jueves, 8 de mayo de 2014

Especial 'El Exorcista (The Exorcist)', de William Friedkin (II)

La oscura leyenda de un rodaje infernal
Siguiendo con el especial abierto el pasado día 21 de abril sobre este clásico del cine de terror, uno de los aspectos que se ha destacado siempre que se habla de ‘El exorcista’ ha sido el maleficio que cayó sobre el equipo técnico por tratar de un modo documental un escabroso tema como es el Mal, su aparición física en nuestro día a día y la posesión paranormal. A pesar de que el departamento de prensa aseguró, una vez estrenada la película, que se trataba de una argucia comercial para vender un filme que no necesitaba mucha propagación de noticias para convertirse en un éxito de taquilla, los mitómanos recurren a la veracidad de ciertos hechos que acaecieron en varias de las localizaciones donde tuvo lugar la filmación de este clásico. Mucho se ha escrito y hablado sobre los efectos posteriores del filme acerca de una presumible condena maléfica que sufrieron los participantes en la mítica cinta de culto. Pero también es cierto que dado lo áspero de la trama, lo ideal era concebir una especie de leyenda negra en torno al rodaje y sus supuestas consecuencias fatales.
Si bien es cierto que la carrera de William Friedkin (que estaba llamado a ser uno de los mejores directores del cine contemporáneo) no volvió a levantar el vuelo tras esta obra maestra, obras posteriores como ‘Carga maldita’, ‘El salario del miedo’ o ‘Vivir y morir en Los Ángeles’ (injustamente hundidas por crítica y público) o títulos mediocres como ‘Blue Chips’, ‘Jade’ o ‘The Hunted’ son una muestra clara para pensar ¿en qué punto del camino malogró toda su fama y talento Friedkin? La respuesta puede ser más sencilla si afirmamos que no supo elegir sus películas, ya que ‘A la caza’ (1979) estuvo a punto de volver a situarle en lo más alto. Durante años estuvo sumido en el ostracismo, con pequeños conatos por regresar a un primer nivel, como ‘Jade’ o ‘Las reglas del compromiso’. Sin embargo, en los últimos años ha encontrado un hueco en el circuito comercial gracias a dos pequeñas producciones que han resucitado su talento y poder narrativo; ‘Bug’ y, sobre todo, ‘Killer Joe’.
La historia de uno de sus productores, Noel Marshall, es mucho más inquietante. Se empeñó en sacar adelante un proyecto en 1981, ‘El gran rugido (Roar)', junto a su familia de ensueño: Tippi Hedren y la hija de ésta, una jovencísima Melanie Griffith. El rodaje duró tres años y el resultado fueron los más de cincuenta puntos en la cabeza de la actriz fetiche de Hitchcock por un accidente y una prematura cirugía estética a la pobre Melanie debida a una dentellada de león, hechos que configuraron a la película como uno de los rodajes más escabrosos que se recuerdan. Ni que decir tiene que tanto sufrimiento no valió para nada, pues la cinta supuso un sonado fracaso. Tanto, que casi ni vio distribución. A su vez, William P. Blatty quiso ser director. Y aunque escribió alguna comedia de éxito para Blake Edwards o la desacertada adaptación de 'Soy leyenda' con 'El último hombre vivo', de Boris Sagal; fue ignorado por completo para participar en ‘El exorcista II: El hereje’ (1977), de John Boorman. Su deseo era llevar al cine “la verdadera secuela de ‘El exorcista’”, la adaptación de una novela homónima bajo el título ‘Legión’, que él mismo había escrito para la gran pantalla. Sucedió lo mismo, ya que supuso un fiasco que seguiría sumando números a su éxito editorial: 'El exorcista III', en 1992. Antes, se había estrenado como director con la importuna ‘La novena configuración (The Night Configuration)’, otro fracaso. Una carrera sin pena ni gloria que ha acabó a la fea costumbre de reincidir en los temidos ‘director’s cuts’, volviendo a lanzar una y otra este clásico en 2000 y en sucesivas ediciones para DVD y BluRay, con nuevas secuencias, más documentales sobre el rodaje, efectos especiales y filmaciones inéditas, que dieron algo de brío a sus arcas. Lo último fue la participación en el guión de ‘The Exorcist: the beginning’, viéndose envuelto en una polémica de directores que fueron y vinieron como Renny Harlin y Paul Schrader y que, en efecto, también supuso un nuevo desacierto en una carrera aciaga que remite a aquélla maldición generada por el efecto de su clásico más recordado.
Pueden parecer coincidencia, mala suerte, pero no fue así. También la pobre Linda Blair no consiguió que su carrera despegara en ningún instante. El éxito de sólo una película la convirtió en un juguete roto de forma prematura, fue detenida en varias ocasiones por posesión de drogas, aunque su peor consecuencia por el supuesto golpe maléfico fue caerse de un caballo con tan mala fortuna de quedar infecunda para el resto de su vida. Hace algunos años, volvió a la palestra con unas polémicas declaraciones contra el fallecido Christopher Reeve, cuando afirmó que la culpa del terrible accidente que le dejó tetraplégico al protagonista de ‘Superman’ fue únicamente suya, no del caballo o la mala suerte. Muy despiadada (pero no sin falta de razón) declaró que el actor, que era muy alto y por entonces pesaba una barbaridad, no encontraba caballos a su medida, perjudicando gravemente a muchos equinos y probándolos para seguir montando. Otro hecho real que concernió a este estilema maligno fue, por ejemplo, pequeños matices personales, como el de Paul Bateson, un técnico de rayos X de la NYU Medical Center y que aparece en el filme en la secuencia de arteriografíade Regan. Pues bien, este sujeto resultó ser un asesino en serie que dedicaba su tiempo libre acudiendo a bares de ambiente gay, donde seducía a sus víctimas para desmembrarlos posteriormente. Uno de ellos, fue el crítico de cine Addison Verrill.
