domingo, 20 de julio de 2014

Desconexión 2.0: Fin de temporada abismal

A lo largo de lo que llevamos de este año, este blog está batiendo récords de actividad y regularidad que se remiten a las épocas doradas, cuando la demanda que congregaba casi dos mil quinientas visitas únicas diarias, allá por 2005, 2006 o 2007, hacía necesaria tal intensidad. Tanto es así, que en siete meses de este 2014 se han superado con mucho la totalidad de las entradas de 2013 y va camino de doblar las de 2012. Y claro, esta locura sin retribución alguna debe frenar para no cauterizar ni el mecanismo de escritura ni provocar un colapso mental o un síncope de pesimismo venidero.
En cualquier caso, llega el momento de detener, como casi todos los veranos, la actividad de este blog. Y, sobre todo, tanta saturación de redes sociales. Hay que saber cercenar esa abducción a la que nos vemos sometidos con este paraíso falsamente reconfortante llamado comunicación 2.0 que nos arrastra y consume paulatinamente como una droga cualquiera. Esta vez no me tomo vacaciones precisamente. Tampoco se trata de sugerir el abandono del blog, como estuvo a punto de suceder hace dos años. Aunque es algo que sigue latente, aunque aletargado en espera de acontecimientos.
Se trata de esa despedida momentánea, sin embargo no bajo el concepto de “merecidas vacaciones” o de cierre de una maravillosa temporada que el Abismo no vivía hace años. La servidumbre hacia el trabajo sin tregua seguirá su curso, enfocando este intervalo de tiempo de ausencia hacia otros derroteros, otros proyectos que requieren de este tiempo y que fundamentan su trascendencia en la inversión del ánimo y el esfuerzo al servicio de ellos. Tampoco voy a ver un euro de todo. Llevo más de cuatro años sin un contrato laboral, pero a su vez cada día de esos cuatro años me he acostumbrado a arrastrar poco menos de una media de seis horas de sueño para abordar cada jornada del día escribiendo, creando proyectos e insistiendo estérilmente en encontrar un hueco en los diversos sectores en los que me he especializado y desarrollado mis aptitudes, que son muchas y variadas.
Forma parte del juego de supervivencia cabrón y despótico al que me humillo a cada hora, a cada día, a cada mes y a cada año. La facundia escrita se encauza hacia otra forzosa evasión por sacar adelante otros planes. En síntesis: voy descansar para trabajar. Por tanto, seguiré dejándome la piel para intentar emerger de este lodazal de desesperanza que consume el espíritu en la carestía laboral y que deriva en tantos problemas y ahogos, procurando que no diluyan las expectativas puestas en los diversos frentes, para que algún día la estabilidad se transforme en realidad. Sin respiro.
Regresaré si algún suceso trascendente impera como post en el histórico del blog. Y sobre todo para celebrar como es debido un par de cumpleaños; el del aniversario del estreno de una película legendaria a finales de agosto y, posteriormente, el de este espacio que celebra una década desde su nacimiento el día 5 de septiembre de 2004, mes en el que la actividad regular del blog volverá a su cauce. Una década ya, quién lo diría. Diez años en los que habéis ido y venido, habéis descubierto el blog u os habéis asomado a este Abismo del absurdo. Y, por supuesto, los que siempre habéis estado ahí para leer o echa un vistazo a las 2.216 entradas que se han acopiado con los años.
Hasta entonces, bebed cerveza helada, disfrutad de la vida y nunca bajéis las escaleras con las manos en los bolsillos. Os deseo un feliz verano a todos y gracias, de todo corazón.