martes, 6 de octubre de 2015

Big Bang Theory: El secreto de una ‘sitcom’ diferente

¿Cómo es posible que una ‘sitcom’ protagonizada por físicos y científicos que intercalan su trabajo como genios con su intento de relacionarse con el mundo que les rodea se haya convertido en una de las series más populares de la historia de la televisión reciente a nivel universal? ¿Acaso alguien esperaba que ‘The Big Bang Theory’ se convirtiera en un fenómeno del que se estima que al menos 84 millones de personas en todo el mundo han visto al menos seis minutos o saben de qué trata?
Sin duda era una idea arriesgada, pero sus creadores, Chuck Lorre y Bill Prady no dudaron en hacerla posible. El primero, ya conocía la fórmula del éxito al estar detrás de series como ‘Mike and Molly’ y ‘Dos hombres y medio’. Prady, por su parte, ejerció de productor de ‘Las chicas Gilmore’. El desafío era la instauración de una serie cómica plagada de referencias científico-matemáticas. Y lo que parecía una locura se tradujo en un éxito sin precedentes.
A estas alturas, todo el mundo sabe que ‘The Big Bang Theory’ gira en torno a dos compañeros de piso y amigos, el físico teórico Sheldon Cooper (Jim Parsons) y el físico experimental Leonard Hofstadter (Johnny Galecki), que comparten su día a día entre su trabajo en la universidad con la llegada de Penny (Kaley Cuoco), una nueva y guapa vecina con aspiraciones artísticas que revoluciona el introvertido mundo de los científicos. Junto a ellos, sus amigos, el astrofísico Rajesh Koothrappali (Kunal Nayyar) y el ingeniero Howard Wolowitz (Simon Helberg), serán artífices de la comedia de enredo que supone la compleja tarea de compaginar su condición de genios con la incapacidad de relacionarse socialmente fuera de su entorno.
Las raíces de su propagación como serie de éxito vienen dadas con una meta muy clara por parte de sus creadores, la de jugar con ciertos estereotipos culturales de personajes antisociales siguiendo unas líneas muy básicas y reinventar así, desde los componentes más clásicos, una disposición empática alejada de lo previsible dentro la ‘sitcom’ moderna. De este modo, la diferenciación llega impuesta por un divertido escapismo de la claustrofobia conceptual del género, convirtiendo lo tradicional en algo imprevisible y menos convencional.
‘The Big Bang Theory’ se despegó enseguida como un producto diferente, con la singularidad de unos diálogos de calidad en un contexto ajeno al costumbrismo de cualquier ‘sitcom’ anterior, con la constante búsqueda del humor implícito en cada conversación de corte científico, que se entremezclaba con divagaciones casi existenciales acerca de cuestiones triviales encauzadas a la rutina. El cambio viene orientado a la apertura hacia un mundo más moderno y actual, donde los ‘gags’ de índole científico abandonan la complejidad intelectual para acercar al público a través un humor cercano y sencillo, inventando imaginativas soluciones que han hecho que la serie contenga una de las tasas más altas de ‘gags’ por minuto de la última oferta televisiva estadounidense.
Una de las claves que la han convertido en una de las favoritas de la audiencia radica en que el ‘target’ no abarca sólo a una generación muy contemporánea que vive la evolución progresiva de la tecnología y sus adelantos, sino que se ha extendido hacia todo tipo de público con recurrente punto de encuentro entre alusiones a complejas teorías físico-cuánticas con constantes menciones a conceptos universales muy arraigados a la cultura pop y a la iconografía cultural de los años 80 y 90. Por eso, no es extraño que durante las ocho temporadas que abarca la triunfante trayectoria de la serie, encontremos una miscelánea de referencias casuales a la paradoja de Schrödinger, la teoría de cuerdas, el efecto Doppler o el bosón de Higgs con la perdurable simbología de universos como ‘Star Wars’ o ‘Star Trek’ (por poner dos ejemplos representativos), chismes sobre informática, videojuegos, juegos de rol, cómics de DC, figuras de acción y elementos a medio camino entre lo ‘geek’ y lo ‘freak’. Así es ‘The Big Bang Theory’.
