lunes, 31 de marzo de 2014

Cerro de San Vicente: viaje a los orígenes de Salamanca

Existe una nueva cita cultural en Salamanca que funciona desde este mes y que resulta de lo más didáctica y enriquecedora. Se trata de una visita guiada por el Cerro de San Vicente, que enmarca varios atractivos; el primero y más fundamental, el de conocer de cerca el origen de la ciudad, además de provocar una sensibilización y suscitar el interés por descubrir el cimiento poblacional dentro del patrimonio histórico de la orbe charra. El Cerro de San Vicente ha sido hasta este momento una ubicación bastante desconocida, pero merece esta atención como destacado elemento patrimonial dentro de las propuestas culturales de esta ciudad mágica. Su parque arqueológico se sitúa dentro de este enclave estratégico que sirvió en los albores de la ciudad como un emplazamiento excepcional que permitía la visualización de la zona desde tres de sus flancos en la parte superior del altozano, desde el que se vislumbran unas vistas alternativas de la capital del Tormes.
Con esta propuesta, el visitante conoce de cerca y con todo lujo de detalles el génesis de la aldea que se fue fraguando entre los siglos VII y IV a. de C., dentro de la Primera Edad de Hierro, en la denominada cultura Soto de Medinilla, con la creación de asentamientos castreños que darían como consecuencia algunas de las primeras comunidades que tuvieron lugar en las tierras llanas occidentales de la meseta norte. Se pone a disposición del público la posibilidad de acercarse al pasado más ancestral de una ciudad cuya existencia se aproxima a dos mil setecientos años de antigüedad, mediante la observación de un conjunto de restos protohistóricos basados en cabañas y edificaciones auxiliares, que reflejan el modo de vida de aquellos primeros habitantes. Dentro de esta fantástica visita también se propone un viaje temporal sobre el sector claustral del antiguo Convento de San Vicente de Salamanca, así como del origen del monasterio cluniacense de los monjes Benedictinos de San Vicente, constituido en la zona como una de las más majestuosas edificaciones arquitectónicas de Salamanca, que sería trasnformado por la conquista por el general Wellington y posteriormente destruido en siglo XIX durante la Guerra de la Independencia, tras la llamada Batalla de Salamanca.
Un testimonio histórico que nos retrotae a la Salamanca Primitiva, que suscita el interés por aquel asentamiento original de la ciudad que garantiza su protección y exposición pública a la hora de integrar este tipo de estructuras descubiertas dentro de la oferta turística, cuya descripción aborda interesantes reflexiones y apuntes sobre el origen, configuración y evolución urbana del castro de Salmantica. Un recorrido por este poblado soteño del cerro de San Vicente, núcleo germinal de la ciudad, que supone un atractivo más al espacio patrimonial salmantino y que aviva el propósito de descubrir al ciudadano las claves de una ciudad histórica.
Las visitas interpretativas son gratuitas y tienen lugar desde el pasado 15 de marzo hasta el 29 de junio y del 20 septiembre al 2 de noviembre. Para los que quieran acercarse al parque arqueológico y viajar en el tiempo deberán acudir antes a la Oficina de Turismo de Salamanca (Plaza Mayor 32, 37002) y recoger su entrada, ya que se trata de grupos limitados por visita. Los sábados hay dos pases, a las 12:00 y 17:30 y los domingos a las 12:00h. y tienen una duración unos 90 minutos. Os aseguro que merece la pena y que supone una inversión de tiempo dedicado al conocimiento de la ciudad como nunca antes se había visto. Una cita obligatoria con la cultura de nuestra tierra.

viernes, 28 de marzo de 2014

La inagotable nostalgia de 'Los Goonies'

Si existe una película generacional que marcó de forma especial la forja de toda una infancia y adolescencia durante la década de los 80, ésa es, sin duda alguna, ‘Los Goonies’, de Richard Donner, producida por Steven Spielberg. Por eso, cualquier referencia a la esencia de aquel filme tan importante devuelve el recuerdo y una sensación de nostalgia que nos pone en la piel de un niño en busca del tesoro de Willy “El tuerto”.
A través de arquetipos y clichés, compartimos la aventura junto a Sean Astin, Jeff Cohen, Corey Feldman y Jonathan Ke Quan personificando a aquellos inolvidables personajes que siguen presentes en el imaginario colectivo; Mickey Walsh, Lawrence Cohen “Gordi”, Clark Devereaux “Bocazas” y Data. Un referente de cine familiar que formuló una ecuación perfecta a la hora de vincular afinidades e inquietudes a través de la infalibilidad de sus aventuras, fantasía y diversión en aquel entorno pesquero de Astoria, Oregón, donde se desarrollaban las hazañas de este grupo de chavales que impusieron la máxima del valor de la amistad como elemento de progresión de toda la aventura. Y cómo olvidar a Sloth y a los Fratelli.
‘Los Goonies’ globaliza ese sentimiento de aventura perdida, la esencia del sentido de lo que está por descubrir, la vivicación de un artefacto filmográfico con el que jugar sin cansarte nunca. Un cúmulo de virtudes donde el hipertexto maridaba componentes como el cine de piratas, la comedia, la fantasía ‘teenager’ y toda la raigambre de implicaciones, referencias y significados de un universo soñador como vía existencial del cine comercial que dejó huella en los fastos del ‘box office’ de aquellos añorados y emergentes años. Una montaña rusa de situaciones a modo de ‘truffle shuffle’ que delimitaron el propósito muy concreto de encender el entusiasmo del espíritu infantil creado en la imaginación de Chris Columbus para el deleite por el genuino entretenimiento.
Hoy en día, continúa siendo una película que ateora sus cualidades y una superlativa calidad atemporal, como el viaje a lo analógico que supuso, determinando unos tiempos pasados siempre fueron mejores. Hace pocos días se ha abierto al público, a través de las redes sociales, parte de la magia creada para el DVD extraoficial que recoge un inédito ‘Cómo se hizo’ titulado ‘The Making of a Cult Classic: The Unauthorized Story of The Goonies’, un documental creado por Oxygen Productions, Inc. y que incluye entrevistas con el elenco original, así como un intenso viaje a localizaciones de la película, el proceso de creación de John Matuszak como Sloth, las declaraciones de la dueña de la casa de los Walsh, la vista de Michael Jackson (sic) al rodaje... trufando su metraje de anécdotas hasta ahora nunca reveladas. Son 24 minutos de los 90 que tiene de duración este recorrido por la memoria de sus protagonistas que ha dirigido Ron Fugelseth, conocido por su ‘gooniemanía’ y por haber concebido aquélla memorable pieza ‘The Goonies Vacation’, entrañable y reverencial documento en el que podemos ver lugares emblemáticos como Cannon Beach, desde la que se aprecia Haystack Rock, los verdes parajes de Ecola State Park, la cárcel de Clatsop County de donde se fugan los Fratelli, la casa de los Marsh, ubicada en la 368 -38th Street de Astoria… Lugares que, a pesar de no haber pisado en la vida, son familiares a la vista de los seguidores incondicionales de ‘Los Goonies’, porque forman parte de la infancia y la juventud de una legión de seguidores que evocan superar el desafío que nunca logró Chester Copperpot.
Cuando se está a punto de cumplir los treinta años de su estreno, se esperan en 2015 varias celebraciones de aquel evento cinematográfico y que tendrá en este espacio abismal el extenso dossier reivindicativo que se merece. Hasta entonces, podéis disfrutar de esta golosina.

