jueves, 30 de octubre de 2014

1995: Phoskitos y su terrible verdad

¡Qué recuerdos! ¿Os acordáis de aquella canción “Phoskitos… regalos y pastelitos”?
Ay… cómo ha pasado el tiempo. No podemos evitar que la memoria se retrotraiga a nuestra infancia en la que aquel pastelito de chocolate y nata enrollado proporcionaba un doble y estúpido placer; por un lado, el de un sabor de bollería industrial compuesta por una densa cantidad de grasas hidrogenadas y azúcares refinados tan adictivos como deliciosos. No vamos a negarlo. Por otro, los cromos sorpresa que anidaban en su interior requiriendo el deseo de los niños. Cromos que, al fin y al cabo, estaban protagonizados por superhéroes, personajes de moda en la parrilla catódica del momento o incluso sobre una ridícula catalogación de epítetos cotidianos radiografiados con humor en pequeños rótulos explicativos (el chulo, el hincha, el obrero, el patoso...) Éstos últimos son los que protagonizaban en el año 1995 la incógnita dentro de la bolsa del pastelito.
Sin embargo, este post, más allá de esa delicia de complacencia pueril o su aglomeración energética que continúa en venta como uno de los grandes reclamos de éxito del Grupo Nutrexpa, va a analizar de forma breve aquel anuncio televisivo del citado año. Ese “amigo enrollado que está siempre a tu lado” parece que no atribuía nada nuevo a las expectativas del mensaje sobre el pastelito: un dulce de chocolate en espiral como excelente merienda que ya venía precedido de cierta fama y prestigio. El final del anuncio pretendía ser el señuelo de venta que captara la atención del más pequeño, ya que, a través del Phoskito, se podían conseguir unos alucinantes ‘salti-flash’ luminiscentes (ojo, "directamente de los Estados Unidos") que brillaban en la oscuridad. Algo muy de moda por entonces que obtenía el propósito de la campaña publicitaria que haría recuperar la inversión publicitaria. Todos los niños iban a querer estos ‘salti-flash’ tope molones. Y eso fue una realidad.
No obstante, entre medias había algo inquietante, que no procedía del ‘marketing’ aparentemente directo y que escapaba al ‘target’ estratégico. Una asimetría publicitaria que, de repente, era el tema de conversación en los colegios e institutos ¿Era cierto que el pastelito de animación introducía el dedo en su propio ano y comía de él con un simbólico alarde de coprofagia saludable? En ese instante, el Phoskito ya no parecía una alternativa tan delectable para las meriendas ¿Qué clase de mensaje estaban lanzando los de Nutrexpa? Viendo el spot por segunda vez parece que está clara esta teoría, el dibujo animado de un pastelito se mete el dedo en el culo y se come su contenido. Aquel confite que lanzaban como “enrollado y sabroso amigo de verdad” promulgaba un testimonio involuntario sobre el verdadero concepto que expone en términos alimenticios la bollería industrial y sus consecuencias sobre la infancia. Estaban diciendo, sin querer, que este tipo de alimentación, en el fondo y sin moderación, es una mierda como un templo que puede estropear la salud y el crecimiento de los más pequeños.