lunes, 26 de octubre de 2015

Adiós a Maureen O'Hara, la eterna pelirroja irlandesa

Este pasado fin de semana iba para siempre una de las grandes actrices del Hollywood Dorado, una de las pocas (por no decir la última) que sobrevivían al desafío del tiempo. Maureen FitzSimons, conocida por el mundo como Maureen O'Hara, actriz de origen irlandés, fallecía el pasado sábado a los 95 años. Con una ilusión primigenia por ser soprano debido a una privilegiada voz, durante las décadas de los cuarenta y cincuenta, representó como ninguna la belleza de pelo rojizo que escondía un fuerte carácter que traspasaba la pantalla. Apodada “la reina del Technicolor” por el lustro que su figura y sus poderosos ojos verdes dieron a la nueva técnica cinematográfica, O’Hara fue labrándose su carrera en blanco y negro con cintas de éxito como ‘El jorobado de Notre Dame’, junto a Charles Laughton, ‘Qué verde era mi valle’, ‘El cisne negro’, ‘Esta tierra es mía’, ‘Milagro en la calle 34’, ‘Buffalo Bill’, ‘'Un secreto de mujer’, ‘Río Grande’, ‘Trípoli’ y cine escapista como ‘Los piratas del mar Caribe’, ‘Bagdad’ y ‘Simbad, el marino’.
Para la historia nos queda su obstinado y apasionado personaje Mary Kate Danaher, esa temperamental mujer que pone a prueba al boxeador interpretado por John Wayne que regresa a su casa en busca del sosiego lejos de su aventura americana. Con Wayne rodó cinco filmes, tres de ellos dirigido por el mítico John Ford, uno de sus grandes valedores. Un director que, según la actriz, mejor extrajo de ella su potencial interpretativo. “Sabía lo que quería de los actores. Era el más grande y el más humilde de todos los cineastas para los que trabajé. Sin duda, el mejor”.
En un documental sobre de 2010 sobre el cásico de Ford se refería a él como “Pappy”, un director duro y a veces excesivo en su nivel de exigencia, manifestando que en una época muy concreta de estrellato “prefería trabajar con el viejo hijo de puta que con cualquier otro”. Logró que cerraran la revista sensacionalista Confidencial por difamación en una época proclive al amarillismo en Hollywood. Se dejó ver en poco menos de una veintena de películas en la década de los cincuenta entre las que destaca su inquebrantable fuerza física en ‘Los hijos de los mosqueteros’ (donde aprendió a luchar con espadas y se negó a que utilizar dobles) y enhibió una asombrosa versatilidad que hizo que estuviera presente en una colección de títulos de diverso calado; ‘La isla de los corsarios’, ‘La pelirroja de Wyoming’, ‘Fuego sobre África’, ‘Lady Godiva’, ‘Escrito bajo el sol’ y ya en los sesenta además de la televisiva ‘Mrs. Miniver’ rodó a las órdenes de Sam Peckinpah ‘Compañeros mortales’ y se enfrentó a Walt Disney por el recorte de su personaje en montaje dentro de ‘Tú a Boston y yo a California’, así como títulos que seguían ensalzando su carácter obstinado e invulnerable, ‘Una dama entre vaqueros’, ‘Fiebre en la sangre’, ‘El gran Jack’ y alguna aparición televisiva en series y programas como ‘Who's Afraid of Mother Goose?’ o ‘Off to See the Wizard’.
Retirada del cine desde 1973, aceptó regresar a la gran pantalla en 1991 con la comedia ‘Tú, yo y mamá’, debido a la insistencia de Chris Columbus y porque John Candy le recordaba a Laughton. Su despedida de la interpretación se produjo con bajo las órdenes de Kevin Dowling en la catódica ‘El último baile’. En 2004 O'Hara recibió el premio de honor de la Academia Irlandesa de cine y televisión (IFTA) por su trayectoria artística, el mismo año en la que publicó su autobiografía ‘Ella misma (This himself)’.
El pasado noviembre recibió de manos de Clint Eastwood y Liam Nesson el Oscar honorífico a toda una carrera. En la memoria nos quedará esa arrebatadora pelirroja irlandesa que generó una de las frases más memorables de la historia de Hollywood en boca de John Wayne que dijo de la actriz: “He tenido muchos amigos y prefiero la compañía masculina, excepto con Maureen. Ella es un gran tipo”.