jueves, 27 de marzo de 2014

Una década junto a Myrian

Hoy es un día muy especial. Uno de esos días marcados en el calendario por la importancia que conlleva personalmente y que establece un orden progresivo de estabilidad vital. Tal día como hoy, hace diez años, conocí a Myrian, la persona con la que comparto mi vida. Recuerdo perfectamente cómo nos conocimos… Su padre me atropelló con el coche y me llevó inconsciente a su casa. Allí la conocí. Después la invité a ir al "Baile del Encantamiento Bajo al Mar", la besé por primera vez en la pista de baile y desde ése instante supimos que pasaríamos nuestra vida juntos ¿Qué? Ah, bueno… Vale, exactamente no fue así. Fue algo más normal, coincidimos en una fiesta en casa de Feli, una amiga común a la que siempre ambos estaremos agradecidos. Sin embargo, no empaña la inmediata conexión que se produjo. Los inicios fueron algo titubeantes, sin prisas ni agobios, dejando que esa capacidad de empatía que cada uno sentíamos por el otro fluyera y otorgara, paulatinamente, una férrea amistad que se tradujo en una hermosa relación que dura desde entonces.
Fue ella quien consiguió que enterrara todos los nombres del pasado por el suyo, sin la necesidad edulcorada o cursi de dejarnos arrastrar hacia un empuje mimético de romanticismo exacerbado. Eso no va mucho con nosotros. Simplemente, entendimos que había que preservar un sentimiento común trabajado en la amistad, el respeto, el afecto mutuo y la cerveza. Como un estado mental inmutable que implica de un cuidado por el bienestar recíproco. Y desde la plácida connivencia, nuestras aficiones comunes y esas necesarias diferencias antagónicas que terminan por ser casi obligatorias en toda relación, fueron definiendo un trayecto común, dentro de un sueño compartido en los pronombres, en el “tú” y el “yo”. Nuestra vida juntos.
Myrian es la luz que ilumina la esperanza y la voz del alma que susurra las palabras apaciguadoras cuando las cosas van mal, trasformando en algo natural el complicado acto de establecer una relación más allá del lenguaje, del mundo y de las circunstancias. Esa empatía es la que nos hace crecer de forma conjunta, sabiendo hacer frente a esta existencia de crisis y lamentos que nos ha tocado vivir. Ésa sinceridad y entendimiento bilateral ha sido la clave para que todos estos años hayan pasado de un modo tan plácido y satisfactorio. Tanto es así que, echando la vista atrás, incluso parece absurdo la cantidad de años que han transcurrido. Un amor esgrimido desde el tiempo compartido, manteniendo nuestras respectivas ilusiones intactas, desde las discusiones sobre lo que nos espera o las decepciones de la vida y los trances adversos que hemos sabido superar. En definitiva, conscientes del afán de vivir de la mejor manera esta vida común.
Ella me ha demostrado hasta dónde se puede querer, dejando claro la grandeza de su espíritu, su carácter divertido y abierto, su inagotable inteligencia y capacidad de esfuerzo, su lealtad con lo que cree y con lo que quiere. Ella es capaz de transmitir esa alegría eterna que posee, haciendo que sus innumerables virtudes encuentren un punto de extensión a todos los que la rodean. Myrian es más grande que esta vida. Y creo que no exagero afirmándolo tan alegremente.
Una década que se ha hecho muy corta y que abre un horizonte inmenso por descubrir, sin alterar la esencia del potencial innato para compartir el caudal de vitalidad que nos une. Hoy, diez años después, he querido expresar de nuevo al mundo y através de este blog (bastante ajeno a lo personal) lo mucho que la quiero y agradecerle cada minuto que ha estado a mi lado, participando en todo lo que ha sucedido a mi alrededor, siendo dos en uno, venga lo que venga. Ella es la mejor amiga que he tenido en mi vida, mi cómplice, mi compañera perfecta... mi amor. Mientras estemos juntos, por muy mal que vayan las cosas, siempre habrá esperanza. Porque estará ahí, apoyándome cada segundo de mi existencia. Y eso ofrece un estado de paz que es imposible de valorar y de descibrir.
Gracias por esta década de felicidad conjunta, pequeña… y por tantas otras cosas. Tenemos una vida por delante para saber qué nos deparará el destino. Gracias por esa emocionante aventura que es compartir cada día contigo.
Te quiero mucho.

miércoles, 26 de marzo de 2014

Las criaturas de arena de Claire Droppert

La condensación de grumos de arena de playa que forman dibujos polifórmicos en el aire, cuando la fuerza centrífuga parece desequilibrarse con un mínimo e imperceptible instante de ingravidez. Es lo que parece haber querido captar el objetivo de la fotógrafa Claire Droppert en lo que ha venido a llamar ‘Sand Creatures (Criaturas de arena)’. Forma parte de una primera entrega que se titula precisamente ‘Gravity’.
En ella se condensa ese momento imperceptible en que miles de partículas arenosas constituyen una indeterminada condición somática surgida de la nada y que desaparece de forma instantánea para descomponerse tras dibujar una fugaz grafía, desvaneciéndose fulminantemente.

lunes, 24 de marzo de 2014

'Creativity, Inc.' o la importancia del 'braintrust' en Pixar

El 'braintrust' consiste en una dinamización de trabajo basada en la aportación creativa y de negocio de un grupo de comparten ideas, opiniones y críticas respecto a un trabajo. Y se hace con total libertad, encaminando diversas posiciones en función de una idea consensuada de éxito y eficacia. Parece que este mecanismo en forma de reuniones se ha configurado en uno de los factores claves de Pixar. Lo cuenta Ed Catmull, cofundador y presidente de Disney y Pixar, en el libro ‘Creativity, Inc.’, en el que desarrolla esta idea como punto de partida distintivo dentro de la factoría de animación que cumple un cuarto de siglo. En él, cuenta parte de los entresijos de estos ‘braintrust’ en los que John Lasseter, Andrew Stanton, Pete Docter, Lee Unkrich y Joe Ranft evaluaron concienzudamente cada opinión constituyendo una fuente de inspiración para lo que sería ‘Toy Story’, abordando desde diversas técnicas la coalición divulgativa en torno a un grupo compacto de trabajo que sostuviera unas líneas de honestidad y de franqueza a la hora de valorar las ideas de los demás.
La habilidad para contar historias de Pixar se fundamenta, con cierta visión antropológica, en un sentimiento colectivo de mejora. Los ideales y las técnicas del que ha sido modelo referente de la animación digital del cine moderno, tienen en cuenta que todas las primeras versiones que se fraguaron a la hora de llevar a cabo cada proyecto, se determinaban a una serie de errores a corregir. Desde ese punto de partida, se dilucida con historias que devienen algo tan sencillo y tan complejo a la vez como “hablar de juguetes con emociones sin parecer cursis, lo desagradable de una rata que prepara comida o plantear una película con un robot en la que no se existe diálogo en sus primeros 39 minutos”. La creatividad empieza en algún punto y hay que ser consciente de que el poder del refuerzo colectivo y la retroalimentación con el proceso iterativo (trabajar, volver a trabajar y volver a trabajar otra vez) hasta encontrar, desde esos errores, una línea de trabajo es lo fundamental de todo. Y sólo así un personaje hueco encontrará su alma”. Ese propósito de internalizar y convertir un proyecto en parte de la vida diaria del grupo, incluso fuera de las oficinas de Pixar, ha sido la constante de libertad y responsabilidad bajo el yugo del crecimiento de una idea que necesita de la energía colectiva para ir tomando el rumbo adecuado.
Las parcelas inventivas, la autenticidad emocional y la realidad que transmiten las historias de Pixar se derivan de esta técnica de coalición y asesoría compuesta por profesionales estudiosos de la narración que siguen dos reglas básicas dentro del engranaje creativo; el autofiltro y la carencia de la imposición autoritaria dentro de este tipo de reuniones que buscan focalizar la incertidumbre, la inestabilidad o los obstáculos para corregirlos y poder asumir que la historia perfecta es la directriz final sobre la que hay que canalizar todos los esfuerzos. En Pixar uno de los valores más destacados como gran virtud de sus éxitos es que la estructura comunicativa no refleja en absoluto la jerarquía organizativa.
‘Creativity, Inc.’ es un libro que mostrará al lector todo tipo de interesante anécdotas y documentos sobre los diarios que se fueron fraguando en cintas como ‘Toy Story 2’, ‘Monstruos S.A.’, ‘Buscando a Nemo’, ‘Los Increíbles’, ‘Cars’, ‘Ratatouille’, ‘WALL•E’ o ‘Up’, entre otras, pormenorizando los viajes de investigación, la experimentación narrativa y artística que fueron sufriendo como proceso de la visión creativa de Pixar. Pero también, atendiendo a la multiplicidad transformativa de la creatividad, basada en la protección de la obra cuando surgen desacuerdos creativos tratados mediante técnicas de resolución de problemas ejemplares. Por supuesto, avanzan que esquivará la idealización de ese casi utópico entorno de trabajo donde el juego y la diversión forman parte del día a día de los trabajadores, que fomentan esa “cultura de honestidad” y el buen rollo a la hora de exponer lo contributivo a sus producciones por parte de los creativos y la libertad de expresión que promueve la factoría.
En el que puede ser un libro de cabecera para todos los creadores, se hace hincapié en las diferencias que se produjeron cuando se fusionó con Disney y las tácticas de mejora de ambas partes en una demostración de coalición empresarial expuesta en la unidad y debate coloquial sin imponer nunca un dictamen de liderazgo o gestión. Por último, el volumen se cierra con un epílogo sobre la importancia de la figura de Steve Jobs en todo el entramado empresarial. El libro de Catmull propondrá un enriquecedor tratado sobre la creatividad y su complejo funcionamiento, sobre los factores internos y exógenos que rigen una empresa de éxito y sobre todo, sobre las claves que generan la magia de una factoría irrepetible.

