viernes, 12 de diciembre de 2014

George Carlin y la gran paradoja

La gran paradoja, el contrasentido de nuestro tiempo, es que tenemos edificios más altos, pero nuestro rumbo es más bajo. Tenemos autopistas más grandes, pero puntos de vista más pequeños. Gastamos más y tenemos menos. Compramos más, pero disfrutamos menos. Tenemos casas más grandes, pero familias más pequeñas, más comodidades, pero menos tiempo. Tenemos más estudios, pero menos raciocinio. Más conocimiento, pero menos crítica, más expertos, por lo tanto más problemas, más medicamentos que de nada valen porque tenemos menos salud. Bebemos mucho, fumamos mucho, somos imprudentes, nos reímos poco, conducimos muy rápido, nos enfadamos mucho, nos levantamos muy tarde y muy cansados, leemos poco, vemos mucha televisión y pensamos menos. Hemos multiplicado nuestras posesiones, pero reducido nuestros valores. Hablamos mucho, amamos poco y odiamos más y habitualmente.
Hemos aprendido como ir viviendo, pero no a vivir. Hemos agregado años a nuestra vida, pero no vida a los años. Hemos ido hasta la luna y hemos vuelto, pero tenemos problemas para cruzar la calle y conocer al vecino. Hemos conquistado el espacio exterior, pero no así nuestro espacio interno. Hemos hecho cosas tan grandes, pero no cosas mejores. Hemos limpiado el aire, pero contaminado nuestras almas. Hemos conquistado el átomo, pero no nuestros prejuicios. Escribimos más, pero aprendemos menos. Planeamos más, pero cumplimos menos. Aprendimos a tener prisa, no a esperar. Hemos construido ordenadores que almacenan más información para producir más copias, desarrollando en el camino tecnologías de transmisión, pero nos comunicamos cada vez menos.
Estos son los tiempos de la comida rápida y la digestión lenta, grandes hombres de pequeño carácter, excesivas ganancias y mínimas relaciones. Son los días de dos sueldos, con más divorcios, casas lujosas con familias disfuncionales. Son los días de los viajes rápidos, pañales y hasta moral desechable, relaciones de una noche, cuerpos obesos y pastillas que lo hacen todo; desde aliviar, alegrar, tranquilizar y matar. Es una época donde hay tanto en la despensa y poco en el almacén. Un tiempo donde la tecnología puede enviar un mail y donde tú puedes decidir si quieres compartirlo o simplemente borrarlo.
Recuerda, utiliza más tiempo con los seres a los que quieres, porque no estarán junto a ti para siempre. Recuerda decir algo amable a quien te mira desde abajo, porque pronto crecerán y dejarán de estar a tu lado. Recuerda darle un abrazo a tu gente más cercana, porque será el único tesoro que puedas darle desde el corazón y no cuesta dinero. Recuerda decir “te quiero” a tu pareja y a las personas que quieres. Y sobre todo dilo en serio. Un beso y un abrazo pueden aliviar el dolor cuando vienen desde dentro. Recuerda sujetar las manos y compartir los momentos, porque algún día esa persona no estará aquí. Dale tiempo al amor, date tiempo para hablar. Y date tiempo para compartir tus pensamientos. Y recuerda siempre: la vida no se mide por la cantidad de veces que respiramos, sino por las veces que nos quedamos sin aliento.
(George Carlin).