miércoles, 21 de octubre de 2015

'Regreso al Futuro': El viaje de Marty McFly al 21 Octubre de 2015

Hoy es el día. Dentro de la Trilogía de ‘Regreso al Futuro’ hoy día 21 de octubre, Marty McFly viajaba al futuro desde 1985 hasta esta fecha. Aquel tiempo mostrado por Robert Zemeckis y Bob Gale recogió el afán especulativo de muchos escritores y fabuladores sobre un futuro alucinante plagado de inferencias apócrifas en las que la ciencia-ficción, sirviendo como punto de partida para soñar nos trajo la enésima narración extraordinarias concebida por los grandes soñadores avanzados a su tiempo, pero que ha quedado en una falsa promesa convertida desde mañana mismo en pasado.
El futuro representado en el filme, a pesar de su convencida ilusión, está más cerca del aquel 1985 cruel y siniestro provocado por Biff Tannen en su codicioso cambio de planes con el almanaque deportivo que a ese modernista paraje con esencia ‘chic’ de coches voladores suministrados con combustible creado a base de fusión nuclear, aeropatines o ‘Hoverboards’ o suntuosos edificios públicos convertidos en enormes centros comerciales. Aquel futuro pasará a ser parte de un imaginario ficticio que para una generación cinematográfica generara una expectativa hoy desechada por un presente (antes futuro) que, pese a su avance tecnológico indiscutible, tiene cierto poso de desencanto respecto a lo planteado en una película que el próximo diez de diciembre cumplirá nada menos que el trigésimo aniversario de su estreno en las pantallas españolas.
No obstante, alimentados por la fantasía que incentivó la ilusión de toda una generación inmersa en el génesis de un cine que entonces se vivía como una toda experiencia y una aventura. El cine de los 80, apadrinado por Steven Spielberg y George Lucas, abrió una transformación de aplastante ruptura con todos los aspectos vistos antes, no sólo en un entorno cultural y estético, sino como aportación de un mito de carácter universal de las propuestas fílmicas que llegaban a la cartelera. Por supuesto, ‘Regreso al Futuro’ sería una de las grandes obras que suponen una mitificación que para muchos de nosotros se sigue viviendo de manera tan personal que forma parte de nosotros, de nuestros recuerdos más privativos.
Treinta años después, cualquier onomástica relacionada con la saga se convierte en algo melancólico y evocador, que resucita una pasión común, una nostalgia que prevalece latente cuando oímos de forma fortuita el título de esta trilogía, cuando recordamos la maravillosa experiencia que era el cine hace tantas décadas. Aquél viaje de equívocos temporales y sus consecuencias, de identificación afectiva hacia un estado de ánimo más que hacia un simple filme, condensan un recuerdo imperecedero en la memoria colectiva que sigue perpetuando la idea que supone una trascendencia que va más allá del Séptimo Arte.
Hoy es 21 de octubre de 2015 y como en aquel viaje a los desconocido de Marty en la segunda parte de ‘Regreso al Futuro’ retrotrae un sentimiento común e intocable en el que refugiarse, como en los grandes clásicos, haciendo de ella un punto de no retorno hacia la infancia, a la magia de unos días hoy olvidados que avivan aquella llama de fascinación casi extinguida, transmutada en la actualidad en mitomanía.
Es hora de recordar, bajo el espectro del DeLorean DMC-12, la historiografía de una saga memorable que, visto lo visto, tiene signos de perdurar por mucho tiempo en la historia como uno de esos clásicos imperecederos. Antes, ahora y… cómo no, en el futuro.
Una Trilogía convertida en sentimiento colectivo
“Deben ustedes seguirme con atención. Tendré que discutir una o dos ideas que están casi universalmente admitidas. Por ejemplo, la geometría que les han enseñado en el colegio está basada sobre un concepto erróneo”.
H.G. Welles (‘La máquina del tiempo’).
Amblin Entertainment, la productora de Steven Spielberg, auxiliado entonces por Frank Marshall y Kathleen Kennedy, era la fábrica de sueños infantiles que se erigió con el secreto y la receta de un prototipo de cine capacitado para vincular afinidades e inquietudes a través de la infalibilidad de sus aventuras, fantasía y diversión. Los 80 daban sus primeros coletazos y el cine apadrinado por el “Rey Midas” era sinónimo de calidad, de cine familiar con efectos especiales donde se exigía una tarifa de comedia e imaginación que no traicionaba las expectativas. Por aquel entonces, se vivía bajo el signo conservador de la Era Regan y en este tipo de historias se reflejaba, con carácter transversal, un modo de vida que exhibía un bucólico catálogo de perfiles sumergidos en la clase media norteamericana de aquellos nostálgicos años; por eso, el fondo social de cintas como ‘E.T.’ El extra-terrestre’, ‘Gremlins’, ‘Los Goonies’, ‘Poltergeist’…tenía tantas semejanzas entre sí, concebidas desde una atmósfera familiar idílica de las afueras suburbiales, dotada de poética entrañable que definía genéricamente la interrelación del elemento fantástico con lo cotidiano. Por tanto, la parcela en la que se movían los personajes era reconocible y cercana, asumiendo la realidad ante una explosión de delirio y magia, de terror, ficción o drama.
Durante unos años surgieron cineastas apadrinados por Spielberg capaces de trasladar todas esas sensaciones a la gran pantalla. El sello pasó a ser un productivo artilugio hollywoodiense perfecto para la narración de cuentos y fábulas. De paso, cómo no, la que abultó sus arcas con un tipo de cine infalible para la taquilla. Algunos directores como Tobe Hooper, Joe Dante, John Landis, George Miller, Kevin Reynolds, Barry Levinson, Richard Benjamin, William Dear o Matthew Robbins se unieron a Spielberg en algunas de sus productivas aventuras. Sin embargo, el pupilo más aventajado, el que se formó a la sombra del genio y el que mejor supo captar la magia de aquellas producciones fue, sin duda, Robert Zemeckis. Éste había coincido en la universidad de South California con gente como George Lucas y John Milius, pero sería con el guionista Bob Gale con el que comenzara a preparar su camino con cortos como ‘The Lift’ o ‘A field of honor’. Sería precisamente el director de ‘Indiana Jones’ el que produciría sus primeros dos largometrajes: ‘Locos por ellos’, reflejo nostálgico en clave de comedia sobre la primera visita a los Estados Unidos de los Beatles y ‘Frenos rotos, coches locos’, una comedia satírica que giraba en torno a dos hermanos enfrentados en el mercado de compraventa de coches de segunda mano, ambas con guión de Gale, que había escrito para Spielberg ‘1941’. Las tres fueron un fracaso en taquilla con éxito relativo de crítica. El tercer vértice de la aventura espacio-temporal fue el productor Neil Canton que también trabajó como ayudante de dirección de Peter Bogdanovich en tres ocasiones (‘¿Qué me pasa Doctor?’, ‘Luna de papel’ y ‘Nickelodeon’). Canton apuntaba a un clasicismo que supo reconocer Orson Welles, al que puso a su lado para intentar sacar adelante la inédita ‘Al otro lado del viento’ o colaborar con Walter Hill en ‘The warriors’. Antes de ponerse con ‘Regreso al futuro’, Canton produjo el clásico de culto ‘Las aventuras de Bukaroo Banzai’. La terna que daría como consecuencia ‘Regreso al futuro’ ya tenía asociación. Sólo faltaba un adalid que financiara la experiencia más apasionante de sus vidas y, a la postre, la de todo espectador que sigue hechizado con la emoción que aún hoy destila el producto.
El germen nace en la imaginación de Bob Gale. Según cuenta, una vez que fue a visitar a sus padres a St. Louis, Missouri y rebuscando en un sótano encontró el anuario escolar de su padre. Se vio imaginando qué sucedería en un hipotético viaje en el tiempo hasta aquella época y hubiera conocido a sus progenitores, preguntándose si habrían compartido aficiones comunes o amistad. Ése es el arranque de todo. El guión lo escribió junto a Zemeckis, conscientes de que tenían entre manos una de las películas más apasionantes que hubieran soñado. Gale afirma cómo el guión fue rechazado en algunas de las grandes ‘majors’ del momento. Los estudios veían demasiado familiar el argumento y en aquel entonces lo que buscaban era algo más parecido a ‘Porky’s’ ¿Por qué no llevarlo a Disney? Se preguntaron. Y así lo hicieron. Pero el recatado estudio del tío Walt no veía con muy buenos ojos que, en un determinado momento, una madre acosara sexualmente a su propio hijo en un coche. El último recurso era Steven Spielberg. El obstáculo: las dos películas anteriores producidas para Zemeckis fueron un descalabro. Así que, antes de llevar a cabo un movimiento en falso con ‘Regreso al futuro’, Zemeckis se puso a prueba en otra gran producción de encargo con ‘Tras el corazón verde’, con Michael Douglas y Kathleen Turner. Entonces sí acertaron en taquilla con un éxito tan apreciable que las puertas de un moderno coche convertido en máquina del tiempo estaban abiertas para abordar su siguiente aventura.
