jueves, 27 de febrero de 2014

La metamorfosis del escudo de Warner Bros.

Una de las páginas más trascendentales y maravillosas dedicadas al arte de los títulos de créditos, de los encabezamientos de los films a lo largo de su historia, es ‘The Movie Titles Collection’, una enciclopedia en la que invertir el tiempo descubriendo, a través de su estructuración por décadas, la creatividad y el talento que esconden esos créditos que delimitan la diferencia entre la enumeración del equipo humano que compone una película y la sensación de expectación recreada con primoroso ensalzamiento más allá que el puro estilo promocional.
Uno de los logos que más ha ido evolucionando a lo largo de la historia ha sido el de la gran ‘major’ Warner Bros. El responsable de esta magnífica base de datos ilustrada es Christian Annyas, que ha empleado cinco años acumulando los logos de esta gran productora con la intención de ofrecer uno de sus minimalistas estudios sobre la progresiva metamorfosis que ha ido sufriendo ese escudo con las siglas WB en su interior. El resultado es asombroso; trece logos principales diferentes y más doscientas variaciones que han ido moldeando el logo actual. En el recuerdo, aquella modernización de mediados de los 60 cuando la compañía se renombró como Warner Bros - Seven Art o el memorable rediseño que creó el genial Saul Bass y que encabeza este post.
Aquí el estudio completo y acceso a una página de inmensa valía.

miércoles, 26 de febrero de 2014

El mundo de la guitarra llora la muerte de Paco de Lucía

Referente internacional y embajador de la guitarra flamenca de todos los tiempos, Paco de Lucía ha sido uno de los precursores de la innovación experimental, de la fusión como estilo arraigado a las raíces de una maestría que bebía de fuentes como Sabicas o Mario Escudero y se empecinó en su romántica idea de que el guitarrista nace con el único objetivo de progresar sin necesidad de ajustarse a la teoría, dando así rienda suelta a la imaginación. Nunca aprendió solfeo, lo que no le impidió llevar su duende por todos los escenarios del mundo y ser considerado como uno de los más grandes maestros de la historia del instrumento de cuerda. Su perfeccionamiento y pasión por el flamenco alcanzó su zenit acompañado de otro genio como Camarón de la Isla, otorgando una combinación de soberbia armonía, dejando diez discos inolvidables y huella en los fastos del flamenco. Posteriormente, la obra de Paco de Lucía está trufada de varias obras maestras y discos de inabarcable excelencia.
Un guitarrista de copiosa calidad e destreza, de punteos y habilidad para la pulsación sonora y los arpegios, que creó estructuras melódicas y rítmicas capaces de conceden un dominio superior en el arte de la guitarra entendida como un instrumento de concierto, con vida propia. A él le debemos su popularización, su exportación a un mundo que supo reconocer el virtuosismo y personal estilo definido en el vigoroso don armónico que poseía. Un artista pleno de talento que supo fusionar su música con otros géneros ajenos al flamenco como el jazz, el rock y otras variantes musicales. Un hecho que, si bien siempre levantó las suspicacias entre los más ortodoxos, impuso una visión global de la perspectiva transformadora de Paco De Lucía, convirtiéndole en un revolucionario de la guitarra, sin renunciar nunca a la tradición y raigambre flamenca. La inspiración se ha apagado y ha dejado en silencio esa emoción que, a través de su guitarra, este algecireño que forjó un mito imposible de superar.
DEP, maestro.

martes, 25 de febrero de 2014

Harold Ramis: nos deja una gran figura de la comedia

(1944-2014)
Fue uno de los mayores artífices de la comedia norteamericana de los años 80, escritor y director influyente de una generación que es la base del género que hoy conocemos dentro de las parcelas cinematográfica y televisiva. Harold Ramis nos ha dejado con 69 años, víctima de una vasculitis inflamatoria autoinmune. En su camino, que todavía tenía muchas sorpresas que ofrecer, deja la maestría de creaciones inolvidables pobladas por ese tipo de personajes indelebles que superaban el estereotipo del perdedor a base de carcajadas, caracterizando una negativa a aceptar cualquier tipo de reglas, rebeldes destinados al fracaso, pero sin perder de vista esa idea romántica de la transgresión y el divertimento que supone jugar con reglas propias y no con las impuestas. Ése podía ser el paradigma de los antihéroes creados por Ramis.
Como actor, se convirtió en una rostro identificable a mediados de los 70 gracias a sus apariciones dentro programas de variedades legendarios como ‘The National Lampoon Show’, con John Belushi, Gilda Radner y su amigo Bill Murray (a la postre figuras de primer orden en el Saturday Night Live) o Second City TV (SCTV), pero además, a una columna de la revista Playboy titulada ‘Party Jokes’, donde ya sugería un talento fuera de lo común para sutilizar la comedia hasta límites hilarantes e inteligentes. Lo demostraría como guionista de la revolución genérica de finales de los 70 y principios de los 80, con comedias que marcaron una época ubicada en esa melancolía del viaje iniciático al mundo adulto a golpe de buena juerga excesiva y caótica; de su imaginación emergieron ‘Desmadre a la americana’, ‘Los incorregibles albóndigas’ o ‘El club de los chalados’. Y, por supuesto, el ‘El pelotón chiflado’, cinta que encumbraría a Murray y que él mismo coescribiría con Len Blum y Daniel Goldberg. Un punto de inflexión como lanzamiento interpretativo a Hollywood. Aunque como actor, saltaría a la fama dando vida al Dr. Egon Spengler, uno de los componentes de la antológica película de Ivan Reitman ‘Los Cazafantasmas’ (cinta que también escribió junto a Dan Aykroyd y Rick Moranis), saga a la que estuvo unido hasta el final, ya que desde hace años se especuló con el regreso de su personaje junto a los doctores Peter Venkman (Murray) y Raymond Stantz (Aykroyd). Ya nunca será posible esta ansiada recuperación del mito del fantástico ochentero.
Mientras que sus compañeros de reparto, con Murray a la cabeza, se consolidaron como estrellas de la comedia de aquella añorada década, Ramis prefirió dejar a un lado su faceta actoral para dedicarse de pleno a escribir comedias como ‘Regreso a la escuela’, con Rodney Dangerfield (humorista con el que colaboró en varias ocasiones) y ya instarurado como director, con ‘Club Paraíso’ y una comedia que marcaría su trayectoria como cineasta, ‘Atrapado en el tiempo’, infravalorada comedia que supone la mejor muestra de sus dotes como escritor y cineasta y que hoy puede ser considerada tanto como una obra de culto como su mejor filme. Su trayectoría seguiría con ‘Rescate familiar’ y con otras cintas muy valorables como ‘Mis dobles, mi mujer y yo’ o ‘Una terapia peligrosa’, pero que dejarían paso a un cierto declive que llevarían a firmar obras del calado de ‘Al diablo con el diablo’ (plagado de momento de puro absurdo), ‘Otra terapia peligrosa ¡Recaída total!’, ‘La cosecha de hielo’ o ‘Año uno’. Sus últimos trabajos como realizador se produjeron en la comedia televisiva de la NBC ‘The Office’. Como actor intervino, siempre como secundario de lujo, en películas como ‘Un asunto de amor’, ‘Mejor... imposible’, ‘Orange County’, ‘Lío embarazoso’ o ‘Dewey Cox: una vida larga y dura’.
Harold Ramis pasará a la historia del cine como un reestructurador de un género en el que irrumpió con una fuerza comercial sin la que el cine de los 80 no hubiera dado el giro necesario que provocó que la comedia también entrara en los cánones del ‘blockbuster’. “Supe que no iba  a ser un actor cómico de altura cuando coincidí en un escenario con John Belushi por primera vez. Lo mío iría por otros derroteros vinculados a la comedia”, dijo en 1999. Su aportación deja una importante herencia como ejemplar carrera dedicada a este género, surtido de instantes mágicos, alguna obra maestra y la sensación de que ha sido vital para dotar a aquel seminal ‘gross-out comedy’ de un carisma necesario para que sentido cómico adquiriera un humor desinhibido e iconoclasta. Echaremos de memos a Ramis y viviremos con el estigma de si se hubiera producido la improbable ilusión de millones de fans que anhelaban el regreso de ‘Los Cazafantasmas’. Nunca lo sabremos.

