lunes, 23 de febrero de 2015

87ª Edición de los Oscar

Una noche de reivindicaciones y aburrimiento
La noche de la 87ª edición de los Oscar había abierto una doble incógnita. Primero, la expectación que había suscitado Neil Patrick Harris como maestro de ceremonias de la gala. Segundo, saber si ‘Boyhood’ sería coronada como la gran triunfadora que apuntaban todas las quinielas. Vayamos por partes; el actor que ha dado vida a Barnie Stinson durante las ocho temporadas del fenómeno televisivo ‘Cómo conocí a vuestra madre’ y gran conocedor de este tipo de eventos mediáticos al ser uno de los reclamos de los dos últimos años dentro de los premios Emmy, deslumbró con un número inicial increíble, haciendo lo que mejor sabe, que es combinar su faceta musical con humor, realizó una actuación soberbia con la canción ‘Moving picture’, compuestas por los creadores del ‘Let it go’ de ‘Frozen’, en la que se homenajeó al cine clásico y en el que la réplica la dieron Anna Kendrick y el cómico Jack Black (que a buen seguro que si algún día presenta este sarao, lo peta).
El cuatro veces presentador la de los teatrales Tony emergió como una promesa de amenidad en la sustitución de una siempre eficaz Ellen DeGeneres. Pero tan sólo fue un fugaz instante de genialidad. Sus apariciones se fraguaron entre la desidia y la neutralidad de un humor tropezado en la entropía autosuficiente, con un persistente ‘running gag’ con una caja de metacrilato en el que supuestamente escondió su quiniela con los ganadores en complicidad con una Octavia Spencer que no sabía muy bien dónde estaba la gracia. No fue la única. Patrick Harris tuvo momento para homenajear a ‘Birdman’ en un número que reproducía una de las secuencias más comentadas de la cinta de Alejandro González Iñárritu en la que se paseó por las bambalinas del Dolby Theatre de Los Ángeles en calzoncillos para terminar dando paso a los siguientes invitados. Y ese fue el punto álgido de una presentación que pasó muy desapercibida y que, en términos globales, decepcionó en su función de animador de la fiesta y anfitrión. Su carisma y cinismo da para más. No cabe duda. Sin embargo, se quedó en una inesperada insipidez que dejó una sensación de desinterés y aburrimiento. Máxime, cuando la gala duró más de media hora más de duración sobre lo previsto.
Sobre el papel, la película que se ha constituido como un nuevo fenómeno cinematográfico del año, ‘Boyhood’ venía con la vitola de favorita. Había arrasado en los Globos de Oro, en los Bafta, en premios de los del sindicato de actores y los de la crítica, por lo que era de esperar que su nombre sonara al final de la ceremonia. Pero no fue así. La valoración de una película como 'Birdman', mucho más arriesgada y desacorde con el resultado final de estos premios, cogió a casi todos por sorpresa al hacerse con los premios más importantes de la noche. Finalmente acumuló cuatro estatuillas (mejor película, mejor director, mejor guión original y mejor fotografía), avalando la buena posición de los cineastas mexicanos en Hollywood (el año pasado, Alfonso Cuarón también logró el de mejor director por ‘Gravity’) con Iñárritu y el segundo Oscar consecutivo del director de fotografía para Emmanuel Lubezki.
Cuando Sean Penn apareció para leer el nombre de la mejor película de 2014, ya estaba claro que Richard Linklater y su experimento de doce años iba a ser la gran derrotada de la noche. “¿Quién le ha dado a este hijo de puta su ‘green card’?”, dijo exhibiendo esa insolencia tan peculiar del ex marido de Madonna. La pregunta es ¿hubiera accedido a entregar el premio más importante del noche si el ganador hubiera sido Linklater? Posiblemente no. En cualquier caso, “el Negro”, el apodo con el que es conocido el cineasta mexicano, no dejó de escapar la reclamación de derechos a los inmigrantes mexicanos que residen en Norteamérica.