‘Regreso al futuro’ planteaba, sobre el papel, mucho más que un simple trayecto temporal. Zemeckis y Gale desplegaban la posibilidad de abrir nuevos cuestionamientos a todas esas preguntas que se lleva haciendo el ser humano durante su existencia; de dónde venimos, adónde vamos, qué sucederá y las posibilidades y peligros que entrañan estos interrogantes con los riesgos que se darían sobre el destino unos desafortunados cambios. En ‘Regreso al futuro’ se dan rastros complementarios entre los contenidos presentados bajo unos enunciados, múltiples en lecturas, que adoptan posturas buscadas y encontradas. Con el impulso de autores literarios como Robert Silverberg o Robert Heinlein el desafío radicaba en sublevarse ante los arquetipos del género, acercando la diversidad de dimensiones o hipótesis imposibles con un pretexto sencillo, difuminándolas en una explicación accesible para el espectador bajo un espíritu algo gamberro y surreal en la aventura de un joven adolescente que, a su vez, se digiriera como una subrepticia crítica a la sociedad estadounidense. Por supuesto sin perder de vista la inocencia de aquellos años, pero con un atrevido mensaje interior, donde otros planos aportaran, tras su mascarada de anodina existencia, un papel tan importante como la trama principal.
‘Regreso al futuro’ era una joya en bruto, que destilaba una riqueza poco frecuente dentro del fantástico, con las posibilidades y la versatilidad comercial del cine adecuado a varios ‘targets’, combinando con fortuna comedia, aventura, romance y ciencia-ficción. Una historia definitivamente muy cinematográfica que no se limitaba a exponer una concepción de imaginería donde los efectos especiales técnicos estuvieran sometidos a la trama. La película de Zemeckis no traicionó los genuinos mecanismos propios de la época para configurar el universo de fantasía formulado en una perdurable leyenda sobre las relaciones paternofiliales y de amistad más allá del espacio y del tiempo. Fantasía pura que se alimenta de los sueños, un milagro hecho realidad en una película memorable que recaudó más de 380 millones de dólares en todo el mundo y pasó a ser, de forma fulminante, una de las películas más taquilleras del cine hasta aquel momento. ‘Regreso al futuro’ escribiría con épicas letras dorada su título al permanecer a lo largo de once semanas en el primer lugar del Box Office norteamericano. Costó 19 millones de dólares, un presupuesto ajustado para un proyecto ambicioso y revolucionario. A partir de entonces, ya nada sería lo mismo.
‘Regreso al futuro’ (1985)
En un principio, la película se iba a rodar en Nevada, en los confines de un área de ensayos nucleares, puesto que se sugería que el Dr. Emmett Brown fuera uno de los integrantes del Proyecto Manhattan. Relatan Zemeckis y Gale que se sentían atraídos por todas las pruebas nucleares que tuvieron repercusión por aquellos años. El detonante del viaje temporal era una explosión nuclear, que sería la que enviaría a Marty al pasado y también le permitiría regresar al presente. No había rastro de ningún coche entonces. McFly viajaría… en una nevera. Al final, llegaron a un acuerdo. La movilidad de la máquina era importante, ya que permitiría un mejor entendimiento para el público y funcionaría mejor en pantalla. Décadas después, Spielberg utilizaría la idea del frigorífico y el desierto nuclear en ‘Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal’.
Así, nacería el que es el símbolo más representativo, la efigie distintiva de ‘Regreso al futuro’: un DeLorean DMC-12. Utilizaron este modelo porque con ello podría significar que en 1955 la impresión de este vehículo metalizado pudiera ser la de una aeronave del futuro y también fuera lo suficientemente sofisticado para la época de los 80. La idea era que el DeLorean fue alimentado por plutonio. Ahí no había dudas. Hay dos anécdotas que circulan en las habladurías y entresijos del mito; en su origen, Marty era un ‘hacker’ viodegráfico, un chaval que conocía todos los entresijos del momento para piratear todo tipo de soportes electromagnéticos. Por su parte, “Doc” tenía un mono en vez de un perro, que fue desestimado al considerar una maldición para la taquilla la incursión de un primate en una película.
Cuando llegó la hora de rodar se esbozaron los nombres de los actores protagonistas. John Lithgow era el elegido por Zemeckis para ser el enloquecido científico, ya que había estado en películas como ‘En los límites de la realidad’, ‘Impacto’ o ‘El mundo según Garp’. También había coincidido con Neil Canton en ‘Las aventuras de Buckaroo Banzai’, sin embargo, en esta película también participaba Christopher Lloyd, que se haría definitivamente con el papel Emmet Brown. Canton lo tenía muy claro, Lloyd era perfecto para dar vida a ese doctor entrañable y delirante, el actor idóneo para conducir al personaje a un punto de locura que le equiparara con ese amigo extraño que a los adolescentes les encantaría tener. Siempre se le ha definido como un cruce lógico entre Albert Einstein y el director de orquesta Leopold Stokowski. Para Marty McFly la cosa no fue tan fácil. Se contrató a Eric Stolz, que entonces estaba de moda por haber cosechado fantásticas críticas con su interpretación de “Rocky” Dennis en ‘Máscara’, de Bogdanovich.
Para el papel de George McFly, entró en seguida Crispin Glover como candidato ideal, un sólido actor que apenas rozaba la veintena y tenía una discreta filmografía a sus espaldas y que no se imaginaba que iba a trazar la que podría ser considera su mejor interpretación cinematográfica. Para el papel de Lorraine Baines se optó por Lea Thompson, que había trabajado con John Milius en ‘Amanecer Rojo’ y había compartido protagonismo con Tom Cruise en ‘La clave del éxito’. Su delicado rostro aportó la doble faceta, dúctil y ofensiva del rol materno de la saga. Por último, el antagonista debía ser un actor con los recursos necesarios para contribuir con la fuerza ineluctable y la credibilidad amenazante a ese villano llamado Biff Tannen. Thomas F. Wilson era un completo desconocido que dejó su listón muy alto después de su participación en la película. La filmación se mantuvo con este elenco a la cabeza durante cuatro semanas. Entonces fue cuando Zemeckis soltó la bomba del rodaje: no le convencía Stolz como McFly. Spielberg apoyó la moción dando la cara por él ante Sid Sheinberg, entonces jefazo de la Universal. Después de una dura decisión que le costó a los estudios unos 3 millones de dólares, entró el carismático Michael J. Fox, que leyó el guión cuando rodaba la tercera temporada de ‘Family ties’. Aceptó de inmediato. El que se convertiría en el rostro juvenil del cine de la década trabajaba hasta dieciocho horas al día. Por la mañana, en el ‘set’ de la serie, dando vida a Alex P. Keaton. Cuando anochecía se metía en la piel de McFly asumiendo el peso de ambas. ‘Regreso al futuro’ había comenzado su singladura.
Significó un reto presentar una historia con un viaje temporal que despertara la aceptación del gran público. Pero el guión lo tiene todo para ser un éxito. McFly era un personaje despierto, con ganas de triunfar en el mundo del rock que desea cambiar la tradición de fracaso que le persigue debido, en gran parte, a la representación anulada de una figura paterna frágil, cobarde y pusilánime. Vive en un presente nada alentador, con dos hermanos sin mucho futuro y una estricta madre ahogada en raciones de vodka y lamentos. La película se circunscribe por completo a un tema absoluto: el tiempo. Ya en su secuencia inicial de créditos se sintetizan poderosamente los términos, en una presentación del Dr. Emmet Brown tan pormenorizada como sutil y silenciosa, con una infinidad de relojes e información dosificada a través de un aparato de televisión que va informando al espectador sobre aspectos importantes dentro del relato. Marty tampoco necesita muchos detalles para describirse; unas zapatillas Nike, unos vaqueros, un monopatín con una mochila y su afán por subir los búmetros a tope para tocar una pequeña guitarra que hace saltar un gigantesco altavoz por los aires. El centro comercial de Twin Pines y la 1:15 de la madrugada del 26 de octubre de 1985, la hora y el punto de reunión de ambos personajes.
El prodigioso guión de Gale y Zemeckis deja algunos detalles importantes en el devenir de la situación. Es sorprendente lo bien que se unifican los tiempos en sus tramos iniciales y posteriores y cómo funciona la repetición de elementos entre sí, siendo anticipados en el comienzo, donde la sobreinformación es tan etérea y bien fragmentada que es reconocible una vez que vuelve a surgir a lo largo del relato; la manera en que se muestra por primera vez el plutonio y su búsqueda por parte de unos terroristas libios, la campaña popular del Alcalde Goldie Wilson (Donald Fullilove), la historia del baile de ‘El encantamiento bajo el mar’, la octavilla que informa sobre el rayo que dañó para siempre el reloj de la torre, la prueba musical de los Pinheads, el grupo de Marty, las frases premilinares de Strickland (James Tolkan), el tío presidiario Joey, los pinos plantados por el viejo Sherman Peabody… Pero sobre todo, se hace especial hincapié en la noche en la que “Doc” cayó al suelo cuando intentaba colgar un reloj y dio con la clave de los viajes temporales: el condensador de fluzo. La imagen de un sueño, de una esperanza convertida en realidad, el mecanismo que posibilita el desplazamiento en el tiempo. A partir de ahí, la historia es fácil de sintetizar: el joven McFly se verá forzado a viajar en el tiempo hasta 1955, donde se ve en la obligación de conseguir que sus padres se enamoren al tropezar fortuitamente con ellos y haber cambiado el signo de los acontecimientos para, de paso, hacer peligrar su propia existencia, viéndose obligado remediar su error si no quiere desvanecerse en el tiempo. Conceptos imposibles como esos 140 kilómetros por hora y 1.21 gigawatios que necesitan del plutonio para que Marty regrese a su tiempo y que pasaron a la aceptación popular de inmediato.