lunes, 24 de febrero de 2014

Exhumed Movies, la proeza de un fanzine imprescindible

Este fin de semana que ha quedado atrás se celebró en Salamanca la I Muestra de Cine Oscuro, Maldito y de Culto organizado por los titanes que llevan a cabo esa publicación especializada en género fantástico, terror, serie B, Z y cine clásico que es Exhumed Movies. En ella pudimos compartir esa pasión común por unos géneros (en esta velada cine español y cine italiano) que contienen en su intrahistoria narraciones catedralicias más allá de los títulos de serie B de los que se nutre, encontrando además híbridos y títulos indefinibles que no sólo hay respetar o estudiar, sino reverenciar por su contribución a un género de variantes de un valor irrefutable como obras de arte. Desde Claudio Guerín, con una joya sepultada en la memoria de nuestra filmografía como es ‘La campana del Infierno’, pasando por la obra maestra absoluta que supone ‘La semana del asesino’, de Eloy de la Iglesia hasta llegar a esa película maldita y encantadoramente perversa que es ‘No profanar el sueño de los muertos’, de Jorge Grau. Por si fuera poco, tuvimos el honor de abrir esta iniciativa con nuestro cortometraje ‘3665’, aunque a priori un poco desubicado, conquistó tanto a los organizadores como al público que quiso compartir estos dos días de cine ‘fantastique’.
El segundo día, se abrió la jornada con el pase del corto ‘Procrastinator, un cuento asombroso’, de Marta Rodríguez y Nacho Carrero y seguidamente tocaba sobrealimentación de cine italiano, de esa magia colectiva tan mediterránea que entregaron una gran variedad de subgéneros con unos parámetros estilísticos y argumentales que bien mostraron los títulos elegidos; esa pieza que es ya un clásico ‘grindhouse’ meridional como es ‘Gomia, temor en el mar Egeo’, del inefable Joe D'Amato, ‘El más allá’, del siempre referente y psicotrónico Lucio Fulci y para acabar la noche un pase modélico de la magnífica carnicería ‘Bahía de sangre’, del mítico y maestro de maestros Mario Bava. En el fragor de los estilemas del género y convocando el espíritu más gamberro, la noche se cerró ya de madrugada con ‘Caníbal feroz’, de Umberto Lenzi, con una gozosa sesión que fue apoyada por divertidos gritos y haciendo de esta muestra el objetivo para la que ha sido instaurada: un cónclave ineludible donde aficionados al género y descubridores de reliquias cinematográficas se identifican en una noche en la compartir filias, reverenciar a los grandes maestros olvidados y, por qué no, beberse unas cervezas en una atmósfera de plena satisfacción.
Y ése es el mayor logro de esta muestra que debe y tiene que tener continuidad, porque a pesar de que el público fluctuó dependiendo de la hora, la película y de que el ambiente general no fuera todo lo multitudinario que sus responsables hubieran querido, fue un éxito estimulante para los que compartimos ese espacio alternativo de cultura que fomentan los chicos de Almargen. Los principios siempre son duros, pero lo cierto es que esta gente ha trabajado duro para sacar este sueño adelante. Y a buen seguro que en un breve periodo de tiempo, esta cita será inexcusable. Con toda certeza.
Centrándonos en el génesis de todo esto, Exhumed Movies es una cuidadísima publicación que en un par de años y con sólo seis números se ha convertido en todo un referente en nuestro país. José Antonio Diego, Javier Castellanos y Jesús Lopera “Sito” son los creadores de esta revista (en realidad un lustroso fanzine) que recopila lujosos análisis sobre obras de la historiografía fílmica menos conocida, acaparando géneros identificativos y de gran vigor estético, sumergiéndose en estos movimientos fílmicos donde la innovación, los arquetipos y las obsesiones artísticas confluyen en películas ocultas que contienen en su savia algunos de los pilares del cine moderno. En ella se encuentran todo tipo de mestizajes y apogeos de una época donde el séptimo arte ofrecía productos que, en la globalidad cinematográfica, han marcado un signo mucho más trascendente del que se suele tener en cuenta. Un cine en el que abundan mitos e iconos que cuentan con seguidores en todo el mundo, mientras la gran mayoría desconoce su importancia. Sus textos, de mano de un grupo de colaboradores muy versados en el tema, articulan desde la pasión y el amor al cine, auténticas ofrendas de una valía fundamentada sobre todo en el discernimiento de una vocación genérica orientada hacia los subgéneros mediterráneos.
Ese cine oscuro y maldito al que aluden en sus magníficas portadas invocan ese universo con fondo abisal que congrega erotismo, violencia, terror, fantástico, ‘giallo’, ‘fumetti’, género negro y ‘poliziesco’, ‘euro spy’, ‘spaguetti western’, ‘gore’, ‘splatter’, ‘softcore’, ‘mondo’… (entre muchos otros géneros) con una profundidad arqueológica digna de elogio. ‘Exhumed Movies’ es, con mucho, una de las mejores publicaciones de cine que se pueden encontrar en el apagado panorama nacional. Tanto es así que sus primeros números descatalogados se venden en el mercado virtual por un precio que supera diez veces el original, lo que les convierte, a su vez, en una gratificante anomalía de culto dentro del sector.
Un contenido que el aficionado de esta tipología de cine no debe perderse, pues en sus páginas encontrará auténticas joyas de esa mitología a descubrir y a reivindicar, como hace esta gente impetuosa que ha sido capaz de construir un nombre de prestigio en el desusado y nostálgico mundo del fanzine escrito dentro de la era 2.0. Toda una proeza.

miércoles, 19 de febrero de 2014

El arte antropomorfista de Boris Artzybasheff

El antropomorfismo fue considerado como una práctica introducida dentro de la psicología y la zoología por parte de George Henry Lewes como doctrina o conjunto de creencias que se ocupa de interpretar o asignar características, formas u otras peculiaridades relativas a la morfología humana a organismos inanimados, principalmente en la literatura científica o fantástica. Sin esa identificación corpórea o especulativa, no existirían muchas de las más grandes fábulas de la historia transmitidas como legado del fantástico. Incluso mitologías antiguas y religiones, incluida la católica, invocan esas figuras sacras otorgándoles formas humanas.
Lo cierto es que, más allá de las teorías existencialistas apegadas a esta corriente, tras el estudio del arqueólogo Steven Mithen, los artistas han seguido imaginando esa conceptualización humanoide a otros objetos rutinarios o no humanos. El ilustrador ruso Boris Artzybasheff emigró a Estados Unidos y en la décadas de los 50 y 60 se hizo un hueco como un personal artista que centró gran parte de su carrera en esa fusión antropomórfica con maquinaria de toda índole; fábricas, vehículos, electrodomésticos, etc… Incluso logró atribuir personalidad física a conceptos psicológicos. El resultado dio como consecuencia una mezcla bizarra de locura y pesadilla. Sus creaciones muestran una anti-lógica de los cuerpos, donde mecanismos corpóreamente humanos se afanan con una determinación precisa componiendo la metáfora de la perfección en cuanto a la creación de cualquier producto. Máquinas construyendo máquinas, híbridos inquietantes establecen un arquetipo de eficacia absoluta.
Artzybasheff, además de por estas creaciones, adquirió cierta fama por dedicarse también a la sátira política. Su obra, tan fascinante como estrambótica, fue incluso utilizada en varias portadas de la célebre revista TIME.
Una gran muestra de su enorme talento, es este Flickr recopilado por James Vaughan titulado ‘Boris Artzybasheff… The Art of’.

lunes, 17 de febrero de 2014

All Star Nueva Orleans 2014: La pachanga de la permisividad, el espectáculo Globetrotter y los récords

Precisamente, hace diez días se cumplían 26 años de un momento que marcaría nuestras vidas. El 7 de febrero de 1988 se producía un acontecimiento cósmico. Se trata de aquel ya lejano All Star que se disputó en Chicago y que irrumpió provocando dos situaciones trascendentales: la reafirmación de que Michael Jordan iba a ser un emisario de instantes de felicidad plena delante de un televisor y que aquel evento se retransmitiera por primera vez en España. Fue el año del concurso de mates en el que Dominque Wilkins mereció ganar a su majestad MJ23 y cuando Larry Bird levantó el brazo sabiéndose ganador con un solo punto ante el rostro incrédulo de Dale Ellis en un concurso de triples memorable. La NBA ha cambiado mucho. Ahora se juega mucho con el físico, los jugadores son más contundentes, pero la diferencia es que todo se reduce a una tendencia casi obsesiva al contraataque. Se meten muchos más puntos porque las defensas no se cuidan tanto como antes, hay muchísimas faltas personales y pese a lo estético, ya no es tan heroico. Cuando aquel tránsito se desvaneció con el lógico paso de los años, la NBA se volvió menos fluida y cambiaron reglas, como la regla de los tres segundos defensivos. Precisamente por eso. O el controvertido 'hand-checking rule' (lo del juego lejos del aro limitando el contacto del defensa). La evolución del juego ha ido claramente hacia una obsesión de efectividad ofensiva del equipo, con mucho 'pick-and-roll' y demás... Todo evoluciona y hay que reconocer que sigue siendo igual de apasionante. La nostalgia puede con todo. En cualquier caso, la NBA sigue siendo un deporte absolutamente fascinante, más allá de que se llame baloncesto o se adjetive de cualquier modo.
El partido de ayer en el Smoothie King Center Nueva Orleans poco tuvo que ver con aquellas reivindicativas noches de baloncesto de antaño. No existió el juego colectivo, ni el desafío de un encuentro disputado. La desidia defensiva provocó todo tipo de lucimientos e individualidades, a lo Globetrotter, sin ningún sentido de la competición más allá de ir sumando puntos de forma ingente. De entrada, se vio que la actitud iba a ser el constante ir y venir de mates consentidos, con ‘alley oops’ de todas las clases y condiciones o de triples sin oposición. En definitiva, una pachanga que apostaba por el show espectacular y lucimientos varios. Los primeros en acaparar la atención fueron Blake Griffin y Carmelo Anthony, que hacían lo que querían en ambos bandos; uno a base filigranas y el otro hinchándose a meter puntos desde el exterior. LeBron James robaba balones y ejerció de saltimbanqui ante un Oeste que no encontró el liderazgo de Durant hasta bien entrado el partido. Era Griffin el que parecía que iba a dinamitar cualquier marca anotación, ya que en el tercer cuarto estaba con 38, a cuatro de establecer el récord individual en esta velada baloncestística que sigue ostentando el mítico Wilt Chamberlain con 42 en 1962. Griffin se quedó en esa anotación, Kevin Durant le igualaría una vez finalizado el partido.
Pese a que la permisividad era total, hubo alternancia en las ventajas del marcador, aunque en la segunda parte el combinado del Oeste apretó las tuercas y lograron abrir brecha en el luminoso. Sin embargo, un invitado sorpresa empezó a hacer acto de presencia entre tanta megaestrella; Kyrie Irving, de forma discreta fue determinando con su actuación ese final apretado que acabó con los números dilatados hasta destrozar todos los récords de anotación. El jugador de los Cavs, con sólo tres años en la NBA y 21 años, hizo una segunda parte de segunda parte de 24 puntos. Acabó con 31 puntos, 14 asistencias y 5 rebotes, destacando ese porcentaje de 14 de 17 en tiros de campo. Obviamente, se llevó el MVP de calle. También brillaron (o ecnhufaron puntos, por decirlo de alguna forma) Paul George con (18 puntos), Kevin Love (13 puntos) o en menor medida Stephen Curry (que debutó en un All-Star Game con 12 puntos) o el MVP del año pasado, Chris Paul con 11 puntos y 13 asistencias.
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Finalmente la cosa acabó 163-155 para la Conferencia 318 puntos entre ambos equipos, un récord que se estableció en 1987, cuando Tom Chambers obtuvo el MVP en Seattle y, tras una prórroga, los combinados de ambas conferencias saldaron el partido con 303 puntos (154-149). Se ha escrito que fue el All Star del relevo generacional en la NBA, pero todos recordaremos este partido no por el juego, ni siquiera por Irving, sino por otros aspectos más prosaicos como que fue el primer All Star en el que los dos equipos jugaron con la controvertida camisetas con mangas o que Violet Palmer se convirtiera en la primera mujer que arbitra uno de estos partidos en toda la historia. También que Trombone Shorty, Doctor John, Gary Clark Jr., Janelle Monaec y Earth, Wind and Fire pusieron una de las mejores actuaciones en el ‘half time’, muy por encima de los que se gastan en la Superbowl y que congregó el genuino saber de los clásicos del soul. Para algo estaban en Nueva Orleans. Por lo demás, otro partido de cara a la galería que demuestra que, definitivamente, los tiempos han cambiado. No para mal, por supuesto. Todo evoluciona y la NBA y este tipo de acontecimientos estelares no iban a ser una excepción.