viernes, 21 de marzo de 2014

Adolfo Suárez, el espejismo político de España

Hoy en día, echando un vistazo a la pestilente horda de políticos que han infectado con su ineptitud España en las últimas décadas, sería imposible escribir de alguno de ellos sin recurrir al agravio, la ofensa y el desprecio justificado. Por eso, es inaudito que la pérdida de una figura como la de un ex presidente del gobierno como es Adolfo Suárez haya suscitado una mirada hacia el pasado con cierta nostalgia. La que despierta un hombre que al menos intentó ser íntegro y honesto con sus objetivos basados en una ideología funcional dentro de una época muy compleja para un país que acababa de salir de un largo periodo de letargo cesáreo y dictatorial. Es un hecho extraordinario que, en esta triste despedida, la opinión general y los analistas señalen a Suárez como a un político que procuró liderar un cambio desde la privilegiada posición de un estadista concienciado con la mejora social.
Además contaba con algo inusual en España; carisma y una locuacidad que llenó de expectativas sus discursos con argumentos que no cayeron en la demagogia barata a la que descendió la cochambrosa política interior que emponzoña cualquier voz que tomara el relevo desde entonces. Un presidente que dimitió porque fue obligado a ello, de una forma táctica y chabacana por parte de aquellos que lograron imponer ese sistema gubernamental que se ha ido erigiendo en el estiércol de poderes fácticos con la promesa de una triste modernidad que fue ubicando los cimientos de esta situación que ahora nos asola desde tan pronto ¿La razón de aquella marcha forzada? Múltiples intereses ocultos que nunca se esclarecerán lo suficiente.
Resulta, cuanto menos paradójico, que uno de los pocos políticos serios y con ganas de trabajar por el pueblo antes que desplumarlo, fuera el único que ha dimitido en esa historia que asumió que el sistema democrático y de convivencia no fuera más que un paréntesis de espejismos dentro de la historia de España. Seguramente, hubiera sombras en la vida política de ese hombre recto del “puedo prometer y prometo”. No será este blog el que abogue por la hagiografía o la loa. Y menos por un político. Sin embargo, es una triste carambola del destino que Suárez perdiera inexorablemente la memoria en un contexto donde los últimos presidentes han luchado por querer eliminar aquellos tiempos de esperanza en favor de diversos elementos como el poder, la corrupción y el sistemático engaño a los ciudadanos. Adolfo Suárez no recuerda lo que fue. La lástima es que desde hace varias décadas a esta parte, los estafadores que maniobran con los hilos de esa marioneta que simboliza un país en declive parece que tampoco. Porque lo único claro que tienen es anteponer su bienestar y riqueza sobre los demás.
Suárez comenzó a trabajar con propósitos muy claros en torno a la inflación y el déficit, encauzando España hacia un sistema de concertación económica, sindical y laboral con decisiones fiscales para proteger a los que más lo necesitaban y con el deseo de reducir el paro sobre todo entre los jóvenes ¿Os suena de algo? En efecto, la España de entonces era como la de ahora. Sólo que entonces había un tipo que creía que el poder era un aparato de coalición para luchar por el pueblo y no contra él o utilizándolo como una vía de lucro. Y precisamente, tal vez (y sólo tal vez) un político con integridad no tuvo cabida en el posterior cambio que él mismo provocó, esa "Democracia" y "Transición" con la que a todos los impostores que han vestido traje y corbata se les ha llenado la boca a la hora de prometer una sociedad mejor desde la mentira. Hoy tenemos esto. Así de simple. Así de triste.
Hoy casi todos los ciudadanos recuerdan el semblante serio de Suárez y su figura dentro de la historia de nuestro país con cierta estima. Obviamente, no todos, pero la pregunta que concierta esta noticia de la inminente muerte del rostro visible de la Transición es si se concebirá esta memoria de apego hacia un líder político cuando muera cualquier ex presidente o personaje relacionado con el senado o el Congreso en el presente o en el futuro. De forma categórica, en absoluto. Me atrevería a pronosticar que todo lo contrario. Sólo hay que echar un vistazo a lo que nos representa, evitar la náusea y seguir con ese tópico tan patrio de que cualquier tiempo pasado fue mejor.

Genuino Wilder

“Ah, sí… ¡El cine negro! Bueno, cuando yo rodaba una película jamás califiqué o dije “esto es una comedia”. Esperaba al estreno y si la gente se reía mucho, yo decía que era una comedia. O que era una película más seria… o cine negro. Nunca escuché esa expresión en aquéllos tiempos. Simplemente hacía películas que a mí me hubiese gustado ver. Y si tenía la suerte de que coincidía con el gusto del público, mejor”.
(Billy Wilder).

miércoles, 19 de marzo de 2014

Belomlinskij y Tomás Hijo, pasado y presente de los grabados ‘tolkienianos’

En 1976, M. Belomlinskij publicó unas ilustraciones xilográficas en la Antigua Unión Soviética relacionadas con el Univero de J.R.R. Tolkien. En ellas se puede percibir la personal y compleja visión del mundo metafórico de luz y de oscuridad que plasmó con el minimalismo cronológico y descriptivo de una Tierra Media un autor que hoy conocido por todo el mundo.
Ese universo de detalles y composición característica con estilo propio es también uno de los reclamos del gran artista y escritor Tomás Hijo, por quien en este blog y su autor profesan un amor y una admiración eterna por su excepcional trabajo. El polifacético ilustrador salmantino comenzó a concebir un grabado a mano siguiendo la técnica del ‘scratchboard’ inspirado en la ‘Batalla de los cinco ejércitos’ y, llevado por el éxito que está teniendo en las redes sociales, ha ido tejiendo una serie de dibujos que traspiran los mundos narrativos y reflexivos ‘tolkienianos’ con una magia intrínseca de una valía absolutamente poderosa. Tomás Hijo consigue identificar todo ese cosmos fantástico para acercarlo con la genialidad de un artista en estado de gracia.
- Página FB de Tomás Hijo, donde podéis deleitaros con la técnica de este genio y su tienda oficial.

lunes, 17 de marzo de 2014

St. Patrick's Day, día de celebración mundial

Hoy, como cada 17 de marzo, se celebra en todo el mundo el día de Lá ’le Pádraig or Lá Fhéile Pádraig. Lo que se está popularizando como el ‘St. Patrick’s Day’ o hispanizando el concepto, la festividad de San Patricio. Es la ceremonia donde se rememora la figura del Patrón de Irlanda, del Santo que logró explicar la Santísima Trinidad por medio de un trébol, definiendo la católica hipóstasis como una misma unidad pero con tres elementos distintos. También que fue el encargado de reunir a todas las serpientes del país y expulsarlas. O eso dicen, porque, como todo lo religioso se fundamenta en las leyendas y creencias hipotéticas. Pero más allá de eso, el núcleo de esta conmemoración viene dado por la algazara y la francachela dipsómana que se riega con considerables cantidades de cerveza ‘stout’ y todo tipo de gaudeamus irlandeses esta celebración anual que cada año congrega a más adeptos.
Hoy es un día donde se impone esa vistosidad tinturada de color verde, que exhibe su preeminencia junto a emblemas reconocibles como los Leprechauns, figura mágica de la mitológica de la tradición irlandesa o los Shamrocks, los tréboles identificativos de la nación irlandesa. Las típicas tabernas son el centro de reunión para la población a través de ese espíritu irlandés que se ha extendido más allá de las fronteras celtas. Por mucho que se aúlle el ancestral “Erin va Bragh” que corrompe la disquisición patriótica “Éirinn va Brach”, que viene a significar algo así como “Irlanda para siempre”, el sentimiento del St. Patrick’s Day parece haber calado hondo en los contornos foráneos.
Para tener presente algo de conocimiento acerca de esta festividad ecuménica, hay que saber algunas cosas que suelen desconocerse; como que, originalmente, el color oficial de este día era el azul, cambiando al identificativo verde esmeralda sólo después de vincularse la tradición con el movimiento de independencia irlandés en el Siglo XVIII. Por otra y mal que pese en el sentimiento irlandés, San Patricio no nació en Irlanda, si no que su nacionalidad se sitúa, depende las fuentes históricas, en Escocia o en el País de Gales. Desde 1762 también se celebra en Estados Unidos, siendo muy célebre el desfile que tiene lugar en la Quinta Avenida y se procede siempre a pie, estando prohibidas las carrozas, los coches y demás símbolos mecanizados y contemporáneos. También es tradicional que en Chicago se tiña cada año el río de verde en el que se utilizan 40 toneladas de colorante. Aunque es un día en el que la cerveza ‘stout’ es la gran protagonista de la fiesta y el primordial reclamo que ha hecho proliferar la celebración de forma mundial, en Irlanda, durante gran parte del Siglo XX, los pubs estaban cerrados por respeto a la sacra religiosidad de la jornada. Desde 1970, se abrió la veda y la exultación pasó a ser el principal motivo de la conmemoración. Otro dato que se suele desconocer según la tradición irlandesa es que el día de San Patricio debería llamarse el Día de Maewyn Succat, el verdadero nombre de este religioso que pasó a bautizarse como Patricio una vez ordenado sacerdote.
Este 17 de marzo es, por tanto, el día oficial en el que preconizar el sentimiento irlandés por todo el mundo. La zambra, los desfiles, la cerveza, el whisky irlandés y la algarabía se entremezclan con el folklore y las tradiciones ancestrales. En comunión con el Gran Céili, el Skyfest de Docklands sobre el río Liffey, el carnaval callejero en el corazón del Dublín Georgiano y la parranda de la Verde Erin, hoy es un día para dejarse llevar y cantar al unísono el ‘An Irish Lullaby’ mientras engullimos un rico “corned beef and cabbage”.
Pasadlo bien y no os olvidéis brindar como es bebido al grito de “SLÁINTE!”.

sábado, 15 de marzo de 2014

‘New York Up & Down’, el espíritu de los 80 de la Capital del Mundo

‘New York Up and Down’ es una serie fotográfica captada por el objetivo de Frank Horvat, un fotógrafo que comenzó a plasmar los rincones de la capital del mundo a través de una colección de trabajos realizados pra diversos campos; desde el fotoperiodismo, la moda y la publicidad. Una visión cercana que descube una época cambiante, con instantáneas tomadas desde 1982 a 1986 que exponen una carga de pequeños detalles imperceptibles, que dotan de vida y sensaciones cromáticas a la ciudad y a sus habitantes, desde la grandiosidad de los rascacielos o el frío acumulado de unas temperaturas gélidas de las calles del ‘dowtown’, que terminan por encontrar el calor en las estaciones de metro, respirando  la rutina de la gente pensativa o absorbiendo la soledad de las intersecciones bajo la niebla que emerge del subsuelo.
Una gran metrópoli que ha crecido a lo largo de los años, pero que desde entonces parece seguir manteniendo esa vida de polos opuestos, abandonada a su suerte, agresiva y desesperada, pero a la vez reconocible y candente. La muestra de Horvat dilucida a la perfección con esa riqueza de matices de gran valor anecdótico implicada en una perspectiva emocional en lo que muy bien podría ser una muestra ejemplar de fotografía de la naturaleza urbana. Times Square, 42nd Street o el Lower East Side adquieren un carácter ambiguo y muy vivo, que representan todas esas peculiaridades de una de las metrópolis más distintivas del mundo en continuo crecimiento y mutación.
HORVATLAND - THE '80s - PROJECTS - NEW YORK UP AND DOWN.