Uno de los puntos fuertes de ‘Regreso al futuro’ es la voluntad de perfección al recrear los años 50, poniendo de relieve el detallismo con el se conceptúa 1955, sin necesidad de ostentaciones en su diseño de producción. A Zemeckis le interesa más un epicentro en el que ubicar la revolución juvenil, el origen del ‘teenager’, del espíritu joven que se apoderó de una nación como Estados Unidos. Este año, a la vista del público, es como una extensión pretérita del 1985 mostrado en el prólogo. Con ello, se establece un vistazo nostálgico a la ‘retrocultura’ de los 50 y a la vez establecen una mirada sumarial de los años 80, con sus tópicos, su era Reagan en pleno apogeo, sus virtudes y defectos, desgranando todos sus prejuicios con función satírica sobre las diferencias entre ambas épocas.
La jugada de mercadotecnia es impecable: no sólo estaban ante una película para gente que crecía en el tiempo en que se estrenaba, sino que también funcionaba como incentivo retro para el espectador que creció y vivió a mitad de siglo. El mercado adolescente y el de adultos en un mismo pack lleno de cine entusiasta y reverencial. De hecho hay hallazgos mínimos que proponen, a modo de guiño, invenciones dentro del filme por parte del protagonista, como inventar el ‘Rock N’ Roll’ (Marvin Berry llama a su primo Chuck para orientarle en un nuevo y revolucionario ritmo) o el invento del ‘skate’ moderno tal y como lo conocemos
Hay muchos exponentes que hacen de ‘Regreso al futuro’ el clásico que es. Pero sin duda alguna hay que subrayar la importancia de un guión de relojería, que opera con alucinante y exquisita articulación, en un engranaje perfecto de giros que funcionan con la exactitud medida, con personajes profundizados y dibujados desde un entendimiento narrativo mayúsculo. El filme responde a las cualidades de ciertos tipos de obras cinematográficas conectadas por una estructura que obedece a la disposición minuciosa y ensayada de sus elementos. En este caso donde el tiempo, el desarrollo y los puntos de fuga rompen argumentalmente con todo lo establecido, teniendo como explosión del suspense un clímax de acción desbordada y plena de tensión en la secuencia de cuenta atrás en la que “Doc” hace lo posible porque el rayo impacte de lleno en el mecanismo que llevará a Marty de regreso a 1985. Por eso, no es extraño que el guión se haya estudiado como ejemplo en las más prestigiosas escuelas cinematográficas del mundo.
‘Regreso al futuro’ está compuesta por pequeños detalles que pueden parecer inapreciables, pero son fundamentales para la trama principal. Se construye una triple consecución; a la vez que avanza la historia en determinados trazados, se construyen y determinan las personalidades y los conflictos y se impone un ritmo donde la acción nunca sucumbe a los giros. En ‘Regreso al futuro’ todo movimiento responde a una motivación argumental. Incluso las pequeñas referencias insignificantes como el nombre del centro comercial, ‘Twin Pines’, queda deformado en el nuevo 1985 con el nuevo epígrafe ‘Lone Pine’, a causa de que McFly atropella uno de ellos cuando llega a 1955 escapando de la familia Peabody. O simples elementos como el ‘walkman’ y el traje antirradiación, que son utilizados para someter a su padre a la amenaza espacial aludiendo a Darth Vader y al planeta Vulcano. La cinta avanza con tanta energía, siguiendo las paradojas y dilemas de un adolescente obligado a desempeñar el rol paternal con sus propios padres adolescentes, que es capaz de evitar incluso aquellas preguntas que imposibilitan la acción real: si Marty evita el enamoramiento de sus padres, nunca nacerá... y si nunca nace… ¿cómo puede viajar al pasado y evitar que sus padres se enamoren?
Obviamente, una película familiar del calado de ‘Regreso al futuro’ impone cierta moralina que alcanza su culmen en esa frase sugerida de unos a otros: “Si te lo propones, puedes conseguirlo todo”. No es óbice ni contraposición a uno de los asuntos más arriesgados a los que hicieron frente Gale y Zameckis, el mismo que hizo que Disney desestimara la opción de financiar el proyecto, ese mito de Edipo en el que la madre de Marty se enamora de él y no de su padre, suplantando la lástima que sintió hacia el progenitor por la fogosidad hacia un hijo convertido en héroe a los ojos de una comunidad juvenil tranquila y trazada con los cánones de entonces. Una idea convulsiva y enérgica que se une a la habilidad de sacar a colación algunos otros temas sociales, como el racismo y su vencimiento en la figura de Goldie Wilson o el abuso desequilibrante entre los más fuertes y débiles.
Incluso con aparente destreza, se dota al pequeño pueblo residencial de Hill Valley de un protagonismo simbólico, terrenal, haciendo de él un personaje más dentro de la trama. Toda esta parte fue rodada en Courthouse Square, localización de los estudios Universal en las que también se rodó ‘Gremlins’, de Joe Dante. La habilidad de Robert Zemeckis para engarzar todos los dispositivos en un bloque cinematográfico sin aristas le designan ya entonces como un heredero directo del mentor Spielbeg a la hora de planificar y rodar escrupulosamente una obra que carece de altibajos, sabiendo desarrollar un hálito de maestría apenas intangible, pero de un imperativo vigor en la forma de afrontar la acción y la aventura, que se refuerza por la que puede ser la mejor partitura de un inspirado Alan Silvestri hasta la fecha. La concepción visual y narrativa es impresionante.
‘Regreso al futuro’ recibió cuatro nominaciones al Oscar; mejor canción (‘The power of love’, de Huey Lewis), mejor guión original, mejor sonido y mejores efectos especiales y de sonido, estatuilla ésta última que lograron Charles L. Campbell y Robert R. Rutledge. Hasta la fecha, un cuarto de siglo después de su estreno en España, sigue siendo una película eterna que puede seguir fascinando a futuras generaciones. El filme de Zemeckis continúa jugando de forma omnisciente y constante a sorprender al público, rechazando cualquier tipo de convencionalismo y etiquetas genéricas. Eso fue lo que hizo grande la estela de esta gran producción de Spielberg, posiblemente su mejor contribución a la generación Amblin. Una obra maestra asignada como tal por exaltación popular. Un hecho que hace de su alcance mucho más importante que la dictada por los medios especializados o rimbombantes críticos y eruditos de la materia.
La obra de Zemeckis se perpetúa a lo largo de los años por su radiante humanismo lleno de optimismo, que nunca reniega de su condición de película populista, de aventura que se mueve por una cadencia creciente, sin límites en sus aspiraciones de entretenimiento. Un propuesta que, en el fondo, es modesta y contenida y que además ha sido seleccionada para su conservación por la Biblioteca del Congreso de los EE.UU. gracias a su enorme trascendencia cultural. A los que aman el cine de aquellos años, que soñaron con ilusiones paralelas a esta aventura temporal, supuso un hallazgo colosal, un golpe de efecto en las vidas de un millones de chavales que han crecido adorando esta ingeniosa pieza de orfebrería y que la consideran como esa película perfecta que a todos nos gustaría haber escrito y dirigido, narrándola sin alterar un solo movimiento de la original. Ni siquiera ese futuro al que hay que viajar y donde no se necesitan carreteras…
‘Regreso al futuro II’ (1989)
El éxito de la primera parte hizo que millones de fans reclamaran una continuación. La apuesta era segura. El final de aquélla dejaba una puerta abierta. Aunque según Zemeckis no era más que “una broma, un chiste que no hacía presagiar la posibilidad de una segunda parte”. Pero la idea era tan atractiva que nadie pudo negarse al reto. Por aquel entonces, Zemeckis estaba inmerso en el rodaje de ‘¿Quién engañó a Roger Rabbit?’ y BobGale se hizo cargo del guión en solitario, barajando varias de sus ideas en común con el realizador. Eso sí, los estudios se aseguraron no otra entrega más, sino dos que se rodarían simultáneamente, por lo que exigía la implicación total de sus integrantes. La única condición que exigieron entraba dentro de lo racional; mientras estuvieran Michael J. Fox y Christopher Lloyd, así como el equipo principal, ‘Regreso al futuro II’ y ‘Regreso al futuro III’ sería una realidad. Lea Thompson no tuvo ningún problema en meterse de lleno en la piel de Lorraine y de los personajes sucedáneos de la estirpe Banes/McFly.
Hubo un inconveniente bastante conflictivo con Crispin Glover, que exigía unos honorarios poco adecuados para una figura de su limitado bagaje. Tras semanas de negociaciones, quedó fuera de la ecuación. Este imprevisto echó al traste la idea de Gale de ubicar la trama de esta segunda parte en los 60 y tuvo que prescindir de su personaje creando un mundo alternativo de 1985 donde George McFly había muerto. Los planos en los que figuraba el personaje de Glover fueron delegados en el imperceptible actor Jeffrey Weissman. Otro de los obstáculos fue la renuncia voluntaria de Claudia Wells a retomar su papel como Jennifer Parker. La joven actriz eligió estar al lado de su madre, aquejada de un grave cáncer que volver bajo la tutela de Zemeckis. Y es una verdadera lástima que esto fuera así, porque aunque Elisabeth Shue fue una opción idónea como alternativa obligatoria, las siguientes dos partes no cuaja en esta parte del vértice del argumento. El rostro de Wells ejerce un poder tan hipnótico en la primera parte que fue imposible que el espectador no se sintiera incómodo con el cambio.
