jueves, 31 de diciembre de 2015

Resumen Abismal del 2015 Cinematográfico

TOP TEN 2015
10. ‘Sicario (Sicario)’, de Denis Villeneuve.
El descubrimiento de una pila de cuerpos humanos en descomposición escondidos detrás de los paneles de yeso de una casa suburbana de Arizona abre el detonante de una película que observa su desarrollo desde la mirada de una jefa de la unidad de secuestros y rescates del FBI que se mete de lleno, junto a un enigmático consultor de oscuro pasado, en el laberinto que supone la guerra de la droga entre los cárteles y las fuerzas gubernamentales en ambos lados de la frontera entre Estados Unidos y México. Estos son los mimbres que Taylor Sheridan (guionista de ‘Hijos de la Anarquía’) pone al servicio de Villeneuve para esbozar su más ambiciosa producción en Hollywood. La séptima cinta del cineasta canadiense, mucho más consciente de su complejidad de lo que en realidad resulta, profesa un poder de fascinación por la brutalidad y la violencia extrema que impregna la atmósfera de un filme que escarba en la tentacular red de intereses diluida en los límites entre el bien y el mal, la ley y el crimen y cuya única tramitación proviene de la misma cloaca de la que proviene el origen del problema.
A pesar del carácter estereotípico que parecen manifestar los roles que desfilan por el relato, a Villeneuve, como un efecto recurrente en su filmografía, le interesa ir alternando la importancia de sus personajes dentro del relato para describir en juego de espejos sobre la descomposición moral en uno y otro lado de la aduana. Como sucediera en ‘Traffic’, de Steven Soderbergh, aquí no existe el efectismo ornamentado para trasmitir la crudeza de ese vértice de oscuros intereses para mostrar una realidad paralela que existe la frontera de dos mundos opuestos y subsidiarios. El objetivo no es tanto recalcar el lado más lóbrego del problema, sino introducir al espectador en la maquinaria, el desarrollo y las consecuencias del tráfico de drogas que se nutre de la ética dudosa, impulsos violentos y una organización que va más allá del ámbito criminal.
9. ‘Una paloma se posó en una rama a reflexionar sobre la existencia (En duva satt på en gren och funderade på tillvaron)’, de Roy Anderson.
Uno de los aspectos más sugestivos de una película tan inquietante como la de Roy Anderson es su divergencia ante cualquier tipo de complicidad con el espectador, que puede rehusar por su estética antipática y fría a la hora de construir una opinión sobre esos dioramas con los que se muestra el choque existencial y orquestado entre la comedia y la tragedia. Curiosamente, esta película de cruel y simbólico título es el cierre de otra trilogía formada por ‘Canciones del segundo piso’ y su prolongación ‘La comedia de la vida’. Con una extraña cinemática ilusionista, de semblante blanquecino e inexpresivo, Anderson pone al espectador en la incómoda situación de enfrentarse a tres formas distintas de afrontar la muerte mediante una comedia negra que esconde una turbulenta monotonía de estudiado hieratismo, como si se tratase de la sugerencia sensitiva de las estáticas esculturas de Duane Hanson o del salmantino Enrique Marty. La muerte como culminación absurda y vulgar de la vida es el resultado de la infección de una sociedad enferma y carente muchas veces de sentido y valores.
‘Una paloma se posó en una rama a reflexionar sobre la existencia’ es una surreal obra de cámara compuesta por una sucesión de milimétricas secuencias con atributos estéticos que recuerdan a los ‘tableaux vivants’ franceses y que mezclan desesperación, nostalgia, impiedad o soledad para definir el cinismo canalizador como invitación al pensamiento a través de la historia de esos dos perdedores que venden de artículos de broma enfrentados a la muerte como signo del destino de todo ser humano. Un grotesco y pesimista filme que combina de forma magistral la dramaturgia trágica con un sentido del humor que camina entre el filo de la frialdad y el estatismo, lo sarcástico y perverso, la vacuidad y lo trascedente… La existencia en sí misma. Un compendio incomprensible y absurdo, como la vida misma.