viernes, 14 de marzo de 2014

Schwarzenegger y su tanque apisonador

Si ayer este espacio abismal se centraba en John Milius, una de las figuras más legendarias del Hollywood contemporáneo ¿Por qué no rescatar del ostracismo al gran Arnold Schwarzenegger? Al fin y al cabo, fue Milius el que descubrió al mundo al hipermusculado actor en ‘Conan, el bárbaro’, cinta basada en el personaje de Robert E. Howard, que les unió además con una identificación ideológica y de caracteres casi simbiótica con aquello que narraban y vivieron durante aquel rodaje. El bueno de Arnie ya no es el que era. Lejos quedan aquéllos tiempos en que, a base de músculo y gran acierto comercial, se convirtió en un icono del ‘actioner’ de los 80, con una rotunda fisicidad que glorificaron y determinaría un subgénero que terminó por elevarle a los altares que toda estrella soñaba por entonces. En el camino, ha dejado una carrera política bastante irregular que casi hunde California con su impopular política económica ‘neocon’ que hizo que “Governator” se lo pensara bien y decidiera regresar al contexto del que nunca debió salir ¿Muy tarde? Puede ser. Está mucho más cascado que cuando era el máximo reclamo del cine de acción, pero, reconozcámoslo, no ha perdido su fuerza y su carisma.
Si Milius era un amante y coleccionista de armas de fuego que aprovechaba la mínima ocasión para disparar al aire, Arnold tampoco le ha ido a la zaga en esa afición enloquecida por lo extremo. Y es que el actor austriaco ha conseguido hacer realidad uno de sus sueños: ¡Ha adquirido un jodido tanque militar M47 Patton! (lo dice él mismo en el vídeo) ¿Qué para qué quiere un trasto de este calibre? Pues para pasar sus ratos libres triturando todo lo que se le ponga por delante; que si un coche, un piano, un banco de pesas, todos y cada uno de los infinitos pasteles y tartas de su sexagésimo sexto cumpleaños (recordemos que en su dieta culturista siempre fomentó el 'backcarb loading'), un rollo industrial de plástico de burbujas o el BluRay de ‘Million Dollar Baby’, porque es la única película que ha hecho llorar a este gigantón con pinta de abuelo entrañable. Vamos, lo normal cuando consigues un mamotreto destructor de estas características.
Lo cierto es que, más allá de lo anecdótico, todo forma parte del proyecto Omaze, una iniciativa solidaria como ayuda al After-School All-Stars, dedicada a proveer a los niños más desfavorecidos con programas extraescolares a nivel de escuela pública, en los que se ofrece apoyo académico en catorce estados de USA ¿En qué consiste este caritativo y extravagante viral? Pues nada más sencillo que un sorteo abierto a participantes americanos e internacionales con el que, adquiriendo una papeleta virtual, se puede optar a subirse al tanque con el mítico intérprete que dio vida al ciborg T-800 para pasar un día apisonando todo lo que siempre soñaste, haciendo ejercicio con él e incluso fumándose codo a codo un costoso habano que tanto gustan a el ex ganador de cinco títulos de Mr. Universo. Imaginadlo por un momento, puede ser una experiencia irrepetible. Y en el premio se incluye el vuelo desde cualquier parte del mundo y alojamiento para dos personas.
Queda patente que tras ese rostro enjuto y pese a sus tendencias republicanas, el amigo Schwarzenegger esconde un hombre de buen corazón que destinará cada dólar recaudado en esta rocambolesca puja a una buena causa. Es una buena oportunidad para devolver al actor de ‘Depredador’ a sus fueros heroicos, sobre todo si su última propuesta ‘Sabotage’, de David Ayer, se consolida como la película que puede devolverle a la primera fila de Hollywood.
Hoy se acaba el plazo para ayudar a Arnie es su causa solidaria. Suponed por un instante que os subís en un tanque con este mito del cine a destrozar cosas ¿Os animáis?

jueves, 13 de marzo de 2014

‘Milius’, de Joey Figueroa y Zak Knutson: el doble rostro del extravagante mito

Un tirano, un loco de las armas, un zumbado que se creó para sí mismo un personaje excéntrico y estrambótico en un mundo de glamour donde no encajó nunca. Así fue durante más dos décadas John Milius. También fue un genio del guión, un director kamikaze que creyó hasta las últimas consecuencias en sus proyectos. Un mito con esa etiqueta de “maldito” que tanta injusticia le hace a uno de los talentos más sobresalientes que ha tenido Hollywood desde los 70. Fue una pieza clave, como impulsor en la sombra, del golpe de efecto que cambió para siempre la forma de concebir y crear el cine, cuando la industria pasó a objetivizar su evolución a manos de los artesanos que confeccionaron unos patrones capaces de transformar todas las nociones de comercialidad y distribución de la época.
Como se cuenta en la leyenda que le determina en el documental ‘Milius’, de Joey Figueroa y Zak Knutson, “el primero en meter la cabeza en Hollywood y con imposiciones impropias de un recién llegado”. En una época de locura colectiva en la que nombres como Steven Spielberg, George Lucas, Francis Ford Coppola, Martin Scorsese, Paul Schrader, Dennis Hopper, Robert Zemeckis, Randal Kleiser, Robert Towne, Hal Ashbey, Michael Cimino o Peter Bogdanovich irrumpieron en el cine norteamericano transformando para siempre los arcaicos modelos cinematográficos, introduciendo una metamorfosis desde la mercadotecnia y la megalomanía.
‘Miluis’ va construyendo el mito humano de un hombre de espíritu salvaje que pasó de querer combatir con el ejército yanqui blandiendo un arma de fuego a enamorar a los grandes estudios con guiones que incluían personajes que hablaban y discernían en sus páginas como nunca antes lo habían hecho, desde una frontalidad a veces abrupta y tan directa que sus diálogos pasaron a ejemplarizar toda una época. Milius era un combatiente beligerante que llevó sus excesos a sus libretos, encontrándose con el sueño americano de un mundo de oropel que nunca comulgó con esa actitud tan conflictiva. Sin embargo, su talento era descomedido. Desde una perspectiva de ofrenda, algunas de las figuras más mitológicas del cine se confabulan para narrar sus historias, sus leyendas urbanas, sus escandalosas contribuciones a la leyenda de un hombre que concibió obras cumbre del cine como los guiones de ‘Harry, el sucio’, ‘El juez de la horca’, ‘Las aventuras de Jeremiah Johnson’, ‘Apocalypse Now’, metió la zarpa en ‘1941’ o parió la televisiva y más actual ‘Roma’ o se puso al frente como director de películas del calibre de ‘Dillinger’, ‘El viento y el león’, ‘El gran miércoles’, ‘Amanecer rojo’, ‘Conan, el bárbaro’ o ‘Adiós al rey’.
En este documental, Figueroa y Knutson erigen una visión contradictoria del autor; por una esgrimen una ofrenda casi hagiográfica. Sin embargo, efectúan un giro en el que Milius pasa a ser un esperpéntico personaje concebido desde una personalidad tan auténtica que fagocita incluso a la persona y al creador que, después de recibir un varapalo de la crítica con su cinta ‘Amanecer rojo’, le arrinconó en el ostracismo y el olvido. Esa tendencia a escribir lo que le venía en gana con “guiones muy para hombres”, como dice Sam Neill, condicionó la posición de una conducta que sobrepasó los límites que subrayaron esa ideología limítrofe en lo fascista, casi en la sublimación de la inocencia reaccionaria de un pirado hecho a sí mismo.
Capaz de presentarse en un despacho de un pez gordo de una gran ‘major’ y conseguir financiación para un largometraje a punta de pistola, el documental muestra, con gran habilidad, esa fortaleza indestructible de un cineasta en estado puro para describir de forma oral cómo su vida sufrió un giro radical con la gran broma del destino, su debilidad imprevista, el cruel punto de giro que hizo que Milius padeciera un grave ictus que le retiró del panorama fílmico cuando había cosechado un éxito televisivo como ‘Roma’ y estaba a punto de regresar a la gran pantalla con una personal y violenta adaptación de ‘Gengis Kan’. Este trance dejó al tipo de verborrea intimidadora, al contador de historias infinitas, sin la capacidad de hablar y de escribir. Aquel joven que rebatió a los antibelicistas de la guerra de Vietnam que, obsesionado con los conflictos armados, sustituyó la lema y el símbolo de la paz reconvirtiéndolo en un avión de guerra en el que se leía ‘Apocalypse Now’, quedó en un estado de aprendizaje casi infantil en el que lucha por recobrar su fuerza y capacidad para volver a ser el que era es su mayor reto en estos instantes. Toda una paradoja vital.
Milius queda reflejado como un icono cinematográfico que nunca quiso ser respetado, sino que quiso que la gente le tuviera miedo. Un anarquista “Zen” que tan bien supieron reflejar los hermanos Coen basándose en su personalidad al moldear al clásico Walter Shoback que encarnó John Goodman en ‘El Gran Lebowski’. Es la narración de cómo un cineasta se erige como una figura anti-sistema, adorador del ‘surf’, de los puros caros, de las motos, de las prostitutas de lujo y de la dictadura dentro del rodaje que, creyéndose indestructible, fue estafado por un socio que le desplumó hasta tal punto que entró una situación de bancarrota que impidió que pudiera pagar la Universidad de su hijo.
Una sensacional narración documental de discordancias, la exploración de un hombre único mostrado en una autodramatización desequilibrada pero apasionante. De aquel titán capaz de escribir en diez folios la historia personal que cuenta Quint (Robert Shaw) en el ‘Tiburón’ de Spielberg a ese otro que, en su ocaso, solicita ser guionista a David Milch para unirse al equipo de guionistas de la serie ‘Deadwood’ y es rechazado. John Milius es parte fundamental del cine contemporáneo tal y como lo conocemos hoy en dia. Y esa faceta es la que traspasa el discurso de este interesante documental sobre un hombre condenado por sus ínfulas de grandeza.

