martes, 20 de octubre de 2015

'El Día de la Bestia', 20 años después

Para muchos de nosotros fue un antes y un después para nuestras filias del cine español. Un revulsivo necesario que nos marcó una meta allá por los años 90, una utopía que, de repente, era posible hacer en este país tan arraigado a las viejas fórmulas. ‘El día de la Bestia’ supuso dos cosas; la confirmación como cineasta de Álex de la Iglesia después de la tentativa fantástica de ‘Acción Mutante’ y un patrón casi idealista de revolución fílmica, de filosofía violenta y apoteósica lanzada sin pundonor ni apocamiento. El 20 de octubre de 1995 se estrenaba una película que significó la que sería obra cumbre del nuevo cine nacional de la época, un impulso para un amago de transformación en la creatividad cinematográfica española.
‘El día de la Bestia’ se convirtió en una de las películas más taquilleras de la historia de nuesro cine con una impactante historia que supuso para su realizador el origen de un concepto fílmico y argumental preceptor de un cine contracorriente y personal, desde una espectacularidad a veces irregular y mal entendida, hasta la adopción de formatos inauditos vinculados a las raíces del cine a la más ibérica. Una película que era a la vez la superación de estigmas y prejuicios bajo el amor confeso a la tradición más patria de hacer películas dentro de un género tan injustamente tratado como es el cine fantástico.
El talento narrativo ostensible de lo que hoy en día es un clásico nos dejó ver la intencionalidad revulsiva en un producto a medio camino entre el cine de género y el cine de autor. Las tribulaciones del visionario padre Ángel Berriartúa y sus cábalas sobre la llegada del Anticristo sirvieron para proponer nuevos caminos de autoría en los que el ritmo, imparable y sobreseído de cualquier lastre argumental, se apoyaba en una extraordinaria percepción del cine de acción y la comedia de humor negro que sobrevolaba esa mirada sardónica y cínica, casi como la poetización malévola del mismísimo Luis Buñuel hacia los ritos religiosos y la creencia católica.
El cine de De la Iglesia, abrumante y enérgico, perfilado bajo unos conceptos artísticos indiscutibles, se definía en esta película por una cuidada estética procedente de múltiples influencias para construir un universo propio, hilvanando la preeminencia de sus potentes imágenes con una función de emociones contrapuestas para crear un sentido del ritmo que procuraba escapar al propio discernimiento del espectador. Un delirante e insano viaje a un universo de maldad y superstición donde la mixtura entre el misticismo y urbanismo transigían cualquier precepto en una cinta de culto que ha pasado a la historia del cine español dos décadas después de su estreno.
Primer encuentro
En Salamanca se estrenó varias semanas después. Cuando creíamos que no se produciría un visionado en condiciones, cines Van Dyck no sólo pudo comercializar la cinta, sino que trajo a Álex de la Iglesia y a Jorge Guerricaechevarría en una inolvidable noche de pre-estreno pasado un mes de su lanzamiento a nivel nacional. Ambos pasaron aquí algunos días escribiendo el guión de ‘Perdita Durango’ y se les pudo ver por algunos de los locales más carismáticos ajenos al boato de la noche salmantina, los más gamberros y míticos de la ciudad. En aquellos días se produjo una entrevista bastante antológica que algún día transcribiré, porque merece la pena ubicar dónde y cómo entendía el cine Álex de la Iglesia por aquel entonces. Conocí al cineasta, al cinéfilo y a la persona, pero el encuentro con Álex también me sirvió para descubrir a ese genio sin parangón en la sombra que es Guerricaechevarría. Hubo una apasionante conversación, alguna que otra foto, un presente en forma de camiseta que creo que sigue siendo una de mis favoritas de siempre (con aquella estampación sobre el logo del Anticristo que rezaba "soy Satánico y de Carabanchel") y la sensación de que uno de los espejos en el que mirarnos había traducido su talento en una película que nunca olvidaremos.
‘El día de la Bestia’ recoge un abrupto y sombrío sentido del humor sobre la descomposición social a través de una visión bruna y apocalíptica de un Madrid irreconocible. De voluntad transgresora que basó gran parte de su éxito en la química entre los entonces desconocidos Álex Angulo (al que hoy volvemos a llorar por su prematura despedida), Santiago Segura y Armando de Razza., sin olvidar la siniestra figura de Terele Pávez, la ingenuidad de Nathalie Seseña o las enormes tetas de Maria Grazia Cucinotta, así como aquella banda sonora salpicada de canciones que cuatro lustros después son un himno generacional... todo ello genera esa nostalgia por el abismal paso de los años, pero también por la que fue la ratificación de un director dispuesto a comenzar una revolución personal en contra del ostracismo y la genealogía más rancia de los cineastas acomodados en el cine fácil, costumbrista y posbélico al que nos tenían acostumbrados. Con los años, su cine ha sido un constante desenfreno de aciertos y desaciertos. Este fin de semana, Álex de la Iglesia tiene un estreno que alude en su esencia a aquéllos conceptos fílmicos recogidos en ‘El Día de la Bestia’. Veremos qué ha quedado de todo aquéllo.