8. ‘It Follows (It Follows)’, de David Robert Mitchell.
Con resonancias de la obra magna del cómic ‘Agujero Negro’, de Charles Burns, el prometedor Robert Mitchell sustituye patologías biológicas por miedos personificados en “algo” que te persigue. Manteniendo el trasfondo sexual como metáfora de una enfermedad vírica, se remite así a aquellos años de miedo por otro tipo de contagios que recuerda bastante al estigma global que era la enfermedad del SIDA durante los años 80. En ese estrato, la narración de terror adopta un tono de abstracción que hermana la dimensión tradicional de épocas pretéritas con la psique adolescente configurada dentro el Siglo XXI. De ahí, que se haya aludido a maestros del terror como John Carpenter o Wes Craven a la hora de elogiar una película tan fascinante a la hora de explorar ese purgatorio de terrores e inseguridades que se da entre la infancia y el mundo adulto. Mediante un cuidado proceso de planificación que renueva formalmente los nuevos signos del género, precisamente, volviendo a las raíces de lo más básico, ‘It Follows’ representa con inteligencia y gran dominio del medio los principios constitutivos y constituyentes del universo del terror vinculados al el eros y el tánatos.
Como una alegoría flexible y sutil de esa angustia adolescente plagada de traumas sexuales que se adhieren y pueden ser crónicos y sin cura; como esa protagonista que se ofrece a tres jóvenes en un yate o su eterno enamorado, recorriendo los suburbios más infectos de Detroit en busca de putas desdentadas para quitarse de encima una maldición desconocida o enfrentarse al terror en una piscina anmiótica y enfrentarse al pasado y la pérdida. Esta obra de culto desentierra, mediante una sensibilidad fuera de lo común, un enigmático viaje de desafectos emocionales vinculados a las nuevas tecnologías, representados de forma eficaz y ambigua con la generalización de la ausencia paternal, donde estos hijos de nadie viven en las afueras suburbiales de una ciudad como Detroit, que representa el paradigma de la crisis y que es el lugar de donde emerge el Mal.
7. ‘Citizenfour (Citizenfour)’, de Laura Poitras.
Siguiendo la intencionalidad argumental y el estilo destructivamente crítico tras el 11-S que impusieron ‘My country’ y ‘The oath’, esta tercera parte de una trilogía redondea esa impecable voz crítica de Laura Poitras en su voluntad por desmitificar una nación autoproclamada como la gran potencial internacional, desmontando sus valores y sacando lo peor de su orgullo mundial. En una habitación de un hotel de Hong-Kong, junto a los periodistas Glenn Greenwald y Ewen MacAskill, Poitras dibuja un perfil minucioso de Edward Snowden, un ex analista de la NSA (Agencia Nacional de Seguridad), cuyas confesiones sacaron a la luz las macabras prácticas de espionaje por parte de esta organización que ha vulnerado todos los derechos ya no sólo de las entidades espiadas con carácter y objetivos geopolíticos, si no de cualquier persona de a pie que utilice las nuevas tecnologías. Destapado y perseguido por antipatriota y delator, este ‘whistleblower’ (o alertador) va destapando con su confidencia cómo la NSA rastrea entre miles de millones de metadatos obtenidos en sus actividades de espionaje indiscriminado utilizando nuevos modelos de vigilancia online, centralizando el acceso a datos intervenidos masivamente por distintos organismos y países.
El resultado es una impresionante obra de investigación tan valiente como necesaria, que se posiciona como documento histórico y hegemónico y sirve como advertencia al mundo. ‘Citizenfour’ saber crear, a través de las revelaciones de Snowden, una tensión narrativa y un tempo interno que la hacen tan apasionante como un gran ‘thriller’ de Hollywood de espionaje. La gran diferencia con cualquier superproducción es que esto no es ficción. A través del retrato de este hombre que renuncia a sus privilegios por una cuestión de ética y pone en riesgo su vida prescindiendo de su seguridad y libertad, Poitras revela un escalofriante análisis sobre cómo la sociedad libre es en realidad una tela de araña tejida con mentiras y delitos ocultos que afectan a toda un mundo absorbido por el individualismo de las redes sociales y la comunicación 2.0 que impone el ogro capitalista en el que vivimos. Puro cine de terror que afecta de una manera muy directa al ciudadano moderno que no es más que una marioneta en manos de un coloso que prometió libertad y democracia y ha devuelto su promesa convertida en todo lo contrario.
