martes, 21 de julio de 2015

Review 'Del revés (Inside Out)', de Pete Docter y Ronaldo Del Carmen

Érase una vez… la vida
Siguiendo sus habituales cánones de maestría, la factoría Pixar vuelve a crear otra propuesta compleja y arriesgada sobre el sentido universal de los sentimientos a través de una pirueta imposible protagonizada por las propias emociones.
Incluso antes de que comience ‘Del revés’ (desafortunada transcripción de su título original ‘Inside Out’), Pixar evidencia el punto cardinal de sus historias con un cortometraje musical titulado ‘Lava’, la historia de un volcán en erupción perdido en el océano que es capaz de cantar canciones de amor y expresar de un modo coherente y realista emociones, soledad y deseo de amar. Un pequeño aperitivo que afianza la importancia del engranaje y modelo de trabajo denominado “Braintrust”, conformado por creativos y ejecutivos como John Lasseter, Andrew Stanton, Brad Bird, Pete Docter o Lee Unkrich, entre otros, que han hecho que el cine de animación recuperase su estatus de arte cinematográfico y evolucionara hacia un nivel que parece no encontrar nuevos peldaños en la excelencia. No se trata de humanizar lo imposible, ni de redundar en ideas afines a la compañía, se trata, como designio creativo, de construir un espíritu reconocible desde una cierta visión antropológica, con un sentimiento colectivo basado en la mejora.
Y es lo que ha ido erigiendo a través de su sello. El refuerzo colectivo y la retroalimentación con el proceso iterativo han dado como consecuencia quince largometrajes en los que el espectador ha vivido auténticos torrentes de sentimientos con pluralidad de matices a través de las aventuras de juguetes, insectos, peces, superhéroes, coches, monstruos, una rata, robots, un octogenario y un niño… A estas alturas nadie pone en duda la capacidad visionaria de un sello propio (por mucho que Disney asome primero en los créditos) que ha puesto de manifiesto unos valores con los que han sabido transmitir su conceptualización del entretenimiento infantil, transformándolo en una filosofía única con la que abordar terrenos en la animación que nunca antes se habían emprendido por lo aparentemente irracional de tamaños desafíos.
Es así como ‘Del revés’ abre un nuevo pliegue en la modélica construcción narrativa de sus guiones, suponiendo un innovador giro en la artesanía revolucionaria que magnifica la animación para llevarla a una privativa esfera donde las reglas del entretenimiento y la imaginación parecen no tener límites. Bajo las órdenes de Pete Docter (‘Up’, ‘Monsters, S.A.’) y la codirección de Ronaldo Del Carmen, la nueva película de Pixar se las ingenia no sólo para evocar esa grandeza de espíritu cuya capacidad para sondear el profundo conocimiento de la naturaleza humana es asequible, sino para lograrlo mediante la sorpresa narrativa que no renuncia jamás a la fe infantil, donde cualquier mundo inimaginable es posible, incluso alternativas paralelas que suplanten lo terrenal, como sucede aquí. Los nuevos límites inexplorados se ciñen a cinco emociones que protagonizan el filme; la ira, el asco, el miedo, la tristeza y la alegría, que se coordinan dentro de la personalidad de Riley, una niña de once años, con la misión de dar forma a su vida exterior y reaccionar en su convivencia con el mundo, con la rutina, con su afición al hockey sobre hielo y con los cambios que supone una inesperada mudanza de Minnesota a San Francisco, dejando atrás las experiencias de sus primeros años de vida.
Lo que podría ser un intrincado desafío insostenible a la hora de mostrar en pantalla, como es el de establecer un complicado conjunto de reglas definiendo las personalidades de los roles y este nuevo horizonte interior de la niña, se determina bajo sutiles pinceladas, ágiles fragmentos de la vida de la pequeña y su relación con sus padres y con su día a día en apenas cinco minutos. Algo que, por otra parte, recuerda a la hermosa síntesis de ‘Up’, en la que una prodigiosa elipsis repasaba una vida plena de amor y vivencias, sueños comunes y truncados de esa pareja formada por Carl y Ellie. Con asombrosa sencillez, ‘Del Revés’ repite esta fórmula para constituir de inmediato un vínculo emocional entre el espectador y los personajes e iniciar una aventura apasionante.
