jueves, 25 de septiembre de 2014

Google Maps y los dioses anónimos

Cuando en 2007 se puso en marcha por primera vez Street View, una de las cosas que más preocupaban era la preservación de la intimidad de las personas que pudieran aparecer captadas por la cámara del coche de Google. El propósito era el de facilitar al internauta una experiencia cercana a un paseo virtual mediante imágenes reales obtenidas en las calles de todas las ciudades del mundo. El miedo era una invasión de la privacidad de las personas, con el riesgo de mostrar imágenes de la gente común o matrículas de coches que pudieran comprometer ese espacio propio.
Google, por supuesto, incluyó una cláusula preservando este derecho fundamental con el siguiente texto que se puede leer en su web de Google maps: “Hemos desarrollado una tecnología de vanguardia para difuminar los rostros y las patentes de los vehículos, la cual se aplica a todas las imágenes de Street View. Esto significa que si una de las imágenes contiene un rostro (por ejemplo, el de una persona que pasa por la calle) o la patente de un automóvil identificables, nuestra tecnología los difuminará automáticamente para que no se pueda identificar ni a la persona ni al vehículo. Si a nuestros detectores se les escapa algo, puedes informarnos fácilmente”.
Ahora, la pregunta es la siguiente: ¿las estatuas también entran en ese concepto de protección? Obviamente y a la vista de este divertido catálogo de monumentos de efigies religiosas, eso parece. La difuminación de esos rostros borra las señas de identidad místicas, convirtiéndolos en simples rostros borrosos, fundiéndolos en el anonimato. No deja de ser curioso y divertido pensar que eso es precisamente lo que debería haber sucedido desde el principio de los tiempos.
Aquí podéis ver el resto de las capturas gracias a la ocurrencia de Marion Balac.