martes, 23 de diciembre de 2014

¡Festivus para el resto de nosotros!

“Cuando George era un niño, su padre odiaba los centros comerciales y todo el ritual de Navidad. Así que inventó una festividad. Y en vez de un árbol, su padre puso un poste de aluminio. Luego daba un discurso que hacía llorar a George”.
(Seinfeld 09x10. ‘The Strike’).
Todos los fans de ‘Seinfeld’ tienen presente un concepto que se adelanta a la festividad cristiana de la Navidad y excluye ese céfiro de solemnidad que alterna toda clase de opulentas cenas y comidas con compañeros de trabajo (quien sea el privilegiado que lo tenga), con amigos y familiares, Nochebuena con Navidad, Nochevieja con Año Nuevo, más cenas y reuniones que traen como consecuencia habituales cogorzas continua. Esas fiestas arraigadas a las guirnaldas, al muérdago, a las luces de colores, a los belenes, al pino lleno de bola para goce efímero de la vista, a la predisposición de los buenos sentimientos convertido en cinismo y reproche tiene su alternativa en Festivus, que se celebra anualmente el 23 de diciembre.
¿Qué es festivus? Nació de la mente Daniel O'Keefe, el padre de uno de los guionistas de la mítica serie y se convirtió con el paso de los años en una referencia alternativa y contracultural a la Navidad tradicional. El árbol es sustituido por un poste a modo de tubo de aluminio y sirve como ritual de agravios y reproches bajo denominaciones como “el desahogo de quejas” o las “hazañas de fortaleza”. Se trata pues de un día de fiesta para ser soportado. El personaje de Frank Costanza (Jerry Stiller) forjó el término tras haber tenido un incidente en un centro comercial con uno de los regalos de su hijo George, fundamentando un factor de insubordinación a esa impostada actitud que parece orientar en este lapso de tiempo hacia un cambio de actitud con la finalidad de corregir el talante hacia la solidaridad, la bondad o la fraternidad. Todas esas contradicciones implícitas parecen ser el objetivo del Festivus.
O'Keefe explicaba la génesis de Festivus, simbolizada con algunos objetos como una bolsa y un reloj sin agujas y la liturgia que se seguía en casa. Originalmente sin fecha determinada, se sustituían los villancicos con una música deprimente y se recitaban poesías y el plato era un asado de carne. Tampoco faltaban ridículos sombreros y discursos que contenían cínicos dardos e incorrección política para quejarse e increpar. Recuerda O'Keefe que en 1977 el lema del Festivus fue “¿Estamos deprimidos? ¡Sí!” y cada miembro familiar resumía sus frustraciones y reproches recogidas en grabaciones caseras.
¿Por qué no sacralizar aspectos paganos y aspectos religiosos paganizados y envolverlos del absurdo para transformarlo en una estúpida tradición contracorriente?
Si queréis saber más sobre esta celebración, aquí tenéis la página oficial.
¡Feliz Festivus para el resto de nosotros!