jueves, 12 de junio de 2014

Brasil 2014: El Mundial del desencanto

Arranca el mundial de Brasil. Un campeonato marcado por varios factores extrafutbolísticos y que apunta a una división de detractores y partidarios marcada por temas sociales que hay superponer a los millonarios ámbitos deportivos. En un país donde el deporte rey se vive casi como una religión, éste ha dejado de ser una fiesta para pasar a un segundo plano y motivo de revueltas. Tanto es así, que el apoyo a la selección ‘canarinha’ ha descendido más de un 50% entre la población, avivado por el desencanto social de un país que se manifiesta por el excesivo coste de un evento (es el Mundial más caro de la historia) que da a la espalda a los más desfavorecidos y solemniza esas desigualdades económicas. Un foco de polémica que se amplía no sólo a Brasil, sino a todo el resto del mundo.
Es imposible no pensar en esas personas sin recursos que han sido excluidos de los centros urbanos y de sus favelas para ser desalojados y expulsados y lavar de este modo el rostro del país de puertas afuera. Al fin al cabo, parecen decirnos, que eso no debe importar en el mundo de fútbol. Lo trascendente aquí es la FIFA y su enriquecimiento con la venta de derechos en televisión global. Independientemente de quién gane el Mundial, los bolsillos de gente como Joseph Blatter y Jerome Valcke serán los grandes beneficiados de este cotarro reverenciado por millones de personas. Este Brasil 2014 (y las olimpiadas que están por venir en un par de años) se vendieron como emblemas de una promesa incumplida basada en un auge económico que no va a producirse.
Llegados a este punto, es inevitable no verse reflejado con tal situación, fundamentalmente porque el mundo occidental, desde las burocracias nefastas y carteristas siguen intentando hacer que la crisis parezca que aminora sus efectos, cuando la realidad refleja sus miserias de corrupción y gestiones despreciables que priorizan este tipo de acontecimientos por encima de necesidades. En España, mientras las deficiencias de carencias básicas siguen su curso descendente, se espera que este Mundial sirva de antifaz para relegar los problemas de un país con preocupantes roturas sociales de desigualdad y austeridad, con seis millones de parados y viendo cómo desde las altas esferas siguen saqueando al ciudadano medio.
Por eso, este año, esa pasión por la falsamente llamada “la Roja”, sobrelleva un detrimento al saber que mientras la gente sufre para llegar a fin de mes un colectivo de millonarios con sueldos descomunales puede llegar a ganar 720.000 euros si gana este campeonato (dejando a un lado lo que cobran por disputar el mismo). En un contexto social de esta índole, la fragmentación está servida que mitiga la idea recurrente de agrupamiento colectivo en el ánimo de un país alentando a una selección que poco o nada representa al interés común. El sentido contrario y división parece irrefutable. Pocos niegan que las aficiones internacionales vayan a seguir las vicisitudes de lo que acontezca con sus respectivas selecciones en este mes de fútbol. Sin embargo y sin demagogias baratas, se hará de otra forma, con la percepción de que el deporte, en este caso, es algo secundario.
No obstante, que empiece el espectáculo…