6. ‘Inherent Vice (Puro vicio)’, de Paul Thomas Anderson.
La caleidoscópica ‘Inherent Vice’ vuelve a revelar que Paul Thomas Anderson sigue empeñado en ejercer de virtuoso cronista de la historia de Estados Unidos con esta adaptación de la novela de Thomas Pychon. En ella, Larry ‘Doc’ Sportello, un detective hippie y fumeta, se complica la vida al investigar el caso propuesto por una antigua novia al revelarle el plan de la ex mujer de su multimillonario amante para meterlo en un psiquiátrico y quedarse con su dinero. En su camino se cruzará otro, el de un misterioso e intrigante músico, que abandonó a su familia y que ha fingido su propia muerte. Mediante estas dos líneas argumentales, la mirada alcaloide de un estupendo Joaquin Phoenix va transitando, casi de forma etérea, dejándose llevar por la psicodelia de los procelosos años 70 yanquis de la costa californiana, bajo una voz narrativa evocativa con ecos del ‘noir’ y del ‘hardboiled’ que recorre callejones narrativos insondables y formula una introspección confusa y surrealista, pero perfectamente trazada.
A pesar de lo elusivo de una trama difícil de procesar, que parece reordenarse en sectores de paréntesis alucinatorios y de los estrambóticos encuentros con los personajes relacionados y ajenos a la doble investigación, Thomas Anderson logra sintetizar el puzzle dialéctico y traducir la inspiración del caos y la prosa lisérgica de las páginas de la novela de Pychon con una conducta casi orgánica, mediante sus hipnóticas imágenes de puro cine visceral capaz, sin temor a diseccionar épocas y universos ajenos con un destreza visual y una maestría compositiva sólo al alcance de los grandes maestros de la historia del cine norteamericano. Esta vez, desgranando el trasfondo histórico americano a modo de tragicomedia que confronta dos movimientos antagónicos como son el idealismo antimaterialista y la globalización de control social que acaba por fagocitar y subvertir cualquier tipo de activismo y que dio al traste con la contracultura estadounidense en pleno apogeo de la época.
5. ‘‘Birdman o (La Inesperada Virtud de la Ignorancia) (Birdman)’, de Alejandro González Iñárritu.
Desde su primer plano, ‘Birdman’ evidencia que no es una película corriente. La cinta de Iñárritu se asienta sobre las inseguridades de un artista en busca de su identidad, intentando escapar del encasillamiento que ha absorbido su vida y obsesionado por complacer a crítica y público, rastreando una alternativa distinta de éxito y de su renacimiento en las entrañas del St. James Theater de Broadway. Tiene mucho de oscura sátira relacionada con el universo actoral y el negocio del cine, aumentada por la realidad que adopta un metadiscurso que no distingue, como no podría ser de otro modo, entre la comedia y la tragedia, la ilusión y la realidad. El entramado de ‘Birdman’ expone así el delirio de un hombre que ansía alcanzar tanto la comunión entre espectadores y crítica, como la dignificación de su trabajo y conciliar también las voces discordantes que enfrentan su pasado; la de Raymond Carver, hombre que supuso el ideal artístico de su infancia y la voz de Birdman, ajeno a sus aspiraciones de dignificación como actor y autor respetable.
