jueves, 4 de septiembre de 2014

'La Otxoa, sin complejos', un documental de Joseba Gorordo

Un artista a contracorriente
Sobre el escenario del teatro Campos Elíseos de Bilbao, tan sólo iluminado por un foco, emerge la figura de José Antonio Nielfa, conocido por todos como “La Otxoa”. Él mismo se presenta: “¿Ustedes se preguntarán qué hace este señor aquí. Les explico…”. Con esa declaración de intenciones comienza el documental de Joseba Gorordo ‘La Otxoa, sin complejos’, un viaje que recorre desde la primera persona de quien protagoniza el filme determinados aspectos de la vida personal y artística de un artista confeccionado a base de detalles; que van desde sus duros comienzos sin el apoyo de unos padres que no veían con buenos ojos que su hijo fuera ni futbolista ni cantante (“Mi padre quería que le saliera ‘txikitero’ como él y le salí folclórica”) hasta su zenit como figura reconocible en el mundo de la farándula y hostelero de éxito.
Fuera de los términos de Vizcaya, “La Otxoa” es conocido por una generación que reconoce al mito que representa al ser uno de los adalides más reconocidos dentro del movimiento gay español cuando todavía era un tema tabú y la homofobia se hallaba muy activa en el pensamiento retrógrado de la sociedad española anclada en la raigambre censora e intransigente que aún hoy persiste en las esferas de la ideología más reaccionaria. El documental repasa la vida de este artista desde su voz y memoria, rememorando su origen en el barrio de San Francisco en Bilbao, en el que trabajó en un local llamado ‘8A’ (de donde toma su nombre artístico) hasta su partida, en pleno franquismo, a Torremolinos, donde trabaja de camarero en un bar de ambiente en busca de su propia identidad y de la libertad que se le había negado durante tantos años.
A finales de los 60, fascinado por el ambiente que se vivía en los círculos de espectáculos de cabaret de la Avenida del Paralelo, se mudó a Barcelona a trabajar en otro local, en el que fue detenido y encarcelado por su condición de homosexual en virtud de la infausta ley franquista de “vagos y maleantes”, al ser considerado como un “peligro social”, obligándole a convivir en un entorno hostil entre rejas donde fue recluido sólo por ser diferente a los demás.
Cuenta “La Otxoa” que 1979 fue “su peor año y también el mejor”, puesto que coincidieron el fallecimiento de su madre y de uno de sus mejores amigos con la llegada del éxito y reconocimiento nacional. Tomó su nombre artístico en la Aste Nagusia de aquel año y se convirtió en uno de los rostros reconocibles y pioneros del transformismo en España. Desde aquel instante, pasó a ser un innovador con el suficiente arrojo que encontró en la canción ‘Libérate’ el himno de la lucha contra la opresión y reivindicación por la libertad de su condición sexual.
‘La Otxoa, sin complejos’ se limita a escuchar, a través de sus anécdotas, esa época oscura y gris, atendiendo a un diálogo donde se manifiesta la personalidad de este genuino personaje, beligerante, carismático y lleno de aristas e inquietudes. Nielfa pasó también por Madrid, en una época especialmente proclive al cambio en el que abanderó y fue una de las voces principales de la denominada y célebre “movida madrileña”, que se dio como movimiento sociocultural en la capital de España a finales de los años 70 y principios de los 80. Anticipándose a los albures del cambio hacia la transición posterior, legitimó su esencia y emergió el personaje destinado a hacer de él un icono de la heterogenidad de la época, logrando grabar una decena de discos (‘Toma bacalao’, ‘Todas al fútbol’, ‘Libérate’, o ‘Mariloka’, entre muchos otros) y participando en películas como ‘La muerte de Mikel’, de Imanol Uribe, recordada por su interpretación de su éxito ‘Todas al fútbol’.
La idea motriz del documental es, en realidad, una reflexión sobre el cambio de los tiempos, sobre la nostalgia de lo vivido, sobre la muerte y el paso del tiempo, la creencia de Dios o la inmortalidad de su figura, desarticulando los tópicos fáciles, con un anclaje de añoranza en los recuerdos desde una condición ajena a la mal considerada “normalidad”. Así, con voz propia, se va acompañando su diálogo con imágenes de un importante componente de manifestación estética y liturgia en el plano más teatral e interpretativo del cantante.
En su documental, Gorordo acierta en su enfoque al narrar la historia de un hombre hecho a sí mismo, que luchó contra los prejuicios como un superviviente, retratando mediante sus pequeñas historias un mundo que se resiste al cambio. El documental tiene el mérito de indagar en esos resquicios de una vida insólita que definen entre líneas las sombras del desamor, buceando en ámbitos que aborda desde el respeto y la disciplinada distancia, algo muy complicado cuando se trata de hablar de sentimientos. Y lo hace apelando a lo emotivo y al compromiso con la mirada traslúcida de un hombre a contracorriente que ama, sobre todas las cosas, a la ciudad que le vio nacer y donde es un elemento cultural de referencia.
‘La Otxoa, sin complejos’ viene a ser un gran trabajo de campo que consigue reflejar en la pantalla la vida y obra de un personaje provocador, afianzado en la pertinaz idea del libre albedrío más allá de las consecuencias que se exponen ante la cámara, con el desparpajo que le caracteriza y que guía al espectador por un itinerario biográfico trufado de anécdotas, cuya fórmula opta por asentar su contexto en las respuestas por parte del entrevistado. La gran virtud de este documental es, no obstante, la dedicación de centralizar su corpus en la propia construcción de sus pasiones y vida mediante la palabra, profundiza en significados baladíes dentro de la vida de este hombre, personaje insólito, tan popular como provocador y entrañable.
‘La Otxoa, sin complejos’, de Joseba Gorordo, se estrena esta noche en ETB-2 a la 00:30.