El viaje por este mundo intrínseco es mostrado como espacio perceptivo que explora un ciclo vital ineludible mediante unas emociones que gobiernan el flujo de la conciencia para moldear el modo en que se reacciona ante la percepción del mundo y sus obstáculos, pero también en la forma de expresarse, responder o reflexionar ante algunos de los momentos definitorios de la vida. En ese sentido, una película de riesgo como esta, no traiciona sus planteamientos y cuestiona desde el primer instante el orden simbólico dentro del género. Así, nos encontramos cómo las emociones ejecutan su labor desde el pensamiento racional, cuando se presupone que éstas siempre han sido enemigas de la racionalidad, consideradas elementos de alteración en las relaciones sociales.
Desde “la Central” de Riley, a modo de una cabina espacial de control, los sentimientos antropomórficos se enfrentan al desafío de asumir un cambio vital hacia el desarraigo, un primer mal día imborrable en la nueva escuela o una prueba deportiva catastrófica que marcan la deriva con la carencia de la alegría y la tristeza, perdidas en un mundo de recuerdos del pasado que van acumulándose según su importancia dentro de la mente. Con esta premisa se establece un doble periplo; el de una desmotivada Riley y su apática conexión con su nuevo entorno y el de estas dos últimas emociones, que van a asimilando el funcionamiento y la forma en que el mundo afecta a la optimista inocencia de los primeros años de la niña, encaminado hacia un imprevisible cambio de personalidad motivada por su crecimiento sentimental.
‘Del revés’ supone una montaña rusa de multiaventuras que sostiene, precisamente, en la curiosa relación a modo de ‘buddie movie’ entre alegría y tristeza, dos conceptos antagónicos destinados a entenderse y a luchar por el mismo fin común, alejados de las otras tres emociones que no saben reaccionar ante los cambios, al igual que la propia Riley. Es decir, asumiendo ese cambio de vida y la pérdida de la estabilidad con miedo, ira y asco. En este periplo, van transitando nociones de una brillantez apabullante que no dejan de aparecer en el desarrollo de la historia, creando de paso un vocabulario y una dialéctica comprensible para adultos y niños a la hora de plantear temas como la química del cerebro o la depresión situacional. Desde los recuerdos esenciales que activan con sus distintos aspectos islas de personalidad temáticas que aglutinan los factores importantes sobre los que se sustenta el bienestar (las payasadas, la honestidad, la amistad, el deporte o la familia), pasando por el subconsciente de miedos ocultos, el vasto páramo de experiencias enterradas en el olvido, el tren del pensamiento y esas introspecciones abstractas que originan una increíble metamorfosis que pasa por las fases artísticas de lo digital a lo figurativo… describen dispositivos relacionados con la mente infantil con una inspiración imaginativa en un estrato de ocurrencia increíble. Y de entre todos ellos, uno circunscrito a Fantasialandia, Bing Bong, el amigo imaginario de niñez olvidado y perdido en la memoria que se revela determinante dentro de la fabulación como epicentro modélico de personaje característico de Pixar, que nutre la esencia fantástica de sus películas y que, unido a la recreación psicológica de las demás emociones, da como resultado una estructura de valores universales respecto a la narración.
