miércoles, 3 de junio de 2015

'Black Mirror': La pantalla negra como reflejo distópico

‘Black Mirror’ sugiere una pérdida de sensibilidad social infectada a través de los nuevos modelos de ‘mass media’ dentro de actualidad tecnológica expuesta como un imaginario construido sobre raíces distópicas.
El escritor, humorista y guionista Charlie Broker era conocido en Gran Bretaña por su corrosiva columna de textos incendiarios en el diario The Guardian. Su debut como productor se tradujo en la serie de seis episodios ‘Dead Set: Muerte En Directo’, una especie de miscelánea que, con una clara intención crítica, reunía los ‘reality shows’ y el subgénero zombie en un mismo entorno. Channel 4, que apostó por la idea y debido al éxito que cosechó, accedió a llevar a cabo un segundo proyecto más ambicioso titulado ‘Black Mirror’ estrenado en diciembre de 2011. Hoy en día, la serie se ha convertido en un fenómeno televisivo internacional con tan sólo siete episodios repartidos en dos temporadas y un capítulo especial de Navidad recientemente emitido.
El escenario en el que sitúa la serie es cercano al mundo en el que vivimos, con una plasmación de los adelantos tecnológicos muy familiares, Internet, las redes sociales y los nuevos modelos de comunicación e hiperconectividad que han contagiado a otros contextos como el social y el político. Con ello, se adultera esta actualidad exponiéndola como un imaginario social construido sobre raíces distópicas, con un gran componente de crítica a través de metáforas dispuestas desde una mirada desalentadora sobre nuestro mundo. No es extraño que el camino seguido por la serie se oriente a una representación del cambio que estamos viviendo, con la obligada aceptación de un fatalismo que empieza a resultar evidente.
Cuando Bruce Bethke acuñó el término ‘cyberpunk’ a un subgénero literario, no esperaba que lo especulativo dejara de ser ciencia ficción tan pronto. Gran parte de la esencia de ‘Black Mirror’ llega impuesta por esa reflexión abierta a la interpretación del espectador de las consecuencias sociales que está albergando el modelo tecnológico dentro de la comunicación moderna y su disposición de un nuevo orden. Más allá de una reflexión futurista, el presente no invita a ser optimista ni con el bienestar de una sociedad equitativa, ni con una economía que se desmorona o con la corrupción con la que actúan los gobiernos, ni mucho menos con la instrumentalización por parte de las grandes corporaciones sobre el control social.
Lo que parecían ilusiones futuristas se establecen cada día en nuestra rutina, las redes sociales muestran una alternativa deformadora de la vida real y lo “humano” empieza a cuestionarse con interrogantes. Permanecemos conectados a tiempo total y dependemos de unos patrones de conducta específicos que han sido modificados en los últimos años, en los que la memoria y los recuerdos permanecen almacenados en todo tipo de plataformas tecnológicas; discos duros, móviles, tablets, ordenadores… Todo está vinculado a Internet, la memoria está conceptualizada a un chip y el mundo que nos rodea se transforma bajo una tiranía adictiva. Con sus temporadas (y las venideras) la serie creada por Brooker parece querer insinuar esa pérdida de la sensibilidad infectada a través de los nuevos modelos de ‘mass media’ en la era de Internet, donde el espectador interactúa como cómplice de situaciones bastante abigarradas y controvertidas para especular sobre esos paradigmas sociales como reflejo de una deformación de la realidad que comienza a definir nuestra forma de vida, condicionando nuestros valores y dictando los modos de relacionarse y de opinionar. ‘Black Mirror’ se compone de episodios autoconclusivos e independientes entre sí, que juegan con un mundo no muy diferente al nuestro llevado al terreno de lo hostil.
Desde la crueldad masiva en una situación política de zoofilia gubernamental a los atentos ojos de los ciudadanos que, en circunstancias reales, disfrutarían imaginando una situación parecida (‘El himno nacional’) a la sustitución de un sistema operativo personalizado que reproduzca, a modo de facsímil, a un ser querido cuando éste fallece (‘Ahora mismo vuelvo’), pasando por el oscurantismo al que llevaría una memoria exacta exportada a otros medios ajenos a los propios del ser humano que reporta peligrosas ventajas como la vigilancia y el despertar de la falsa tradición a los sentimientos (‘Tu historia completa’ y ‘White Christmas’) o una democracia frontal instaurada en el “me gusta” como degeneración de un posible sistema de comicios (‘El momento Waldo’) hasta llegar a la cruda visión y pesimista de los ‘realities’ que generan con la misma rapidez falsos ídolos y víctimas de un hedonismo universal donde la ley y los dictámenes vienen impuestos como consecuencias de los audímetros (‘15 millones de méritos’ y ‘Oso blanco’). Es la esencia de una serie reconocible en unas propuestas que definen la visualización de una ficción venidera no muy alejada de estas historias.
‘Black Mirror’ previene con su espíritu crítico acerca de unos valores que pierden su autenticidad con vidas volcadas en aparatos de última generación, capaces de regir las decisiones, la rutina y, en definitiva, la existencia en sí misma. Todos nosotros nos reflejamos como caterva invisible tan dócil como conformista ante las novedades tecnológicas que han impuesto un modo de vida abrazado como un futuro que no es más un placebo, un ese espejo negro al que se refiere el título, que proyecta la sombra de una desvirtualización de la realidad de una sociedad reconstruida bajo el absolutismo tecnológico, deshumanizando la esencia de la libertad y haciendo de los adelantos un régimen opresivo del mundo e incomunicación.
Y es que lo que propone la serie no está tan lejos de un mensaje hipotético, si no que acerca su admonición hacia la hiperrealidad en el que la nueva memoria individualizada está inmersa, en una red mucho más basta que la simple intimidad de cada persona. La serie británica es un dinámico producto, atrevido y provocador, capaz de inquietar e incomodar por medio de la reflexión que provoca, despojada de mensajes maniqueos o subtextos intencionales o demagógicos, sobre el devenir disociado de nuestro tiempo a medio plazo que refleja lo que muy bien podrían ser sus efectos secundarios.