‘Boyhood’ se fue con tan sólo un único Oscar, el de Patricia Arquette, que en su emocionado discurso apeló a la reivindicación por la igualdad de salarios y derechos para las mujeres en los Estados Unidos, enfocando su mirada a la siempre machista industria de Hollywood. Y ahí se acabó el protagonismo de un filme que acarició la gloria de los Oscars pero que cedió las miradas hacia la que es una película más audaz y compleja. La Academia de Hollywood optó por determinar esas cualidades y premió el arrojo de ‘Birdman’ y su paradoja crítica sobre la falta de sentido de la vida contemporánea entre la ficción y la realidad. Sin embargo, cuando llega la hora de variar el sentido en las categorías interpretativas, la cosa cambió y siguió el patrón al que nos tiene habtuados esta fiesta del cine y oropel.
Por eso, todo el mundo esperaba que Eddie Redmayne que da vida al científico Stephen Hawking en ‘La teoría del todo’ le ganara la partida a Michael Keaton. Cuando subió a recoger el Oscar, requirió en su discurso una concienciación por la esclerosis lateral amiotrófica. A Keaton le sucedió lo mismo que a Bill Murray en 2003, cuando su papel en ‘Lost in Translation’ no mereció el reconocimiento de esta institución en favor del mencionado Penn en ‘Mystic River’. Una vez más, un actor cómico que merece el premio se va de vacío. En Hollywood los personajes como los de Redmayne adquieren una proporción ganadora que va subscripta a esa directriz lacrimógena y dramática de roles imposibilitadas. Del mismo modo, y sin restar méritos interpretativos a ambos actores, Jualianne Moore, también confirmó los pronósticos y se llevó el de mejor actriz protagonista por su conmovedora interpretación en ‘Siempre Alice’. Por supuesto, entre la respiración entrecortada, no olvidó dedicar unas palabras a los enfermos de Alzheimer. No había rival. Como sucedió con K.J. Simmons, que se hizo con el de mejor actor secundario al dar vida al draconiano e intimidatorio profesor de música Terrence Fletcher en ‘Whiplash’. El actor se puso sentimental y recordó a sus hijos y familia y la película de Daniele Chazelle abracaría un total de tres Oscar, añadiendo al de Simmons el de mejor montaje y mejor mezcla de sonido.
Uno de los momentos musicales más esplendorosos llegó con la canción de ‘Selma’ ‘Glory’, interpretada por Common y John Legend y Common, que provocó las lágrimas de la familia hollywoodiense (sobre todo la gran Oprah) entregada a una actuación que interpeló con su letra sobre un episodio clave de la lucha por los derechos civiles de la población afroamericana hace cinco décadas un discurso que recordó que viven en el país “con más gente encarcelada del mundo”. Otra de las grandes favoritas era ‘El Gran Hotel Budapest’ y aunque no se llevó los premios gordos, salió como otra de las ganadoras de la noche. La cinta de Wes Anderson acaparaba nueve candidaturas y se acabó llevando los de vestuario, maquillaje, diseño de vestuario y banda sonora original para Alexander Desplat, que suma en su haber cuatro de estos premios.
También la película polaca filmada en blanco y negro de Pawel Pawlikowski ‘Ida’ fue elegida como mejor cinta de habla no inglesa, algo que dejó fuera del palmarés a la coproducción hispanoargentina ‘Relatos Salvajes’. Siendo coherentes, lo tenían muy complicado. Por lo demás, no hubo nada destacable de una gala para el olvido en la que la reivindicación social y política que se dilató en un bucle de previsibilidad e insustancialidad sin sorpresas y carencia de humor donde cantó Lady Gaga homenajeando el medio siglo de ‘Sonrisas y lágrimas’, todo el mundo acabó con un Oscar de LEGO en la mano entregados en la canción nominada ‘Everything is Awesome’, de 'La Legopelícula' y Benedict Cumberbatch ascó la petaca insinuando de forma involuntaria el tostón de noche que estaba por venir. Esperemos que el año que viene esto mejore.