La importancia de la palabra “agridulce”
Sin embargo, ‘Del revés’ va más allá en su descriptivo funcionamiento de la parte más importante de la materia gris, con esa metodología reductiva para acercarse a esta experiencia emocional sorprendentemente sofisticada. Si a priori, este viaje al fondo del pensamiento plantea una dirección de pleno respeto hacia lo turbulento e importante que es la vida interna de un niño, más lo es el valiente acercamiento a la gradual desaparición, casi imperceptible, de la infancia y su paso a la adolescencia por medio de la aceptación de la frustración y la tristeza que no se pueden evitar por mucho que se quiera. Frente al carácter alegre y esperanzador, se impone la realidad que determina el crecimiento, dejando que la memoria vaya perdiendo recuerdos en la insignificancia y abrir un proceso de madurez con nuevas facetas de la identidad de la niña.
¿El resultado? Lograr transmitir que la felicidad y la alegría no lo es todo en esta vida, condicionado por duros trances y dramas personales necesarios para evolucionar como personas. De un modo continuista, ‘Del revés’ muestra ese paso complejo de la infancia a la adolescencia marcada por la pérdida del sentido de pertenencia a un lugar, de la pérdida de los amigos, de la rutina ante un vendaval de novedades que generan un estado contrario al carácter marcado. La felicidad, parece querer decirnos el filme, se construye con momentos de tristeza, aquéllos que motivan una aceptación de la pérdida y la necesidad de conectar con los demás para superar los trances.
En definitiva, reanudan el discurso acerca del difícil viaje hacia el mundo adulto, sin obviar temas espinosos orientados al público más pequeño sin necesidad de recurrir a factores exógenos que representen a un villano corporeizado más allá de los miedos infantiles de la niña que pasan desapercibidos dentro del cómputo vital que se expone. Tampoco se esquiva una progresión gradual hacia un tono oscuro y grisáceo que se apodera del cromatismo en conjunción al devenir de los acontecimientos, de las decisiones reales de los personajes marcadas por las emociones. Al fin y al cabo, se está hablando de la vida como un trasformación personal terriblemente triste, pero feliz al mismo tiempo, instruyendo sobre el valor de la palabra “agridulce”. Crecer significa ir perdiendo alguno de los recuerdos más felices y haciendo que otros que lo eran pasen a ser dolorosos. Por eso la nostalgia siempre apela a la amargura de lo perdido.
La cinta constata esa mágica combinación de imaginación, ingenio, brillantez y temeridad que sigue superando barreras y haciendo imposible adjetivar tanto potencial fílmico. Con un sentido lúdico y profundo, estamos ante una hermosa aventura y nada complaciente, que impone una realidad más allá que la de un examen de proceso de maduración del mismo modo que manifestó recientemente ‘Boyhood’, Richard Linklater. En algo aparentemente irrealizable como plasmar el cerebro de una pre-adolescente, Docter y Del Carmen, recuperan la doble perspectiva impuesta por la marca de la casa; hacer reír a los niños y llorar a los padres, esta vez sin esa reconocible tenue moralina, desplegando una inventiva sin fronteras y sin perder de vista numerosos hallazgos en la creación de magia visual y sensibilidad emocional al sondear las cuestiones más profundas sobre lo que importa en la vida.
‘Del revés’ incluso se permite el lujo de burlarse de algunas leyes de la narración cuando los personajes tienen que recurrir, literalmente, a "manuales del cerebro” para saber qué hacer. Sin dejar espacios a los tiempos muertos o acciones innecesarias, la dinámica del filme expresa, de forma paradójica, cómo importa más la experiencia y no la imaginación, produciendo varias capas invisible a su discurso psicológico, como el hecho de diversas interpretaciones acerca del género de las cinco emociones según varíe el personaje que abre una diatriba más profunda e interesante sin dejar omisiones pragmáticas en cuanto a la perspectiva argumental que viene ofreciendo Pixar a lo largo de los años. Una obra maestra que deja la etiqueta y condición genérica de excepcional película de animación para convertirse, con todo merecimiento, en un clásico instantáneo que permanecerá en nuestra memoria y quedará para siempre en ella, como ese ‘jingle’ del anuncio de chicles Triple Dent Gum dentro de la mente de Riley.
Miguel Á. Refoyo "Refo" © 2015