miércoles, 24 de diciembre de 2014

¿Quién mató a Santa Claus?

Sam Fuller cuenta en el estupendo documental de 1996 dirigido por Adam Simon ‘La Máquina de Escribir, El Rifle y La Cámara (The Typewriter, the Rifle and the Movie Camera)’ (min. 14:16) cómo a finales de los años 20 y 30 el periodismo estadounidense, dejándose llevar por el flanco más amarillista y explícito de las noticias, acaparaban la atención del lector con unos títulos impactantes cuyas descripciones se atribuían a la necesidad malsana por descubrir los aspectos más escabrosos de la noticia. Uno de los grandes maestros cinematográficos de la Historia recuerda con nostalgia cómo tituló un artículo ‘¿Quién mató a Santa Claus?’ para el New York Journal, en el que explicaba cómo alguien entró en su despacho y golpeó en la cabeza a Papá Nöel hasta esparcir sus sesos por la habitación ante el horror de la secretaria que descubrió su enorme cuerpo inerte. No he podido encontrar el artículo en ninguna hemeroteca digital. Sin embargo, el libro cuestionamientos policiacos que sigue el estilo ‘whodunit’ (¿quién lo hizo?) de Hy Conrad y Matt LaFleur ‘The Little Giant of Whodunits’ me he llevado a ese recuerdo del artículo de Fuller…
“Era medianoche en la víspera de Navidad, cuando el personal de mantenimiento de Kimble’s fue a trabajar al centro comercial que permanecía desierto. Cuando llegaron a la zona que representaba el Polo Norte, descubrieron la peor pesadilla de cualquier niño: el cuerpo sin vida de Santa Claus. Estaba en una sala de almacenamiento. Su cabeza fue golpeada con la culata de un revólver del calibre 44. El hombre que hacía de Santa Claus se llamaba Rudolph Pringle. “Este es el revólver de Rudolph” informó el gerente a la policía. “Lo empezó a traer después de que un niño de seis años le amenazara con un cuchillo”. “¿Conoces a alguien que quisiera matar a Rudolph además de un niño de seis años?”. El gerente se aclaró la garganta. “Santa Claus había tenido bastantes peleas con sus duendes. Conozco tres elfos que habían amenazado con matarlo”.
El detective tenía el arma homicida metida en una bolsa. Después, se colocó en el centro de la mesa entrevista, justo donde los sospechosos no pudieran evitar mirarlo. “Rudolph Pringle ha sido asesinado”, le dijo a cada elfo ¿Qué sabe usted al respecto?”. Joe Winters se estremeció, sin poder dejar de mirar la pistola. “No sé nada. Algunos de los muchachos tenían problemas con Rudolph. Pero siempre fue amable conmigo. Salí de la tienda a las nueve, justo cuando cerró. Estaba demasiado cansado para cambiarme de ropa, así que me fui con traje a casa. Nadie me dijo ni una palabra en el metro”. “Rudolph era un cerdo”, gruñó Sam Petrie, el segundo elfo. “Hubo muchas confrontaciones y él me empujo, pero nunca le hubiera partido la cabeza. Le demandé ¿Qué sentido tiene que Santa Claus muera si no puedo hacerle pagar por ello?”. Robert Goldstein era el elfo más pequeño. Al conocer la noticia, se echó a llorar. “La semana pasada, Rudolph me reprendió de forma brusca. Dijo que yo llevaba demasiado despacio a los niños. Él me dio una palmada en la cabeza y me dijo todo tipo de cosas. Pero yo no le maté”.
El detective llamó a su asistente. "Bueno, tenemos a nuestro asesino", dijo con una sonrisa. “Todo lo que tenemos que hacer era usar un poco de psicología”.
¡FELIZ NAVIDAD A TOD@S!