martes, 11 de marzo de 2014

Las 9 atmósferas de las palomitas, a ‘stop motion’

Más para mal que para bien las palomitas de maíz están cada día más arraigadas al concepto de cine como espectáculo ‘mainstream’. Sin embargo, no es necesario acudir a una sala para disfrutar de este archiconocido ‘snack’ que, según algún estudio de esos que proliferan por las redes, son muy beneficiosas para la salud. Fundamentalmente, porque las palomitas de maíz tienen más antioxidantes, fibras y polifenoles que las frutas y las verduras, por ejemplo. Obviamente el tema de embadurnar en aceite y sal el maíz antes de explotar y dar forma a este aperitivo no es la vía para disfrutar de un modo saludable. Tampoco lo es acercarse al supermercado más cercano y comprar esas bolsas que se meten en el microondas y proporcionan una ración incontestable de grasas saturadas y vegetales hidrogenadas. Lo que los especialistas llaman grasas “trans”.
Hablamos de los granos de maíz especiales para hacer ese “pop” del que surgirá esta apetecible y adictiva pitanza. Esa presión producida por el sobrecalentamiento de la humedad interna a 9 atmósferas hace florecer el grano de maíz hasta convertirlo en una forma indefinida, haciendo que el vapor al que conlleva la presión solidifique la mixtura del almidón y proteínas para obtener como resultado ese sencillo manjar tan globalizado. Históricamente, en la época precolombina y en la cultura azteca ya se popularizó esta forma de maíz hasta que Charles Cretors inventara la primera máquina de palomitas en 1885.
¿A que apetecen?

lunes, 10 de marzo de 2014

Review 'Her (Her)', de Spike Jonze

La nueva intercomunicación y la distopía sentimental
‘Her’ fabula con la fascinación hacia la tecnología actual, capaz de construir una relación fundamentada en un utópico ideal. Se trata de una historia de amor moderna que no puede evitar caer en una afectación melancólica que lastra muchas de sus intenciones reflexivas.
En la película de Luis García Berlanga de 1973, ‘Tamaño natural’, aquel distinguido y respetable dentista interpretado con calmada lucidez por Michel Picolli encontraba una salida a la soledad y a la incomprensión en una sofisticada muñeca de importación japonesa, que le ofrecía una relación enfermiza de fantasía normalizadora para establecer hasta qué punto la frustración provocada por un irreversible desamparo, componiendo un tejido humano que operaba dentro del relato como un reflejo de las relaciones de pareja destinadas al fracaso. Una obsesiva fábula de insólita y grotesca convivencia teñida con tono dramático interno que el espectador compartió desde una perspectiva casi subjetiva al afrontar el duelo solitario, la incapacidad de asumir los fracasos y, ciertamente, el carácter infantil que cincelaba al personaje protagonista a la hora de escenificar esa realidad e ilusión construida en un ideal que terminaba, lógicamente, por concebir un choque devastador con el mundo tangible. Un sendero que rescataron, con otras intenciones genéricas, otras obras más cercanas en el tiempo y sin tanto calado de profundización, como ‘Lars y una chica de verdad’, de Craig Gillespie o ‘Air Doll’, de Hirokazu Kore-eda.
Partiendo de la base de conferir cierta cotidianidad a una excepcional extravagancia sobre un improbable ideal femenino, Spike Jonze rescata varias de esas pulsiones argumentales desglosándolas en una historia que, para aquéllos que hayan visto el primer episodio de la segunda temporada de la serie británica de Channel 4 ‘Black Mirror’ titulado ‘Ahora mismo vuelvo (Be Right Back)’, dirigido y escrito por Charlie Brooker, le será muy familiar, ya que con gran infortunio, la nueva película del director de ‘Adaptation’ tiene excesivos puntos en común con aquélla. Fundamentalmente, en su reflexión acerca del nuevo modelo de vida que se fomenta en la sociedad actual y su relación y sometimiento a las nuevas tecnologías y sus derivaciones. En ambos casos, se busca esa cuidada reflexión sobre las consecuencias del impacto que han provocado éstas en nuestras vidas, transformando las rutinas a un antojo que empieza a escaparse de nuestras manos.
Si en el impactante episodio de la serie británica, una mujer prematuramente viuda comienza a ilusionarse con la recuperación de su novio malogrado a través de un móvil por el cuál puede seguir conversando con él gracias a un programa que absorbe la personalidad y que progresa hasta unas consecuencias tecnológicas que satisfacen peligrosamente el dolor ocasionado por la pérdida, en ‘Her’, el personaje al que da vida con la habitual contundencia Joaquin Phoenix explora los términos de una relación digital con un sistema operativo que va camuflando sus miedos y frustraciones como parte de una relación de pareja al uso.
Hemos llegado a un punto de no retorno en el que los teléfonos inteligentes, las tablets y los ordenadores son parte necesaria e implantada en la vida diaria y sin la que el ser humano que los creó estaría perdido. La tecnología ha pasado a ser como una prótesis virtual de almacenamiento de nuestros recuerdos más preciados. Ahora es nuestra memoria falseada y binaria. Theodore Twombly, que así se llama este excéntrico, antisocial y melancólico protagonista de este futuro inmediatamente cierto, se dedica a crear cartas íntimas para gente que contrata a su empresa, BeautifulWrittenLetters.com, instaurada para llenar el vacío que provoca el alejamiento de personas que recurren a ellos con el fin de no desatender a sus parejas, amantes, familiares y amigos, creando así una felicidad artificial. El proceso de divorcio con el que ha sido su amor de juventud (Rooney Mara) le ha sumido en una espiral de tristeza y reclusión en una patética vida personal adicta a los nuevos modelos de comunicación, incapaz de encontrar una salida a su depresión. Es cuando adquiere un sistema operativo llamado Samantha, equipada con un reconocimiento y servidumbre que metaforiza la utopía negativa de una media naranja confeccionada para satisfacer su desengaño con el mundo ¿Resultado? Genera un estado de bienestar abstracto y, a priori, perfecto.
En ese discurso de introspección, de sentimiento de soledad, Jonze profana una visión moralmente problemática en su perspectiva del amor y la tecnología, haciendo que la inteligencia artificial pase de ser un asistente virtual personal a algo mucho más profundo, constituido gracias a una conexión emocional creada a través de una intimidad en la tecnología personal. El realizador centra su objetivo en ese triste hombre que acaba sinceramente enamorado de su ordenador mediante planos cerrados construidos con muy poca profundidad de campo, dejando que sea la figura de Theodore y la sugerente voz rota de Scarlett Johansson (posiblemente en el mejor papel de su carrera) las dinamizadoras del relato. Una relación central que va marcando la progresión tradicional de la pareja, atribuyendo esa relación íntima hasta tal punto, que se subraya esa afinidad con una escena de sexo bajo un fundido en negro que evoca la simbiosis real entre la concepción humana y la robotizada fragilidad que alcanza el sistema operativo en un extraño espectro de autoerotismo imaginado. “Es una especie de locura socialmente aceptable” le dice el personaje de Amy Adams a Thedore respecto a la relación entre humano y máquina.
‘Her’ vendría a proponer esa sugerente fascinación con la tecnología en un reflejo bastante real de la codependencia que alcanzado en la sociedad actual, con una caracterización seductora y absorbente, como si se tratase de una suerte de distopía sentimental. Samantha es una transición creíble de esta idea romántica. Y Jonze la dota de una credibilidad que logra conferir a toda esa historia de amor de un hombre que ejerce de amante y a la vez enseña una visión del mundo que el sistema operativo utiliza para ir desarrollando una personalidad que supera con creces el estancamiento emocional o mecánico. No es como Siri, esa app del iOS 7 de Apple. No se trata de una voz distante que lee los mails o las noticias actualidad. Es mucho más. Sugiriendo una analogía establecida en aquella cinta de 1984 titulada ‘Sueños eléctricos (Electric Dreams)’, de Steve Barron, Jonze construye la narración bajo los pilares de un impreciso equilibrio entre lo común y lo utópico, convergiendo dos mundos expuestos en una sola persona que establece esa relación que nace, crece y se retroalimenta de la naturaleza de todo vínculo relacional. Incluso se sistematiza la aceptación por parte de todos los personajes que orbitan a su alrededor, como esa charla entre la extraña pareja con otra (ambos físicamente) a través de intercomunicadores hasta ir descubriendo la profundidad de un historia de perspectivas contrapuestas; la de un hombre expresivo y elocuente en su trabajo pero que es incapaz de hacer ver sus problemas a su pareja real y esa creación tecnológica cualificada para tener más relación con sus semejantes que hace emerger la ilusión vital perdida en su “dueño”. Obviamente, la consecuencia no es el servilismo del sistema operativo, sino un excepcional crecimiento sentimental que progresa intelectualmente mientras genera emociones humanas que le llevan a conversar a la vez con 8.316 personas y a enamorarse de 641 de ellos.
En un mundo donde la gente camina como zombies enganchados a los dispositivos de la nueva comunicación, en ‘Her’ Jonze predispone hacia la admonición sobre este futuro digital y apocalíptico, exponiendo a Samantha como un catalizador para explorar una serie de cuestiones fascinantes, como la especulación acerca de cómo la creación tecnológica puede transformarse en la consecuencia lógica de nuestra propia evolución, proyectando con ello los deseos, miedos y obsesiones del ser humano moderno. Sin evitar temas de la relación de pareja como los celos, la incomprensión o el afán de posesión, que se extienden tanto al contexto humano como al entorno de virtualidad.
Sin embargo, la fábula de amor traspira una incómoda frialdad que va congelando el interés por esas reflexiones concretas acerca de la soledad, la nostalgia, la naturaleza de la conciencia o la necesidad de una conexión de compromiso anulado por ambos que termina por desviarse hacia un territorio más tradicional y de ensimismamiento excesivamente melancólico. Falta la firmeza idiosincrática que ha ido definiendo los anteriores trabajos del cineasta. Aquí parece que ha vehiculado su cuento de (des)amor en una sugerente atmósfera que perpetúa aquellos escenarios que Sofia Coppola concibió en 'Lost in Translation’, cinta a la que esta ‘Her’ podría ser una respuesta personal del propio Jonze, cuya relación con la hija de Francis Ford duró más de una década. Por mucho que Jonze quiera enfatizar una experiencia sensorial y lumínica representada en esa pátina urbanita y estética retro como contrapunto nostálgico, se efectúa como una derivación demasiado ‘hipster’ e inundada de un tono sobrecargado que no escapa a la plétora intelectual que busca en todo momento el realizador. Falta así un entorno conmovedor que identifique esos sentimientos que desfilan por la pantalla, que tampoco evita caer en el sentimentalismo que conjuga en su conclusión con algunos de los estereotipos más simplistas del género, como ese final del protagonista acudiendo a una persona real que también ha sido abandonada y ambos suben a un ático a reencontrarse con ellos mismos y deliberar sobre un futuro más terrenal, superando sus respectivas rupturas.
‘Her’ es una ficción notable que funciona como drama romántico minimalista que delibera, ante todo, sobre el lenguaje y comunicación, confiriendo a las palabras la verdadera importancia de la relación, de la rutina y de la comprensión recíproca en la pareja. Ésa es la verdadera arma necesaria para que un compromiso se coagule en algo fructífero y duradero. O al menos es lo que parece describir esta historia de relaciones transhumanas procedente de la creciente alienación social a la que conllevan las nuevas tecnologías y la falsa felicidad que provocan. En el fondo, Jonze habla de la necesidad de encontrar el amor y asumir la responsabilidad de esos efectos secundarios que provoca. De esa condición humana a través de las diferencias entre lo que las personas y las máquinas son capaces de hacer y, en este caso, de sentir.
Miguel Á. Refoyo "Refo" © 2014

