lunes, 12 de enero de 2015

72nd Golden Globe: 'Boyhood' y una noche para el olvido

A estas alturas, la frase “la antesala de los Oscar” en cualquier texto acerca de los Globos de Oro se ha convertido en un clásico del periodismo cinematográfico. Sea verdad o no, es evidente que la noche de ayer dejó una clara pauta de lo que puede ser el palmarés final del próximo día 22 de febrero en los Oscar. ‘Boyhood’, ese experimento acerca de la vida que ha tardado en ver la luz doce años, encumbró a Richard Linklater y se postula como la gran favorita de cara a esos premios mayores que tanta atención acumulan en Hollywood. La gran platea y escaparate de oropel dignificó una película sencilla con la que Linklater, a la hora de agradecer el máximo galardón de la velada, cedió el protagonismo sobre la figura del productor, Jonathan Sehring, por hacer realidad el sueño del cineasta, que también recogió el Globo de Oro al mejor director. También el estupendo elenco se vio representado en una Patricia Arquette entusiasta con su reconocimiento. Se preveía una dura pugna con ‘Birdman’, la gran sensación de este año que finalmente dejó la sensación de derrotada pese a cosechar un par de distinciones al mejor guión original, el mexicano Alejandro González Iñarritu y al mejor actor protagonista de comedia o musical para Michael Keaton. Sin embargo, el Globo de Oro a la mejor comedia de ‘El gran hotel Budapest’, de Wes Anderson, hace que las expectativas de cara a los próximos Oscars hayan mermado en posibilidades. En lo que respecta a las categorías interpretativas, Hollywood no se sale del guión autoimpuesto y premió las interpretaciones dramáticas de Julianne Moore por ‘Siempre Alice’, en la que interpreta a una mujer enfrentada al alzheimer y Eddie Redmayne, que da vida al científico Stephen Hawking en todas las fases de su enfermedad degenerativa en ‘La teoría del todo’.
Fue una noche en la que hubo espacio para la crítica con el régimen norcoreano de Kim Jon-Un, al que ridiculizaron no sólo físicamente, sino por la censura y ataques de ‘hackers’ a Sony Pictures por la comedia satírica ‘The Interview’, así como la condena contra los atentados acontecidos en París en la sede del semanario Charlie Hebdo. George Clooney recogió el Cecil B. DeMille honorífico que reconoce una carrera llena de éxitos, con un discurso algo ñoño y edulcorado que hizo apuntar todas las miradas a su esposa Amal Alamuddin. La presencia de Tina Fey y Amy Poehler, más allá de ese discurso inicial, fue poco menos que testimonial, dejando que otros presentadores como Ricky Gervais o Bill Hader y Kristen Wiig sacaran partido a una fiesta del cine bastante olvidable y carente de espectáculo. ‘Fargo’ le ganó la partida a ‘True detective’ en la disciplina catódica, que insufló un empujón de popularidad a series como ‘Transparent’ o ‘The Affair’, consideradas como los mejores exponentes televisivos de la pasada campaña televisiva y que dejó oír, en éste último caso, de qué forma está cambiando el fenómeno de las series en Estados Unidos, ya que está producida por la plataforma de venta on-line Amazon. Tampoco tuvo mucha más trascendencia una noche de sobriedad y cierta apatía que se dilató lo justo y acabó imponiendo la lógica sin aparentes sorpresas en un hotel Beverly Hilton de Los Ángeles en el que las estrellas casi brillaron más en la alfombra roja que en el reparto de premios de la Asociación de la Prensa Extranjera de Hollywood. En la retina nos quedará a un Prince trasnochado que parece una parodia de sí mismo, el discurso reivindicando la libertad de expresión por parte de Theo Kingma, a Kevin Spacey subiendo a por su Globo con una copa de la mano, el vestido de Jennifer López o la reincidencia de Amy Adams, que gana de forma consecutiva dos Globos de Oro, en esta ocasión por ‘Big Eyes’, de Tim Burton. Y poco más.