Al filo de los 40...

Otro año más. Miras hacia atrás y ves un abismo desde esta edad. Todo lo que has pasado, todo lo que has vivido. Todo lo que soñaste ser y no has conseguido. Todo lo que sí tienes y te hace feliz todos los días de tu vida. Todo lo que está por llegar… 39 son muchos. O no... Al filo de esa edad tan cabrona que son los 40. Hasta que llega nunca lo hemos pensado. Pero... Los 40? ¿Y qué? En el albur de la veteranía, de un punto de no retorno, me sigo reconociendo en aquel niño que soñaba con seguir jugando siempre, en vivir el mundo como una aventura, en pensar que los problemas siguen siendo cosas de mayores, aunque cada día sean como un virus que intenta infectarme y contra el que parece que tengo el antídoto en el pensamiento infantil e inocente de que, por muy mal que vaya todo, siempre hay un motivo para sonreír. No hay motivo para sentirse mayor. Y no querer serlo. Un cumpleaños es un trámite absurdo.
Es el desprejuicio de la intrascendencia del tránsito del crecer, de escapar al pensamiento de cumplir años, uno tiene que afrontar ese día en el que vitalizar tu existencia con la experiencia, con la necesidad de saber que, por mucho que pasen los años, sientes que el tiempo es un aliado. Nunca un enemigo. Cuando necesitas reafirmar que la diversión en esta vida lo es todo, que la vitalidad reside en un pacto interior contigo mismo, cuando las ganas de vivir se traduce en disfrutar la vida como si fuera el último día. Cuando logras huir de todo ese rollo de que el ciclo vital está asociado a aspectos normativos y no-normativos que inciden en la persona (físicos, psicológicos y sociales) que te obligan a atender este trance de cumplir años para afrontar el natural proceso de envejecimiento, es que respondes a una madurez que ye empieza a abrazar como un fantasma acaparador. Y no. Por ahí no va el camino. Entonces es cuando te miras al espejo y te dices ¿qué cojones? Llevo años diciendo: “la vida es como un globo de fiesta lleno de helio abandonado en el techo que se va vaciando hasta que cae”. Y con eso queda claro que hay que disfrutar de esta vida que llamamos drama. La vida que no va como querríamos, vale, pero hay que tomarla como la fiesta a la que estamos invitados. Los cobardes son los que se esconden bajo las normas. Y nosotros no somos así. Al menos yo. ¿39? Quiero los 40, los 50, los 60 y saber que puedo hacer que mi estancia aquí me pertenezca y hacer de ella un álbum de fotos de momentos inmensos.
Soy de los que piensan que hay que seguir luchando contra viento y marea. Todo está jodido. Y os lo puedo contar. Y gente cercana aún con más motivos. Pero hay que mantenerse en pie y reírse del destino con una cerveza en la mano. Y sí, perderemos la ilusión. Pero lo bonito de esta vida es recuperarla y sentir que las ganas de vivir con más fuerza no nos la quita ni Dios. Sólo hay un secreto para ello: aprovechar cada instante. Hay que vivir. Y cuando puedas, intentar ser feliz. Si no, no hay trucos de eterna juventud que valgan. El único enigma es seguir manteniendo intactas las ganas de seguir jugando es crérselo. Así que, a disfrutar. Un año más. Y la vida es demasiado corta, por lo que uno no tiene más remedio que mirar al desapacible futuro y mantener lo poco que queda de ilusión lo más intacta posible, procurando sobrevivir como uno bien pueda y seguir en pie sin renunciar a ello. Si uno no intenta ser feliz con lo poco se tiene, ha perdido la batalla. Si tienes gente que cree en ti y está a tu lado, lo tienes todo para poder ganar esa pugna. Y hay que seguir luchando. Por lo tanto, bebamos y miremos al futuro desafiándole. Con esa sonrisa cínica, mostrando que somos jóvenes. Aunque tengamos 90 años. Somos unos críos que aún creen en un mundo mejor. Aunque nos lo estén robando. Si no mantenemos esa actitud, mal.
Y mañana, resaca. Sobre todo de BALONCESTO. Qué recuerdos que este día coincida con esta noche de espectáculo deportivo.
El año que viene 40… Y a seguir siendo un niño como el de la foto que encabeza este texto. Ahí está el truco.

sábado, 15 de febrero de 2014

La Olimpiadas del Sexo en Sochi

Son 2.800 participantes los que compiten en los Juegos Olímpicos de Invierno de Sochi 2014. La noticia, tristemente, no son los logros deportivos de estos atletas. La noticia ha sido que se han repartido 100.000 preservativos, como parte de una campaña contra el SIDA. Ya se sabe que en este tipo de competiciones globales las feromonas se disparan y cualquier sitio es bueno para escapar al estrés competitivo y conocer y explorar otras culturas a través de relaciones sexuales de lo más ecuménicas. Eso es lo que nos han querido vender siempre o lo que realmente sucede. En los Juegos Olímpico hay un sobre exceso de sexo. Uno se imagina auténticas orgías o gran variedad de movimientos sicalíptico dentro de estos espacios con deportistas batiendo otro tipo de marcas y récords más allá de las pistas.
Esos 100.000 condones ofrecen una cuenta reveladora; cada deportista tendría que usar más de dos al día para cubrir el cupo. Desde el Comité Olímpico Internacional (COI) se escudan en que en estos grandes eventos existe una intensa actividad sexual en la villa olímpica y hay que prevenir. The Onion ha recreado, aprovechando la coyuntura, el divertido supuesto: ¿Cómo utilizan los atletas tanto preservativo? ¿Les da tiempo gastar esta cantidad ingente de profilático? Para agotarlos, tendrían que estar copulando en dormitorios, restaurantes y gimnasios incluso en centros comerciales a lo largo del día para dar rienda suelta a sus instintos más básicos en un exceso de concupiscencia casi abusivo.
El resultado es uno de los vídeos más cómicos de este mes.

