jueves, 10 de septiembre de 2015

Los últimos héroes

Hubo un tiempo gobernado por dioses inmemoriales. La muerte sembraba los campos con su gélido aliento de hambrunas y pestes, diezmando poblaciones enteras en todos los reinos del mundo conocido. La tierra no daba fruto. Enormes extensiones de yermos parajes se abrían ante los ojos perdiéndose en el horizonte infinito. Los ejércitos de la corrupción y mefíticas criaturas devoraban los cultivos, contagiaban las alhacenas y enfermaban el ganado proliferando por doquier en todas las formas conocidas.
Nadie podía escapar de la devastación. Campesinos, nobles y reyes fenecían por igual. Los difuntos eran incinerados en sus hogares. En ocasiones, también los vivos. Millones de voces se alzaban rogando piedad a los dioses, pero éstos perseveraban en su silencio y desprecio por la tragedia. El hambre era tal en algunas tierras que algunos hombres empezaron a comer carne humana. El Dios loco se regocijaba.
Sin embargo, existía un valle protegido por altas montañas, amparado por las cristalinas aguas de un lago glaciar. Un frondoso bosque de fagáceas cubría las laderas, proporcionando refugio a toda clase de animales. El hombre también encontró salvaguardia en aquéllos parajes. En los llanos, una pequeña comunidad había prosperado gracias a las bondades del entorno. Fue el inicio de la supervivencia y de la lucha contra los elementos.
El comienzo de aquélla leyenda, que se transfirió de forma oral a lo largo de los tiempos, instauró una epopeya sobre los últimos héroes conocidos…
Ilustración: 'Epic Battle', de Gworld.