viernes, 18 de diciembre de 2015

'Star Wars': ha llegado el momento

Durante el último año, ha prevalecido la importancia de un acontecimiento fílmico muy por encima de los demás. ‘Star Wars: el despertar de la fuerza’ emergió después de la compra en 2012 de Lucasfilms por parte de Disney por 3.125 millones de euros. Desde ese momento, era cuestión de tiempo una resurrección del mito galáctico y el universo creado por George Lucas. Tras designar como director al nuevo prodigio del espectáculo comercial J.J. ABrams, la maquinaria no hecho más que incentivar las expectativas del colectivo afín a la saga, en el que la mitomanía alcanza una dimensión pletórica y universal dentro de los contornos del cine fantástico. Desempolvar y reverdecer los estigmas de una de las sagas más taquilleras de la historia era un deber por parte de una factoría acostumbrada a exprimir sus gallinas de los huevos de oro hasta agotarlas.
De este modo, ha llegado el momento de volver a asistir al mayor acontecimiento cinematográfico de los últimos tiempos, a ese híbrido de géneros salpicado por el sci-fi, la aventura, la acción, el drama y el romance. Las generaciones que vivieron la revolución del cine de Ciencia-Ficción hace ahora treinta y ocho años dese la primera trilogía y una década desde su continuación están a punto de ver recompensado el deseo de otra ración estelar de apoteosis. Ha llegado la hora de dejar la doctrina, la estética llana, el dramatismo y una visión existencialista del cine defendido por resignados conceptos academicistas por otros más trascendentales como son la creación de sueños y la diversión basada en el grandioso espectáculo sólo al alcance de aquellos que siempre han visto en esta Saga una forma de cambio radical en las estructuras cinematográficas con la irrupción del ‘Episodio IV: La Guerra de las Galaxias’. Una generación que creció bajo el influjo de un mundo engendrado por Lucas, que ofrendaría al Séptimo Arte con un sentido drásticamente diferente, confiriendo a la noción de diversión que todos tenían hasta la fecha un aire distinto, combinando la fábula sociopolítica futurista con unos efectos especiales que se configurarían como el inicio de una conmoción digital que desde entonces (y gracias a la todopoderosa ILM) no ha parado de evolucionar.
Desde que Lucas estrenará en 1977 la primera (en realidad cuarta) entrega de esta legendaria odisea, no sólo le otorgó una nueva dimensión estética y conceptual al género, sino que irrumpió de tal manera en la iconografía cinematográfica colectiva que se convirtió en una auténtica y genuina seña de identidad generacional pasando a formar parte de la cultura popular internacional, adquiriendo adeptos allá por donde se estrenara la utopía galáctica. El fenómeno ‘Star Wars’ ha extendido durante décadas esa ensoñación contagiosa a multitud de generaciones posteriores que siempre han tenido como referente del cine de aventuras este universo espacial desde su infancia, extendiendo esa pasión de padres a hijos.
Bajo la oscuridad de un sueño planetario, tan sólo acompañado por el reflejo luminoso del proyector, millones de personas alucinaron con las aventuras del ingenuo Luke Skywalker, el mercenario Han Solo, su peludo amigo Chewbacca, la sensual Princesa Leia y los simpáticos droides Rd2-D2 y C3-Po. Los ‘fans’ y espectadores recuerdan aquella frase con letras azules sobreimpresionadas sobre fondo negro que servía como prólogo de la trilogía “Hace mucho tiempo. En una galaxia lejana, muy lejana...” como una de las máximas más representativas de su cultura visual, de una visión colectiva que marcó las vidas de sus espectadores para siempre. Una iconografía particular bajo la vasta sombra de su odisea en forma de trilogías que hoy puede analizarse como una auténtica gesta histórica dentro de la Historia del Cine.