viernes, 14 de febrero de 2014

Review 'Nebraska (Nebraska)', de Alexander Payne

La herencia de un sueño imposible
Siguiendo el estilo que hilvana toda su filmografía, Alexander Payne propone una árida ‘road movie’ que, en un ingenioso equilibrio entre drama, comedia y melancolía, radiografía ese país consumido en las ínfulas del mal llamado “sueño americano” mediante temas profundamente humanos y conmovedores.
‘Nebraska’ encadena con un tono de cierta misantropía ese estilo cargado de sutil crítica en la progresión fílmica de Alexander Payne, capaz de transformar en comedia de humor negro situaciones bastante cotidianas e incluso dramáticas. Su cine discurre entre el género intimista de gradual riqueza emocional y el sarcasmo rayano en la ambigüedad que rodea a sus personajes, a los que suele dotar de un caparazón que camufla un carácter tan poliédrico como obsesivo en la vulnerabilidad de una fauna que va a la deriva. Su temática, desde una distancia melodramática, procede de esa determinación del lugar que ocupan sus personajes en el mundo, de sus raíces e idiosincrasia, con un disimulado fin de curar traumas y aprender a ser lo poco feliz que se puede llegar a ser en esta vida.
Para ello vuelve a tomar como dispositivo la ‘road movie’ apagada y crepuscular, articulando este género que suele abordar un viaje más existencial que físico, con conexiones con otras cintas suyas como ‘A propósito de Schmidt’, ‘Entre copas’ o ‘Los descendientes’, que implican viajes por carretera, secretos familiares y ajustes de cuentas. Lo que da como consecuencia el perfecto vehículo para emparentar el propio ideario de Payne a la hora de radiografiar ese país consumido en las ínfulas del mal llamado “sueño americano” mediante temas profundamente humanos.
En este caso, a través de la historia de Woodrow T. Grant (Bruce Dern), un viejo cascarrabias y alcohólico en los albores de la demencia senil cuyo objetivo es viajar desde Billings hasta Lincoln con el fin de cobrar un millón de dólares procedente de esas cartas con sorteos y premios engañosos cuya estrategia es captar suscriptores para sus publicaciones. Kate, su mujer (June Squibb) no se puede creer el capricho absurdo de su marido, sermoneándole y llamándole “inútil. Tanto ella como su hijo mayor Ross (Bob Odenkirk), un presentador de noticias de segunda fila en una emisora local, creen que lo mejor sería ingresarlo en una residencia de ancianos. Sin embargo, su hijo pequeño, David (Will Forte), a pesar de lo ridículo de la propuesta, acepta llevar a su padre para que se desengañe él mismo de esta suerte de estafas postales.
Ni la lógica, ni la retórica parecen que van lograr alejar al viejo Woody de persistir en cobrar su ilusorio premio. David es un vendedor de equipos de música en una Mid City Superstore que vive en plena crisis existencial y al que su novia le ha abandonado por su falta de responsabilidad y compromiso. Con estos mimbres, el guionista Bob Nelson y Alexander Payne arrancan el viaje a bordo de un Subaru, con ese vástago reconvertido en un triste Sancho Pancha que sigue a su anciano padre, un Don Quijote que está perdiendo la cabeza, pero al que comprende en la necesidad de tener un objetivo que cumplir y vivir una ilusión efímera, pese a que no haya sido un progenitor modélico, sino más bien todo lo contrario.
Con ciertas reminiscencias de aquel ‘Salve, héroe victorioso’, clásico de 1944 dirigido por Preston Sturges, Payne narra, a través de la gelidez que transmite el blanco y negro de la estupenda fotografía en cinemascope de Phedon Papamichael y que tanto evoca a la de Robert Surtees de ‘La última película’, de Peter Bogdanovich, ese itinerario compartido por los densos y vacíos parajes que rodean la trama y, muy especialmente, en la detenida profundización de los personajes como elementos primordiales dentro del relato. Con un carácter contemplativo y costumbrista y bajo un ritmo de ingenioso equilibrio entre el drama, la comedia y la melancolía, ‘Nebraska’ se sumerge a medida que avanza esa triste aventura en una ilusión sin destino de una promesa vacía que el viejo Woody se niega a reconocer. Es, en el fondo, una excusa para ir desgranando la progresiva relación que se fragua entre el viejo y su hijo, que va involucrando al espectador en el vínculo paterno-filial.
Es ahí donde los personajes van interconectando esa correlación familiar; el hijo aprendiendo a asumir, por medio de pequeñas pesquisas, que su padre, por muy alcohólico y egoísta que parezca, fue un superviviente de un avión derribado en la guerra de Corea y eso le dejó secuelas emocionales o que, a pesar de tener otras opciones, eligió a su madre contra todo pronóstico. Y, en último término, el viejo hombre, no busca tanto cobrar el millón de dólares como llevar a cabo el deseo de dejar una herencia para sus hijos, simbolizada en una camioneta y un compresor de aire. Al fin y al cabo, esa vida de tristeza silenciada en el alcohol no exime al viejo de una necesidad de conexión y legado, de significancia y dignidad con respecto a su familia. En una contundente secuencia en la que la familia Grant visita la casa abandonada de infancia de Woody, éste asegura que esa vivienda fue levantada por su padre con sus propias manos, construyendo así ese legado que él nunca ha tenido ni podrá transferir. Y es entonces cuando el espectador puede ver reflejada esa poderosa tristeza en los ojos del confundido protagonista, que asume el hecho de no haber podido hacer lo mismo por sus hijos. De ahí ese anhelo de idealización ilusoria por ese ficticio millón de dólares que hubiera restituido este objetivo.
La América Profunda desvanecida
En su empeño por mantener una respetuosidad escrupulosa con sus personajes, dotándoles de identidad como individuos y matizando sus movimientos con minuciosidad, Payne revoca cualquier tipo de condescendencia, asentando su discurso sobre una cruda franqueza cuando se trata de manejar descripciones, diálogos y psicologías. Es el motivo que da sentido a ese humor imprevisto, dentro de de las tierras baldías y hacia Lincoln, deteniéndose en la pequeña y ficticia localidad de Hawthorne, donde tienen consecuencias los giros y el desarrollo emocional de ese descubrimiento del verdadero padre por parte del hijo. Esa América Profunda del Medio Oeste está representada como un viejo territorio que se está desvaneciendo castigada por la crisis a la que pone música un inspirado Mark Orton.
Es aquí donde ‘Nebraska’ adquiere ese enfoque de radiografía del envejecimiento de estas regiones rurales que están a punto de perder su raigambre y esencia, pobladas de personas que viven en el medio de la nada absoluta y que han sufrido como nadie el inclemente cambio económico. Son hombres y mujeres vencidos por las circunstancias vienen a ser palurdos inarticulados, en su mayoría viejos cansados, que en sus reuniones familiares se sientan delante de la televisión a ver algún partido de la NFL como autómatas, bebiendo cerveza y abriendo la boca sólo para hablar de coches.
A Payne no le importa reflejar esa destrucción ancestral de los valores del trabajo duro, el afecto familiar o la reciprocidad de estas comunidades, personalizadas en un pueblo deprimente cuyos vacíos morales y económicos se expresan en esos estereotipos arraigados a la figura del ‘redneck’ -sobre todo esos sobrinos zopencos e inactivos que son Bart y Cole (Tim Driscoll y Devin Ratray)-, sumidos en el aislamiento cultural, la apatía política y la codicia mezquina. Hawthorne es el modelo de región autodestructiva, desengañada, correlacionada con el “tea party” y olvidada por los gobiernos. Un entorno de falsedad y rencor en el que esa noticia de la falsa cuantía que va a cobrar Woody genera una especie de patetismo interesado en la mayor parte de sus habitantes; desde el ex socio del viejo y villano rural, Ed Pegram (magnífico Stacy Keach), hasta su propia familia, que envuelve la estancia de los Grant en una extraña cruzada de envidias, necesidades desesperadas, deudas y favores olvidados. Contexto en el cual, ese exilio de Woody y su mujer ha ocasionado una autonomía que descubre, por ejemplo, que bajo la resignación, el matrimonio con esa mujer y madre irascible y malhablada (“nunca me he parado a pensarlo” le responde a su hijo cuando éste pregunta si estaba enamorado de su madre cuando se casó), se esconde un amor subterráneo e indestructible, característico de esos matrimonios férreos pese al paso de los años, sin importar que se haya convertido en un acto de automatismo. Y ella, tras su mal humor y ordinariez, no duda en hacer recíproca esa gruesa costura de afecto cuando es hora de defender la bondad de ese hombre al que llama “tonto” y del que tantas personas se aprovecharon de su generosidad.
‘Nebraska’ no deja de ser una asombrosa sátira social, que se muestra implacable con ese viaje de búsqueda yerma, de redención encontrada. Y en el camino, Payne dibuja una maravillosa comedia conmovedora, profundamente humanista, que tiene su puntal en un Bruce Dern que acota los márgenes de la identificación con un personaje extraviado, alcohólico y pasivo. El veterano actor ilumina a un ser introvertido lleno de compasión contenida, positivamente noble y entrañable. Un carácter complejo que se complementa con la lección de sobriedad dramática de Will Forte, un ex Saturday Night Live acostumbrado al histrionismo de su paródico rol MacGruber y que aquí modera y sutiliza ese retrato de un hombre igual de perdido que su padre, que se replantea la idea concebida hacia la figura paterna y aprende la responsabilidad de ser hijo. Y donde destaca también June Squibb, haciendo que su ordinario personaje lenguaraz y abusivo sea un rol de contrapuntos que la actriz sabe enfocar hacia la arisca afectuosidad, robando planos sin ningún pudor.
Siguiendo esa fina línea marcada que parece hilvanar toda su filmografía, Payne logra expresar de un modo muy escéptico la significación sobre la suerte y el sueño americano, demostrando con ello hasta qué punto, con muy poco, Woody Grant ha conseguido desanclar su destino de ese pueblo perdido y lograr asentar a una familia y sacar adelante dos hijos, pese a lo complejo de su vida de perdedor cascarrabias que implora, dese el silencio, algo mucho más profundo que el arrepentimiento y el perdón cuando todos creen que ha perdido el juicio. Y no es otra cosa que los demás compartan con él alguna razón para seguir viviendo, en su desesperación de conservar esa esperanza que motiva la compasión y, en último término, la dignidad que ocasiona intentar hacer realidad un sueño imposible.
Miguel Á. Refoyo "Refo" © 2014

miércoles, 12 de febrero de 2014

La inextingible fascinación por 'Regreso al futuro'