LO MEJOR
- Los geniales grafismos en todas sus facetas.
- La voz de Lady Gaga.
- Lupita diciendo de forma accidental “And the actor goes to...”.
- Jessica Chastain, Cate Blanchett, Gwyneth Paltrow, pero ayer, sobre todo, Zoe Saldana.
- El agradecimiento de Graham Moore, ganador al mejor guión adaptado por ‘The Imitation Game’, del noruego Morten Tyldum, incidió en una anécdota personal que puso la piel de gallina a todo el mundo. Aseguró haber intentado suicidarse a los dieciséis años por culpa de su homosexualidad. Fue entonces cuando instó a todos aquéllos chavales que se sientan diferentes a seguir manteniéndose extraño. Una hermosa loa a la heterogeneidad y libertad en cualquiera de sus condiciones “stay weird, stay different”.
- Patricia Arquette, que fue a la gala acompañada por su mítica hermana Rosana. En la gala, nadie puede decir que no fuera la gran protagonista de la velada con su inspirador y contundente discurso. Estuvo soberbia.
- El discurso de la Presidenta de la Academia de Hollywood Cheryl Boone Isaacs que, de forma elegante y ágil, defendió la libertad de expresión en un año en el que se intentó sabotear el filme ‘The interview’ y la amenaza terrorista se cobró doce personas que trabajaban para la revista satírica francesa Charlie Hebdo.
LO PEOR
- Que ni la actriz cómica Joan Rivers, una celebridad del género ni la actriz Elaine Stritch, no estuvieran incluidas en el emotivo vídeo ‘In memorian’ que recuerda a los miembros de la comunidad que han fallecido durante el pasado año. Inaceptables olvidos.
- Que un personaje como Sonia Monroy fuera Trending Topic mundial por su espérpentico show. Dijo asistir los Oscar sin invitación y ataviada con una bandera de España a modo de vestido. Aseguró que la largaron del recinto. Hoy se ha sabido que se preparó todo un día antes.
- El niguneo con el que se han pasado a despachar los Oscars honoríficos al animador japonés Hayao Miyazaki y la veterana actriz Maureen O'Hara en una gala celebrada en noviembre y que resumen en dos pinceladas y un par de vídeos.
- La excesiva obstinación con los números musicales, que hacen que otros instrumentos más eficaces en estas veladas como son los montajes de vídeo y el humor se hayan relegado a la nada, al ostracismo que se deriva de la falta de agilidad e ideas.
- Eddie Murphy, otrora uno de los actores cómicos más brillantes del cine, presentó las categorías de guión original y guión adaptado como quien lee una lista de la compra. Sin ningún tipo de gracia o aparente interés. También hizo lo mismo Terrence Howard.
- La actitud de un Sean Penn que parece estar por encima del mundo entero y dejó una de las frases más lamentables y reprochables de la Historia de los premios. De vergüenza ajena.
- Los guantes de fregar de Lady Gaga en la alfombra roja. Si no llama la atención y hace el ridículo parece no estar a gusto.
- La falta de humor de una de las galas más anodinas e insípidas que se recuerdan.
- Las redes sociales explotaron una vez que John Travolta quiso acaparar la atención. Primero, forzando un beso en la mejilla a una Scarlett Johansson incómoda con la situación. Después, en el escenario, para revivir un ‘gag’ forzado con la equivocación de Travolta al llamar a Idina Menzel “Adele Dazeem”, les volvió a reunir para que el protagonista de ‘Pulp Fiction’ le sobara la cara en una incomprensible acción de un actor cuyo pelo de moqueta también fue muy comentado.
- Que Michael Keaton no ganara el Oscar al mejor actor.
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