La ganadora del Oscar a mejor película de 2014 es la construcción de una abstracción mental que acaba por alejar a su protagonista de la fantasía de triunfar en el mundo del teatro por otra netamente virtual que recompensa y reconcilia al hombre con un final mucho más cruel que el miedo al fracaso. Se trata de la transición de hombre a pájaro, de actor teatral a superhéroe comercial, un ave que abre la jaula y entiende el significado pueril de la existencia. Es entonces cuando resuenan las palabras llenas de verdad de su ex mujer al confesarle que dentro de su delirio como artista siempre “confundió ser admirado con el ser amado”.
4. ‘The Assassin (Nie yin niang)’, de Hou Hsiao-Hsien.
Tras ocho años alejado de las cámaras, el cineasta de culto Hou Hsiao-Hsien rehúsa de los dramas realistas a los que tiene acostumbrado al conocedor de su cine, para abordar un género como el ‘wuxia’ de artes marciales, con una historia ambientada en la China del Siglo IX. Con ella reconvierte el lenguaje de ese cine celérico basado en las luchas de espadas y cuerpo a cuerpo en algo propio, llevado a un terreno lingüístico propio. Su planteamiento se acerca a un fascinante híbrido de la caballería asiática de diestros guerreros y soldados y un cine más contemplativo, donde las emociones se delegan hacia un doble estrato de sentimientos y pugna metafórica. Hou Hsiao-Hsien descompone cualquier artificio espectacular mediante una complejidad narrativa que esconde un efecto metafórico que interioriza el entorno y lo atávico respecto a los personajes que lo pueblan.
La historia en la que la joven Nie Yinniang (Shu Qi) se enfrenta a su pasado y a sus raíces para cobrarse venganza contra el gobernador es una elegante y poderosa obra que encuentra un equilibrio encontrado en los colores y texturas en cada tiro de cámara, en cada encuadre, que busca en su composición la conjunción perfecta de sus bellas imágenes estéticas a través del perfeccionismo de departamentos como el cardinal vestuario de Wen-Ying Huang o la grandeza visual que impone la fotografía de Ping Bin Lee. Como una danza entre el poder expresivo de la calma y el dinamismo de la lucha, la coreografía de ‘The Assassin’ traza un pictoricismo de resonancias poéticas con una dialéctica que asume tanto la importancia de la raigambre asiática como la del propio autor tras una obra majestuosa.
3. ‘Whiplash (Whiplash)’, de Damien Chazelle.
‘Whiplash’ es la adaptación del cortometraje homónimo que el propio Chazelle ha logrado convertir en un filme de culto sobre un tema universal que intenta dar respuesta a complejas cuestiones sobre la naturaleza del artista; ¿un genio nace o se hace? ¿Se necesita más que talento para alcanzar la verdadera grandeza en cualquier disciplina? Con ellas, se indaga en la gnosis de la autoexigencia enfermiza, en esa obsesión tan yanqui (y cada vez más globalizada) de la cultura del triunfo, de la superación personal y el miedo al fracaso, que adopta un cariz de patología sobre las bondades supremas de la competitividad. Se trata de un mosaico sobre personalidades obsesivo-compulsivas que sufren por llegar a culminar los sueños alcanzados por medio de la excelencia, sin importar el agotamiento de la fuerza interior empujada a través del dolor.
Uno de los aspectos invisibles que atribuye a ‘Whiplash’ esa condición de película excepcional es la destreza de un cineasta que apura la utilización del ‘scope’, que sabe aprovechar con gran refinamiento los primeros planos, los cortes en relación a los instrumentos, metaforizando por medio de la imagen los vacíos o miradas que efectúan una concepción narrativa con implicaciones que superan lo descriptivo. Película visceral y compleja, ‘Whiplash’ materializa una poderosa disección sobre la obsesión malsana de llegar a cumplir los sueños y que funciona con la precisión de una orquesta de jazz, sin dejar espacio para la improvisación cuando, de forma contraria y paradójica, el género del jazz es tan proclive a la espontaneidad creativa para preguntarse si vale la pena tanto sacrificio.
2. ‘Mad Max: Furia en la carretera (Mad Max: Fury Road)’, de George Miller.
