martes, 13 de mayo de 2014

H.G. Giger y el oscuro mundo biomecanoide

(1940-2014)
Nos ha dejado H. R. (Hans Rudolf) Giger, uno de los diseñadores más transgresores y visionarios que coronó el universo del arte con sus entes y organismos de carácter mecánico trenzados siempre con elementos orgánicos, en inolvidables híbridos de tecnología biomecánica. Su estudio de los cuerpos, alejado del arquetipo, se desarrolló dentro de surrealistas paisajes de materia onírica, en un oscuro mundo subconsciente, con influencias de Salvador Dalí (con el que mantuvo una excelente relación y complicidad) hasta los escenarios y morfologías de H.P. Lovecraft. La esencia ‘cyborg’ infundó las obsesiones por esa metamorfosis que siempre estuvo presente en los diseños del artista suizo.
La clave de su extensa y prolífica obra se traduce en una composición casi perfecta entre la técnica, la mecánica y el poder visual de sus criaturas, con cuerpos invadidos por prótesis, sometidos a una modelación tecnológica que eliminan, en cierta manera, el límite entre lo humano y la máquina, sin dejar de recurrir casi siempre a una visión libidinosa de carácter erótica, como si la técnica perdiera funcionalidad y alcanzara un estado a medio camino entre lo somático y lo inorgánico, con cierto tono de sucio materialismo.
Desde las portadas para discos; ‘Koo Koo’, de Debbie Harry, ‘Brain Salad Surgery’ de Emerson, Lake & Palmer, la controvertida ilustración de ‘Frankenchrist’, de los Dead Kennedys o ‘Hallucinations’ de Atrocity, su reconocimiento popular a gran escala llegaría de la mano de Dan O’Bannon y Ridley Scott y su terrorífica criatura extraterrestre con ‘Alien. El octavo pasajero’, que repetiría con David Fincher en ‘Alien III’ y ampliaría su trayectoria cinematográfica con películas de corte fantástico como ‘Poltergeist 2’, ‘Tokio: The Last Megalopolis’, ‘Species’ o ‘Prometheus’, de nuevo junto a Scott.
Sin embargo, su arte se extiende a lo largo de más de cuatro décadas donde la delectación tecnofílica de su autor marca esa fascinación por la cybercultura y los parajes post-apocalípticos. ‘Passagen’, ‘Necronomicon 1 & 2’, ‘Biomechanics’, ‘ARh+’, ‘Skizzen 1985’, ‘Icons’… y tantas otras obras vienen a decir que la intensidad del mundo de Giger reposa en la sustitución del cuerpo infectado por la tecnocracia de una ucronía corporal, con una intención profética de un futuro post-humano. Es como si Giger hubiera transcrito a imágenes la substancia de J.G. Ballard, en ese desgarro de la corporeidad por la hibridación de la ortopedia de estructura ‘high-tech’ para abrir la puerta a diversas interpretaciones.
Esa reconocible frialdad de una visión morfológica esculpida en acero, cristal líquido, elastómero, fuselajes, cables y exoesqueletos perpetran un estilo inconfundible, de promiscua atracción por la biomecánica hacia mecanismos erotizados que sugieren esas máquinas de un submundo industrial y apocalíptico. Desde su excepcional manejo del aerógrafo hasta sus diseños arquitectónicos o composición de imposibles medios de locomoción, Giger trasciende cualquier espacio simbólico llamado a desplegar una amplia perspectiva de ‘tecnosurrealismo’, donde lo mecánico alcanza un grado de divinidad y motivación sexual adulterada con la carne y el metal, en una mutación de cartografía ‘biomecanoide’. Es la forma en que Giger plasmó en sus obras maestras, con evidentes pretensiones insinuantes, su virtuosa reflexión acerca de evolución forzada a un merecido fracaso y su final extinción.