sábado, 16 de mayo de 2015

B.B. King, el alma del 'blues'

(1925-2015)
La muerte de B.B. King supone la desaparición de uno de los tótems fundadores de un género tan recurrente y norteamericano como es el ‘blues’. Con él desaparece una forma musical de entender la vida, una esencia de notas sostenidas y bien distinguidas para inmortalizar ese inconfundible sonido eléctrico de posguerra que irrumpió en el género para reconvertirlo con un estilo a medio camino entre el ‘swing’ de orquesta y el jazz de ‘big band’. Un mito de la guitarra que emprendió su ascenso desde los años 40, en los que exhibía su talento en los míticos locales del ‘Chitlin' Circuit’ de audiencia afroamericana y que sirvieron como voz de protesta contra la segregación racial.
Ya por entonces, su maestría reivindicó un carácter marcado por un sentimiento urbano que fusionaba el blues y jazz a través de una Gibson ES-355 a la que cariñosamente llamó Lucille, modelo de guitarra inseparable que acompañó siempre sus canciones de letras cortas y directas, higienizando su expresión a la hora de incluir coros y reverberaciones acústicas. La llamó así por una pelea en un bar de Twist, en Arkansas, provocada por una mujer llamada así y en la que estuvo a punto de perder su apreciada guitarra debido al incendio provocado por una reyerta entre dos desconocidos.
Llevado por el énfasis revolucionario y la inquietud musical, B.B. King llevó su arte más allá de su origen humilde de Mississippi, en la que desde niño trabajó recogiendo algodón y más tarde, en las cercanías de Indianola, como conductor de tractores, para, desde sus inicios, aglutinar como un particular tono basado en los ecos de Charlie Christian, Wynonie Harris, Django Reinhardt, Lonnie Johnson, Blind Lemon Jefferson o T-Bone Walker. Desde su primer éxito ‘Three o'clock blues’, la genialidad y el virtuosismo de su guitarra y de su voz pasaron a ser un referente en el marco de un género tan representativo de lo que venía a ser el corte emocional como es el ‘blues’, abanderado por aquel chico que triunfó en los locales de Memphis y que era conocido como “Blues Boy”.
Canciones como ‘Please Love Me’, ‘Every Day I Have the Blues’, ‘Bad Luck’, ‘Why I Sing the Blues’, ‘Woke Up This Morning’, ‘Chains and Things’, ‘Sweet Little Angel’, ‘To Know You Is to Love You’, ‘Sweet Sixteen’ y ‘Blind Love’ pasarán a la historia como auténticos legados de expresión a la hora de concretar esa dinámica entre la innovación como sonido universal y el sostenimiento espiritual de las raíces del sur de donde partió su viaje hacia la gloria. Su estrella establecería un máximo reclamo en el South Side de Chicago durante los 60, para pasar a ser un icono imprescindible en la música del Siglo XX, convirtiéndose en el espejo de artistas guitarristas de ‘blues-rock’ blancos como Steve Miller, Michael Bloomfield o Eric Clapton.
Comenzó como telonero de los Rolling Stones y fue ofreciendo su espectáculo hasta perder la cuenta en los miles de conciertos (entre cien y ciento cincuenta al año –a veces 250 o 300 anuales-) que dio en más de noventa países de todo el mundo. Hasta el mes pasado, seguía brindando a sus fieles seguidores. De tocar junto a Sonny Boy Williamson, Bobby "Blue" Bland, Robert Lockwood Jr. a abrir una cadena de locales que inició con el originario de la calle Beale de Memphis, perder la cuenta de los Grammys ganados al mejor álbum de ‘blues’, sin olvidar el mítico ‘Riding With the King’ que le unió a su pupilo estrella Clapton, la carrera de King obedece a la estela de los grandes de la música. Se cuenta que tuvo quince hijos y tenía más de sesenta nietos. Su leyenda impuso la imagen de un artista ejemplar que fue recompensado en 2006 con la Medalla presidencial de la libertad, la más alta distinción civil que existe en Estados Unidos. Su música será parte de la banda sonora de varias generaciones que van haciendo realidad el sueño del gran King; perpetuar con sus notas y letras la esperanza de mantener vivo el ‘blues’ a través de la historia.