lunes, 16 de junio de 2014

Finales NBA 2014: San Antonio Spurs y la solemnidad de la perfección

San Antonio Spurs había llegado a esta final con una voluntad inapelable y un férreo objetivo a cumplir: enmendar la anterior edición de estas Finales de la NBA y apuntalar la imagen de equipo sólido y campeón que ha mostrado a lo largo de la temporada regular. Gregg Popovich parece haber pertrechado uno de los mejores y más completos equipos que se recuerden, negociando con la maestría de un gurú del baloncesto la veteranía de sus estrellas, la adjudicación de nuevos ‘status’ heredados y la compensación de un banquillo en constante rotación cuyo engranaje opera con sutilidad en la abrumante gestión táctica. Acabó siendo el mejor equipo de la liga (62 victorias – 20 derrotas) sin que ningún jugador de la plantilla superara los treinta minutos de media. Un hecho éste último que se da por primera vez en la historia de esta exigente competición.
La final no ha sido más que la constatación de ese vendaval de baloncesto fluido, de juego en equipo y constante evolución. Los Spurs han sido una auténtica apisonadora que han pasado por encima de los Miami Heat de Spoelstra, ganando cuatro de los cinco choques de esta serie final por más de quince puntos, mostrando una exhibición tanto ofensiva como defensiva que define el factor colectivo de una franquicia que ha sido capaz de promediar en estos cinco partidos nada menos que 106 puntos y en los que en cuatro de ellos (dos a domicilio) se ha impuesto por más de quince puntos. Una hazaña épica para los llamados “hombres de negro”.
Ha habido de todo en esta final que perdurará en la memoria colectiva como una de las más arrolladoras y espectaculares de los últimos años. De hecho, este quinto anillo de los del Álamo, se ha conquistado con unos números y un juego que hacen palidecer sus anteriores logros. Durante el primer partido, el aire acondicionado del ATT Center de San Antonio provocó temperaturas asfixiantes que sembraron las dudas en Miami. Básicamente, porque debido a este factor, LeBron James se quedó en la cuneta tras sufrir unos calambres que allanaron el camino a la victoria de unos Spurs que creyeron más en la victoria para afianzarla en el último cuarto. En el segundo encuentro, “The King” volvió a erigirse como ese jugador total y letal, asentado en el individualismo y el acierto fuera de lo común, recordando sus mejores actuaciones y beneficiándose de los errores en los tiros libres de San Antonio y un preocupante quebranto del poder físico y colectivo de los texanos. Sin embargo, fue un espejismo, un tránsito y cura de humildad para lo que iba a venir.
Las expectativas de Miami respecto a la final se empezaron a resquebrajar en casa, cuando emergió la potestad del heredero y rival del propio Lebron, Kawhi Leonard, que asumió el rol de líder ejerciendo poco menos de superhéroe y gestando otro récord que ni el mismísimo Michael Jordan pudo conseguir: trazó la mejor primera parte ofensiva de la historia de las finales. Miami nada pudo hacer contra el descomedido porcentaje de tiros de campo de los Spurs (75 %) y el bajón físico que afectó al propio LeBron. Pero el reinado de los de Popovich quedó patente en el tercer choque, donde destrozó otra ley no escrita al convertirse en el primer equipo en ganar dos veces consecutivas a domicilio en las finales. Y lo hizo por la vía rápida, ejerciendo de nuevo de grupo aplastante y subiendo las estadísticas a unos números nunca vistos. Los Heat notaron la frustración que se ha instalado en el equipo en las que han sido las series más desequilibrada de los fastos de la NBA. Y el hecho de llegar así al quinto partido, en territorio hostil, hacía prever que el fatal desenlace para sus intereses era cuestión de horas.
