miércoles, 8 de julio de 2015

El proceso hacia un cambio de vida tecnológico

La revolución tecnológica ha avanzado en nuestra sociedad de una forma sigilosa, sin apenas darnos cuenta y con ese factor de riesgo inadvertido que significa convivir con ella sin conocer su verdadero alcance, poder e influencia. Más que una optimización de métodos y formas, esta aceptación de tanta innovación ha formulado un papel determinante de un par de décadas hasta el día de hoy. Tanto es así, que los sistemas socioculturales, socioeconómicos, políticos e incluso educacionales han ido condicionando su evolución a la tecnología. Actualmente, el imperativo de estos nuevos aparatos han acaparado diferentes ámbitos y macrocontextos sociales. Además ha transformado la interactuación moderna y sobre todo se ha transformado en un medio de comunicación fundamental y, en cierto modo, adictivo.
Sin embargo, esta tecnología ha tardado en implantarse y concibe en su colonización una fase de adaptación que, cierto es, paulatinamente es más vertiginosa y precipitada. La sociedad parece no darse cuenta del proceso espontáneo de crecimiento que está desarrollando este fenómeno. Aunque no siempre es así. Cuando los hermanos Wilbur y Orville Wright volaron por primera vez en 1903, nadie les hizo mucho caso. Los pioneros de la aviación tuvieron que esperar otros cinco años para ser reconocidos a nivel estatal y algo más para obtener el prestiogo mundial. El ser humano tarda en asimilar este tipo de adelantos. Ahora lo vemos todo normalizado, pero con cierta retrospectiva ¿quién nos iba a decir que íbamos a depender de un teléfono de las características que poseen los ‘smartphones’ hace treinta años? Ahora lo vemos como algo instaurado en nuestro día a día, pero no pensamos mucho en aquellos armatostes móviles y primigenios de finales de los 90. El coche, como elemento de primera necesidad, en su origen, no era más que un costoso lujo sólo al alcance de los bolsillos más opulentos, por lo que su adquisición e interés no vendría dado hasta varias décadas después de su invención. Al igual que el Dr. Alexander Fleming que, con la fórmula sobre la estructura química de la penicilina y con un sentir profesional que apuntaba a que este hallazgo no tenía mucho futuro, no pudo estar disponible en cantidades suficientes para la investigación médica a bien entrada la Segunda Guerra Mundial, dos décadas después. Entonces, fue cuando se reveló como una medicina básica y trascendental para la humanidad. Sin ir más lejos, en 1985, el New York Times rehusó a instaurar ordenadores portátiles para que sus redactores ganaran tiempo. Lo veían algo costoso y sin sentido.
Que los avances tecnológicos se constituyan como algo ineludible y que cambien nuestra forma de vida conlleva un cierto tiempo de adaptación. Y no es tan fugaz como creemos. Al menos, así lo cree Nicholas Negroponte, director del MIT Media Lab., que apunta una serie de pasos evidenciados en nueve frases que conforman el proceso por el que se pasa antes de su institución como elemento vital para la sociedad:
1.- “Nunca había oído hablar antes de eso”.
2.- “Sé qué es, pero no lo entiendo”.
3.- “Lo entiendo, pero no veo que tenga mucha utilidad”.
4.- “Puede ser divertido para la gente con dinero, pero no para mí”.
5.- “Lo uso de vez en cuando, para entretenerme”.
6.- “Creía que no, pero le veo varias utilidades”.
7.- “La verdad es que sí lo uso”.
8.- “Es necesario y un avance para nuestra rutina”.
9.- “¿Cómo podía vivir la gente sin esto antes?”.
Obviamente son pautas que no siempre responden a un patrón, pero que demuestran ese principio básico que, en líneas generales y sobre todo para la gente que no pertenece a la generación tecnológica del presente y el futuro, parecen ir asumiendo de un modo gradual. Alguna de estas frases se han manifestado, de alguna forma, en la aparición de la televisión, el vídeo doméstico, el ordenador personal, Google, servicios de streaming de música o televisión, el wifi, las redes sociales y, por encima de todo, los ‘smartphones’. En este momento, en algún garaje, en alguna casa, un individuo o un grupo de amigos puede que estén inventando o a punto de descubrir algo que cambiará por completo nuestra vida. Sin embargo, es probable que no sepamos nada de ellos durante muchos años.