Aún así, las cartas estaban encima de la mesa. ‘Regreso al futuro II’ se comenzó a rodar a principios de 1989. El punto de partida era un viaje al futuro para resolver el tremendo lío que organiza Marty McFly Jr. Sin embargo, un Almanaque Deportivo con los resultados desde 1950 a 2000. Con su robo a manos de Biff se crea un nudo en otra dimensión que hace que “Doc” y Marty tengan que viajar al pasado con el propósito de destruirlo. En su primer libreto lo hacían a 1967. Allí se encontraban con Lorraine y George, que era profesor de universidad. La idea era desarrollar una película que transcurriera en esta época. Pero la renuncia de Glover hizo mover la trama hacia 1955, volviendo al mismo punto de partida de ‘Regreso al futuro’ para verla desde un punto de vista completamente diferente. Con el continuo espacio-tiempo desarreglado, el Hill Valley de un nuevo 1985 se sumía en un infierno con el poder de Tannen desmembrando la sociedad en una distopía sucia y mugrienta, en el que George McFly ha sido asesinado por Biff para quedarse con Lorraine. Era la argucia perfecta para componer una nueva y compleja confabulación de elementos narrativos y paradojas temporales inaplicables que, a pesar de sus idas y venidas cíclicas, resultaba otra estructura de guión con una fastuosa visión narrativa del cine espectáculo.
Como sucedía en ‘Star Wars V: El Imperio Contraataca’, de Irving Keshner e ‘Indiana Jones y el Templo Maldito’, de Spielberg, aquí los planteamientos se disponen en un armazón más oscuro y complejo, con más presupuesto, delineando una distribución espacio-temporal marcada por el ajetreo de trayectos en tres fechas concretas ubicadas en 2015, el nuevo 1985 y otra vez en 1955, con la creación de universos paralelos. De este modo, las personalidades se desdoblan, avanzan y retroceden en los tiempos, siguiendo las directrices de un fin lógico que no debe alterar la acción que ya conocemos para hacer avanzar la nueva en los mismos escenarios de la primera parte, permitiendo que transcurran los acontecimientos que veíamos entonces.
Gale y Zemeckis cuidaron mucho los soportes narrativos, aunque sin poder evitar algún que otro anacronismo imposible de sortear, como esos choques frontales de los personajes con su “yo” en el mismo espacio y en el mismo tiempo que no afectan del mismo modo a los personajes. Como ya sucedía en la primera parte, las fotos y los periódicos modifican su información cuando existe cualquier modificación en la historia, sirviendo de indicadores ante la nueva situación de permuta. Por eso, el hecho de que Biff robe el DeLorean en 2015 para entregarle a su “yo” del pasado el almanaque deportivo condiciona los acontecimientos futuros haciendo del presente Hill Valley de 1985 una pesadillesca ciudad donde el caos y la indecencia han sustituido la placidez de los 80 que vivió Marty, que han sido sustituidos por la codicia infectada que simboliza ese terrible edificio llamado Casino Paradise Pleasure, erigido a la figura de un Biff Tanen que dispone de la polaridad negativa del héroe, enfrentándose premeditadamente, cara a cara, a sí mismo, ocasionando con su desafío un efecto absolutamente catastrófico.
En este sentido, el fatalismo vislumbrado por Marty en caso de no arreglar la situación se equipararía a un espíritu que cohabita en las tres películas; esa ofrenda anímica y susceptible de ser equiparada con el ‘¡Qué bello es vivir!’, de Frank Capra y sus intenciones que aluden a la oscuridad fantástica de Dickens, al transcribir las verdaderas finalidades bajo el más puro cuento de fantasía y ciencia ficción. No es más que un pretexto para hablar entre líneas de una filosofía individualista confrontada con el destino inalterable. Con ello Gale y Zemeckis crean un universo intertextual, de lugares correlativos en los que la autorreferencia es constante. En ‘Regreso al futuro II’ convergen elementos comunes, reconocibles para el gran público, que evocan claramente a la influencia de su raíz identificativa con ciertos ‘gags’ o secuencias que ya han sido vistos anteriormente, como la primea entrada en el Café de los 80, con la aparición del viejo Biff con Marty o la actitud arrogante y déspota de Griff y su manipulación hacia un servilista Marty Jr., idéntica a la que tuvo lugar con Biff y George en 1955. Tanto la doble persecución de los ‘skateboards’ así como la concomitancia de choques del vehículo de Biff contra un camión de estiércol son herencia de su primera entrega, así como imposibilidad de mantenerse al margen cuando a Marty le llaman “gallina”. Reincidencias que esgrimen no sólo una concordancia de situaciones y códigos, sino también el reconocimiento factible del ajuste de tiempos y espacios.
El futuro que se presenta es tan irónico como fugaz. En ‘Regreso al futuro II’ la exposición de 2015 es casi un subterfugio para llevar la historia de fondo. Eso sí, se aprovecha la coyuntura para satirizar algunas profecías sobre lo que podría pasar en aquellos (por entonces) remotos tiempos venideros. Así se caricaturiza lo que, al fin y al cabo, ha ido evolucionando con cierta veracidad hasta nuestros días; el abusivo y contemplativo vicio por las nuevas tecnologías, la globalización de los productos de las grandes compañías, la sociedad capitalista de consumo y la nostalgia que rodea la década de los 80 hoy en día. Todo ello se queda algo arcaico en la divinización de Michael Jackson, la aparición digital de Reagan y Ayatollah Khomeini o la demostración de habilidad de Marty con los videojuegos de disparos en el Big Buck Hunter, que anticipa también elementos narrativos de la tercera entrega. Zemeckis también es reticente a apostar en exceso por los efectos especiales, aunque tienen mucho más protagonismo que en su predecesora. Se limitan a unos cuantos planos donde varios personajes interpretados por el mismo actor comparten pantalla.
Para ello se utilizó el ‘Vista Glide’, un sistema creado por la ILM para manipular con ayuda de un ordenador la imagen, utilizando una cámara Vistavisión modificada con el fin de reproducir los movimientos de los personajes con una exactitud perfecta y poder así hacer que el mismo actor interpretase a varios personajes ajustados a una interactuación realista. Las pequeñas referencias futuristas pasaron a ser objeto de culto, como las Nike Air 2015 Kicks, unas botas con ‘robocordones’ que incorporaba un sistema electrónico que las ajustaba automáticamente o ese Hoverboard, un aeropatín cuya ilusión fue creada por un sutil cableado y arneses que sujetaban a los actores, pero también con la utilización de imanes de tierra para repeler una gran cantidad de peso haciendo que el ‘skate’ creara un efecto de suspensión en el aire. También destacó la capacidad artesanal para crear el espejismo de coches que vuelan (hoy en día con la digitalización y el CGI sería más sencillo, pero también mucho menos romántico). En muchos aspectos, ‘Regreso al futuro II’ se equivocó en sus vaticinios. Obviamente, en 2015 no habrá vehículos que vuelen, ni ‘aeropatines’, ni la gente vestirá de una forma tan escandalosamente ridícula como se muestra en el filme.
Sin embargo, el equipo de Zemeckis anticipó algunas de las profecías cumplidas que se han adelantado unos cuantos años a las previsiones de la película. El momento en que Marty es atacado por una representación virtual del escualo de ‘Tiburón 19’ viene a ser un simbolismo que se ha patentizado con la obsesiva proliferación de secuelas y, sobre todo, en la querencia hacia los avances dentro del 3D. También hay una predicción del iPad, cuando un envejecido miembro de la Preservación de la Sociedad de Hill Valley para salvar la torre del reloj de la torre le da a firmar vía electrónica una especie de ordenador que recuerda mucho a la creación de Steve Jobs. La cinta de Zemeckis anticipó la aparición de un equipo de béisbol en Florida, que hasta entonces no tenían representación en la MLB; primero fueron los Florida Marlins, que debutaron en las grandes ligas en 1993. En 1998, los Tampa Bay Devil Rays se convirtieron en la segunda escuadra del estado. Hay referencias que no son ajenas a los años ’00, como las pantallas planas de enormes proporciones, el multicanal, familias que durante la cena son ajenas a las relaciones familiares, víctimas autómatas de los nuevos avances tecnológicos o esa polémica estrategia del “Mr. Fusion” (que fue creado a partir de un viejo molinillo de café Krupps) que evita el uso de gasolina, ya que existe el uso de compost como combustible y que comúnmente se conoce como “biogás”.
