miércoles, 18 de junio de 2014

Mundial 2014 (II): Tradición recuperada

Desde 2008, en la que la selección española de fútbol obtuvo su segunda Eurocopa con aquel mítico gol de Fernando Torres contra la selección alemana, en esta casa seguimos una estúpida tradición que forma parte de la evolución culinaria idiosincrática. Desde el principio de aquélla cita futbolística, hicimos un pacto implícito por pasar el tiempo en forma de liturgia divertida que iba más allá del fútbol, bastante práctica, consistente en disfrutar platos de otras culturas. El reto, como un absurdo sortilegio, tomaba de excusa el fútbol para preparar un plato tradicional o típico del equipo contra el que España fuera a enfrentarse ese día.
Fueron muchas las recetas que fueron pasando por la mesa, mientras veíamos absortos cómo la selección, primero de Luis Aragonés (Eurocopa 2008) y después de Vicente Del Bosque (Mundial 2010 y Eurocopa 2012), iban pasando fases hasta hacerse con títulos imposibles de soñar hace años. Lógicamente, no responde a esta tradición gastronómica el éxito de la selección, sin embargo, este uso no se repitió el pasado viernes en el partido contra Holanda. Ya he comentado en este blog que este Mundial no se afronta con el mismo entusiasmo que anteriores, cuando el desconsuelo de la crisis te golpea tan de cerca y a uno no le quedan ganas de engalanar la casa, de seguir otras usanzas relacionadas con el deporte rey. Nada ha cambiado a ese respecto. No obstante, que nadie piense que me alegro de la dura derrota del otro día, ni que deseo que la selección no continúe el legado de éxitos que lleva perpetuando a lo largo de seis años.
Por eso, nos hemos dicho ¿qué cojones...? Y hemos procedido a recuperar, para propia delectación, aquélla entrañable superstición casera, la de elaborar un plato típico del rival para, de forma metafórica, comérnoslo. A ver si así rompemos ese abultado descalabro del otro día y se puede levantar el perjuicio del desánimo. Si ganamos, seguiremos en la tesitura de cocinar un plato foráneo correspondiente al enemigo deportivo del día. Si perdemos, qué se le va a hacer. Buscaremos otra absurda excusa para transformar aquélla testimonial costumbre en algo más habitual, más alejado de la trivialidad del fútbol y acercándolo a cosas más importantes.
De momento esta tarde, como parte de especial de REFOgones especial Brasil 2014, nos hemos metido entre pecho y espalda un rico chacarero, el sándwich o emparedado que supone uno de los platos más típicos y reconocibles en cuanto a comida rápida de la gastronomía chilena se refiere. Yo estoy con los que piensan que ellos son la verdadera y genuina “Roja” y no nuestro equipo, más proclive a agenciarse modas y designaciones. Que Chile se quede con la nomenclatura, históricamente les pertenece. Que la selección española se preocupe por la victoria… O yo qué sé. Pero el chacarero estaba de muerte.
Y sí, basta ya de deporte. Mañana prometo encauzar esto hacia el cine y otros de esos ámbitos desde el prisma descolocado que lleva perpetuándose una década por este blog.