Para muchos, sigue resultando muy complicado abandonar la fascinación por ese céfiro imborrable que supone cualquier cosa que rodee a la saga ‘Regreso al futuro’. Por eso, cualquier noticia acerca de ello se convierte en un reclamo ineludible e instantáneo a la hora de bucear en la red buscando nuevas imágenes, vídeos o noticias sobre las películas de Robert Zemeckis.
En este blog siempre se ha reverenciado la trilogía espacio-temporal más icónica del cine. Hace poco más de tres años, en este espacio abismal se dedicó un extensísimo dossier a modo de pequeño ensayo sobre el veinticinco aniversario del estreno en nuestro país de la primera de las películas, aprovechando la coyuntura para extender el análisis a sus dos secuelas y significado sobre la herencia de esta serie de microuniversos que marcaron a toda una generación. A día de hoy, sigue siendo uno de los post más visitados de esta década de celebración del blog.
Por eso, el hecho de que el pasado mes de enero, Christopher Lloyd apareciera en la celebración del cumplimiento de los 120 años de la mítica marca de guitarras Gibson llegando en un DeLorean como si fuese el mismísimo Emmett Brown ya provocó esa sensación de nostalgia apasionada que despierta le evocación cinematográfica de este fenómeno. También que el artista e ilustrador Laurent Durieux mostrará en marzo en la siempre reconfortante Mondo Gallery de Austin (Texas) su nueva obra cartelística centrada en la segunda parte de ‘Regreso al futuro’, después de haber sorprendido con esa maravilla que remitió a otra obra de culto como es ‘Jungla de Cristal’ para establecer la imagen del Mondo’s Mystery Movie XI del Alamo Draft (por cierto, también con reciente especial estas mismas navidades). O, continuando la fiebre por esos bentidos 1,21 gigovatios, haciéndonos eco de esa estrambótica noticia que apunta a que el taquillazo ochentero se convertirá en un musical de Broadway que tendrá como fecha de estreno el año 2015.
Los fans de la saga estamos tan arraigados a este sentimiento colectivo de esta imaginería de viajes en el tiempo, que hasta el curioso montaje ‘supercut’ que ha realizado Screen Junkies sobre estas líneas que versa acerca las veces que se llaman “Doc” y Marty a lo largo de las tres películas sirven para rescatar de la memoria aquellos descubrimientos adolescentes de un presente, un pasado y un futuro que se presentó de un modo tan irónico como fugaz, pero que, sin embargo, se quedó a vivir en nuestras vidas para siempre.

lunes, 10 de febrero de 2014

XXVIII Premios Goya: La noche de David Trueba... sin Wert

Había cierta incertidumbre por ver esta 28ª edición de los Premios Goya de la Academia. Primero, porque a priori, no había un claro favorito en las apuestas en casi todas las categorías (a excepción de la actriz principal) y eso daba un céfiro de misterio e interés al reparto de estatuillas. Segundo, era la primera vez que el presentador Manel Fuentes se ponía al frente como maestro de ceremonias, lo que había suscitado una incógnita sobre la eficacia humorística del catalán. Sin embargo, lo más importante y lo que subrayó la velada desde hace unos días nada tenía que ver con esto. El componente controvertido que ha dejado (con enésima reincidencia) encendidas dudas sobre la honestidad política de este país era que la de ayer sería la primera gala en la historia de estos premios a la que no acude el ministro de cultura. José Ignacio Wert prefirió inventarse una excusa adulterada antes que asistir como representante gubernamental en apoyo a la cultura, que se supone que es parte de sus funciones. Obviamente, la cobardía y el temor a salir escaldado de la fiesta anual de un sector al que desde su partido tienen arrinconado ganaron la partida. Aunque era algo que todos preveían. Parece ser que cine y política van unidos en este sarao, cuando en realidad lo importante sería disfrutar de la fiesta del cine español y olvidarse de otros aspectos. Parece ser que es una batalla perdida y, hasta cierto punto, entendible. Como que trabajadores de Coca-Cola afectados por el ERE, activistas de 'Stop Desahucios' y figurantes de cine mal pagados se aglutinen en los aledaños a protestar por su situación aprovechando el tirón mediático del evento.
De cualquier modo, anoche en el Centro de Congresos Príncipe Felipe del hotel Auditórium de Madrid se le reconoció su trabajo como profesional del medio a David Trueba que, tras años en las quinielas de los nominados (hasta 11 veces por anteriores trabajos), por fin consiguió convocar el aplauso colectivo por su película 'Vivir es fácil con los ojos cerrados’, que se llevó, además del premio a la mejor película 2013, los Goya al mejor director, mejor guión original, mejor actor protagonista (Javier Cámara, que ya iba siendo hora), mejor actriz revelación (Natalia de Molina) y mejor música original (Pat Metheny). La historia inspirada en Juan Carrión, un profesor de escuela que viaja a Almería a conocer a John Lennon mientras rodaba una película en 1966, fue la gran vencedora de la gala, dejando a otras que sonaban con más fuerza, sobre todo ‘La gran familia española’ como la gran derrotada de la noche. De once candidaturas con las que partía, tan sólo Roberto Álamo (mejor actor de reparto) y mejor canción original fueron la cosecha de premios que logró reunir la cinta de Daniel Sánchez Arévalo. Sin embargo, ‘Las brujas de Zugarramurdi’, de Álex de la Iglesia, casi hizo pleno. Logró ocho de los diez “cabezones” a los que optaba; actriz de reparto para Terele Pávez, maquillaje y peluquería, efectos especiales, dirección de producción, sonido, montaje, diseño de vestuario y dirección artística.
Los comentarios generados por la presentación de Manel Fuentes dieron la razón a los que dudaban de su carisma como presentador de una cita como esta. Una vez que salió evidenció que no iba a ser su mejor noche. Nervioso, en exceso gesticulador y amanerado con aspavientos como si Raphael actuara con su ímpetu artístico, inició la noche con algún chiste atropellado haciendo alusión a Wert, a Montoro, metiéndose con Fernando Trueba y su ojo estrábico, saco un paipái a colación de vete a saber qué razón y siguió con alguna loa aduladora al cine patrio. No se extendió mucho y su presencia pasó desapercibido en las contadas ocasiones en las que regresó. Hubo espacio para un chistecillo de Santiago Segura dando vida a Torrente. Un Torrente venido a menos y escuálido ¿Es la metáfora de la crisis que vive nustro país? Tampoco fueron muy acertados sus vídeos humorísticos de montaje dentro de las películas candidatas a mejor película. Fuentes hizo lo que pudo y dejó una gala bastante desastrosa e irregular. Al menos, no recurrió a imitar al Rey o a Gurruchaga como hace siempre. Aunque, si somos sinceros, las ha habido mucho peores. Aunque ha sido la más apagada de los últimos años. Y la menos vista en el último lustro, por otra parte. Habría que remontarse al año 2000, cuando presentó Antonia San Juan, para rememorar una noche tan poco vistosa para un presentador y para una ceremonia de los Goya. ¿Y la presentación de los cortos? ¿Qué coño sucedió? Alex O'Dogherty recrea una canción ridiculizando estos apartados, aunque acabó como tenía que haber empezado. Por si todo fuera poco que no procedieron ni las formas de comedia a ese importante momento, salen fulanos anónimos y otorgan los premios a los cortometrajistas patrocinados por ADECCO ¿WTF? Una falta de respeto escandalosa. Y si quieren a gente con patrocinio cutre para dar premios, que lo hagan a la hora de dárselo a la mejor ¿O eso no?
Aunque no todo fue una ruina. Afortunadamente hubo instantes que lograron dejar la gala con algunos instantes destacables, como ese momento pletórico de humor que despertaron las sonrisas que no había conseguido comulgar Fuentes. Me refiero, obviamente, a los “chanantes”, capaces de convertir una gala aburrida en una fiesta de risas, parodias e imitaciones que convocó lo más brillante en el sentido humorístico, con Ernesto Sevilla presentando títulos de películas NO rodadas que hicieron que Carlos Areces hiciera de Tejero-Transformer, se jugara con la escatología de la mano de Javier Botet o que Joaquín Reyes apareciera en el escenario disfrazado de FEMEN, gritando: “Subid el IVA” con unas prótesis mamarias de un realismo impactante. De hecho, ellos fueron de los pocos capaces de provocar la risa del respetable. Se llegó a un momento de humor en declive, que hasta la presencia de Alberto Chicote en el ‘sketch’ de ‘Caníbal’ (y posterior plano en su butaca) se tomó como un momento ¿brillante? de la noche. O que anteriores presentadores como Eva Hache, Andreu Buenafuente, Jose Corbacho o la mencionada Antonia San Juan aparecieran para criticar a Fuentes.
Por su parte, Enrique González Macho apabulló con otro de esos discursos larguísimos que, pese a determinar algunos de los problemas que ahogan al cine español, no evitó caer en cierto victimismo aludiendo a una “polarización” y que hizo añorar al mejor presidente que ha tenido la Academia de Cine: Álex de la Iglesia, el hombre aludido cuando Terele Pávez recogió su Goya a la mejor actriz secundaria de manos de un Javier Bardem reivindicativo que no dudó en llamar a Wert “minsitro de anti-cultura”. La veterana actriz emocionó y logró poner en pie a la platea y humedecer los ojos de los presentes con un discurso entrañable y sincero dedicándole el premio a su hijo Carolo allí presente. Otro momento un tanto dadá, pero que marcó la noche con algo inesperado fue a esa historia de señoritas ligera de ropa, soldados, jotas aragonesas y José Luis Borau que se marcó el Goya Honorífico Jaime de Armiñán. “Juro que seré breve…” comenzó diciendo. Obviamente, no le creyó nadie, pero protagonizó el período menos preparado de la noche con su discurso totalmente rocambolesco. Eso sí, acabó gritando: “viva Aragón y viva el cine español. Y se llevó el aplauso general. Cuando llegó el nefasto número musical la cosa no podía ser peor. De ahí que esa coreografía absurda, esos gallos vocales desafinados de Carolina Bang, Dafne Fernández, Lucía Jiménez, Fernando Tejero, Adrián Lastra, Secun de la Rosa unidos al propio Fuentes pusieron el broche de oro al bochorno de este reincidente tema de los Goya: el musical no es el fuerte de este cine. A menos que el objetivo sea hacer el ridículo. Ayer, en este último, acertaron de pleno. El año que viene, casi mejor que prueben con algo más de género chico. Al menos, si tiene que quedar grotesco que sea más nuestro.
Fernando Franco se acordó de su escuela, a la ECAM (Escuela de Cine de la Comunidad de Madrid), a la hora de recibir el Goya como mejor director novel. De entre lo más destacado a la hora de los agradecimientos; ahí estuvo Marián Álvarez que cerró con este Goya una carrera de premios por su fantástica interpretación en ‘La Herida’, el actor Roberto Álamo, mejor actor de reparto por 'La Gran Familia Española', que empezó metiendo cera a Wert y acabó evocando la memoria de Phillip Seymour Hoffman, el frenesí patriota de los venezolanos que subieron a recoger su premio por 'Azul y no tan rosa' como si se tratara de la celebración por la consecución de la copa del mundo de fútbol o el gran ganador David Trueba, contando una anécdota del rodaje de ‘Vivir es fácil con los ojos cerrados’ en la que un encargado de una gasolinera, referido a la corrupción política instaurada en España, concluyó con esa frase que forma parte de la historia de estos premios: “España es el país más rico del mundo, 400 años robando y todavía no se ha acabado”.
Sin duda alguna esta gala se recordará por el desplante de Wert, pero no por lo esplendoroso de su contenido. Fue algo imprevista en sí el hecho que hasta lo más serio a la hora de ponerse reivindicativo y crítico rozase la parodia, en una noche que se desdobló en esas vertiente de cine como arte y una industria a desagraviar y la actitud de denuncia. Motivos hay para ello; el tipo reducido del 8% para los espectáculos culturales al general del 21% ha provocado una escisión no sólo en el mundo del cine, sino en otros sectores vinculados a la cultura. Lo ideal sería una recuperación de los cauces que normalicen esta relación entre cine y política. Cuando esto suceda y deje a un lado la controversia entre ambas partes y el séptimo arte que se hace en este país sea el único protagonista de esta noche de entrega de los Goya incluso se puede dar la eventualidad de que salga una gala esplendorosa. Hasta entonces, habrá que esperar.
LO MEJOR
- La historia del viaje francés con banderas rojas y vodevil de Jaime de Armiñán. Puro delirio improvisado.
- Terele Pávez, lo más emotivo de la noche.
- Que el papel de Manel Fuentes se limitara a dos o tres apariciones en el escenario. Si no, esto podría haber sido muchísimo más desastroso.
- La sutil frase reivindicativa de cruda crítica contra la ley antiaborto de Natalia de Molina: “No dejes que nadie elija nunca por ti” con la que acabó su discurso de agradecimiento.
- Otra vez, los “chanantes”, que ya han convertido en un clásico con sus apariciones el hecho de levantar la gala con sus ‘sketchs’. Son únicos.
- Este año no ha habido gilipollas que salten al escenario a hacer el imbécil del tipo “El Muletilla” o “Jimmy Jump”. Bien por la seguridad.
- Aitana Sánchez-Gijón.
- Este GIF.
LO PEOR
- El guión de una gala para olvidar.
- Echar tanto de menos a Rosa María Sardá, Eva Hache e incluso a Buenafuente.
- El patético número musical, que hizo que otro de los momentos históricos más vergonzosos de los Goya quedara en el olvido. No aprenden ni a palos.
- Una ETT como Adecco patrocinando los premios a los mejores cortometrajes. Un insulto a los cortometrajistas. Sí que está mal el cine español. Y lo cuidan desde la cuna. Sí, de cojones.
- Los constantes fallos de sonido.
- Los baremos que rigen el Goya de Mejor Actor Revelación. Sin quitarle méritos a un estupendo Javier Pereira por ‘Stockholm’, su carrera como intérprete de cine es dilata y nada nueva.
- Desde la narración en vivo de Bloguionistas por parte del gran Chico Santamao se filtró la noticia de que este año había prohibido el alcohol dentro del recinto. Unos Goya muy sobrios, en todos los sentidos. Así les salió el tema.
- No hubo instante Adriana Ugarte y Carlos Santos. Comentan que este año la habían invitado para hacer un pequeño ‘gag’ sobre el garrafal error del año pasado en la entrega del Goya a la mejor canción y declinó el ofrecimiento.
- Confundir en el IN MEMORIAN a Beatrice Sartori con Nuria Vidal. Es un error imperdonable y negligente. Tremendo.
- Que ’15 años y un día’ o ‘3 bodas de más’ (sobre todo cuando ha sido el éxito taquillero de esta temporada en recaudación nacional) se fueran tan de vacío.
Crónicas de ediciones anteriores
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sábado, 8 de febrero de 2014

