sábado, 14 de junio de 2014

Stanley Cup 2014: Los Kings se llevaron su segundo título en tres años

Visto lo visto en los anteriores partidos, la Stanley Cup iba teniendo dueño desde el comienzo de estas finales, más por el ‘punch’ a la hora de llegar a la portería contraria, que por la superioridad mostrada en los cuatro anteriores encuentros. Tal condicionante ha terminado otorgando el segundo título en los últimos tres años a los Kings de Los Ángeles, que se llevaron el que ha sido el partido más emocionante y con más suspense de toda esta serie. Jugando en casa, con un Staples Center hasta la bandera, los New York Rangers se encomendaron al juego de Henrik Lundqvist, que había demostrado en los anteriores encuentros que era el hombre más en forma de la escuadra dirigida por Alain Vigneault. Era cuestión de fuerza, de un juego que ha sido demoledor en esta final por el campeonato de la NHL. Los Kings no dejaron escapar la posibilidad de cerrar una temporada de ensueño, haciendo que el 3-1 conseguido en el cómputo deshiciera las esperanzas de los neoyorquinos por levantar una final que se les puso muy complicada en el partido de la madrigada del pasado miércoles.
Empezó inspirado el ‘goaltender’ Lundqvist, parando todo lo que los angelinos lanzaban a puerta. Doughty, Alec Martinez, Mitchell y Dwight no pudieron perforar la portería de los Rangers pese a aprovechar sus llegadas ofensivas. Sin embargo, los Kings supieron sobreponerse y comenzar a dominar como habían venido demostrando en la final. Hasta que Justin Williams pudo marcar el primer tanto que hacía que la Stanley Cup estuviera más cerca de quedarse en Los Ángeles. Pese a que los Rangers supieron no venirse abajo con el tanto, en gran parte con las llegadas de Martin St. Louis y Brad Richards, eran los Kings quienes tenían las oportunidades más claras. De hecho cuando tras un ‘powerplay’ Chirs Kreider lograra el empate, nadie esperaba que casi sin respiro Brian Boyle pusiera en el marcador un 2-1 dándole la vuelta al encuentro en un visto y no visto. Fue a partir de entonces Lundqvist quien empezó a desajustar el objetivo del equipo local, con paradas de un talento fuera de serie. A los ocho minutos del tercer periodo, aprovechando una superioridad numérica, sería Marian Gaborik el responsable de un empate que hizo enardecer los ánimos y el aliento de los espectadores. De hecho, tanto Lewis y Toffoli, tuvieron en su stick el gol ganador, pero la providencia del guardameta sueco y el devenir lógico de estas finales llevó el partido a una nueva prórroga. La tercera de la serie.
La prolongación fue de lo más espectacular y contundente que se ha visto en todo el año, con un juego por parte de los dos equipos basado en el físico y el desgaste, con una dureza que marcan la gesta de una final. McDonagh y Girardi enviaron sendos disparos al poste que hubieran abierto la final a un nuevo episodio y darle así un respiro a los Rangers, que siguieron con el ímpetu de levantar la eliminatoria en las escapadas de Kreider que estuvo a punto de sentenciar el partido. Sin nada decidido, en una contra combinativa entre Clifford y Toffoli dejó un duro disparo que Lundqvist logró despejar con tan mala fortuna que Alec Martinez recogió y logró anotar el tanto de la victoria que daba la Stanley Cup a los Kings. Volvían a repetir la hazaña sólo dos años después, en la que se granjearon el título contra los New Jersey Devils.