No estamos ante la continuación lógica de sus antecesoras, sino que recoge ese páramo distópico gobernado por deshumanizados seres con tendencias sádicas en un territorio sin ley. El contexto de esta nueva superproducción se sigue fijando en ciudad descentralizada y autárquica en medio de la nada, poblada por bandas de crueles merodeadores. ‘Mad Max: Furia en la carretera’ es una película que no elucida sobre preguntas relacionadas con los personajes pretéritos que asolan la conciencia de Max, ni el significado etéreo del Valhalla, ni porqué Furiosa perdió su brazo izquierdo, ni por qué la Tierra Verde ahora está poblada por figuras grises que caminan con zancos sobre el lodo y pervive en la oscuridad plagada de cuervos. El guión no acude a la justificación para describir esa titánica cacería humana ante el chirriante rugido de motores, si no que escudriña sutilmente ese espíritu del ‘Ozploitation’ que articulara un poco conocido género australiano de finales de los 70 y principios de los 80.
La gran baza es su aparente sencillez, porque bajo esa especie de ‘freakshow’ con un exceso de ingredientes que rozan lo surreal y lo grotesco (el guitarrista eléctrico colgado a modo de marioneta o la percusión que acompaña los ataques), se esconde un extraño halo de película de autor, tan personal como identificativa. Como un homenaje deformado de ‘La diligencia’, de John Ford o de ‘Raíces profundas’, de George Stevens, la nueva y alucinógena entrega de Miller es un ‘western’ futurista que renuncia con reciedumbre a admitir los métodos y los códigos propios del género. Con una pulsión operística cimentada en la energía y adrenalina, esta cuarta parte de ‘Mad Max' es una orgía destructiva de un caos de poderosa sugestión, una espectacular experiencia visual de alto octanaje con el genuino sabor de un cine perdido.
1. ‘Del revés (Inside Out)’, de Pete Docter y Ronnie Del Carmen.
El refuerzo colectivo y la retroalimentación con el proceso iterativo de Pixar han dado como consecuencia quince largometrajes en los que el espectador ha vivido auténticos torrentes de sentimientos con pluralidad de matices a través de las aventuras de juguetes, insectos, peces, superhéroes, coches, monstruos, una rata, robots, un octogenario y un niño… A estas alturas, nadie pone en duda la capacidad visionaria de un sello propio (por mucho que Disney asome primero en los créditos) que ha puesto de manifiesto unos valores con los que han sabido transmitir su conceptualización del entretenimiento infantil, transformándolo en una filosofía única con la que abordar terrenos en la animación que nunca antes se habían emprendido por lo aparentemente irracional de tamaños desafíos.
‘Del revés (Inside Out)’ constata esa mágica combinación de imaginación, ingenio, brillantez y temeridad que sigue superando barreras y haciendo imposible adjetivar tanto potencial fílmico. Con un sentido lúdico y profundo, estamos ante una hermosa aventura y nada complaciente, que impone una realidad más allá que la de un examen de proceso de maduración. En algo aparentemente irrealizable como plasmar nuevos límites inexplorados ciñéndose a cinco emociones que protagonizan el filme; la ira, el asco, el miedo, la tristeza y la alegría, que se coordinan dentro de la personalidad de Riley, una niña de once años. Docter y Del Carmen, recuperan la doble perspectiva impuesta por la marca de la casa; hacer reír a los niños y llorar a los padres, esta vez sin esa reconocible tenue moralina, desplegando una inventiva sin fronteras y sin perder de vista numerosos hallazgos en la creación de magia visual y sensibilidad emocional al sondear las cuestiones más profundas sobre lo que importa en la vida.
DIRECTOR 2015
George Miller (‘Mad Max: Furia en la carretera’).