El Gran Juego de los Idiomas

¿Tenéis buen oído para los idiomas? ¿Sois de esos que tienen más materia blanca en el área de Heschl del hemisfério izquierdo del cerebro y asimiláis un lenguaje ajeno con gran facilidad? ¿Creéis que podríais distinguir alguna de más de 80 lenguas de todo el mundo propuestas en un sencillo juego?
Es lo que formula El Gran Juego de los Idiomas.
A ver cuántas acertáis, aunque sea a boleo.

viernes, 7 de febrero de 2014

Un pincho llamado "Refo"

Lo normal es que en los bares de confianza te sientas como en casa. Es un espacio propio, idiosincrático, tuyo. Como cuando Norman Peterson entraba en ‘Cheers’ y todo el mundo coreaba su nombre. Pero hay un nivel mucho más identificativo que va más allá de tener largas charlas con amigos y camareros que son amigos. No se trata de que nada más llegar conozcan de antemano lo que vas a pedir. Me refiero a tener un pincho propio. Un pincho que ningún otro bar conozcan, que no sepan ni siquiera qué diablos es y, lo mejor de todo, que te pertenezca y lleve tu nombre. Este pincho de arriba, que consiste en un placer tan sencillo como un cuero, unos boquerones en vinagre y un par de aceitunas, es “un Refo”.
Desde muy pequeño, cuando mis padres me llevaban esporádicamente con ellos a tomar un vermut o una caña, ya me encantaban los boquerones en vinagre. Yo tendría unos seis o siete años. Un día, acompañando la tapa, y como un capricho infantil, pedí un cuero y en seguida surgió aquel absurdo manjar que continúa siendo uno de mis pinchos favoritos. Muchas veces lo pido cuando hay algo de confianza. Me miran raro, porque obviamente es algo que nadie les ha pedido nunca. Pero por esa denominación tan propia lo conocían en aquel mítico EKU, con Miguel y Edu y que se trasladadaron a otro bar mítico de la ciudad: el GEMA (Calle Garrido y Bermejo, 4). Allí si pedís “un Refo” sabrán a qué os referís.
"¿Qué es un cuero?" Diréis algunos. Los oriundos de esta estepa helmántica están familiarizados con ello. Es algo muy típico en Salamanca y que no es más que piel de cerdo seca y deshidratada que se corta en tiras y se vende a granel. Cuando las fríes el resultado es una corteza crujiente con un sabor inconfundible. Habitualmente, los cueros se utilizan en otro pincho muy charro llamado “paloma”, que se rellena con ensaladilla rusa. Hay muchas tipologías de ensaladillas para las palomas… Pero eso ya lo dejamos para cuando esté funcionando el blog gastronómico REFOgones. Un proyecto de muchos que llevamos años intentando sacar adelante. Tampoco os impacientéis, porque va para largo. Si queréis ver alguna de las recetas, las voy colgando a modo de sección con ‘hastag’ todos los viernes en mis redes sociales. Tenéis el catálogo de estos platos cocinados por un servidor en Pinterest.

jueves, 6 de febrero de 2014

Edgar Wright y el arte del 'close-up'

Los planos ‘close-up’ son aquéllos planos muy cerrados a los que se les da un golpe de avance, un ‘travelling optique’, para ejercer todavía más énfasis con una aproximación de la cámara en relación al objeto o personaje encuadrado. Ese primerísimo primer plano es casi tan antiguo como el propio cine, pero a Edgar Wright es un recurso por el que siente una filia rayana en la obsesión. Por eso, en toda su filmografía se aprecia este recurso de forma constante, como un signo de identidad utilizado tanto en la fantástica “Trilogía Cornetto” como en su experiencia americana ‘Scott Pilgrim contra el mundo’.
¿Alguien duda que en su próxima adaptación del cómic ‘Ant-Man’ no vaya a estar presente?
Las razones de su utilización y propósitos dentro de la narración, en este vídeo donde el realizador británico lo explica en un montaje de David Chen.

