jueves, 26 de junio de 2014

Review 'X-Men: Días del futuro pasado (X-Men: Days of Future Past)', de Bryan Singer

Reconfortante continuismo mutante
Bryan Singer vuelve a la saga de los ‘X-Men’ después de más de una década recuperando el pulso que supo imprimir Matthew Vaughn en el anterior ‘reboot’ en una disección del pasado y el presente de sus personajes.
Después de ‘X-Men: Primera Generación’ quedó patente que la saga de los mutantes superheroicos necesitaba una rehabilitación mitología fomentada, en gran parte, por una tercera parte ‘X-Men: La decisión final’ que supuso una anémica finalización y un agotamiento más que evidente dentro de los parámetros de las adaptaciones del cómic de la Marvel hasta la llegada de ‘Los Vengadores’, de Joss Whedon. El ‘exploit’ y filón de los cómics llevados a la gran pantalla parecía haberse acomodado en la incuria de cualquier complejidad en la concepción de un subgénero que juega muchas veces con lo insubstancial de ambos artes al perder el equilibrio entre el origen y la adaptación.
La cinta de Matthew Vaughn propuso un agradecido cambio de aires a la saga de los mutantes con una precuela (más bien reseteo) filmada con elegancia en una ágil concesión al ‘thriller’, con un fondo de sentido del humor que mitigó los errores pasados. Con ‘X-Men: días del futuro pasado’ se reaviva esa ansiada reinterpretación de los orígenes con un Bryan Singer que regresa tras once años apartado de ella, en conjunción con un libreto de brillantez ajustada a esta resurrección por parte de Simon Kinberg y Jane Goldman.
Se trata así de reconducir la estética y el imaginario del cómic a un tono mucho más naturalista y creíble para aportar el realismo necesario al drama, como esculpió el propio Singer entonces, a través de ese discurso constante e ineludible sobre la supervivencia de la especie mutante y su conservación frente a la segregación a la que son sometidos dada la intransigencia y discriminación por los prejuicios de una sociedad en progresión hacia la distopía. En esa circunstancia, un ejército de Centinelas a las órdenes del gobierno está sacrificando mutantes y encamina al mundo a su Fin. No obstante, el Profesor Charles Xavier y su antagonista, Magneto, vuelven a unirse para transportar la conciencia de Logan/Lobezno a los años 70, donde pueda poner fin a este programa gubernamental para preservar el bienestar de los de su raza y del mundo.
Abordando una contextura mucho más reconducida al espíritu de los cómics que ningún otro, es paradójicamente ‘X-Men: días del futuro pasado’ la adaptación más libre de todas las grandes historias surgidas de la Marvel, con el Profesor X y Magneto usando los poderes Shadowcat y evitar así la muerte de Trask a manos de Mística, dibujando un nuevo tablero de ajedrez que sirva de escenario para que las piezas se muevan en una escondida estrategia no sólo en las paradojas temporales propuestas en este filme, sino con la intención de ejercer una libertad sin coartadas hacia nuevos horizontes de la serie.
Los devotos de la saga se preguntan hasta qué punto afecta a este tipo de producciones las reescrituras y la fidelidad hacia las páginas del cómic, puesto que estamos ante una serie de películas muy vinculadas a una tipología de público que, si bien no excluye al neófito que entre en el cotarro mutante por primera vez, sí requiere una familiaridad con algunos títulos anteriores. La respuesta es variable: si bien mantiene el respeto hacia las aventuras de los mutantes dentro de las páginas tebeísticas, es cierto que se ha ejercido un ‘reboot’ completo para comenzar de nuevo obviando cualquier corrección, sin rastro de condescendía, beneficiándose de una narración y seguimiento de los personajes desde el pesimismo y la condena que rodean a esta nueva pátina que se le ha conferido a la saga. El resultado ha sido positivo, puesto que se ha reestablecido la empatía con las emociones de los personajes, sobre todo el respeto, por no decir miedo, que ejerce ese villano que es Magneto, motivado por los sentimientos al que tan bien pone rostro de Michael Fassbender, en sintonía con el carisma del de Ian McKellen, cuya metamorfosis obedece a una evolución de su maldad esgrimida en la rebeldía y el integrismo, así como la contraposición con su antagonista, el profesor Xavier y cómo el decaimiento en el presente (Patrick Stewart) evidencia que el cansancio fue mermando las ansias de cambiar el mundo del pasado (James McAvoy).
Además, en esta nueva entrega de los ‘X-Men ‘ se incluyen varios personajes que refuerzan esa esfera de introspección e interrelación entre los caracteres como son Destello (Bingbing Fan) y Mercurio/Pietro Maximoff (Evan Peters), dos componentes de la saga que revitalizan el poder de sugestión de esta nueva orientación, así como un rol desarrollado desde un dibujo más interiorizado de Raven/Mística (Jennifer Lawerence), cuya presencia ha dejado de ser meramente articulada en el ornamento espectacular hacia una trascendencia que se extiende a personajes puntuales que tienen su efecto protagónico sin pasar desapercibidos. Algo que contribuye a que Logan/Lobezno (nadie se imagina ya el personaje sin el físico de Hugh Jackman) opere como eje invisible y pase más desapercibido con la solvencia que ofrece su personaje cuando efectúa su labor en un segundo plano, como es el caso, y atribuyendo de este modo un carácter de compleja pluralidad a estas nuevas secuelas.
La cuestión vital en ese nuevo episodio era si el regreso de Singer a la saga que le encumbró al olimpo de las adaptaciones superheroicas estaría a la altura de esa elevación de calidad de la propuesta iniciada por el ‘reset’ de Vaughn. Y lo ha logrado con creces, sobre todo en la primera mitad de esta propuesta, sabiendo modular sus ejemplares ‘set-pieces’ con una ecuanimidad que consigue evitar la reiteración de un modo muy sutil y acertado. Singer aprovecha en su beneficio los bucles temporales en serie que sirven para desglosar sus intenciones en la acción dinámica y en el ingenioso interés que despierta ese devenir del desarrollo de los acontecimientos de cada universo paralelo y cómo las acciones impactarán en el presente, así como el desarrollo que concierne a las conexiones por la tolerancia y la evolución humana fundamentadas como emblema de esta franquicia.
‘X-Men: días del futuro pasado’ emerge como una producción metalizada que devuelve esa frialdad ambiental seguida por Singer en sus primeras entregas para respaldar visualmente un guión astuto que, sin llegar a alcanzar un espectáculo total, sí se nutre de ejemplares detalles de eficacia fílmica, sobre todo en sus vistazos al pasado. Es la consecución de un giro en la saga que no traiciona su esencia ‘mainstream’ y permite que el espectador no sólo asista a un lujoso espectáculo lleno de acción, sino a su vez un agradable ejemplo de cine de entretenimiento de gran calidad.
Miguel Á. Refoyo "Refo" © 2014