Tras una larga espera de treinta años, el regusto por los viejos clásicos con aroma de modernidad volvió a la gran pantalla con una película como ‘Mad Max: Furia en la carretera’, tras uno de los rodajes (seis meses en Namibia y Sudáfrica) y una de las post-producciones más largas de los últimos años. El resultado no ha podido ser más sorprendente; no sólo ha revelado a este director de setenta años ha vuelto a lo más alto con su universo más conocido como una agradable recuperación, sino que su regreso a los páramos desérticos ha devuelto a un Miller ajeno a las modas del ‘blockbuster’. Ha sido capaz de rehabilitar el espectro contextual de un apocalipsis abstracto dentro de un futuro árido de dunas sinuosas. Sólo un director como él podía orquestar un mundo inhumano con personajes llevados por los instintos más primarios de supervivencia, asemejándolo a un cuadro de El Bosco, con estética acre de desazón anticipatoria.
Miller ha regresado al género de acción con gran inspiración a la hora de poner en imágenes un frenesí que supura acción sin límite, mostrada casi a la velocidad a la que circula la aniquilación moral y espiritual que vertebra la tetralogía. Si hay algo que galvaniza la sustancia de la saga y que alcanza aquí su cota más apoteósica, es el ritmo infernal que propone la cinta. Y ello le ha llevado no sólo a convencer en su resurrección de ‘Mad Max’, sino a convencer a público y crítica hasta el punto de empezar a recibir alguno de los premios más importantes del año a mejor director y colocarse como uno de los favoritos de cara a las apuestas de los Oscar.
ACTOR 2015
Michael Keaton (‘Birdman’, ‘Los Minions’).
Cuando en la pasada edición de los Oscar, Eddie Redmayne subió a buscar el premio por ‘La teoría del todo’, el enésimo biopic con personaje desvalido y con algún tipo de síndrome que convierte el drama en paroxismo, se rumoreó que Keaton guardó un papel con el discurso de agradecimiento. La realidad es que a pesar de que el protagonista de ‘Los miserables’ se haya convertido en el chico de moda, Michael Keaton demostró con Riggan Thomson, su personaje en ‘Birdman’, ser el alma mater de un reparto en estado de gracia. Su asombrosa capacidad interpretativa, precisamente, reside en la desnudez emocional con la que moldea a un personaje inolvidable que se alza entre la redención y el olvido y que Keaton captura brillantemente en su angustia y locura.
Keaton es ese actor histriónico y demencial que proviene de la comedia y parecía haber terminado sus días en producciones inadecuadas a un talento descomunal. Esta nueva oportunidad interpretando brillantemente al ídolo caído que intenta sobreponerse al peso del personaje que lo hizo famoso, llamémosle Batman, Bitelchús o cualquier otro rol de los 80, década en la que su estela era la de una estrella interpretativa en toda regla, ha llegado con la madurez de un actor que puede hacer lo que quiera dentro de Hollywoood porque tiene algo que ni Redmayne ni muchos otros actores de nuevo cuño poseen: veteranía, valentía y nada que perder. Keaton es un icono y ahora está en una posición diferente. Y eso juega a su favor.
ACTRIZ 2015
Jessica Chastain (‘El año más violento’, ‘La desaparición de Eleanor Rigby’, ‘Marte’, ‘La cumbre escarlata’).
Desde hace tiempo viene siendo uno de los rostros más solicitados del último cine de Hollywood. Sin hacer mucho ruido, y a base de talento e interpretaciones de elogio, Jessica Chastain ha dejado de ser una promesa para constatar su solvencia entres las mejores actrices de su generación. Su capacidad de metamorfosis y su versatilidad al frente de cualquier papel, ha hecho de ella un inconfundible reclamo que está caracterizando su emergente carrera por la audacia que muestra a la hora de seleccionar sus papeles. Desde que Terrence Malik la eligiera para formar parte de su regreso al cine en ‘El árbol de la vida’, la filmografía de Chastain no ha hecho más que transmutar su imagen desglosando una dimensión interpretativa muy destacable alternando papeles en cintas independientes hasta ‘blockbusters’ donde su dedicación y singularidad en un universo marcado por lo efímero de la fama.