miércoles, 5 de febrero de 2014

Centenario de William S. Burroughs: La alucinógena visión de un genio

"La única ética posible es hacer lo que uno quiere"
(William S. Burroughs).
Congénere de Jack Kerouac, Gregory Corso o Allen Ginsberg, William Seward Burroughs fue uno de los máximos exponentes de la ‘Beat Generation’. Amante de las drogas fuertes y psicotrópicas, de las armas, de la subversión, de la rebeldía y del sarcasmo, el autor dejó una impronta de genialidad irrepetible, de personal estilo donde el viaje existencial necesitaba de los alcaloides para explicarlo, mediante sus desvaríos alucinógenos se acercó a la metamorfosis, homosexualidad, pesadillas, delirios poéticos y grandes dosis de perversión malintencionada. Existe un oscuro episodio biográfico de la vida del genio acontecido en México; mientras practicaba puntería a lo Guillermo Tell con una de sus pistolas de su colección privada, mató accidentalmente a su mujer. Se dice que salió indemne de tal terrible contrariedad gracias al dinero de su familia. Hoy Burroughs hubiera cumplido cien años.
En una de sus más representativas obras literarias, 'Yonqui', enfoca el mundo como una necesidad narcótica donde la praxis vital de esta tendencia adictiva es energía y conocimiento, advirtiendo que toda la simbología de toxicomanía acaba estructurándose como un lenguaje discursivo. ‘Yonqui’ sigue siendo hoy en día la mejor ficción que se ha publicado sobre la drogadicción, pero está lejos de lo que Burroughs establecería como creador literario tan corrosivo como trascendente.
El Burroughs trasgresor, destructor de las pautas académicas, revitalizador de los modos lingüísticos más marginales e inventor de términos de imposible coherencia, sin significado, pero de rotundidad verbal, hizo posible la creación de diversos lenguajes y dialectos marginales. La invención de códigos es ineludible a la hora de transmitir nuevas ideas, pero también de suscitar nuevas sensaciones. En ése sentido, muy cerca de las normas de los surrealistas, practicó con vehemencia la escritura automática o el ‘cut-up’ narrativo, seccionando un texto en varios fragmentos y recolocándolo aleatoriamente. Métodos de creación liberándose en los que dejar fluir sus obsesiones hacia un estilo sincopado. Era su forma de utilizar el lenguaje sin ningún condicionante, abrazando la filosofía o la obscenidad llevado por la psicodelia, el jazz, la literatura ‘underground’, el ‘pulp’ o el ‘be-bop’, elementos identificativos del ‘Beat’ que servirían de referencia y postulado para las nuevas generaciones apoyadas en el ‘punk’ y la querencia a quebrantar y violar cualquier precepto, ley o estatuto establecido.
Por supuesto, obras como ‘El almuerzo desnudo’, inspiración reconocida de artistas como David Lynch, Philippe Garrel y llevada a la gran pantalla por David Cronenberg, engarza la demencia onírica y barroca del autor con un lenguaje sexual de sugerente perversión, así como esa mezcla de realidad e imaginación llevada al extremo en la que la adicción a los opiáceos como enfermedad metabólica ejercen de médula dentro de una obra onírica, subversivamente evocadora, donde todos los elementos de la narración se liberan de los convencionalismos.
Su obra fue diversa, prolífica e irregular, pero a su vez reinventó en cada libro la genialidad del autor y el género que acometía; ‘The Soft Machine’, ‘El billete que explotó’, ‘Nova Express’, ‘Exterminador’, ‘Ciudades de la noche roja’, ‘El lugar de los caminos muertos’, ‘Queer’… Todas ellas han convertido a William S. Burroughs en un mito de la contracultura, pero lo que es más importante, en uno de los grandes genios innovadores de la novelística contemporánea.

La roja de Cristiano y el nefasto panorama del periodismo deportivo

Me hace mucha gracia el revuelo que se ha levantado por la sanción a Cristiano Ronaldo. Tres partidos, sí ¿Y qué? Los errores arbitrales son así. Es incuestionable que el portugués deja la mano en el rostro de Gurpegi, tal vez no con tanto énfasis como pueda parecer después de la exageración del rojiblanco, cosa que no voy a defender. Pero arrimarse con intención, se arrima y le golpea en la cara. Esto es así. Es más, cuando Iturraspe entra en defensa de su compañero en el instante de la trifulca, también le agrede de forma sutil (o al menos, existe intención). Con la habitual chulería que le caracteriza ¿es justa o no la tarjeta roja? ¿exagerada?
Vamos a ver… Retrotraigámonos hasta el día 9 de noviembre. Bilbao, minuto 90, el Athletic gana por 2-1 en el marcador al Levante de un viejo conocido por la Catedral, Joaquín Caparrós. El balón sale despejado muy cerca de la línea de córner a favor del Levante, cuando en el mismo momento de sacar, el árbitro pita algo y expulsa con firmeza a Aritz Aduriz. Se monta un revuelo dentro del área y los de Valderde protestan enérgicamente. En la repetición se ve perfectamente la jugada; Simao Mate se acerca al delantero, le pisa y cuando éste le recrimina, sin ni siquiera tocarle, se lanza al suelo en una actuación digna de nominación al Goya. Afortunadamente el juego estaba parado y esto provocó que no fuera penalti (podéis verlo perfectamente  en el vídeo pinchando la imagen de abajo -los de MediaPro siempre poniendo las cosas fáciles-). Pese a lo evidente de las imágenes, a Aduriz no le quitan la roja cuando se alega ante el Comité Deportivo ¿Por qué? Porque le dice al árbitro “es una puta vergüenza que me expulses por esto”. Y lo fue. De forma irrebatible. Que viene a ser lo mismo que el gesto de Cristiano dándose palmadas a la cara, aludiendo a “la jeta del colegiado”, a sus espaldas. Esto es normal, porque a las estrellas de esa calaña les gusta que se les vea en cámara, no dar la cara. En ambos casos se llama menosprecio al árbitro. Así de simple.
http://youtu.be/fq90xe3UrOU
¿El resultado de estas dos acciones con bastantes paralelismos? Aduriz salió a dar una rueda de prensa y explicó que, a pesar de que fue muy injusto la evidencia del teatro que le echa Simao y que se vio fuera del campo cuando ni siquiera le tocó, asumió que el error estuvo en dirigirse a Fernández Borbalán con unos modos improcedentes. Sin embargo, en el Real Madrid se acaparan titulares de protesta encendida, causando asombro e indignación y acumulando todas las iras de los aficionados. Ahí está la diferencia; como cuando el pasado domingo, en vez de ensalzarse el determinativo juego del conjunto del Botxo y su aguerrido recital de fútbol, otra vez ante un rival de complejidad y carisma como es el Real Madrid de Ancelotti, se prefirió concentrar toda la crónica del encuentro en la expulsión del astro luso.
Como explicó en su momento Mónica Planas en su comentado y grandísimo artículo, ahora mismo “…el periodismo deportivo televisado ha desvanecido el valor de la exclusiva. El término que antes resultaba emocionante ahora es visto como una acrobacia para vender nimiedades”. Y quizá tenga razón ¿qué más da el fútbol cuando tienes un titular que venda, una repetición que reproducir hasta la saciedad, una tergiversación que otorgue un ‘share’ esperado o una excusa para que en los focos de verduleras deportivas nocturnas tengan cebo para vociferar estupideces?
Solución: El Athletic ya ha denunciado ante la Comisión Estatal contra la violencia, el racismo, la xenofobia y la intolerancia en el deporte a esos despreciables escupidores de improperios que mancillan con sus absurdas pataletas una profesión tan maravillosa como es la del periodista deportivo.

lunes, 3 de febrero de 2014

XLVIII Super Bowl: Los Seahawks destrozaron a los Broncos de Manning.

