lunes, 21 de septiembre de 2015

Eurobasket 2015: la gesta de un equipo y la leyenda de Pau Gasol

Cuenta la leyenda que un guerrero inconmensurable trazó un titánico plan para guiar a un ejército mermado por la ausencia de algunos de sus mejores soldados hacia la gloria. También cuenta que el pueblo, suspicaz ante los movimientos en el campo de batalla llegó a cuestionar que esa victoria fuera posible. Pero sólo un héroe sería capaz de alcanzar una gesta inalcanzable que hizo cambiar a toda la población de parecer y se erigió como una figura gigantesca ante el enemigo, haciendo que un país se volcara en el elogio de aquel ídolo de masas y su hueste de campeones.
Cuando el pasado día 5 España jugó su primer partido contra Serbia promovieron una duda. Las evidencias sobre su capacidad de una victoria final hicieron que se presentara como un desafío mayúsculo. En aquel choque fueron Bjelica, Bogdanovic y Erceg, quienes fulminaron a una selección que fue incapaz de reaccionar ante un equipo que se fue creciendo paulatinamente. Un simple toque de atención. Tras el sosiego de una Turquía donde ya empezaron a brillar Pau Gasol y Nico Mirotic, Sergio Scariolo vio cómo un equipo a priori inferior como Italia le hacía nada menos que 105 puntos a un conjunto que dejó ver sus carencias defensivas y con Marco Belinelli que explotó su faceta triplista para apuntillar a un equipo cuestionado. Contra Islandia el trámite fue saldado sin problemas. Por supuesto, no cabía otro resultado que no fuera la victoria. Eso sí, la mirada ya estaba puesta en una Alemania con la que enfrentarse en un último partido de grupos donde España se jugaba el todo o hacer las maletas para volver.
En el Mercedes-Benz Arena de Berlín se jugó probablemente el partido más crucial de este Eurobasket, contra una selección anfitriona que apostó sus bazas forzando un encuentro disputado, donde Schröder lideró a unos bávaros que ya no dan tanto miedo con Nowitzki lastrado por la edad. Sin embargo, cuando España parecía tener el sendero despejado hacia octavos, Alemania metió el miedo en el cuerpo activando las alarmas para propiciar uno de esos finales de infarto. A tres segundos para la conclusión, Schröder tuvo tres tiros libres para empatar y forzar la prórroga, algo que hubiera consumado una remontada trabajada desde el perímetro. El destino quiso que fallara el último, el único de los doce intentados por los alemanes. La suerte, con cierta dosis de justicia, España llegaba a la fase final eliminatoria con más incertidumbre que convicción. Lo que los de Scariolo guardaban como sorpresa era su capacidad de superación. La misma que ha configurado a esta generación en plena renovación que no ha dejado de maravillar con sus valores técnicos y estratégicos en una progresión inesperada que tienen a Scariolo como principal valedor y una cabeza visible que ha obrado el milagro de los dioses: Pau Gasol. El de Son Boi no sólo ha hecho valer su valía en el juego estático y de transición, si no que en este Eurobasket ha vuelto a explotar como un auténtico fenómeno que después de este torneo insiste en su valoración de “leyenda” incalcanzable, dispuesto a demostrar una y otra vez que es el mejor deportista español de todos los tiempos.
