miércoles, 20 de mayo de 2015

No es televisión, es HBO

Innovación y diferencia catódica
La cadena estadounidense ha terminado por convertirse en un modelo de negocio basado en ofrecer una televisión de calidad y exclusiva para sus clientes copiado por sus competidores.
Hoy en día, todo el mundo sabe qué es HBO. Más allá de sus bondades y catálogo de series que han ido estableciendo una pequeña parcela en la memoria colectiva, la cadena se alzado con la hegemonía y el prestigio de las cadenas americanas ¿La razón? Un modelo de eficacia probada que ha hecho sombra a sus competidoras. Empecemos por el principio. La historia comienza cuando Charles F. Dolan acudió a Sterling Manhattan Cable, un operador multisistema financiado, en gran parte, por la todopoderosa Time Inc. Su propuesta era la de crear un canal de pago llamado ‘Green Cable’ que ofreciera programación propia, estrenos cinematográficos y deportes en exclusiva para suscriptores. La iniciativa revolucionaria la televisión americana e internacional de todos los tiempos.
Fue el nacimiento de la HBO (Home Box Office). Su puesta de largo se produjo en 1972 y fue el primer servicio de televisión comercial que integró vía satélite y cable en sus emisiones. Todo un pionero, pese a que sus inicios fueron inestables y la cadena sufrió pérdidas económicas. Uno de sus primeros pelotazos de audiencia se produjo con la adquisición de los derechos del último combate por el título de los pesos pesados que disputaron Muhammad Ali y Joe Frazier en 1975 durante el llamado ‘Thrilla in Manila’ de Filipinas. Un primer acierto que fue configurando la importante plataforma basada en seductora oferta en su programación que con el paso de los años fue ganándose a pulso la etiqueta de lo que dio en llamar “televisión de calidad”. En sólo un año, de 1976 a 1977, se pasó de 15.000 a 600.000 suscriptores. Un hecho que ha ido acrecentando su reputación y ganando adeptos con el paso del tiempo.
Uno de los pilares de esa revolución se sustentó en la creación de un renovador concepto llamado “transmedia storytelling”, que no es más un sistema muy específico de promoción en torno a sus programas. Consiste en generar información a través de múltiples medios con el fin de crear expectación entre los telespectadores. Esta estrategia, fundamentada en metas como el posicionamiento en el mercado, el estilo y su contenido o innovación tecnológica, provocó algo que los expertos definieron como “el efecto HBO”. El afianzamiento de programas autoproducidos y la ampliación de la cadena en el panorama de la televisión estadounidense llegó de inmediato como logro en la exploración de nuevas perspectivas desde un estudio sobre los hábitos de visionado del consumidor.
La brújula que guía estos productos para que estén a la altura de lo esperado no es más que un cúmulo de ideas inmersas en la red de “post-televisión”, en la que los contribuyentes son partícipes del proceso de producción y la creación de un producto de marca. Sin esto, la HBO no hubiera contribuido al cambio que se ha forjado en los últimos quince años respecto en la forma de ver las series y que han adoptado otras cadenas. Tampoco hubiera existido series como ‘Sigue soñando’, ‘Oz’, ‘Hermanos de sangre’, ‘Deadwood’, ‘El séquito’, ‘Carnivàle’, ‘Treme’, ‘Mad men’, ‘Roma’ o ‘Boardwalk Empire’, entre muchas otras.
Rompiendo las reglas
La diferencia ofrecida fue la de anteponer el entretenimiento y la voz del cliente antes que la venta a toda costa alentada por la publicidad. La independencia de la HBO revolucionó el medio con la llegada de ‘Sexo en Nueva York’, una serie sin tapujos a la hora de abordar cuestiones consideradas tabúes y con la desvergüenza de un formato que irrumpió abriendo el camino a otros dos filones sin los que la historia de la televisión no se entendería. En esa actitud de cambio apareció ‘Los Soprano’. Corría el año 1999 y su emisión y éxito sorprendió, y de qué manera, afianzando esta revulsiva apuesta de riesgo con una estrategia argumental radicalmente distinta en la narrativa y el lenguaje televisivo. Los discursos adultos y su complejidad condujeron sus series hacia una libertad donde tenía cabida de todo; ambigüedad, tramas múltiples, voces narrativas divergentes… ‘Los Soprano’ inicio lo que muchos avanzaron como una “segunda edad de oro de la televisión”. Y no andaban muy desencaminados. “No es televisión, es HBO” sería el lema más recordado de la emisora. Después llegaría ‘A dos metros bajo tierra’, que reforzaría esta idea. Se trataba de otra propuesta de reflexión, más intelectual y estética. ‘Deadwood’, ‘El ala Oeste de la casa blanca’, ‘Curb Your Enthusiasm’ y sobre todo ‘The wire’ seguirían el camino.
La fiesta televisiva reunió una impecable mezcla de formatos, géneros y estilos donde el relato funcionaba muy por encima de unas cualidades técnicas sorprendentes. De repente, dos formas tan diferentes como el cine y la televisión se homogeneizaron con una retroalimentación en el que no se distinguía el nivel de producción de cada uno. De esta forma, la democratización del medio audiovisual también llegó de la mano de HBO. Habían cambiado los tiempos y los derroteros apuntaban a personajes que ya no simbolizaban los códigos de honor y valores morales. En este cambio, la visión pasó a un nivel de identificación que se diluía entre el bien y el mal, en una sociedad perdida en el pesimismo de los nuevos tiempos. Toni Soprano, Don Draper, James MacNulty… incluso los protagonistas de las comedias como Larry David o Louis C. Clark personifican con sus defectos ese doble rostro que dinamitó para siempre los cánones establecidos.
Con la instauración de lo instantáneo y de la inmediatez dictada por Internet, donde la materia televisiva se ha diversificado, la competencia se ha hecho notar dentro del juego de poderes mediáticos. Sin ir más lejos, Netflix, que este mismo año ha superado los 33 millones de suscriptores gracias al modelo ‘streaming’ con series como ‘House of Cards’ y ‘Orange Is the New Black’. La respuesta por parte de HBO no se hizo esperar. Habían creado HBO Go y MAX Go y a ello añadieron un servicio ‘on line’ similar al de Netflix, que alberga gran parte de las series clásicas y de moda así como contenido exclusivo de cine, extendido a un contrato con Universal para rodar filmes con el sello HBO. Por si fuera poco, ha encontrado su nueva gallina de los huevos de oro en la adaptación de ‘Juego de Tronos’, que revitaliza la idea constante de la cadena por prevalecer y ocupar un lugar destacado dentro de la cultura popular y contemporánea. De momento, sigue siendo así. Cuatro décadas después, HBO sigue siendo el referente de la televisión de pago ofreciendo una amplia programación través de múltiples plataformas para sus 114 millones de suscriptores en todo el mundo.