Igualmente cabe destacar la aportación de un Zemeckis desprovisto de cualquier vacilación a la hora de exhibir su cognición y disociación de es estilo que le unía a Spielberg, con una voluntad de rúbrica propia, que expone la siempre inmutable búsqueda de la entidad primaria de un cine comercial inalcanzable, incluso para él mismo, definiendo su inagotable capacidad para deleitar al público y manifestar su iniciática y brillante inventiva visual. La secuela de ‘Regreso al futuro’ amplia y complementa la grandeza de su predecesora y convierte su esencia en locura fantástica que vulnera los condicionamientos de los géneros que plantea, con el fin de abordar, con un asumido placer estético y predominante, la narración exaltada que evoca la ensoñación de una utopía profética sobre las paradojas temporales que tiene su apoteosis en ese cierre memorable de Marty en una carretera, habiendo perdido en el tiempo a “Doc” a causa de un rayo para, inmediatamente, recibir una carta del mismo científico en la que informa de su paradero temporal: 1885. Con la misma conclusión que en la primera parte, en la que Marty es enviado de vuelta a 1985, éste aparece instantes después para pedirle al “Doc” de 1955 que le ayude a traer de vuelta a su otro yo del pasado.
‘Regreso al futuro. Parte III’, (1990)
La tercera entrega llegaría el siguiente verano. ‘Regreso al futuro II’ fue el éxito de las Navidades de 1989 (en Estados Unidos se estrenó el 20 de noviembre y a España un 22 de diciembre) y dado que había sido rodada a la vez, sólo hubo que esperar a una fecha idónea para su lanzamiento. Se produciría en el verano de 1990. El 25 de mayo aterrizó la conclusión en su país de origen. Aquí tuvimos que esperar hasta finales de noviembre para ver el desenlace de las aventuras de Marty McFly y “Doc” Emmet Brown. Para ‘Regreso al futuro III’ el listón estaba muy alto, por lo que se optó por no perder la trama de choque estructural cuyas motivaciones vuelven a ser las mismas, aunque sin tantas vueltas de tuerca como en sus antecedentes. Marty está estancado en 1955. Antes de regresar a 1985, deberá ir en busca de “Doc” a 1885, pues se revela que en 7 de septiembre de ese mismo año, una semana después de escribir la carta que Marty recibe al final de la segunda parte, será disparado por Buford “Perro Rabioso” Tannen por una deuda de treinta dólares. El “Doc” de 1985 alternativo y el DeLorean, que lleva esperando setenta años a ser reparado, son los componentes necesarios para poder rescatar a “Doc” e impedir su muerte.
La intención de Robert Zemeckis era la de repasar, de algún modo, los orígenes y raíces de Estados Unidos, en un personal énfasis por hacer una relectura de la Historia de su país y que tendría este protocolo intencional años después con ‘Forrest Gump’. Con tanto viaje de ida y vuelta, en ‘Regreso al futuro III’ todo debía ser algo más despreocupado, adjudicando la inventiva creadora a un desbarajuste más apaciguado, en el que parece que cualquier agitación dentro del relato “de vaqueros” valiera para que Gale y Zemeckis disfrutaran de esta nueva aventura. Marty ya no es el objeto sobre el recae el peso de la película. Ya en el final de la segunda parte se avanza que “Doc” va a ser el protagonista de esta, el elemento que mueva las fichas narrativas de la aventura en el Salvaje Oeste. Da más libertad al rol interpretado por J. Fox, que campa a sus anchas. El resultado es una pequeña escisión en parte del encanto con nuevas vías de intriga y abre una puerta al romance de “Doc” con la profesora del pueblo, Clara Clayton (Mary Steenburgen), que tampoco aporta la emoción necesaria para sostener los pilares de una historia algo desacertada y demasiado intrascendente como propuesta de final de fiesta.
‘Regreso al futuro III’ fue la cinta de la saga con peores críticas. También la que menor recaudación amasó. Enflaquece su potencial por la perseverancia de anular cualquier proposición de seriedad, que se extingue con la incapacidad de aportar nada nuevo. Y lo que es peor, se diluye el tono sugerente de sus dos primeras entregas. Por suerte, Zemeckis hace que subsista el ritmo y el entretenimiento, sobre todo en esa incertidumbre de la secuencia final con el vagón del tren y el DeLorean a punto de despeñarse por un desfiladero, con una planificación admirable gracias a su poderoso montaje. Igualmente, las interpretaciones de Michael J. Fox y Christopher Lloyd se vuelven fundamentales para que la función no disminuya su empuje. Las reiteraciones argumentales, la autoparodia y la invariable referencia a su propia idiosincrasia son, nuevamente, el objetivo del guión. Se persigue así la filiación cómplice con la duplicación de algunos pasajes que se dan anteriormente; desde el fortuito encuentro tras un golpe de Marty con su madre (esta vez su tatarabuela), una maqueta que representa el funcionamiento de lo que será el viaje temporal, el vestigio de los 80 con Marty interpretando ante los disparos de Tannen el paso de baile ‘moonwalk’ de Michael Jackson o la persecución a caballo que acaba con Tannen en el estiércol.
A cambio, ‘Regreso al futuro III’ es la película de la trilogía que más profundiza en la unión y sentido verdadero de la amistad entre Brown y McFly, para reflexionar sobre el paso inexorable del tiempo y sobre lo efímero de una vida en la que no hay que dejar escapar la oportunidad de querer a la persona amada cuando llega ese mágico instante. En términos mucho más subterráneos a la cartografía de las tres películas, aquí es donde los dilemas absolutos tienen una afectación más clara. Gale y Zemeckis enmascaran, en el fondo y bajo esa sátira de humor y homenajes, una triste despedida ya no sólo entre ellos, que tomarán un rumbo diferente en sus vidas, sino como una adiós al espectador. También se recobran ciertas fisonomías de oscuridad, puesto que la muerte, ese factor sostenido que entra de lleno en la segunda entrega, es aquí también un componente importante, esta vez concentrado en la figura de Emmet Brown, sin cernirse en exceso con un alcance tan polisémico como sucedía en todo el esqueleto argumental bajo la muerte de George McFly en el nuevo 1985 creado por Biff Tannen. Tampoco hay que olvidar la grandeza de una amable mitigación ética que hace crecer, definitivamente, a Marty McFly. Su antepasado irlandés, Seamus McFly le cuenta la historia de su hermano, que remite al complejo de inferioridad y apocamiento del joven, que fue apuñalado en la ciudad de Virginia mientras que intentaba demostrar que no era un “gallina”. Con ello, Marty crece y deja atrás esa inseguridad para abrazar una nueva sensación de confianza y superación. Es la clave para averiguar que la vida de la generación McFly está marcada por un destino incontinente, que viene muy bien para acentuar esa historia emocional del dilema moral que pone a “Doc” Brown en la tesitura de abandonar su vida en 1985 para quedarse en 1885.
‘Regreso al futuro III’ deja una sensación agridulce. En su época decepcionó enormemente, pero bien es cierto que despierta cierto cariño entre los más allegados a la aventura temporal de la saga. Se trata de un ‘western’ rebelde y simpático, que desobedece todos los códigos del género, curiosamente subvirtiéndolos con cierta nostalgia (hay persecuciones a caballo, el asalto a un tren, conflictos comunitarios, un sheriff y, por supuesto, un duelo a muerte), haciendo de su trama otra nueva muestra de caos. Zemeckis lo hace conscientemente, no sólo rodando varias secuencias en Monument Valley, donde John Ford rodó sus mejores y más recordados westerns y en Sonora, desierto que han visto clásicos del Oeste como ‘Duelo al sol’, de King Vidor o ‘Sólo ante el peligro’, de Fred Zinnemann, sino también aportando cierta dosis de clasicismo en su forma de dirigir, en su voluntaria sumisión a mitos del género como la inercia de Marty McFly a llamarse Clint Eastwood, así como a ese sincero y emotivo guiño a Sergio Leone copiando la táctica del duelo del Hombre sin Nombre interpretado por Eastwood de ‘Por un puñado de dólares’ o la reunión de viejas glorias en el Saloon con nombres clásicos del género como Pat Buttram, Harry Carey Jr. y Dub Taylor.
Es, en definitiva, una cinta infrecuente donde convive el ‘western’, la ciencia-ficción y la comedia, tan entretenida y coherente como fallida al carecer de muchas dimensiones que tiene su apogeo en sus precedentes. ‘Regreso al futuro Parte III’ es la que menos beneficia en comparaciones. Es irrebatible, pero eso no resta sus méritos, sus ganas de diversión y apetencia por no perder ese festón vital y optimista, con el DeLorean destruido y suplantado por tren Sierra Railroad que metaforiza las aspiraciones utópicas de Julio Verne con la familia de “Doc” Brown sumergidos en nuevas e inimaginables aventuras.
Esa conclusión se encamina hacia genuflexión de la platea, despidiendo una parte de nuestra adolescencia, asistiendo a la que sería una sensación que jamás se volvería a sentir, el adiós a dos iconos que siempre acompañarían nuestros recuerdos, unidos eternamente a la imaginería que Zemeckis logró establecer como un símbolo eterno con una trilogía que conserva su atractivo, amparada en la emoción y la pleitesía que sigue despertando en las venideras generaciones tan difíciles de sorprender. Al fin y al cabo, esa matrícula con la palabra OUTATIME volteando sobre sí misma bajo las marcas de fuego de la maquina del tiempo ya ha quedado en nuestra memoria y será imposible que dejamos de lado tantos buenos instantes.
La Trilogía, como cómputo unitario, mantiene el secreto de aquello que ambicionan los ‘blockbuster’ actuales, sin lustre, anémicos de esa exhalación de entusiasmo y brillantez que despliega la referencial primera parte de la saga y, en menos y paulatina medida, sus dos secuelas. ‘Regreso al futuro’ ha revalorizado su tasación a lo largo de los años. Y sigue siendo algo irónico que, para una película sobre los viajes en el tiempo, aún hoy en día siga siendo atemporal y logre rebatir la frase de “Doc”: “eso ya pertenece al pasado”.