Contra Polonia, ni Slaughter, Waczynski, Gortat, Gruszecki supieron frenar a un equipo con más experiencia, imponiendo un juego físico que fraguó la confianza de los hispanos. Pau ofreció una exhibición de oro contra Grecia; 30 puntos, seis triples de siete lanzamientos, un, siete rebotes y cuatro asistencias fulminaron a los y compañía que camuflaron las múltiples pérdidas de balón y cierta inconsistencia indecisa de España. El complejo trazado aguardaba al gran enemigo, a una Francia que había apeado a los ‘Golden Boys’ de las aspiraciones de medallas en los últimos grandes torneos. La revancha, la vendetta y los condicionantes que arrastra ese deseo ciego por saldar deudas no fue un obstáculo para ver no sólo el mejor partido del campeonato, si no ara asistir a uno de los mejores encuentros de baloncesto que se recuerdan en mucho tiempo. Y de nuevo, el héroe legendario, el mejor, el extraterrestre español. Pau Gasol hizo historia al anotar 40 puntos y capturar once rebotes en un choque que acabó con una agónica prórroga y con un equipo luchando contra decisiones arbitrales poco menos que cuestionables. Con Parker anulado, niGobert, Pietrus y Lauvergne fueron capaces de anular el dinamismo y la fe de Rudy , el Chacho, Llull y Felipe Reyes (no vamos a obviar el crecimiento defensivo de un Claver excepcional). La incertidumbre se había desvanecido por enésima vez. Con esa victoria de antología, España se colaba de nuevo en una final, esta vez como favorito. Como ese grupo indestructible que es capaz de promover la confianza contra viento y marea. Iba a disputar su novena final europea. Dos ganadas (2009 y 2011), pero esta vez, como en un guión de superación deportiva, con todo a favor, sin fisuras, con la confianza de todos los amantes de un deporte con un componente heroico que no contienen en su sustancia otros más prosaicos y comerciales.
Daba igual el contrincante. Serbia era un viejo conocido. Desagraviados contra los franceses en su feudo, Serbia hubiera sido el siguiente para resarcirnos de aquel triple de Teodosic en el Sinan Erden de Estambul el último segundo que dejó a España fuera de la semifinal en el Mundobasket de 2010. Sin embargo, fue Lituania, el equipo revelación del torneo, el siguiente escollo para los de Scariolo. De repente, nadie recordó lo sucedido en el Stozice Arena contra Francia. Nadie recordó a Orenga y aquélla selección errática y desorientada obligada a cerrar un ciclo. De nuevo, España era la favorita para subir a lo más alto del podio. Y, por supuesto, el ‘happy end’ encontró su recompensa en un partido casi de transición contra unos lituanos que poco pudieron hacer contra el buque ibérico, otra vez con Pau Gasol echándose el equipo a sus espaldas, con la certeza de que el triunfo era cuestión de paciencia y de generar el juego que, en progresión, había hecho de esta selección el culmen de la superación.
Lo de Gasol ha quedado patente que es de otro mundo, por capacidad física y de superación en un jugador de 35 años. La ambición y humildad de este grupo de amigos se hace extensible a los que no están pero que darán lo mejor de sí mismos en el último baile: los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro. España, ya tricampeona, se merece esa guinda del pastel, esa medalla que es la única que falta en su palmarés. Pase lo que pase en Brasil, esta selección es ya histórica. Un equipo que, con el trabajo bien hecho y con el denuedo del esfuerzo común, ha transformado este tipo de difíciles gestas en éxitos asumidos como cotidianos. Ya está bien de tanto énfasis con aquellos que no lo merecen.
En menos de un año veremos hasta qué punto de gloria son capaces de llegar estos chicos que nos han hecho soñar. La edad de todos ellos no será un impedimento. Tampoco lo que hagan, porque ya se han ganado la admiración eterna, porque nuestra esperanza y nuestros sueños nunca han sido traicionados por el ímpetu y la grandeza de este equipo de prestigio y admiración popular. Esta selección merece la inmortalidad y nuestro respeto. Nunca unos campeones han demostrado un mérito tan necesitado de reconocimiento. Los que amamos este deporte sabemos que todo esto será imposible de repetir. No queremos despertarnos de este sueño tan longevo. Ayer su enfundaron sus camisetas con el lema “Héroes de Europa, dueños de nuestro destino”. Todo sea que sustituyan Europa por el Mundo. Sería un sueño hecho realidad.
Muchas gracias por todo, campeones.