘Los odiosos ocho’. Había ganado otro, pero fue el Oscar honorífico recibido en 2007. Quentin Tarantino había conseguido que, por fin, la Academia saldara su deuda con uno de los grandes maestros de la historia de la música.
Parecía que todo el pescado estaba vendido. Tan sólo quedaban de entregar las cuatro categorías más importantes de la noche. Y, siguiendo las quinielas, todo cuadraba. Alejandro González Iñárritu ganaba su segundo Oscar consecutivo por ‘El renacido’, un logro que sólo estaba en la mano de deidades de la gran pantalla como John Ford y Joseph Mankiewicz. Lo dedicó a Leonardo DiCaprio y Tom Hardy y recordó el maltrato a la etnia indígena y la erradicación de la discriminación por el color de la piel en los tiempos en que vivimos.
Por su parte, Brie Larson subió resplandeciente a recoger el premio que la designaba como mejor actriz principal por ‘La habitación’ y no se olvidó de recordar no sólo a su director Lenny Abrahamson y al pequeño partenaire Jacob Tremblay, sino a los festivales que fueron dando nombre a una película pequeña e independiente dentro de la gran industria. Y llegó ese momento esperado en la noche. Leonardo DiCaprio, después de cinco nominaciones, por fin obtenía su ansiado premio. Tenía su discurso de aceptación tan bien preparado, que también supuso un emotivo instante medioambiental cuando recordó lo importante que es proteger nuestro hábitat y las consecuencias desastrosas del cambio climático. Sin olvidar, por supuesto, a las comunidades indígenas. Leo ya tiene su Oscar. E iba siendo hora.
Lo que nadie se esperaba a altas horas de la madrugada era lo que estaba a punto de suceder. Lo evidente era que ‘El renacido’ fuera la gran triunfadora de unos Oscar dibujados para ese momento de plétora, con el actor de ‘Titanic’ todavía en el escenario. Sin embargo, cuando Morgan Freeman (el enésimo presentador de color) leyó con su imponente voz el premio a la mejor película de 2015 saltó la sorpresa. Un mayúsculo e inesperado giro de los acontecimientos cuando se hizo pública la gran triunfadora de la noche: ‘SPOTLIGHT’ era la ganadora de estos Oscar. La cinta de Tom McCarthy sobre el escándalo de los abusos a menores cometidos por religiosos que destapó en 2002 un equipo de investigación del Boston Globe le había arrebatado el codiciado premio a la hazaña épica de Iñárritu. Increíble.
Sólo hay un precedente de una película ganadora de un Oscar a la mejor película con dos únicos premios; la anterior procede del año 1952 y se trata de ‘The Greatest Show On Earth’, de Cecil B. DeMille. Un hito histórico que cerraba una gala que se hizo eterna, pero que repartió de forma equitativa sus premios en un palmarés bastante ecuánime. Del mismo modo que la Academia, trazó un show que impartió con la misma equidad sus disculpas a las minorías menos representadas en la industria. El año que viene veremos de qué modo responde Hollywood al enfado colectivo de la comunidad afroamericana y si lograrán encontrar esa vía de comunión que transforme la pose y la frivolidad en verdadera integración. Veremos.
LO MEJOR
— Sofia Vergara, Margot Robbie, Cate Blanchett, Alicia Vikander, Saoirse Ronan, Kate Winslet y, por supuesto, Charlize Theron, por siempre jamás.
— Ver por fin a DiCaprio subiendo a recoger su ansiado y anhelado Oscar. Era su noche y nadie se la arruinó. Ni siquiera que ‘El renacido’ se quedara sin el premio a mejor película.
— La multiplicidad de piezas musicales que daban paso a los presentadores, todos clásicas bandas sonoras premiadas con una estatuilla.
— La esperada foto entre dos íntimos amigos como son Leonardo DiCaprio y Kate Winslet en la alfombra roja.
— George Miller, que se lo pasó como nadie. Sabía que su película iba a llevarse algún premio técnico y fue a disfrutar. Salió siendo el responsable de la película más premiada de la velada.
— Los numerosos memes y comparativas del pelo afro a lo “mapache asustado” de The Weeknd.
— El abrazo entre Morricone y John Williams. Simplemente antología de la gala.
— La inocente mirada expectante de Jacob Tremblay, el pequeño actor de ‘La habitación’ cuando presentaron los premios de animación Los Minions y Buzz Lightyear y Woody, los protagonistas de los ‘Toy Story’. Antes ya había flipado cuando sobre el escenario aparecieron RD2-D2, C3-PO y BB-8.
LO PEOR
— La duración. Casi cuatro horas para algo tan desaborido y frío no es algo aceptable para esa industria del entretenimiento que es Hollywood. La decadencia cuesta abajo parece imparable con el paso de los años.
El desprecio que la platea de invitados mostró hacia Jenny Beavan, ganadora del diseño a mejor vestuario por ‘Mad Max: Fury Road’, supuestamente por no ir de etiqueta y subir al escenario con una chupa de cuero incompatible al boato y glamour del sarao. Stephen Fry ya fue un maleducado al despedir en los BAFTA a esta mujer: “Solo una de las mejores diseñadoras de vestuario cinematográfico acudiría a una ceremonia vestida como una vagabunda”, expresó. Por lo visto, la libertad de vestuario también está mal vista en Hollywood.
— La falta de rostros veteranos del Hollywood reciente. La renovación de talentos resulta muy aburrida.
— Que no se mencionara a Bill Cosby entre tanta reivindicación racial. O espera… ¡No!
— Que no se enfatizara en que Eddie Redmayne, ganador del año pasado a mejor interpretación masculina por ‘La teoría del todo’, se había convertido unas horas antes en el ganador a peor actor secundario en los Razzies por su bochornosa actuación en la cinta de los Wachowski ‘El destino de Júpiter’.
— Que el bueno de Stallone no se llevara el Oscar por ‘Creed’ y se le quedara la cara… bueno, la misma cara de siempre, pero triste.
— Lady Gaga y ese escote que deja intuir la flaccidez que muchos no deseamos ni maginar.
— La total ausencia de humor, de vídeos o ‘sketchs’ (como el de los actores negros en las películas nominadas) y la circunspección que hicieron que la gala se resintiera por su escasez de improvisación y frescura. Los Oscar carecen de magia, de vistosidad y, sobre todo, de sorpresas.
— Que durante la música de interrupción para meter prisa a los premiados fuera 'The Ride of the Valkyries' nadie gritara antes de irse: "Me encanta el olor a Napalm por la mañana”.
— Josie, el afamado experto (o algo parecido) en moda que desentonó con su pedantería en una mesa de Movistar + que supo llevar con destreza una gala con Raquel Sánchez Silva y Pepe Colubi a la cabeza. Una curiosidad malvada: ¿quién maquilla a los invitados de la plataforma digital? Todos los que desfilaron por la mesa parecían ganchitos o Cheetos de un refulgente color naranja.
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