lunes, 24 de agosto de 2015

'Forajidos (The Killers)', de Robert Siodmak

Perdedores entre sombras
Dos matones profesionales emergen de la oscuridad en busca de alguien. Indagan sobre el paradero de Pete Lund, que ahora es Ole Anderson, también conocido como “El Sueco” (Burt Lancaster). Pese a ser avisado por un compañero que trabaja con él en una gasolinera de un pequeño pueblo de Estados Unidos, el hombre, cansado de huir del recuerdo, de la traición provocada por una bella mujer, asume su destino sin esquivar la muerte siendo acribillado por estas amenazadoras y anónimas figuras. Así comienza ‘Forajidos (The Killers)’, una obra cumbre dentro del denominado cine ‘noir’, subgénero que acuñó el crítico italiano Nino Frank. En el recuerdo, un pañuelo verde bordado con unas arpas doradas que iniciará la clave de la investigación llevada a cabo por Edmond O’Brien (James Reardon), un agente de seguros encargado de la resolución de la póliza contratada por este enigmático individuo y que irá desgranando la verdad sobre un oscuro caso de traición y delincuencia.
‘Forajidos’ se inscribe en un incomparable nivel dentro del terreno de la dramaturgia, de la puesta en escena y del sugerente poder de la imagen inspirado por ‘Los asesinos’, un cuento de Ernest Hemingway sobre un hombre decente atrapado en las redes de una mujer fatal por la que arruina su vida. Pese a que Anthony Veiller fue acreditado como guionista, John Huston tejió hábilmente una variedad de pesquisas para desvelar y reconstruir las razones que originaron la causa del asesinato de Pete Lund. Nunca el ‘flashback’ fue tan sutil y estuvo tan bien llevado como en esa concentración de motivaciones dentro subconjunto narrativo que van descubriendo paulatinamente las razones del fatal devenir de un boxeador que termina siendo condenado por una peligrosa red de gánsteres.
El eje del drama encuentra su detonante cuando después de recibir su última paliza sobre ‘ring’ (tiene fraccionada la mano y aún así ha conseguido pelear) asiste con su novia Lily Harmond (después Lubinsky –Virginia Christine-) a la fiesta de Jake, el libertino propietario de un restaurante donde se reúne la peor calaña de la ciudad. Ella parece remisa a disfrutar de la velada, pero “El Sueco”, ajeno a cualquier conversación, fija su mirada en un espacio concreto del salón. Lou Tingle toca el piano apartado en un rincón. Junto a él, una misteriosa dama llamada Kitty Collins (Ava Gardner) canta unas estrofas que rezan “Cuanto más sé del amor, menos lo conozco…”. Cuando “El Sueco” ve por primera vez a Kitty todo se derrumba, las miradas se suspenden como si fueran ‘ralentís’, la tensión se hace insostenible, la conversación es, como no podía ser de otro modo, radical.
“El Sueco” quiere impresionarla afirmando que es boxeador. Tras él, Lily atestigua haber visto todos sus combates y la pragmática respuesta de Kitty es demoledora: “No soportaría que alguien pegara a la persona a la que amo”. Esto deja al boxeador hipnotizado, aceptando su condición de perdedor voluble y sometiéndose sin rémoras a una mujer que se intuye egoísta, frívola, pero irresistiblemente hermosa y atrayente. No es la única vez que admita el aciago destino por culpa de su enamoramiento, ya que por ella ingresa en prisión encubriendo el robo de un broche del que se hace responsable y por ella se ve inmerso en la participación del robo de un millón de dólares procedentes de los salarios del personal de una fábrica de sombreros.
La convergencia de estilos demostrada por Robert Siodmak fluctúa entre el equilibrio visual de un estilo expresionista, dramático y subrayado de forma sutil y una visión holística que a menudo permitió al cineasta manejar varios impulsos estéticos simultáneamente. Fotográficamente influenciada por el célebre ‘Nighthawks’ del artista estadounidense Edward Hopper, que tomó como referencia el cuento de Hemingway en el que se basa la película, ‘Forajidos’ envuelve la incógnita de esa polinización cruzada y circular de un caso como nunca antes, a excepción de ‘Rashomon’, de Kurosawa, se había conseguido en el cine, aportando una disparidad de puntos de vista de un mismo acontecimiento con un efecto atenuante y dialécticamente vistoso y cinematográfico. La arquetípica fatalidad de “El Sueco” se propone, incluso hoy en día, como una lección magistral de cine a muchos niveles; estética, argumental, interpretativa, de dualidades de moral (más propensas al cainitismo), de tipologías antihéroicas y éticas y en último término del cine en su esfera más dilatada. ‘Forajidos’ es una obra maestra, un clásico inextinguible.