domingo, 3 de mayo de 2015

Mayweather vs. Pacquiao: el combate (y la decepción) del siglo

Esta madrugada (por no decir este amanecer), los aficionados del boxeo teníamos una cita inexcusable con uno de esos eventos imprescindibles y mediáticamente globales que acaparan todas las miradas trascendiendo las fronteras de lo meramente deportivo. En el MGM Grand Garden Arena de Las Vegas tenía lugar el que se había erigido con una denominación que hacía presagiar una de las veladas más históricas del puglilismo que se ha ejecutado tras seis años de negociaciones. Ayer fue el momento de “el combate del siglo”. El enfrentamiento entre el norteamericano Floyd Mayweather Jr. y el filipino Manny Pacquiao había establecido récords con cifras mareantes; desde los 500 millones de dólares de bolsa total, los 40 millones que pagó la ubicación por celebrar el evento, los 5,6 que ha puesto la marca de cerveza mexicana Tecate porque su logo apareciera en el centro del cuadrilátero hasta los a 1.500 dólares de la entrada más barata y los 350.000 que había alcanzado en la reventa. Por no hablar de los 300 millones de ingresos por ventas de HBO y Showtime.
Todo parecía apuntar a una de esas noches épicas con una pelea destinada a escribir su propia historia en las páginas más brillantes de los fastos del cuadrilátero. En el recuerdo, la epopeya de combates como los de Johnson contra Jeffries, Louis y Schmelling, Ali y Frazier, Hagler y Leonard o Tyson y Hollyfield. El de ayer no fue así. Mayweather venía con la vitola de invicto con su baile defensivo regulado en la medición de las distancias, mientras Pacquiao llegaba en plena forma después de recuperarse de un tremendo K.O. en 2012 contra Juan Manuel Márquez con combates de máximo nivel y mostrando un boxeo muy agresivo y contundente. Lo que se vio ayer distó mucho de esa rivalidad colérica que habían vendido como parte de este show multimillonario.
Escaso boxeo de alto nivel pudo presenciarse en el ring. Pocos golpes, un bajo porcentaje de ‘jabs’, baile coordinados destinados esquivar y a ver pasar el tiempo, sin envites ni riesgo, con dos contrincantes rácanos en espectáculo que fueron fraguando una lucha mediocre en el zenit de sus carreras, desluciendo el combate más esperado de los últimos años. Una pelea tan altamente publicitada que había llenado expectativas a todos los aficionados pero que se fue diluyendo en la agonía de una pugna insubstancial, en la que Mayweather se limitó a esquivar los pocos intentos de ataque de Pacquiao y éste sin ningún tipo de exposición a pretender el asalto al título de una manera convincente. Una vez llegados al octavo ‘round’ la estrategia venció al boxeo, con el de Grand Rapids cultivando una defensa recelosa que buscó defender el peso de los puntos. “Pacman” intentó sin firmeza llevar la iniciativa en varios asaltos, pero el boxeador estadounidense seleccionó sus golpes basados en una defensa muy conservadora al amparo de un baile esquivo que dejó al personal con ganas de más conexiones, agresividad y eficiencia.
¿El resultado? Pacquiao impactó 81 de los 429 golpes (un escaso 19 %) mientras que Mayweather acertó 148 de 435 (34 %). Al menos, eso es lo que han publicado como estadística oficial de Compubox. Es lo que hizo que el boxeo táctico se impusiera a la lógica del deporte y el 'show'. No es que Pacquiao lo mereciera más, simplemente no hubo el arrojo necesario para declarar el combate nulo. Hubiera sido lo más aceptable. A cualquiera que conozca un poco este apasionante deporte la decisión final fue, cuanto menos, cuestionable. Sobre todo ese 118-110 de Dave Moretti. El escapismo del yanqui dejó esa sensación de farsa en un contexto que se sucedió con una decepción mundial ante un combate que Mike Tyson definió rápidamente como un pobre espectáculo insuficiente. Óscar de la Hoya, a través de su cuenta de Twitter, también se lamentaba del resultado final “Lo siento, aficionados al boxeo”. Los telespectadores que pagaron doce euros por ver la retransmisión del combate en ‘pay per view’ no vieron recompensado ni el madrugón (o la empalmada) ni la inversión. No hay que imaginar la sensación de los aficionados que pagó el dineral por verlo en directo. Mucho ruido y pocas nueces.
Al final, Maywether continua invicto a una sola victoria de igualar a la leyenda que es Rocky Marciano (49-0). Hacer comparativas sería perder el tiempo. Lo de ayer constata hasta qué punto prevaleció el dinero y el ‘marketing’ antes que el lucimiento deportivo dentro de un negocio que ayer supuso un desengaño terrible para los fans del mundo de ring. “Mr. Money”, el Goliat de la función, se llevó el título unificado del peso welter, versión Consejo Mundial de Boxeo (CMB), Asociación Mundial (AMB) y Organización Mundial (OMB) y Pacquiao una considerable suma de millones además de la decepción de una derrota que muchos consideran injusta. Mientras tanto, todos los demás; el público, los aficionados y el boxeo salieron perdiendo con un enfrentamiento para el olvido.