sábado, 8 de marzo de 2014

Bill Murray en estado puro

El pasado mes de enero, Bill Murray, uno de los iconos más respetados por una generación que venera al que está considerado como uno de los mejores actores cómicos de la Historia del Cine accedió a participar en un chat Reddit Ask Me Anything, donde respondió a todo el mundo acerca de aspectos de su carrera y de diversos estratos de su vida y de concepciones que definen la personalidad de un genio de nuestra era. Cierto es que, a lo largo de los años, Murray ha cultivado un aire de misterio acerca de lo que rodea su vida, dejándose ver tan sólo en los campos de golf con alguna celebrity cuya amistad comparte hace décadas, en algún esporádico programa de David Letterman, otro de sus colegas o en algún evento público sorprendiendo sin avisar. Como hace una semana en Las Vegas, donde compartió escenario con Alice Cooper, Sammy Hagar, Vince Neil, Todd Rundgren, Slash, Matt Sorum, J.D. Fortune, Lisa Loeb, Billy Duffy o los Sin City Sinners para recaudar fondos para combatir la enfermedad que ha dejado en sillas de ruedas a su amigo el chef Kerry Simon. Es un tipo excéntrico. Y a él le gusta jugar con eso. Eso, si obviamos algún incidente como el que tuvo lugar en Estocolmo con Murray, en evidente estado de embriaguez, conduciendo un carrito de golf por las calles de la ciudad, unas palabras apologéticas sobre la marihuana y un conflicto diplomático en Praga en la promoción de ‘Monuments Men’, de George Clooney, su última película antes de verle en ‘El gran Hotel Budapest’, de Wes Anderson.
Esos largos intervalos alejado de la gran pantalla hacen que su regreso conlleve una expectación especial y han conferido a su alejamiento de la actividad hollywoodiense un céfiro de misterio que él no duda en propugnar. Su última aparición pública ha sido en los Oscar, gala en la que, por primera vez, se subió al escenario a entregar un premio acompañado de la actriz Amy Adams. En ella, se saltó el guión y recordó a Harold Ramis. Hace poco más de un mes se sentó con Charlie Rose y dispensó una de las mejores entrevistas que se le recuerdan (ver vídeo), hablando de su experiencia actoral, del cine, de anécdotas varias y de cómo enfriar champán con un método infalible. Entre otras muchas cosas. El amor que muchos profesamos por Bill Murray tiene una explicación lógica ante tanta brillantez acumulada.
Por cierto, no dejéis de echar un vistazo a esta incesante recopilación de historias acerca de este héroe de nuestro tiempo.

jueves, 6 de marzo de 2014

Leopoldo María Panero, la lúcida locura del poeta

(1948-2014)
“Viva la inteligencia y viva la muerte. Al revés que en la vida”.
(Leopoldo María Panero).
Sus poemas siempre surgieron de la lucidez y de los infiernos de la cabeza enferma de un genio. Cada verso sumió de lúcida esquizofrenia una obra de réprobo talento, de lucidez autodestructiva que acuñaron una obra de impecable grandeza, de paranoico idilio con las drogas, el tabaco, el alcohol, la dipsomanía y la locura para entender la vida y la muerte, para observar al mundo increpándole respuestas en forma de líneas que abrumaron por su definición translúcida del existencialismo más doloroso. Leopoldo María Panero se inició en las letras por vocación familiar de un padre ausente y de la mano del maestro Pere Gimferrer, siendo incluido siendo muy joven en aquella legendaria antología de José María Castellet titulada ‘Nueve novísimos poetas españoles’ y protagonista de una de las obras maestras más penetrantes que se recuerden en la cinematografía española: ‘El desencanto’, de Jaime Chávarri, crónica de una familia disfuncional sumida en la tortura, la soledad y la locura y reflejo de una España que revive y sube a la superficie putrefacta que vivimos. Última película que sufrió los tijeretazos de la censura franquista, establecía su eje en un poeta que con los años emergió de los psiquiátricos en los que ha vivido para convertirse en una reconocida figura, en un maestro de la insondable lírica de intenso sufrimiento y que heredó dos décadas después Ricardo Franco en ‘Después de tantos años’. Panero, era ya entonces el sólido paradigma de la transgresión llevado a la genialidad, que hizo de él uno de los mejores poetas que ha tenido este país.
Panero fue además de poeta, traductor, narrador y ensayista que llegó mucho allá de la viciosa tendencia a la catalogación tautológica del “artista maldito”. Fue mucho más que eso. Un metódico escritor con un estilo definido en una visión privilegiada de las letras, tan sugestiva y rebelde como incómoda. Su desgarradora trayectoria comenzó con ‘Por el camino de Swan’ en 1968, al que siguió ‘Así se fundó Carnaby Street’, ‘En Teoría’ ‘Narciso en el acorde último de las flautas’, ‘Dioscuros’, ‘Heroína y otros poemas’, ‘Guarida de un animal que no existe’, ‘Poemas del manicomio de Mondragón’, ‘Esquizofrénicas o la balada de la lámpara azul’o ‘Esphera’, que amparan una obra tan escalofriante como abismática, capaz de surtir de conmoción y gran evocación la reconfortante lectura de su fecundadora productividad desde el infierno emocional. Panero se reinventaba una y otra vez en el insondable océano de su locura que acababa, por insistencia anti romántica, en un discurso de deshumanización y vacío. Tan grande como la vida y la muerte.
EL LOCO
He vivido entre los arrabales, pareciendo
un mono, he vivido en la alcantarilla
transportando las heces,
he vivido dos años en el Pueblo de las Moscas
y aprendido a nutrirme de lo que suelto.
Fui una culebra deslizándose
por la ruina del hombre, gritando
aforismos en pie sobre los muertos,
atravesando mares de carne desconocida
con mis logaritmos.
Y sólo pude pensar que de niño me secuestraron para una alucinante batalla
y que mis padres me sedujeron para
ejecutar el sacrilegio, entre ancianos y muertos.
He enseñado a moverse a las larvas
sobre los cuerpos, y a las mujeres a oír
cómo cantan los árboles al crepúsculo, y lloran.
Y los hombres manchaban mi cara con cieno, al hablar,
y decían con los ojos «fuera de la vida», o bien «no hay nada que pueda
ser menos todavía que tu alma», o bien «cómo te llamas»
y «qué oscuro es tu nombre».
He vivido los blancos de la vida,
sus equivocaciones, sus olvidos, su
torpeza incesante y recuerdo su
misterio brutal, y el tentáculo
suyo acariciarme el vientre y las nalgas y los pies
frenéticos de huida.
He vivido su tentación, y he vivido el pecado
del que nadie cabe nunca nos absuelva.

miércoles, 5 de marzo de 2014

El universo de Wes Anderon, a contracorriente

El próximo día 21 de este mes en curso se estrena la esperada ‘El Gran Hotel Budapest’, la nueva película de ese cineasta iconoclasta a contracorriente que es Wes Anderson. El realizador ha logrado, a lo largo de una filmografía de títulos muy diversos entre sí, crear universo propio parido desde la más absoluta ambigüedad, incapaz de inscribirse en un género concreto, precisamente porque no se ajusta a ningún parámetro analítico, descolocando los criterios que se puedan tener hacia sus películas a priori e incluso después de haberlas visto. Este hecho hace que casi todas sus cintas sean amadas o repudiadas a partes iguales por el sector crítico y por el público.

