viernes, 4 de julio de 2014

Rutina

El automatismo, la rutina, la reiteración monótona que transforma los días en una sucesión de matices inadvertidos que invaden los propósitos, ése estado de ánimo que sobrevuela la inmediatez del vacío. La lejanía huidiza parece querer decir un adiós constante de promesas malditas, traicionando la esperanza con la impregnación del mismo devenir diario, con la falta de proyección y la apatía del paso del tiempo percibido con el axioma de la redundante frecuencia. Una sucesión de imágenes paradójicas, frases graciosas y algún recurso que cambie la neutralidad esgrimida en el mecanismo de un reloj que parece no avanzar parecen ser suficientes. Algo es algo. El arte del movimiento puede convertirse en un arte de la repetición que se atiene a un inmutable ciclo de cinismo e ironía.
Sin embargo, un día traicionas a la mañana con una sonrisa, enfrentándote a la desidia con un grado más de valentía, vislumbrando nuevos desafíos a través de la rendija del optimismo, sabiendo que algo diferente va a suceder y que, inevitablemente, traerá aires de cambio para superar los obstáculos cuando éstos asomen. Es la hora de volver a la vida escrita, a los mundos imaginarios que ilusionan con su ofrenda de un destino mejor, incierto sí, pero azaroso e inesperado, lleno de sorpresas. Es el momento de derrotar a la mezquindad y hacerse con el triunfo de la imaginación. La hora de regresar al teclado a concebir personajes y mundos activando el mecanismo de esa fantástica actividad de espiritualidad creativa, subjetiva y personal que es escribir, para urdir historias de ficción inventadas o de reflejar la cruda realidad… Ficciones construidas a través de fragmentos inmersos en nuestro mundo donde, falsificando los códigos de la realidad se transforman en algo imaginativo para que adquieran una disposición de regreso al mundo real.
Y cuando estás delante del ordenador, habiendo superado el miedo al folio en blanco, dispuesto a retomar grandes ideas esperando a cobrar vida, algo imprevisto sucede. La pantalla se apaga de inmediato y hunde la agitación del comienzo en una angustiosa incertidumbre. Se ha ido la luz. Transcurridos unos instantes, se escucha el eco de unas sirenas que se acercan lentamente. Te asomas a la ventana y aprecias que el corte del suministro eléctrico ha afectado a toda la zona. Y apenas sin quererlo, regresas de nuevo a ese mundo gris de hábitos saturados en la desazón de lo glacial y vislumbras cómo tu hogar se reduce a un paisaje indolente y desértico donde todo lo que te rodea se limita, como cada día, a un entorno indefinido.