lunes, 1 de diciembre de 2014

Pedos perfumados

¿Cuántas veces hemos mirado mal o nos hemos quejado porque alguien se ha bufado dejando un intenso olor que genera repulsa y naúsea? Y por el contrario… ¿De qué forma hemos silenciado un cuesco con la esperanza que nadie se diera cuenta? Sí, amigos, el pedo un tema recurrente, algo muy castizo, muy arraigado a nuestra tradición escatológica que abunda en conversaciones y anécdotas. Algo natural, por supuesto, que responde al conjunto de gases intestinales comprimidos dentro de un cuerpo y que se expelen con un aire enérgico (sonoro o no). Esa insoportable incomodidad recíproca entre el emisor y el receptor se basa en compartir un hediondo miasma que da como consecuencia un instante desagradable conjunto. Como sugiere el dicho popular “El pedo es un aire ligero que sale por un agujero con un olor acedo, que anuncia la llegada de su amiga la cagada”.
¿Es posible acabar con este embarazoso contexto? Varias veces se ha fantaseado con que los pedos desprendian un olor agradable en vez de ese característico efluvio de pestífera sentina. Pues bien, el señor de la imagen que se parece a Pierre Kartner, el padre Abraham de los Pitufos, es el inventor francés Christian Poincheval y asegura haber creado unas píldoras que confiere un aroma perfumado a violetas o rosas a las flatulencias. No es broma. Incluso va a lanzar una nueva fragancia a chocolate para esta Navidad. El forjador de este ambicioso proyecto ha trabajado durante casi una década para conseguir esta milagrosa pastilla antipedos. La idea se le ocurrió después de una copiosa cena donde todo el mundo no pudo evitar un festival de repulsivos gases. Y quiso poner remedio a la situación para no que se volviera repetir.
Las píldoras cuestan diez euros y hay una versión en polvo para evitar la inesperada brisa de las mascotas que se pueden adquirir en esta página. Eso sí, ante otro accidental fenómeno del universo aerofágico como son los pedos mochileros o los pedos pintores, habrá que esperar un tiempo para que alguien invente algún antídoto contra esta caldosa contrariedad.
Si queréis haceros con estas milagrosas cápsulas anti-pedos, aquí tenéis.