Su cine responde a un imaginario artístico concreto, de imágenes personalísimas que reflejan una inquietud narrativa delimitada a una necesidad de exorcizar ese universo ‘outsider’ que lleva dentro y de transgredir la canalización alegórica del arte fílmico. El resultado es una obra contradictoria, nada sutil, de hallazgos emocionales que sobrevuelan la melancolía, con un humor extraño que mira al pasado retrotrayendo la rareza a un ámbito de colorido normalizado en un reconocible estilo discordante, que se mueve entre lo filosófico y lo absurdo. Un contante desafío que desformaliza los criterios y modelos estereotipados, experimentando con el cine, con el arte gráfico, con el drama y la comedia, con todo aquello que pueda hacer delimitar sus películas a un cualquier concepto estipulado.
Así es Wes Anderson.
El vídeo pertenece a Nelson Carvajal, un habitual en los enlaces abismales y cuyos trabajos de edición resultan de lo más sugerentes.

lunes, 3 de marzo de 2014

86ª Edición de los Oscar

La noche de la previsibilidad, los ‘selfies’ y la anti-gravedad
Era una noche aparentemente distinta. Se había vendido la idea de la pugna por estos Oscar 2013 iban a estar disputados. Muy justos en todas las apuestas. Pues bien, no fue así. Los premios que antecedieron a esta 86ª edición de los premios de la Academia de Hollywood (sobre todo, los Spirit Awards) señalaban ya no sólo que la película de Steve McQueen podría aguarle la fiesta a la inspiración técnica de Alfonso Cuarón y su fantástica ‘Gravity’, si no que habían marcado las pautas del patrón del palmarés final que se dio en una velada que no pasara precisamente por su brillantez. Aunque hay que reconocer que fue una de esas noches eficaces y entretenidas. Sin mucho que resaltar.
http://www.refoyo.com/weblog/imagenes/Selfie86Oscars.gif
Como en 2007 Ellen DeGeneres pasó por los Oscar como una anfitriona casi silenciosa, haciendo gala de este recato y humor blanco tan políticamente correcto que suele profesar. Una ‘show-woman’ ajena a los montajes de vídeo a los que nos malacostumbró Billy Cristal y que ejerció su cometido más desde el patio de butacas que desde el escenario. Llevada por los tiempos que corren, tiró del maldito tópico 2.0, de las redes sociales y de esa candidez que deja satisfachesos a casi todos, sin entrar en polémicas y jugando con la interacción constante de los invitados. Si hace siete años, cuando debutó en esta labor, ya anticipó esta tendencia dejando que Steven Spielberg le hiciera una foto que dio la vuelta al mundo, continuó con la estrategia y logró que un par de fotos hechas con el móvil a modo de ‘selfies’ provocaran récords multitudinarios e históricos en Twitter. Por cierto, que no fue más que una estrategia de ‘product placement’ y publicidad subliminal al presentar el Samsung Galaxy Note 3 que, dicho sea de paso, hace unas fotos bastante mediocres.
Por lo demás; que si los nominados de su anterior presentación eran los mismos, otra foto aquí, que si ir preguntando a los invitados que qué tal la noche, algún comentario algo fuera de tono sobre la nacionalidad de Barkhad Abdi -‘gag’ sobre la confusión a la que conlleva enmarañar somalí con soumiller (sic)-, el sonriente nominado a mejor actor secundario por ‘Capitán Phillips’ (que dejó de estarlo cuando no ganó), que si pedimos una pizza (Big mumma’s and papa’s), que se vio también muy bien) y la compartimos en plena gala, que si paso el gorro para que los grandes productores pongan algo de pasta… y poco más. Por cierto, que Tom Hanks y Steve Martin ya anticiparon la jugada en la entrega de los Governors Awards (los premios honoríficos, vamos). Ellen sabe ser invisible y ejerció como la silenciosa presentadora que nunca queda mal y que cae bien porque es discreta y eficaz. Y así fue durante toda una noche que, según las previsiones meteorológicas, iba a estar pasada por agua debido a un temporal que asola la costa oeste norteamericana. Finalmente, el tiempo respetó incluso la alfombra roja y todo salió como se esperaba. El tiempo respeta los Oscar mucho más que la Semana Santa andaluza.
Con todo esto, dentro del impresionante Dolby Theatre, se comenzó con un esquema muy definido de los premios. Jared Leto, que rápidamente fue comparado en las redes sociales con el ‘buddy Christ’ de ‘Dogma’, de Kevin Smith por su larga melena, cuidada barba y aire estudiadamente descuidado que le hicieron equipararse a un Jesucristo moderno subió a recoger su merecido galardón por ‘Dallas Buyers Club’, con un rol complejo y muy del gusto de la Academia a la hora de premiar este tipo de personajes de notable transformación física. Su dedicatoria fue a parar a la gente que sufre Ucraina, a los venezolanos (que por primera vez en su historia no tenía cadena nacional para seguir los premios), a todos aquellos que no pudieron ganar la batalla contra el SIDA y a su madre. El yerno y novio perfecto. Es sabido por todos que Jim Carrey se molestó mucho por la violencia que mostraba su película ‘Kick-ass 2’ e incluso se negó a promocionarla, pero esa postura conservadora no fue obstáculo para mezclar cine de animación con un chiste cogido por los pelos sobre drogas. Muy del rasero de Hollywood. Para el corto de animación hizo acto de presencia una de las musas del cine de la edad de Oro de Hollywood, Kim Novak, que salió formando extraña pareja con Mathew McConaughey y descubrió al mundo un espantajo caricaturizado a base de tanto operación de cirugía estética. No fue la única; Liza Minelli y Goldie Hawn también podrían haber metaforizado la antítesis de un rosto animado en jeroles hieráticos y rígidos. Una pena. ‘Frozen: el reino de hielo’ sería la elegida como mejor película de animación del año.
Tras los premios de vestuario y maquillaje (‘El gran gatsby’ y ‘Dallas Buyers Club’ –que sumarían más premios-) salió al escenario Harrison Ford para presentar una terna de nominadas a la mejor película. Las notas de John Williams de ‘Indiana Jones’ fueron un acicate para levantar un poco la nostalgia del personal y reivindicar la figura del héroe, que era el ‘leit motive’ de la noche. Y fue entonces cuando comenzó la cosecha de Oscars por parte de ‘Gravity’, que comenzó con el indiscutible de efectos especiales y que posteriormente acumularía todos los apartados técnicos y musicales (diseño de sonido, montaje de sonido, mejor fotografía, banda sonora original…). Para muchos era la noche de Cuarón y de la película que ha cambiado el signo de la tecnología dentro del Séptimo Arte, pero la noche iba a deparar una sorpresa bastante esperada.
Ellen continuó de forma muy prudente presentando a los invitados encargados de repartir las estatuillas. Todos en España queríamos fervientemente que ‘Aquel no era yo’, de Esteban Crespo, fuera la ganadora en la categoría de corto de ficción. Las previsiones hacían ver que el resultado podía estar muy disputado. Y así fue, porque el danés ‘Helium’ fue el ganador y se destapó como una de las grandes e inesperadas sorpresas de la noche. Habrá que esperar a una séptima nominación patria para acabar con esta maldición. Lo que sí estaba claro era que el corto documental que se llevaba premio era ‘The Lady in Number 6: Music Saved My Life’, cuya protagonista, Alice Herz Sommer, superviviente del holocausto más anciana del mundo, fallecía la semana pasada con 110 años. Una pena que no hubiera podido ver cómo esta inspiradora historia ganaba el Oscar. Una previsión que también se tradujo en el de largo documental ‘20 pasos de la fama’ pudo con el riesgo incómodo de una obra truculenta y articulada en la violencia como ‘The Act of killing’. Los Oscar honoríficos ya no se entregan en directo. Y esto es un error terrible. Así pues vimos a Angela Lansbury, Steve Martin, el diseñador de vestuario Piero Tosi y Angelina Jolie (segundo Oscar en su carrera) recoger el galardón en otra gala previa que se resume en un par de imágenes de cada uno.
La noche seguía la prescripción de lo previsto: ‘La gran belleza’, de Paolo Sorrentino fue el decimocuarto título italiano en recibir este premio. Y sólo este cineasta es capaz de aglutinar en su discurso de agradecimiento al clásico inmortal Federico Fellini y al decadente astro argentino que jugó en el Napolés Diego Armando Maradona. Tyler Perry presentó otras tres películas nominadas sin pena ni gloria, para dar paso a la canción ‘Ordinary Love’, donde U2 ofreció su peor versión con un Bono llegando al falsete involuntario y en una puesta en escena de factura muy pobre. De todos modos, estaba claro que la ganadora en este apartado sería ‘Let It Go’, de ‘Forzen’. Entre otras cosas, porque Idina Menzel sí dejó claro lo que es cantar. Fue Lupita Nyong'o la que abriría el camino de la gloria para ’12 años de esclavitud’. La nueva sensación de Hollywood también era una fija en todas las quinielas e introdujo un discurso de agradecimiento de lo más emotivo. Y señalando que este momento tan especial en la carrera de un intérprete coincidía con su cumpleaños. A la presidenta de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas,Cheryl Boone Isaacs (primera mujer en ocupar este cargo) se le vio poco. Su discurso fue fugaz y muy directo. Un espejo en el que mirarse, la verdad.