Chastain ha estado presente en cuatro grandes películas de 2015, diversificando géneros y personajes, desplegando esa magia con un esplendoroso rostro cuyo secreto es una transformable sencillez y credibilidad a través de la emoción que aporta al abanico de personajes a los que da vida. En pantalla puede ser un personaje voluble y apocado, pasando por una entrañable figura matriarcal, una mujer de acción agente de la CIA u otra deshecha por una tormentosa ruptura sentimental o la esposa de un hombre de negocios que rehúsa a ser el arquetipo de mujer florero. Chastain tiene un futuro con las puertas abiertas. El cierto aire a Julia Roberts, su descaro y esa inconfundible piel de porcelana y melena de fuego la convierten en un referente femenino que da prioridad a su estatus de actriz todoterreno más allá que el de la estrella cinematográfica en la que se ha convertido. Y ésa es la clave de su éxito.
PELÍCULAS DESTACADAS
- ‘Ex Machina’, de Alex Garland.
- ‘La mirada del silencio (The Look of Silence)’, de Joshua Oppenheimer.
- ‘Star Wars: el despertar de la Fuerza (Star Wars: the Force awakens)’, de J.J. Abrams. (Leer crítica).
- ‘Misión imposible: Nación secreta (Mission: Impossible - Rogue Nation)’, de Christopher McQuarrie.
- ‘La casa del tejado rojo (Chiisai Ouchi)’, de Yôji Yamada.
- ‘Mandarinas (Mandariinid)’, de Zaza Urushadze.
- ‘Maps to the Stars (Maps to the Stars), de David Cronenberg.
- ‘Bernie (Bernie)’, de Richard Linklater.
- ‘La oveja Shaun: La película (Shaun the Sheep Movie)’, de Richard Starzak, Mark Burton.
- ‘Corazones de acero (Fury)’, de David Ayer.
- ‘Dheepan (Dheepan)’, de Jacques Audiard.
- ‘Vengadores: La era de Ultrón (Avengers: Age of Ultron. The Avengers 2), de Joss Whedon.
- ‘Langosta (The lobster)’, de Yorgos Lanthimos.
- ‘Calvary (Calvary)’, de John Michael McDonagh.
- ‘The Guest (The Guest)’, de Adam Wingard.
- ‘Foxcatcher (Foxcatcher)’, de Bennett Miller.
- ‘National Gallery (National Gallery)’, de Frederick Wiseman.
- ‘El Club (El Club)’, de Pablo Larraín.
- ‘Lejos de los hombres (Loin des hommes)’, de David Oelhoffen.
- ‘El Clan (El Clan)’, de Pablo Trapero.
- ‘El puente de los espías (Bridge of Spies)’, de Steven Spielberg.
- ‘Conducta’, de Ernesto Daranas.
- ‘Love & Mercy (Love & Mercy)’, de Bill Pohlad.
- ‘The Imitation Game (Descifrando Enigma)’, de Morten Tyldum.
- ‘Mr. Holmes (Mr. Holmes)’, de Bill Condon.
- ‘Mientras seamos jóvenes (While We're Young)’, de Noah Baumbach.
- ‘Una chica vuelve a casa sola de noche (A Girl Walks Home Alone at Night)’, de Ana Lily Amirpour.
- ‘Yo, él y Raquel (Me & Earl & the Dying Girl), de Alfonso Gomez-Rejon.
- ‘Marte (The Martian)’, de Ridley Scott.
- ‘La cumbre escarlata (Crimson Peak)’, de Guillermo del Toro.
- ‘Pride (Orgullo)’, de Matthew Warchus.
- ‘El año más violento (A Most Violent Year)’, de J.C. Chandor.
- ‘Phoenix (Phoenix)’, de Christian Petzold.
- ‘White God (Feher isten)’, de Kornél Mundruczó.
- ‘Eden (Eden)’, de Mia Hansen-Løve.
PEORES PELÍCULAS
- ‘Cincuenta sombras de Grey (Fifty Shades of Grey)’, de Sam Taylor-Johnson.
- ‘Rey Gitano’, de Juanma Bajo Ulloa.
- ‘Mortdecai (Mortdecai)’, de David Koepp.
