viernes, 29 de mayo de 2015

Final de Copa 2015: la hora de la reconquista

De nuevo estamos en otra final imposible. Por cuarta vez en seis años. El Athletic vuelve a estar en la final de la Copa del Rey tan sólo tres años después de disputar este partido a vida o muerte de la competición que mejor representa al colectivo vasco. Un torneo que, históricamente, pertenece al club del Botxo. La que más ilusión hace en Bilbao. Estos últimos días se apela a aquel 5 de mayo de mayo de 1984, en otra final para la Historia contra el F.C. Barcelona. Aquel día se disputó en el Santiago Bernabéu, cuando el fútbol era equitativo y se medía por los méritos deportivos y no económicos. Cuando las distancias entre clubes ricos y los humildes no eran tan descomunales y diferenciadoras como las que existen hoy en día. El mismo rival y un panorama similar. Por aquel entonces, el Barça de Menotti tenía en sus filas a Diego Armando Maradona como la gran estrella del fútbol mundial. Junto a él, los Schuster, Carrasco, Julio Alberto, Alexanco o Migueli… partían como los grandes favoritos.
Pero la épica le reservaba una sorpresa al Athletic. El gol en el minuto 13 de Endika Guarrotxena sirvió para que los de Javier Clemente levantaran aquel recordado título, salpicado por la tangana final que no pudo empañar aquel día de fiesta, Gabarra y celebración que hoy en día en Bilbao sigue recordándose como uno de las gestas más especiales de cuantas se recuerdan. Zubizarreta, Urkiaga, Núñez, Liceranzu, De Andrés, Goikoechea, Dani, Patxi Salinas, Urtubi, Endika y Argote (a los que hay que añadir a Manu Sarabia y Txetxu Gallego) son nombres que cualquier aficionado vizcaíno recuerda en la actualidad. Hoy el universo del fútbol ha cambiado radicalmente, por lo que refrendar aquella legendaria hazaña se presume aún más compleja. No importa, porque el Athletic pertenece a otra prosapia incomparable, que hace prevalecer la inocencia inconsciente y el sentir de una afición de millones de seguidores que exhibirán bufandas y camisetas tanto en el Camp Nou como en la distancia, que rugirán como si fuera un solo grito, empujando al equipo de Ernesto Valverde hacia el sueño común, traspasando lo meramente deportivo y convertir el acontecimiento en un acto social unificador, como cada partido que juegan los leones.
Hacer realidad un imposible
Si hace 26 años el astro incontestable era Maradona, éste lo es su compatriota y considerado mejor jugador del mundo, Lionel Messi. Como aquél, despliega el respeto y es capaz él solo de levantar cualquier partido con su indiscutible valía. Además, hay que unir el talento de Neymar Jr. (no confundir con su padre), de Suárez, de Iniesta y de tantos otros que han hecho de este Barça un ogro irrebatible. Este equipo aspira, bajo la batuta de Luis Enrique (aunque bien podría ser cualquiera visto el plantel de jugadores del que dispone), que representa el gigantesco equipo globalizado que aspira a redondear otra de esas temporadas al alcance de los grandes imperios futbolísticos. Nada menos que el triplete formado por Liga, Copa y Champions. Parece que es un hecho resuelto antes de jugar. Máxime cuando ya lo consiguieron en 2009. La lógica, el favoritismo y las casas de apuestas dictan que el todopoderoso club de estrellas catalán se llevará este partido y el título se quedará en la ciudad condal.
Nadie va a cuestionar las indiscutibles carencias técnicas del club bilbaíno con respecto ante tan fiero rival, pero en el Athletic saben que las fortalezas más infranqueables también pueden ser destruidas. Si hay un equipo que sabe aferrarse a la teoría de que los milagros en el fútbol son posibles, negando el raciocinio de lo que tendría que suceder en el terreno de juego, ése es el Athletic. Y por si fuera poco, en el Camp Nou, en casa del enemigo. Hay que encomendarse a la Copa del Rey de 1958, la de los “once aldeanos”, en la que se obtuvo el título en Chamartín frente al Real Madrid de las cinco Copas de Europa consecutivas.