La XLVIII Super Bowl de ayer prometía una noche inolvidable para Peyton Manning, el legendario ‘quarterback’ de los Denver Broncos, que partían como favoritos del mayor acontecimiento deportivo del mundo. Pero nadie imaginaba que lo que iba a suceder en el MetLife Stadium de Nueva Jersey, que se llenó hasta la bandera con 82.529 espectadores que disfrutaron de la Superbowl más fría de su historia. Los Seahawks de Seattle salieron desde el comienzo del partido con una disciplina y un planteamiento táctico que descolocó por completo a los hombres del entrenador jefe John Fox, con ‘safety’ nada más empezar debido a un mal centro de Ramírez que Manning no puedo evitar que se le escapara.
Tanto es así, que se registró como la anotación más rápida en la historia de esta final. Las cosas se empezaban a inclinar demasiado pronto para los de Denver y no haría más que ratificar esa superioridad cuando Steven Hauschka contectó un ‘field goal’ de 31 yardas para ampliar la ventaja de los Seahwaks, que mediante el mismo jugador volvería a anotar otro ‘field goal’, esta vez de 33 yardas, después de retaran la jugada en la que parecía ‘fumble’. El marcador se había puesto en un 8-0 en un abrir y cerrar de ojos. El primer cuarto acabó con los Seahawks en la yarda 17 de Broncos. Por si fuera poco, el primer ‘touchdown’ del partido de llega por parte de Marshawn Lynch, que corre para una yarda y logra la anotación. Hauschka puso el punto extra. 15-0. Y no sería el único del segundo cuarto. Malcolm Smith interceptó a Manning, llevando el balón ovoide hasta la zona de diagonales al correr 69 yardas, colocando el marcador en un 22-0. La cara del mítico Manning lo decía todo.
Los de Seattle salieron en el tercer cuarto con el mismo empeño en obstaculizar la ofensiva de los Broncos, sin que éstos pudieran demostrar todas las virtudes de una temporada para el recuerdo. Además, los de Pete Carroll estaban muy crecidos y se dispusieron a demostrar el potencial ofensivo, dejando ver las carencias de la defensa contraria. Percy Harvin retrasó 87 yardas en la entrega de balón del inicio del juego hasta la zona de "touchdown" y amplió todavía más la diferencia a 29-0. La ofensiva de Denver buscaba constantmente revertir la situación, con Manning y Welker como revulsivos. Pero ni con esas. Después de un ‘fumble’ en el que Seattle recuperó su yarda 20 y cuando los Broncos parecían que iban a anotar sus primeros puntos del partido, Russell Wilson conectó un pase de 23 yardas a Jermaine Kearse y acabó en como otro nuevo ‘touchdown’. El correctivo estaba siendo severo. 36-0 empezaba a ser un resultado insalvable. A pesar de que los Broncos, siempre apoyados en la experiencia y la capacidad física de Peyton Manning, lograra un ‘touchdown’ anotando en pase de 14 yardas con Demaryus Thomas y la conversión de dos puntos a Wes Welker, no fue suficiente para recortar la diferencia. El 36-8 que abría una mínima esperanza de remontada se esfumó con la persistencia con la que Seattle se mostraba intratable en el campo, con Zach Miller recuperando el ‘onside kick’ para, en el siguiente drive, Russell Wilson anotó en pase de 10 yardas de Doug Baldwin el quinto y último ‘touchdown’ de la noche.
La nota negativa de la noche fue la lesión de Richard Sherman. Y Chancellor tuvo que salir por molestias en la pierna. Sin embargo, pese a estas bajas en defensa, el resto del partido fue un recital de contención defensiva de los Seahawks, provocando que los Broncos perdieran balones y evidenciaran una total falta de fortaleza. La Seattle había machacado a 43-8 a Denver ofreciendo a todo el mundo una auténtica exhibición de juego, con el tercer marcador más amplio en la historia de la Superbowl. El MVP fue a parar, como no podía ser de otra manera, a un defensa, al ‘linebacker’ Malcolm Smith. Tras la decepción de los Broncos, se volvió a especular con la mentalidad de Manning y sus actuaciones en los grandes eventos, especulando incluso con su hegemonía. En cualquier caso, los Seahwaks obtienen su primer trofeo Vince Lombardi y prometen seguir creciendo con un equipo consolidado en una muy prometedora juventud.
Como cada año, uno de los eventos más seguidos por los telespectadores son esos espectaculares ‘shows’ del ‘half time’, donde artistas de renombre ofrecen lo mejor de sí mismo; en la noche de ayer, el encargado de acaparar todas la miradas fue el cantante hawaiano Bruno Mars, interpretando cinco temas, uno de ellos el mítico 'Give it away', acompañado de los Red Hot Chili Peppers. Además, U2 presentó durante el descanso su nuevo single 'Invisible'. Y lo hizo entre otro de esos reclamos que hacen grande esta cita deportiva, que no es otra que la emisión de los anuncios comerciales más caros del año, una tradición que implica que las visitas al excusado sean mucho más breves y que la gente aguante delante de la pantalla con el mismo interés que genera el mismo partido. Además del estreno de trailers de los próximos ‘blockbusters’ cinematográficos (‘The Amazing Spiderman 2’, ‘Transformers 4’, ‘Captain America: The Winter Soldier’, ‘Age of Extinction’, ‘Pompeya’ o ‘24: Live Another Day’, entre otros), los anuncios de las grandes marcas norteamericanas lanzan su campañas con spots realmente divertidos, como el de la máquina del tiempo Doritos, los perros cabezones de ‘Audi’, el de Morpheus y el homenaje a ‘Matrix’ de KIA, el nostálgico ochentero de ‘RadioShack’, a Arnold Schwarzenegger riéndose de sí mismo para la cerveza Bud Light, el reivindicativo y antibélico de AXE, el de Ford protagonizado por James Franco, a Ben Kingsley poniéndole rostro al de Jaguar, los teleñecos con Toyota, el hipermusculado de GoDaddy con Danica Patrick Stars, uno muy ñoño de Coca-Cola y la entrañable historia entre un perro labrador y un caballo de ‘Budweisser’.
Podéis ver todos los spots de la noche en la Super Bowl Commercials dedicado a esta parte de la Superbowl. así como el termómetro que indica lo más votado por los telespectadores a través de votaciones por Twitter en el mítico ‘Brand Bowl’ anual de Boston.com.
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Adiós a Phillip Seymour Hoffman, el mejor actor de su generación

(1967-2014)
La noticia del fallecimiento de Phillip Seymour Hoffman ha sacudido el mundo cinematográfico con la trágica noticia que en la tarde de ayer inundó titulares y se extendió como la pólvora por las redes sociales. Su pérdida constituye la interrupción de una de las carreras interpretativas más brillantes de las últimas décadas. Seymour Hoffman era uno de los mejores actores del mundo, un portento capaz de multiplicar los matices actorales como ningún otro actor de su generación. Su versatilidad y minimalismo a la hora de encarnar personajes aportaron la sutilidad de varios y diferentes códigos que conseguía, con una facilidad deslumbrante, llevándolos hasta el extremo de la genialidad. Su extraordinaria habilidad para metamorfosearse en sus personajes y una voz profunda de personalidad inconfundible hicieron de él un metódico intérprete que llenaba la pantalla con su sola presencia.
El actor fetiche de Paul Thomas Anderson, con el que compartió cinco de sus seis películas como director (‘Sidney’, ‘Boogie Nights’, ‘Magnolia’, ‘Punch Drunk Love’ y ‘The Master’), nos deja memorables trabajos como ‘El talento de Mr. Ripley’, ‘Happiness’, ‘Casi famosos’, ‘Cold Mountain’, ‘Capote’ (cinta por la que ganó el Oscar en 2005), ‘La última noche, ‘Misión: Imposible III’, ‘La duda’, ‘Moneyball’, ‘El gran Lebowski’, ‘Antes de que el diablo sepa que has muerto’ o ‘Synecdoche, New York’, entre otros tantos. Trabajos que hicieron de este actor uno de los más reconocidos y capacitados de Hollywood. Ha sido encontrado muerto en su apartamento de la calle Bethune en el neoyorquino barrio de West Village, con una jeringuilla hipodérmica en el brazo. Una sobredosis de heroína acabó con su vida. La droga se lleva así a otro actor cuyo talento podría haber seguido en un ascenso que parecía no tener fin.

domingo, 2 de febrero de 2014

Día de la Marmota, la célebre predicción del tiempo

Anualmente hay un día que sobresale en el calendario de eventos destacados en este Abismo, un weblog caracterizado por ser contrario y opuesto a la razón. Me refiero, como cada 2 de febrero, al ‘Día de la marmota’, el célebre ‘Groundhog Day’, jornada festiva en la pequeña localidad de Punxsutawney, en Pennsylvania, donde nuestro querido amigo Phil, la marmota, sale de su madriguera, como cada año, para predecir cuánto durará el invierno.
La tradición establece que si Phil ve su sombra al salir, quiere decir que el invierno se alargará durante seis semanas más, por lo que regresará a su guarida para resguardarse de las bajas temperaturas e hibernar un mes y medio más. Si, por el contrario, Phil no ve su sombra y se queda jugueteando junto al presidente William Cooper (el hombre que convoca su presencia), los lugareños dan por comenzada la primavera, sabiendo así cuándo plantar sus cosechas.
Otras suposiciones sobre la predicción del tiempo vienen a decir, que si esa noche el cielo está de color cobrizo por la noche el invierno será más corto. Sin embargo, si es por al amanecer cuando ese cielo rojo, los marineros están advertidos de la duración estacional. La mayoría de los sistemas meteorológicos se mueven de oeste a este y un cielo enrojecido proviene del hecho de que las nubes se producen cuando el sol brilla en su reverso, ya sea en el amanecer o en el atardecer. En estos dos momentos del día, motivado, en parte, porque la luz del sol pasa a un ángulo muy bajo a través de la parte más gruesa de la atmósfera de la tierra, da lugar a la dispersión de la mayoría de los colores con longitudes más cortas del espectro visible (con gamas que pasan del verdoso al azulado) y así la luz del sol pasa a convertirse a una tonalidad rojiza. Si los cielos matutinos son de color rojo, es porque el cielo despejado hacia el este.
A pesar de que las estadísticas refutan la veracidad de este simpático pronóstico (las estadísticas lo dejan en un pobre 39% de acierto según la CNDC), el Día de la Marmota se extiende ya a más de un siglo de celebraciones, ya que es una fiesta ancestral que se remonta a la inmigración alemana en esa zona del país cuando aún era una colonia británica.