- ‘El maestro del agua (The Water Diviner)’, de Russell Crowe.
- ‘El destino de Júpiter (Jupiter Ascending)’, de Andy y Lana Wachowski.
- ‘Lost River (Lost River)’, de Ryan Gosling.
- ‘Annie (Annie)’, de Will Gluckr.
- ‘ma ma’, de Julio Medem.
- ‘The Interview (The Interview)’, de Evan Goldberg y Seth Rogeng.
- ‘Cenicienta (Cinderella), de Kenneth Branagh.
- ‘Cuatro fantásticos (Fant4stic)’, de Josh Trank.
- ‘Entourage (El séquito) (Entourage), de Doug Ellin.
DECEPCIONES
- ‘Nightcrawler (Nightcrawler)’, de Dan Gilroy.
- ‘Big Eyes (Big Eyes)’, de Tim Burton.
- ‘Alma salvaje (Wild)’, de Jean-Marc Vallée.
- ‘Lío en Broadway (She's Funny that Way)’, de Peter Bogdanovich.
- ‘La teoría del todo (The Theory of Everything)’, de James Marsh.
- ‘El Francotirador (American Sniper)’, de Clint Eastwood.
- ‘Pixels (Pixels)’, de Chris Columbus.
FUTURAS ‘CULT-MOVIES’
- ‘Tomorrowland: El mundo del mañana (Tomorrowland)’, de Brad Bird.
- ‘Lo que hacemos en las sombras (What We Do in the Shadows)’, de Taika Cohen y Jemaine Clement.
- ‘Kingsman. Servicio secreto (Kingsman. The secret service)’, de Matthew Vaughn.
- ‘Babadook (The Babadook)’, de Jennifer Kent.
- ‘Red Army. La guerra fría sobre el hielo (Red Army)’, de Gabe Polsky.
- ‘Operación U.N.C.L.E. (The Man From U.N.C.L.E), de Guy Ritchie.
- ‘Tusk (Tusk)’, de Kevin Smith.
CINE ESPAÑOL’
- ‘Truman’, de Cesc Gay.
- ‘Musarañas’, de Juanfer Andrés y Sofía Cuenca.
- ‘El desconocido’, de Dani de la Torre.
- ‘Anacleto’, de Javier Ruíz-Caldera.
- ‘Requisitos para ser una persona normal’, de Leitica Dolera.
- ‘Mi gran noche’, de Álex de la Iglesia.
- ‘Los miércoles no existen’, de Peris Romano.
- ‘A cambio de nada’, de Daniel Guzmán.
- ‘Atrapa la bandera’, de Enrique Gato.
- ‘Los héroes del Mal’, de Zoe Berriatúa.
- ‘Tiempo sin aire’, de Samuel Martín Mateos, Andrés Luque Pérez.
- ‘Sicarivs: La noche y el silencio’, de Javier Muñoz.
- ‘Regresión (Regression)’, de Alejandro Amenábar.
- ‘Negociador’, de Borja Cobeaga.
LO MEJOR… DE OTROS AÑOS
- 2004.
- 2005.
- 2006.
- 2007.
- 2008.
- 2009.
- 2010.
- 2011.
- 2012.
- 2013.
- 2014.
Y hasta aquí otro año de cine. Otro año de blog. Del resto, mejor no hablar. 2016 puede traer varias cosas. Entre ellas, la renovación de la imagen o final del Abismo a otros estratos impuestos por el ‘branding’ o ya veremos. El hecho es que sigamos luchando por lo creemos. No son buenos tiempos para nadie (mentira, salvo para unos pocos), así que perpetuemos la pugna ante los desafíos y procuraremos ser felices con poco, con nada. Habrá que seguir escribiendo, trabajando en nuevos proyectos o dejando todo por una razón vital que este año ha dado luz preferente por encima de ambiciones y sueños. Ahora mi hijo Iván es lo primordial y él es la razón máxima para vivir, sufrir y morir. Y a ello me dedicaré hasta el resto de mis días.
FELIZ 2016 a todos.