Existen más equidistancias entre ambos clubes. Para el Athletic es algo más que una final. Vuelve a ser la necesidad de reencontrarse con su Historia, de alcanzar el unánime anhelo de un título que parece resistirse. Para el F.C. Barcelona y sus aficionados es un simple trámite, un sencillo paso para conseguir la Champions League, que es lo que realmente les motiva. Esta competición es una menudencia que no despierta su ambición, porque se han acostumbrado a ganar tantos títulos que este trofeo ha dejado de tener un sentido que vaya más allá del hecho de acumular victorias y títulos. El Athletic tiene que garantizar mañana ese hermoso dicho que reza “No ser del Athletic es una oportunidad perdida”. Deberán jugar con el mismo orgullo de siempre, con la raza del león hambriento de un título esquivo y recompensar con su esfuerzo la idolatría de una afición volcada en la esperanza de esta Copa.
No hay límites ni metas inalcanzables, porque somos uno sólo, afición y equipo, que condensa un arraigo encauzado a vivir los encuentros más con el corazón que con la cabeza, ofreciendo una imagen utópica del mundo deportivo a punto de extinguirse. Es la hora de demostrar el instinto de unión, dejando la garganta en cada jugada y transmitiendo la energía de una parroquia que contribuye a la creencia ferviente de un equipo fiel a las raíces que nos representa, que inculca unos valores éticos y deportivos extraordinarios. El Athletic esconde tras su conocida filosofía descrita por prestigioso periódico deportivo francés L’Equipe como “un caso único en la historia del fútbol mundial”, a un pueblo entero y a incondicionales adeptos repartidos por todos los rincones del mundo. Todos ellos sueñan con escribir una memorable página en la Historia de la Copa. Y lo hacemos de forma ilógica e irracional, sabiendo lo imposible del duelo.
Una deuda pendiente
Las nuevas generaciones athleticzales se merecen vivir la emoción de la victoria y la gloria del equipo a orillas de la Nervion, viendo surcar la ría a la Gabarra y jalear cánticos triunfales hasta el Puente de Deusto, donde el colectivo rojiblanco desempolvaría los viejos recuerdos y reverdecería los sueños de la agitación común. Ha llegado el momento de concretar esa ilusión que nos invade desde hace días, de hacer realidad los deseos de unos seguidores cuyas vidas se detendrán durante noventa minutos para dedicarle toda su pasión a que su equipo consiga una victoria histórica. Después de las decepciones de Mestalla, Bucarest o el Calderón, el fútbol tiene una deuda pendiente con el Athletic. Nos debe una. Esta copa tiene que ser la de todos; la de los que nos han dejado y no podrán ver esta final, la de los jugadores que disputaron finales y no la ganaron, la de la memoria de los que sí, la de los que empiezan a ilusionarse desde niños con este equipo, la de los descreídos, la de los seguidores más fanáticos, la de los que llevan dentro ese escudo y que saben que, más allá del resultado, ese sentido de pertenencia permanecerá inalterable, porque el Athletic es algo más que un club.
Pase lo que pase, se ha subido otro peldaño en el testimonio de lealtad ‘zurigorri’ concebida, como la afición por estos colores, bajo el prisma del entusiasmo irrenunciable como vendrá siendo en sucesivas generaciones. Por eso, más allá del resultado, el Athletic seguirá manteniendo su identidad. Y por muchos fracasos que se den, jamás podrán deteriorar la autoestima de San Mamés, ni la de los jugadores ni la de los aficionados, comprometidos con la tradición y con puente de San Antón, el árbol de Gernika y los dos leones que resplandecen en nuestro escudo.
Mañana, los leones tienen que rugir como nunca y preservar la esperanza del milagro, sabiendo que el fútbol sólo es una excusa. No se trata del deporte, ni de un balón, ni de los goles… se trata sentimiento de alianza, como se dice de “una prolongación de nuestra vida”. Matt Le Tissier, ex futbolista inglés con un ejemplar sentido de pertenencia a un club (permaneció toda su carrera en el Southampton - 1986-2002-), pronunció una frase que debe ser el reflejo de la ambición de la final de mañana: “Jugar en los grandes clubes es un bonito desafío, pero es más difícil y bonito jugar contra ellos y ganarles”. Ha llegado el momento de la reconquista y de escuchar en nuestros corazones, bajo el influjo y la voz del inolvidable "Hoss" Iragorri, cómo nuestro Athletic soñó otra vez con ser el David que ganaba al Goliat con algún “bakalao” memorable que trasmitir mediante la tradición oral a nuestros hijos. Por mi parte, lo veré con mi pequeño cachorro, vestidos para la ocasión y disfrutando del momento. Él nació el pasado 5 de mayo, curiosamente, el día que Endika marcó el gol del último título del Athletic. Quiero creer que es una señal. En cualquier caso, siempre recordaré la final de mañana. Independientemente del resultado.
Denok batera... Koparen bila!!