La madrugada de ayer vivió la magia de un espectáculo digno de grabar y visionar una y otra vez hasta el éxtasis del baloncesto en estado puro. Comenzó el encuentro con el 6 de Miami especialmente inspirado y herido en el orgullo. La resistencia de los visitantes, amparado en la fuerza desmedida de LeBron en los primeros compases supuso un contraste absoluto de actitud y modos. Transcurridos siete minutos, el marcador indicaba un escandaloso 6-22 a favor de los Heat. Parker estaba desaparecido y el juego colectivo del equipo local disipado en el error y la definición física de un contrario aferrado a su esperanza de remontar. Fue un efecto efímero. Una visión pasajera. Recordemos que el año pasado, durante el último partido, el argentino Manu Ginobili, falló estrepitosamente canastas decisivas en aquel séptimo partido para erigirse como uno de los principales responsables del fracaso de los Spurs. De tal forma fue su actuación en aquel malogrado encuentro, que llegó a sugerirse una necesidad de recapacitar sobre su continuidad en la competición.
Pues bien, ayer fue precisamente Ginobili, apoyado en el despertar de Kawhi y un totémico Patty Mills los encargados de ir extinguiendo la llama de Miami para terminar por sofocar cualquier reactivación hacia la remontada. Una vez más, el juego coral de un equipo no echó de menos a Parker (que se metió en el partido cuando el anillo estaba en el bolsillo), Green o Diaw, porque la efectividad del grupo está más allá de los desaciertos individuales. Ahí estaba Ginobili que con 36 años, se permitió el lujo de plantarle un mate estratosférico ‘in your face’ a Chris Bosch para, seguidamente, anotar un triple acrobático que dinamitó los exiguos ánimos del rival. A la fiesta se unieron Duncan, el mejor ala-pívot de la historia grabando su nombre en oro o Mills, con un festival desde la línea de tres que parecía no tener final. Mientras tanto, Dwyane Wade seguía labrando una de las peores finales que se recuerdan para uan estrella de tal magnitud y sueldo casi insultante.
Cinco anillos en tres décadas distintas
Como si estuviera escrito en el destino, el otrora ‘Big Three’ de Miami se descompuso y LeBron no pudo luchar él sólo contra la rotundidad de un baloncesto modélico, el lujo combinativo entre el espectáculo, la estética y unos números categóricos. Con el marcador final 104-87, San Antonio había hecho historia. El rostro destrozado de LeBron dejaba una imagen de derrota más allá de lo deportivo, mientras Kawhai, con sólo veintidós años, se proclamaba con todo el merecimiento el MVP de las finales, abriendo un legado que vislumbra un futuro impresionante dentro de un equipo insólito que integra en sus filas a nueve jugadores nacidos fuera del territorio yanqui.
Quinto anillo en quince años, en tres décadas distintas. La noche de ayer era el colofón perfecto para celebrar esa estadística que proporciona un huracán de récords; un global en los cinco partidos de 528-458 (con un +70), 17,2 puntos por cada 100 posesiones ante los Heat, 52,8% en tiros de campo logrando superar en una décima el establecido por los Bulls de Jordan en su primer anillo en 1991, 105,6 puntos de media y tres partidos consecutivos ganando de más de quince en el marcador final…
Este equipo ha rozado la perfección y ha impuesto una imagen de juego envidiable, de grandeza mitológica en cada disciplina del juego. Los Spurs se han construido en el afianzamiento de lo coral un estilo propio sin concesiones a la frivolidad, sustentado en la composición de la jugada desde el pase frenético, originada en la circulación del balón. También en la cimentación de un equipo acostumbrado a confeccionar estrellas alejadas del show mediático del draft (Duncan es una elección Top-14 y Kawhi fue elegido en un puesto 40). Estos San Antonio Spurs ejercen su triunvirato desde la labor de equipo y el trabajo constante. En esta serie final ha ganado la contundencia de ese espíritu. Y con él hemos ganado todos los espectadores. Ha sido mágico. Inolvidable. Y da mucha pena que el show haya acabado… hasta el año que viene.