Además de acrecentar su mitología sin cesar desde su apertura sin ver erosionada por el tiempo su trascendencia proverbial, la Saga ‘Star Wars’ ha creado auténticas efigies dentro del Séptimo Arte. Por eso no es de extrañar que el siniestro casco negro de Darth Vader (alegoría perfecta del Lado Oscuro de la Fuerza y que en esta séptima entrega cede su continuismo a nuevos villanos) posea un poder tan brutal equiparable al símbolo de Coca-Cola, los aros de los Juegos Olímpicos o la Estatua de la Libertad. Se trata de una experiencia al borde de la contemplación que siempre se ha vivido a través del cine y de un potente foco de marketing basado en todo tipo de muñecos, naves, gorras, camisetas, tazas... con motivos ‘starwarsianos’. Y es que, si por algo se caracterizó la millonaria Lucasfilms fue por incluir en el contrato con la Fox la disposición de los beneficios de explotación del ‘merchandaising’, término que cambió su sentido con la saga galáctica gracias a sus millonarios beneficios. Un mundo de rentabilidad que ha alimentado la nostalgia de los millones de seguidores de la Fuerza y del Reverso Tenebroso, confiriendo a la temática legendaria de Lucas una dimensión equiparable a toda una religión seguida por los más acérrimos defensores de la Saga más seguida del cine contemporáneo.
Desde el mismo instante en que todos los seguidores de la Trilogía Galáctica supieron que a través de Disney, la saga recobraba su espíritu contando con los personajes de las primeras entregas, se desató el fervor por estas fábulas iconográficas e inmortales. Ajena a la tipología de los ‘blockbusters’ actuales, Abrams pretende reflotar esa forma perdida de ver (y sentir) el cine, como si de contar un cuento se tratara. ‘Star Wars: el despertar de la fuerza’ aspira a lograr el mismo impacto visual de sus antecesoras que recuerde al punto de inflexión convertido en referente inevitable dentro del cine que supusieron, sobre todo, las tres primeras entregas. El folletín galáctico prolonga su vestigio con los héroes carismáticos envejecidos por el paso del tiempo, dejando el testigo a otros intérpretes que verán marcada su carrera con su participación en esta nueva etapa de ‘Star Wars’ en un film cuyo hermetismo ha conferido una enigmática esfera de comentarios y suposiciones sobre el devenir de un argumento mantenido en secreto hasta el día de hoy.
Ya ha llegado por tanto el espectáculo con mayúsculas, la diversión, la espectacularidad visual, la infancia perdida, la lucha entre el Imperio del Mal y los Jedis... Con esta tercera parte de la trilogía se acaba el renacimiento de una mitología que durante casi treinta años ha seguido constante en nuestra retina colectiva creciendo constantemente. Es la hora de desempolvar los viejos sueños infantiles, de dejarse llevar por la magia del cine, de asistir a una proyección con el designio de descubrir algo que todavía no se ha visto hasta el momento. Ubicada treinta años después de que se produjera la batalla de Endor, la galaxia se ha transformado en algo muy diferente. La Alianza Rebelde ahora se denomina ‘Resistencia’ que sigue en su lucha por la libertad y la justicia contra los soldados del Imperio Galáctico, ahora bajo las consignas de un lado oscuro llamado ‘Primera Orden’. Sin el Emperador y Darth Vader, el absolutismo de los sith en la galaxia sigue su siniestro curso en la historia. Por si fuera poco, los jedis están prácticamente extinguidos bajo la orden la ‘orden 66’, lo que ha convertido a esta raigambre en un mito y leyenda perdido.
En este contexto, Abrams destapa el tarro de las esencias, sugiriendo de nuevo un retorno irónico a los mitos clásicos que devuelven esa transmisión generacional de la esencia jedi, del recuperado fenómeno con continuidad a medio plazo. Ha llegado el momento del inicio de una nueva perspectiva sobre la legendaria pasión galáctica. Todo el mundo está invitado a este nuevo viaje hacia lo desconocido. Ha llegado el momento, por tanto, de desempolvar la nostalgia y disfrutar de este nuevo acontecimiento bajo las imperecederas notas de John Williams.