martes, 20 de octubre de 2015

'El Día de la Bestia', 20 años después

Para muchos de nosotros fue un antes y un después para nuestras filias del cine español. Un revulsivo necesario que nos marcó una meta allá por los años 90, una utopía que, de repente, era posible hacer en este país tan arraigado a las viejas fórmulas. ‘El día de la Bestia’ supuso dos cosas; la confirmación como cineasta de Álex de la Iglesia después de la tentativa fantástica de ‘Acción Mutante’ y un patrón casi idealista de revolución fílmica, de filosofía violenta y apoteósica lanzada sin pundonor ni apocamiento. El 20 de octubre de 1995 se estrenaba una película que significó la que sería obra cumbre del nuevo cine nacional de la época, un impulso para un amago de transformación en la creatividad cinematográfica española.
‘El día de la Bestia’ se convirtió en una de las películas más taquilleras de la historia de nuesro cine con una impactante historia que supuso para su realizador el origen de un concepto fílmico y argumental preceptor de un cine contracorriente y personal, desde una espectacularidad a veces irregular y mal entendida, hasta la adopción de formatos inauditos vinculados a las raíces del cine a la más ibérica. Una película que era a la vez la superación de estigmas y prejuicios bajo el amor confeso a la tradición más patria de hacer películas dentro de un género tan injustamente tratado como es el cine fantástico.
El talento narrativo ostensible de lo que hoy en día es un clásico nos dejó ver la intencionalidad revulsiva en un producto a medio camino entre el cine de género y el cine de autor. Las tribulaciones del visionario padre Ángel Berriartúa y sus cábalas sobre la llegada del Anticristo sirvieron para proponer nuevos caminos de autoría en los que el ritmo, imparable y sobreseído de cualquier lastre argumental, se apoyaba en una extraordinaria percepción del cine de acción y la comedia de humor negro que sobrevolaba esa mirada sardónica y cínica, casi como la poetización malévola del mismísimo Luis Buñuel hacia los ritos religiosos y la creencia católica.
El cine de De la Iglesia, abrumante y enérgico, perfilado bajo unos conceptos artísticos indiscutibles, se definía en esta película por una cuidada estética procedente de múltiples influencias para construir un universo propio, hilvanando la preeminencia de sus potentes imágenes con una función de emociones contrapuestas para crear un sentido del ritmo que procuraba escapar al propio discernimiento del espectador. Un delirante e insano viaje a un universo de maldad y superstición donde la mixtura entre el misticismo y urbanismo transigían cualquier precepto en una cinta de culto que ha pasado a la historia del cine español dos décadas después de su estreno.
Primer encuentro
En Salamanca se estrenó varias semanas después. Cuando creíamos que no se produciría un visionado en condiciones, cines Van Dyck no sólo pudo comercializar la cinta, sino que trajo a Álex de la Iglesia y a Jorge Guerricaechevarría en una inolvidable noche de pre-estreno pasado un mes de su lanzamiento a nivel nacional. Ambos pasaron aquí algunos días escribiendo el guión de ‘Perdita Durango’ y se les pudo ver por algunos de los locales más carismáticos ajenos al boato de la noche salmantina, los más gamberros y míticos de la ciudad. En aquellos días se produjo una entrevista bastante antológica que algún día transcribiré, porque merece la pena ubicar dónde y cómo entendía el cine Álex de la Iglesia por aquel entonces. Conocí al cineasta, al cinéfilo y a la persona, pero el encuentro con Álex también me sirvió para descubrir a ese genio sin parangón en la sombra que es Guerricaechevarría. Hubo una apasionante conversación, alguna que otra foto, un presente en forma de camiseta que creo que sigue siendo una de mis favoritas de siempre (con aquella estampación sobre el logo del Anticristo que rezaba "soy Satánico y de Carabanchel") y la sensación de que uno de los espejos en el que mirarnos había traducido su talento en una película que nunca olvidaremos.
‘El día de la Bestia’ recoge un abrupto y sombrío sentido del humor sobre la descomposición social a través de una visión bruna y apocalíptica de un Madrid irreconocible. De voluntad transgresora que basó gran parte de su éxito en la química entre los entonces desconocidos Álex Angulo (al que hoy volvemos a llorar por su prematura despedida), Santiago Segura y Armando de Razza., sin olvidar la siniestra figura de Terele Pávez, la ingenuidad de Nathalie Seseña o las enormes tetas de Maria Grazia Cucinotta, así como aquella banda sonora salpicada de canciones que cuatro lustros después son un himno generacional... todo ello genera esa nostalgia por el abismal paso de los años, pero también por la que fue la ratificación de un director dispuesto a comenzar una revolución personal en contra del ostracismo y la genealogía más rancia de los cineastas acomodados en el cine fácil, costumbrista y posbélico al que nos tenían acostumbrados. Con los años, su cine ha sido un constante desenfreno de aciertos y desaciertos. Este fin de semana, Álex de la Iglesia tiene un estreno que alude en su esencia a aquéllos conceptos fílmicos recogidos en ‘El Día de la Bestia’. Veremos qué ha quedado de todo aquéllo.

Comienza la Regular Season, comienza la Fantasy NBA +

Después de la gratísima experiencia de la pasada campaña con la Fantasy NBA + es hora de repetir. Tras la incógnita de un retraso hasta una semana antes de comenzar la temporada de la NBA impulsada por los chicos de Movistar Plus en su segmento dedicado a la liga profesional de baloncesto americano, vuelve esta competición tan afín a la esencia de la mejor liga del mundo. A los que amamos este deporte, además del seguimiento diario de la liga, esta Fantasy añade un ingrediente más, ya que propone estudiar a cada jugador de cada equipo para los cambios semanales, valorando gangas, desechando figuras por otras más asequibles, buscando trucos, comparando precios y estar al tanto de las lesiones todos los días. Todo ello fructifica en un control y amplificación de horas invertidas en una filia tan apasionantes como lo es la NBA.
Este año parece que el valor de algunas estrellas se ha disparado, un factor que contribuye a estructurar los equipos con bastante delicadeza, obligando a repartir muy bien el presupuesto inicial que repite guarismos con respecto al año pasado (180 millones de dólares) para instituir una estrategia individual obligatoria a la hora de seleccionar a 10 jugadores (4 bases, 4 aleros y 2 pivots) con el mencionado límite salarial que debe incluir forzosamente un ‘rookie’ y un jugador internacional con un sistema que concede dos cambios semanales en 25 jornadas que cierran su cupo cuando acabe la temporada regular allá por mediados de abril.
Las bases aquí.
Por supuesto, este año he vuelto a crear RAZA BLANCA, TIRADOR en homenaje al designio del gran Andrés Montes que se refería así a los jugadores caucásicos de fina muñeca y mortífero tiro al aro y que el año pasado ya cuajó un aceptable éxito. Este año no es pública, pero como si lo fuera. La contraseña pare entrar a jugar es “estopamix” (sin las comillas y en minúsculas –también en ofrenda a Montes). Este año me gustaría que dentro de la liga de amigos se utilizara el FORO. En él podremos seguir nuestros movimientos, presentarnos e ir fraguando un seguimiento más personalizado a esta liga. Se pueden inscribir un máximo de dos equipos (los míos son REFOCITOS Devils y KnickerDrunkers), aunque no es necesario y con uno es suficiente.
La novedad de esta temporada es la creación de la liga CLAVERS, que impone un desafío más divertido si cabe que la liga a puntos generales dentro el cómputo global. Se trata de intentar hacer la peor puntuación de cuantas se puedan. Es decir, procurar fichar a los peores jugadores de la liga e intentar establecer registros negativos. El que menos puntos logre al final de la temporada es el ganador. Os aseguro que esta modalidad es mucho más compleja que la normal. El acceso es público y no necesita contraseña. Mi equipo es The 75 LOLsers. Poco más que añadir. Por fin estamos a una semana de que empiece el show, de ese juego confeccionado con el tejido de los sueños. La NBA está a punto de comenzar y qué mejor que hacer un seguimiento colectivo a través de esta Fantasy NBA +.
Os registráis aquí, buscáis mis ligas y a empezar a jugar.
Allí os espero a todo el que quiera aceptar el desafío.

