viernes, 14 de noviembre de 2014

'Idiots and Angels' y la contundencia cínica de Bill Plympton

No es un director muy conocido, pero su incesante carrera en el mundo de la animación le han hecho granjearse el aplauso de la crítica y la admiración de sus incondicionales seguidores que le consideran un referente en el sector. Bill Plympton es un artesano cuya genial capacidad creativa le ha convertido en un genio ultrajante y ofensivo, un ‘outsider’ que camina por senderos de oscuridad crítica y extravagante a los que el gran público no está habituado. Cortometrajes de culto como ‘Your face’ (por el que estuvo nominado al Oscar), ‘Cómo hacer el amor a una mujer’, ‘Plymptoons’, ‘Nose Hair’, ‘Sexo y violencia’, ‘Guard Dog’ (otra nominación) y ‘Santa, the Fascist Years’, entre muchos otros o la aportación de largometrajes como ‘J.Lyle’, ‘The Tune’, ‘Me casé con un extraño’, ‘Mutant Aliens’ o el más reciente ‘Cheatin’ reflejan un punto de vista muy particular de acrimonia e infamia, de rebeldía pareja a la idea de otro genio como es Gary Larson. Un hombre que tan pronto trabaja para ‘Los Simpsons’ como se lanza a la dirección del segmento ‘H is for Head Games’ dentro de la película de terror colectiva ‘The ABCs of Death 2’, sin perder su cauce con cada dibujo y con cada nueva producción animada hacia ese trasfondo sobre las penurias existenciales del ser humano, de su mezquindad y de su falta de recursos mentales a la hora de expresar cualquier tipo de sentimiento.
Plympton ha conseguido con su dibujo de trazo violento y colorido de lápiz extraer el ‘slpastick’ y el ‘gore’ que el cine de animación actual parece haber olvidado con sus ciudades y perfectas producciones generadas a golpe de clic, como si este rebelde tuviera la ocasión de sacarle los ojos a la entrañable idea del tío Walt y su concepto de animación y orinara en sus cuencas. El surrealismo feroz que empapa cada creación conlleva en su interior una dosis agria de verdad, de apoteósica crueldad, en definitiva, de autenticidad. Un buen ejemplo de ello es ‘Idiots and Angels’, película de 2008 apadrinada por, ni más ni menos, que Terry Gilliam, que supone un arquetipo imprescindible para analizar la caustica dimensión de su arte y propósitos como maestro de la animación. En ella cuenta la vida de un hombre mezquino y egoísta que vive a gusto su misantropía e intolerancia en una rutina gris y sin futuro. Sin embargo, de forma repentina, un buen día se levanta notando dos bultos en su espalda. Lo que en un principio parece una extraña enfermedad, van tomando la forma de dos alas seráficas que le incitan a realizar buenas acciones en contra de su voluntad. Desalentado por el dolor y la vergüenza de su nueva condición, este pobre diablo hará lo posible por luchar contra esa situación.
A lo largo de esta historia de un antihéroe a su pesar, Plympton expone todo un catálogo de situaciones que identifican su estilo salvaje y políticamente incorrecto, salpicando la cinta con un grado de surrealismo que esconde ese cinismo sangriento que no deja lugar para la indiferencia, como las secuencias en las que el sexo es material de referencia para relacionarse con mutilaciones o las relaciones con el mundo como una excusa para sacar a flote su causticidad hiriente que no deja títere con cabeza. Los sombríos personajes de ‘Idiots and Angels’ pululan por una ciudad suburbana sumergida en un caos de tintes grises y fantasmales. Esta hostilidad bebe claramente de los efluvios del cine ‘noir’, atento siempre a los contrastes casi expresionistas para estipular, mediante un lirismo áspero, la ambigüedad moral de esta fauna. Esa inmunda ciudad de impiedad y recelo se despliega bajo las notas musicales de Didier Carmier, Tom Waits, Pink Martini, Corey A. Jackson o 3 Pierna Torso, rehusando al diálogo en todo su metraje. Una estrategia que encuentra paralelismos intencionales al cine de David Lynch.
La brutalidad de la humanidad es un hecho y la bondad vendría a ser una aberración, parece querer decirnos. Y lo hace como en él es habitual, con una imaginación sin límites, recreándose en una diversión basada en la manipulación de la forma física o jugando con las expectativas de un espectador al que no se le impone un juego cruel para luego enviarle un mensaje de redención y moraleja. Aquí es todo lo contrario, ‘Idiots and Angels’ es una oscura fábula sobre la bondad de la humanidad, sí, pero también sobre su ausencia irracional en la forma más monstruosa. Plympton aboga siempre por el desacato moral y se rubrica con cintas como ésta como un artista que con cada nuevo trabajo traspasa fronteras y se supera. Por muy difícil que parezca. Así es Bill Plympton, al que el Festival de Cine de Gijón le dedica un ciclo con algunas de sus producciones más reconocidas.