Una de las grandes bazas que han ido adscribiendo millones de fans a la serie es que, desde su inicio, ha seguido siendo fiel a sí misma, sin traicionar ese espíritu definido en la heterogeneidad y el inconformismo, donde el estricto histrionismo y equilibrio a la hora de exponer las desventuras de unos genios en su parcela laboral, pero auténticos desastres en su vida cotidiana, descifran su designio humorístico. Los personajes, carentes de las habilidades sociales más elementales, han mostrado siempre unas profundas cualidades humanas que despiertan un apego instantáneo gracias a una vena infantilizada e inocente. Sheldon, Leonard, Rajesh y Howard parecen anclados en un ‘peterpanismo’ que logra que el espectador reconozca de forma familiar a este grupo de amigos que, pese a sus evidentes defectos y carencias, evidencian en cada episodio un patetismo encantador y cercano, muy afín a la realidad de la edad que representan dentro de la serie.
Esta simplificación dentro de sus propósitos como producto de entretenimiento sería, además de un eufemismo, algo engañoso, ya que cada capítulo integra reflexiones y ejemplos científicos muy apegados a la actualidad, debido a que el profesor de la Universidad de Californa David Saltzberg, en calidad de asesor científico, repasa todos los guiones de la serie para que los términos y conjeturas físicas y matemáticas que aparecen en la serie sean lo más fidedignas posibles a la realidad. Supone una ecuación perfecta que da como resultado que los ‘gags’ sobre la ciencia siempre estén vinculados a un conflicto relacionado con la terquedad de unos personajes que apenas han evolucionado, adquiriendo así una seña de identidad muy reconocible entre la audiencia.
En sus últimas temporadas algo ha cambiado en ‘Big Bang Theory’, fundamentalmente porque su inmovilismo se ha visto alterado, con división de opiniones a favor y en contra, con la integración de dos personajes femeninos de rol protagónico; la doctora neurocientífica Amy Farrah Fowler (Mayim Bialik), como la eterna enamorada de Sheldon y la microbióloga Bernadette Rostenkowski (Melissa Rauch), casada con Howard. Con ello, la serie ha encontrado un contrapunto femenino que ha ido dando a la serie un aire de cambio más orientado a la guerra de sexos y la ‘screwball comedy’, fundamentando su progresión en un conflicto más abierto a una determinación más popular e inmediata de las comedias de situación más frecuentes. Algo que no ha hecho si no engrandecer la intención democratizadora en función de la aproximación a todos los públicos posibles.
No obstante, lejos de cualquier controversia entre sus fans, existe un elemento que ya ha escrito su nombre con letras de oro en la historia de la televisión y que es el factor cardinal del éxito de la serie. Se trata de ese superdotado de memoria eidética llamado Sheldon Cooper. Sus rasgos de maniático (sus tres golpes al llamar a cualquier puerta), misántropo, arrogante, hipocondriaco, ególatra y pedante han hecho que el personaje haya propagado la notoriedad de la serie. Configurado como el antihéroe y antagonista de todos y cada uno de los personajes que desfilan por la serie, este encopetado doctor incapaz de entender las emociones de otras personas y que menosprecia explícitamente a quienes considera intelectualmente por debajo a él, ha atribuido la casi totalidad del lustre diferenciador de ‘The Big Bang Theory’, convirtiéndole en el epicentro de su prestigio. Tanto es así, que Jim Parsons sigue siendo un fijo en las quinielas a mejor actor de comedia en la Television Critics Association, el National Association of Broadcasters o los Emmy (hasta cuatro acumula en su palmarés particular).
Cada episodio reúne a 22 millones de espectadores sólo en Estados Unidos. Hasta su emisión los lunes, se enfrentaba nada menos que a ‘Modern Family’ de la ABC (que acumulaba una audiencia de 14,5 millones) en una franja horaria muy difícil y la más comercial de la semana como era la noche de los jueves en ‘prime time’. En cuanto a números, ‘The Big Bang Theory’ es la más rentable y multitudinaria y según TV Guide es la serie más vista del mundo. La nueva extensión de su contrato colectivo durará hasta 2017 con un total de diez temporadas en las que la brillantez, la elocuencia y la fórmula del éxito seguirán ampliando la leyenda de su título y resolverá la duda de si finalmente se arreglará ese ascensor estropeado hasta el apartamento 4A que ya forma parte de nuestra vida.