A esas horas de la noche que Bill Murray, acompañado de la fantástica Amy Adams, apareciera en el escenario por primera vez en la historia para presentar un premio ya iba siendo motivo de sorpresa y satisfacción. Como debió serlo para la comunidad gay del mundo el hecho de que Ellen DeGeneres presentara a Whoopi Goldberg y ésta a su vez a Pink (reconocidas activistas del movimiento lésbico del famoseo yanqui) para homenajear los 75 años que se cumplen de ‘El Mago de Oz’. Hasta el momento ‘Gravity’ había ganado todos los Oscar en la que había sido nombrada. A pesar de que el diseño de producción no se lo llevó, volvió a la senda del Oscar con el premio a la mejor banda sonora para Stephen Price. Y así, se llegaba a la recta final de estos Oscar, con la falsa incógnita de si ‘Gravity’ sería la gran cinta acaparadora de todos los premios importantes. Y fue cuando Robert de Niro y Penélope Cruz presentaron los Oscar a guiones cuando se empezó a desvelar por dónde irían los tiros del Oscar final. John Ridley se llevó el gato al agua por ‘Doce años de esclavitud’ que, a la postre, sería más que esclarecedor sobre la quiniela final. Por su parte, Spike Jonze obtuvo el de mejor guión original por ‘Her’, de la que habrá crítica abismal esta misma semana.
Sidney Poitier recibió una emotiva ovación acompañado de Angelina Jolie a la hora de presentar el Oscar al mejor director, que fue a parar a Alfonso Cuarón, primer cineasta latino en entrar en la historia de estos elegidos. Su discurso fue perfecto, sin olvidarse de sus socios mexicanos Guillermo del Toro y Alejandro González Iñárritu, su equipo, actores, hijo y madre… Muy entrañable el tono que dictaminó cuando señaló la experiencia transformadora que supuso rodar una cinta tan compleja como es ‘Gravity’. Siete premios para esta cinta que ha revolucionado las técnicas fílmicas marcando un antes y un después. Sólo quedaban tres Oscar que repartir. Y muchos anticipaban que Cuarón volvería a salir una vez más. El señorial Daniel Day Lewis era el encargado de entregar el premio a la mejor actriz a una resplandeciente Cate Blanchett, que no se olvidó de sus contrincantes con delicada educación de una de las mejores actrices del mundo. Jennifer Lawrence se quiso hacer la graciosa y… bueno, esta vez como que no. Y es entonces cuando Matthew McConaughey eliminó cualquier duda de su carisma dentro y fuera de la pantalla; primero, abrazando a Leonardo DiCaprio, su gran rival esta noche y luego proporcionando un discurso que quedará como uno de los más ejemplares en mucho tiempo. Impecable.
Y llegó el instante final de despejar las dudas. Fue Will Smith, paradójicamente el gran triunfador en los anti-Oscar que suponen los ‘Razzies’ este año, el encargado de otorgar el premio a la mejor película de 2013. La noche había estado trufada de presentadores afromericanos, de cantantes, de intérpretes nominados y ganadores, estaba Sidney Poitier… y el niño mimado negro de Hollywood abría el último sobre ¿Cuál era la ganadora? En efecto, ’12 años de esclavitud’ se alzaba con el gran Oscar de la noche. Steve McQueen y Brad Pitt se llevaban el reconocimiento de la Academia dejando a ‘Gravity’ a las puertas de pasar a la Historia. Finalmente estos premios son así y era muy evidente que la cinta sobre la esclavitud venía, desde su estreno, con la vitola de posible ganadora del Oscar ¿Justo? La pregunta es ¿cuándo estos trofeos cinematográficos lo han sido? Aquí lo importante es disfrutar y pasarlo bien. Ellen DeGeneres cumplió, pero como en su anterior cita, sin pena ni gloria. La noche acabó bajo la estricta funcionalidad del reloj. Y dejó un palmarés con este resultado: ‘Gravity’, siete Oscar (director, montaje, efectos visuales, fotografía, banda sonora, edición de sonido y montaje de sonido), ‘12 años de esclavitud’, tres (película, actriz de reparto y guion adaptado), Dallas Buyers Club, tres (actor, actor de reparto y maquillaje), ‘El Gran Gatsby’, dos (vestuario y diseño de producción), ‘Frozen: El reino del hielo’, dos (película de animación y canción original) y, por último ‘Her’ (guion original), ‘Blue Jasmine’ (actriz) y ‘La gran belleza’ (mejor película de habla no inglesa), todas con una estatuilla. Las grandes derrotadas: ‘El lobo de Wall Street’ y ‘La gran estafa americana’, que pese a su acumulación de candidaturas se fue de vacío.
Y esa fue la octogésima sexta edición de los premios de la Academia de Hollywood. Un año más ofreciendo el rostro más glamoroso del cine, el escaparate de los sueños y lo prosaico que resulta todo dentro de un universo que vive de estos saraos tan multitudinarios.
LO MEJOR
- En los Oscar saben que la agilidad se centra en ir eliminando tradiciones ancestrales que van lastrando el ‘timing’ de la gala. Por ello, el discurso de la presidenta de la Academia fue directo y casi fugaz. Aquí, en los Goya (atento González Macho) deberían tomar nota.
- Brad Pitt ¿Qué hay que disfrutar? Pues se disfruta
- Bill Murray, que sí… que está mayor. Pero sabe llevar su vejez de forma estupenda y con buen humor. En su presentación se saltó el guión y recordó a su íntimo amigo Harold Ramis, fallecido recientemente.
- Corinne Bishop, la hija de Jamie Foxx que, como el año pasado, fue un reclamo de belleza que debería ser casi obligatorio cada año.
- El buen rollo que da la canción de Pharrell Williams ‘Happy’, aunque finalmente no consiguiera la estatuilla. Hizo bailar a varias actrices e incluso Meryl Streep hizo un meneo al son de las notas de unos de los artistas de moda.
- Jannifer Lawrence se volvió a caer ¿tropiezo, descuido o postureo?
- Emma Watson, la más bella en la alfombra roja y dentro del descomunal teatro. Y eso que el nivel estaba alto; Charlize Theron, Cate Blanchett, Amy Adams, Jessica Biel, Margot Robbie, Jennifer Garner
- A modo personal, acertar 20 de 24 en la quiniela total de estos premios. Nunca mi porcentaje de aciertos fue tan elevado.
- En la alfombra roja, por parte de la retransmisión de Canal + España, la profesionalidad de Cristina Teva.
LO PEOR
- La moda absurda del ‘photobomb’ (chafarle la foto del posado a la estrella de turno apareciendo de repente a su espalda).
- Se echó de menos algo de humor, menos rigidez en el guión y algún momento que se descuadrara del encorsetado dictado que rigió la gala.
- Los gallos de Bono cantando ‘Ordinary Love’, de la película ‘Mandela. Del mito al hombre’, evidenciando una falta de calidad asombrosa para tan magno grupo histórico.
- El año pasado nos colaron a Barbra Streisand con su ‘The Way We Were’ un poco metido en la gala con calzador. Reiterando usos, Bette Milder cantó ‘Wind Beneath My Wings’ en el video homenaje a los fallecidos.
- Que en los premios a mejor animación no aparecieran los minions. Lógico, por otra parte, si atendemos a que ganó ‘Frozen: El reino de hielo’, de la factoría Disney.
- La falta de vídeos con montajes humorísticos y cinematográficos que se han echado de menos como en anteriores ediciones.
- De nuevo, el pelo (y ya las operaciones faciales) de John Travolta. Y para colmo, ahora se equivoca cuando tiene que pronunciar sólo un nombre: Idina Menzel.
- Jennifer Lawrence ha pasado a ser la nueva novia de América a una presumida princesita a la que se le han subido mucho los humos. O al menos, su presentación del Oscar al mejor actor así lo dejó claro.
- Por extraño que parezca, la espantosa realización de ABC, tan correcta siempre cuando se trata de ofrecer el show al mundo.
- Rostros desfigurados por las operaciones. Kim Novak, el ejemplo más escandaloso que, a golpe de bisturí, parece Roy L. ”Rocky” Dennis, el personaje de ‘Máscara’, de Peter Bogdanovich y casi no puede ni articular palabra. Goldie Hawn tampoco le fue a la zaga. Por el contrario, actrices como Sally Field y Glenn Close saben describir la dignidad del paso de los años con honestidad y belleza natural.
- Que ya no vimos en la primera fila a nuestro Jack Nicholson, un fijo de estos premios, que se ha apartado de la profesión y la actividad social debido al Alzheimer.
- En Canal + que Tony Garrido (excesivamente circunspecto) y sus invitados hicieran casi el vacío a la pobre Alexandra Jiménez, que incluso reclamó un poco de participación dentro de la presentación por la abusiva atención que recibía Twitter dentro de la retransmisión. La respuesta que recibió: “ábrete uno”.
ANTERIORES EDICIONES