martes, 6 de octubre de 2015

Big Bang Theory: El secreto de una ‘sitcom’ diferente

¿Cómo es posible que una ‘sitcom’ protagonizada por físicos y científicos que intercalan su trabajo como genios con su intento de relacionarse con el mundo que les rodea se haya convertido en una de las series más populares de la historia de la televisión reciente a nivel universal? ¿Acaso alguien esperaba que ‘The Big Bang Theory’ se convirtiera en un fenómeno del que se estima que al menos 84 millones de personas en todo el mundo han visto al menos seis minutos o saben de qué trata?
Sin duda era una idea arriesgada, pero sus creadores, Chuck Lorre y Bill Prady no dudaron en hacerla posible. El primero, ya conocía la fórmula del éxito al estar detrás de series como ‘Mike and Molly’ y ‘Dos hombres y medio’. Prady, por su parte, ejerció de productor de ‘Las chicas Gilmore’. El desafío era la instauración de una serie cómica plagada de referencias científico-matemáticas. Y lo que parecía una locura se tradujo en un éxito sin precedentes.
A estas alturas, todo el mundo sabe que ‘The Big Bang Theory’ gira en torno a dos compañeros de piso y amigos, el físico teórico Sheldon Cooper (Jim Parsons) y el físico experimental Leonard Hofstadter (Johnny Galecki), que comparten su día a día entre su trabajo en la universidad con la llegada de Penny (Kaley Cuoco), una nueva y guapa vecina con aspiraciones artísticas que revoluciona el introvertido mundo de los científicos. Junto a ellos, sus amigos, el astrofísico Rajesh Koothrappali (Kunal Nayyar) y el ingeniero Howard Wolowitz (Simon Helberg), serán artífices de la comedia de enredo que supone la compleja tarea de compaginar su condición de genios con la incapacidad de relacionarse socialmente fuera de su entorno.
Las raíces de su propagación como serie de éxito vienen dadas con una meta muy clara por parte de sus creadores, la de jugar con ciertos estereotipos culturales de personajes antisociales siguiendo unas líneas muy básicas y reinventar así, desde los componentes más clásicos, una disposición empática alejada de lo previsible dentro la ‘sitcom’ moderna. De este modo, la diferenciación llega impuesta por un divertido escapismo de la claustrofobia conceptual del género, convirtiendo lo tradicional en algo imprevisible y menos convencional.
‘The Big Bang Theory’ se despegó enseguida como un producto diferente, con la singularidad de unos diálogos de calidad en un contexto ajeno al costumbrismo de cualquier ‘sitcom’ anterior, con la constante búsqueda del humor implícito en cada conversación de corte científico, que se entremezclaba con divagaciones casi existenciales acerca de cuestiones triviales encauzadas a la rutina. El cambio viene orientado a la apertura hacia un mundo más moderno y actual, donde los ‘gags’ de índole científico abandonan la complejidad intelectual para acercar al público a través un humor cercano y sencillo, inventando imaginativas soluciones que han hecho que la serie contenga una de las tasas más altas de ‘gags’ por minuto de la última oferta televisiva estadounidense.
Una de las claves que la han convertido en una de las favoritas de la audiencia radica en que el ‘target’ no abarca sólo a una generación muy contemporánea que vive la evolución progresiva de la tecnología y sus adelantos, sino que se ha extendido hacia todo tipo de público con recurrente punto de encuentro entre alusiones a complejas teorías físico-cuánticas con constantes menciones a conceptos universales muy arraigados a la cultura pop y a la iconografía cultural de los años 80 y 90. Por eso, no es extraño que durante las ocho temporadas que abarca la triunfante trayectoria de la serie, encontremos una miscelánea de referencias casuales a la paradoja de Schrödinger, la teoría de cuerdas, el efecto Doppler o el bosón de Higgs con la perdurable simbología de universos como ‘Star Wars’ o ‘Star Trek’ (por poner dos ejemplos representativos), chismes sobre informática, videojuegos, juegos de rol, cómics de DC, figuras de acción y elementos a medio camino entre lo ‘geek’ y lo ‘freak’. Así es ‘The Big Bang Theory’.
Una de las grandes bazas que han ido adscribiendo millones de fans a la serie es que, desde su inicio, ha seguido siendo fiel a sí misma, sin traicionar ese espíritu definido en la heterogeneidad y el inconformismo, donde el estricto histrionismo y equilibrio a la hora de exponer las desventuras de unos genios en su parcela laboral, pero auténticos desastres en su vida cotidiana, descifran su designio humorístico. Los personajes, carentes de las habilidades sociales más elementales, han mostrado siempre unas profundas cualidades humanas que despiertan un apego instantáneo gracias a una vena infantilizada e inocente. Sheldon, Leonard, Rajesh y Howard parecen anclados en un ‘peterpanismo’ que logra que el espectador reconozca de forma familiar a este grupo de amigos que, pese a sus evidentes defectos y carencias, evidencian en cada episodio un patetismo encantador y cercano, muy afín a la realidad de la edad que representan dentro de la serie.
Esta simplificación dentro de sus propósitos como producto de entretenimiento sería, además de un eufemismo, algo engañoso, ya que cada capítulo integra reflexiones y ejemplos científicos muy apegados a la actualidad, debido a que el profesor de la Universidad de Californa David Saltzberg, en calidad de asesor científico, repasa todos los guiones de la serie para que los términos y conjeturas físicas y matemáticas que aparecen en la serie sean lo más fidedignas posibles a la realidad. Supone una ecuación perfecta que da como resultado que los ‘gags’ sobre la ciencia siempre estén vinculados a un conflicto relacionado con la terquedad de unos personajes que apenas han evolucionado, adquiriendo así una seña de identidad muy reconocible entre la audiencia.
En sus últimas temporadas algo ha cambiado en ‘Big Bang Theory’, fundamentalmente porque su inmovilismo se ha visto alterado, con división de opiniones a favor y en contra, con la integración de dos personajes femeninos de rol protagónico; la doctora neurocientífica Amy Farrah Fowler (Mayim Bialik), como la eterna enamorada de Sheldon y la microbióloga Bernadette Rostenkowski (Melissa Rauch), casada con Howard. Con ello, la serie ha encontrado un contrapunto femenino que ha ido dando a la serie un aire de cambio más orientado a la guerra de sexos y la ‘screwball comedy’, fundamentando su progresión en un conflicto más abierto a una determinación más popular e inmediata de las comedias de situación más frecuentes. Algo que no ha hecho si no engrandecer la intención democratizadora en función de la aproximación a todos los públicos posibles.
No obstante, lejos de cualquier controversia entre sus fans, existe un elemento que ya ha escrito su nombre con letras de oro en la historia de la televisión y que es el factor cardinal del éxito de la serie. Se trata de ese superdotado de memoria eidética llamado Sheldon Cooper. Sus rasgos de maniático (sus tres golpes al llamar a cualquier puerta), misántropo, arrogante, hipocondriaco, ególatra y pedante han hecho que el personaje haya propagado la notoriedad de la serie. Configurado como el antihéroe y antagonista de todos y cada uno de los personajes que desfilan por la serie, este encopetado doctor incapaz de entender las emociones de otras personas y que menosprecia explícitamente a quienes considera intelectualmente por debajo a él, ha atribuido la casi totalidad del lustre diferenciador de ‘The Big Bang Theory’, convirtiéndole en el epicentro de su prestigio. Tanto es así, que Jim Parsons sigue siendo un fijo en las quinielas a mejor actor de comedia en la Television Critics Association, el National Association of Broadcasters o los Emmy (hasta cuatro acumula en su palmarés particular).
Cada episodio reúne a 22 millones de espectadores sólo en Estados Unidos. Hasta su emisión los lunes, se enfrentaba nada menos que a ‘Modern Family’ de la ABC (que acumulaba una audiencia de 14,5 millones) en una franja horaria muy difícil y la más comercial de la semana como era la noche de los jueves en ‘prime time’. En cuanto a números, ‘The Big Bang Theory’ es la más rentable y multitudinaria y según TV Guide es la serie más vista del mundo. La nueva extensión de su contrato colectivo durará hasta 2017 con un total de diez temporadas en las que la brillantez, la elocuencia y la fórmula del éxito seguirán ampliando la leyenda de su título y resolverá la duda de si finalmente se arreglará ese ascensor estropeado hasta el apartamento 4A que ya forma parte de nuestra vida.

jueves, 1 de octubre de 2015

Snowden, el tuitero y Eduardo Manostijeras

La historia es la siguiente. En el canal de televisión por cable HNL (lo que antes venía a ser la CNN Headline News) centran su atención informativa en la noticia del inicio de la actividad en Twitter de Edward Snowden, ex consultor tecnológico y antiguo empleado de la CIA que desató una tormenta mundial al desvelar comunicación cifrada del PRISM (programa de vigilancia mundial a cargo de la NSA) como advertencia de la manipulación de la privacidad y la libertad internacional en Internet que vulneran los derechos humanos. En 24 horas había alcanzado el millón de seguidores. Para comentar esta noticia se acude al corresponsal de Al Jazeera en inglés John Hendren, que explicará cómo la cuenta de Snowden se crea desde cero con la verificación oficial, de su residencia de asilo en Rusia, de cómo George E. Pataki, exgobernardor de Nueva York y aspirante a la Casa Blanca, arremete contra Twitter por prestar su servicio a un “traidor y un terrorista”.
Cuando la presentadora Yasmin Vossoughian conecta con él se encuentra que el equipo de documentación ha comunicado con Jon Hendren, un conocido troll y cómico de las redes sociales bajo el nick @fart. Muy circunspecto, después de escuchar un corte de una entrevista del ex agente responde a la pregunta sobre la posibilidad de que su huida como refugiado a Rusia pude haber causado un daño a los agentes de inteligencia estadounidenses, Hendren asevera “que no puede hacer daño a nadie pese a que le expulsaran. Es un individuo válido para la sociedad pese a que tenga tijeras en las manos, aunque sea extraño. La gente no empezará a asustarse hasta que talle arbustos con forma de dinosaurios y otras cosas”.
La broma de confundir humorísticamente a Edward Snowden con Eduardo Manostijeras (en inglés Edward Scissorhands) deja en evidencia a la presentadora y todo su equipo que, ajena a la respuesta o intentando seguir el guión interpela al entrevistado “Algunas personas dicen que Snowden es un farsante por acogerse al asilo de Rusia, un país con gran cantidad de violaciónes de derechos humanos”. El comediante, muy metido en su papel, responde “expulsarle fue algo completamente erróneo. Lo estamos tratando como un animal, como alguien puesto en cuarentena y aislado. El hecho de que fuera creado por Vincent Price y lo dejara incompleto con unas tijeras por manos y abandonado en una montaña… Eduardo Manostijeras es un héroe para mí”.
Llegados a este punto, Vossoughian podía haber parado la conversación o reconocer el error de documentación para detener la información del absurdo y el sinsentido. Pese a ello, se ciñe profesionalmente a las preguntas posteriores “Pero ¿qué pasa con la elección que hizo de irse a vivir en un país como Rusia?”. Y claro, el tuitero prosigue “Lo que quiero decir es ¿a dónde podía ir?”, Se pregunta, “le echamos porque nos asustamos debido a que hizo agujeros en una cama de agua al tocarla con sus dedos de tijera. Y eso, no debería ser una razón para excluir a nadie”.
Vossoughian agradece la opinión como falsario Hendren y deja para la posteridad uno de los momentos informativos más estrambóticos y desternillantes de los últimos tiempos.