Las leyendas que vertebran esta evocación satánica sobre el rodaje infunden más interés a una película que permanecerá por siempre en nuestro más oscuro recuerdo. Se cuenta que durante la filmación (que comenzó en agosto de 1972) se unieron a una lista de desgracias de producción, hechos que obligaron a retrasar el rodaje (y aumentar, de paso, el ya de por sí elevado presupuesto), como la pérdida de la escultura del prólogo de la película (precisamente el símbolo de Pazuzu). Otra, apunta a un incendio de parte de un estudio atribuido a fuerzas sobrenaturales y que la única estancia que quedó indemne fue el set de la habitación de la niña; rollos velados, cámaras estropeadas, accidentes inexplicables (un par de técnicos perdieron alguna falange) y miembros del equipo con gripe crónica a causa de las secuencias del exorcismo (debido al frío y no a la presencia del Maligno, como lo vendieron) fueron algunas de las historias que se contaron y que forman hoy en día un misterio sobre su veracidad. Todo un suplicio que Thomas Bermingham, sacerdote por entonces, se negó a seguir, sin creer en los miedos paranormales, y no santificó todos los días el estudio para evitar males mayores. Uno de los hijos de Jason Miller fue atropellado por una moto en el lapso del rodaje, aunque alejado de la ubicación de la filmación de 'El Exorcista'.
Sin embargo, la psicosis colectiva se engrandeció hasta consecuencias tétricas y morbosas cuando uno de los actores principales, Jack McGrowan, murió prematuramente de influenza antes de que el rodaje concluyera. Al igual que la constatación del fallecimiento del bebé a punto de nacer de uno de los auxiliares de cámara y un vigilante nocturno. Sucesos que acabaron por crear un auténtico desequilibrio general entre los miembros de un equipo sometido a la neurosis perfeccionista de Friedkin, convencido de estar haciendo una especie de ‘El Padrino’ del género de terror, obsesionado cada día que pasaba, por evitar caer en la utilización excesiva de efectos especiales y repitiendo tomas y tomas hasta conseguir la adecuada. Dick Smith (el maquillador de ‘Taxi Driver’, otro de los clásicos a venerar) recuerda: “era demoledor, quería una perfección que nos obligó a pensar en cada mínimo detalle. Tanto, que llegué a pensar que aquel trabajo era lo mejor que había hecho jamás. Recuerdo que trabajamos casi un mes con Macel Vercoutere en la cabeza que giraba 360º sobre un cuerpo de poliester para una de los planos más terroríficos del filme”.
Pero no todo fue malo, Mike Oldfield obtuvo pingües beneficios con su ‘Tubular Bells’ (tema principal de la película), el maquillador Dick Smith sigue siendo un tótem dentro de la profesión, Ellen Burstyn ganaría el Oscar como mejor actriz principal años más tarde con ‘Alicia ya no vive aquí’ (1975), de Scorsese o su soberbia interpretación de ‘Providence’ (1976), de Alan Resmais.Además, actualmente trabaja como una de las mejores profesoras del prestigioso Actor’s Studios y ha permanecido activa con grandes interpretaciones como en 'The Yards', 'Requiem for a dream', 'The Fountain', éstas dos últimas a las órdenes de Darren Aronofsky. Fue ella la que dijo hace algunos años, durante una rueda de prensa, en el Festival de Cannes: “he leído toda clase de historias sobre lo que sucedió a raíz del rodaje y el estreno, pero mucho de todo eso es falso. Es verdad que algunos de los acontecimientos que tuvieron lugar allí son inexplicables, que había un ambiente enrarecido y que todos tuvimos mucho miedo, pero se ha exagerado la historia hasta límites insospechados”.
El descubrimiento de un mito de doce años
Sin duda alguna, aparte de la perfección narrativa, de la labor de un equipo que se dejó la piel en el rodaje y del global de todo lo que supuso en la época una película como ‘El exorcista’, el filme de Friedkin descubrió a la única actriz infantil capaz de conferir todos los estados por los que atraviesa el personaje de Regan MacNeil. Y con ello, una interpretación  para la posteridad. La pequeña Linda Blair tampoco era ajena a la dureza del rodaje, aunque todos coincidieron en que siempre respondía al director con una sonrisa. Al casting se presentaron más de 500 niñas. Pudieron ser más, porque lo normal es que las madres que intentan colocar a sus pequeñas en el 'star system' hubieran aceptado de buenas a primeras que sus hijitas se metieran en la piel de una niña poseída por Satanás. Cuando Friedkin vio a Blair, se encendió la clarividencia que otrora le caracterizara. La joven allí presente había nacido en Connecticut, el 22 de enero de 1959, es decir, que tenía 12 años, y había trabajado en pequeños roles de películas como ‘The way we live now’ (1970), de Barry Brown y sobre todo ejerciendo como sonriente rostro para anuncios televisivos. En la entrevista final, nadie podía creer que aquella señorita fuera tan madura para una niña de su edad. Aseguró haberse leído el guión dos veces, aprendiéndose los pasajes más escabrosos del mismo. Blatty y Friedkin fueron más allá y le preguntaron sobre el argumento.
Blair, sin ninguna vergüenza o recelo aseveró “...sobre una posesión diabólica. Sobre una niña poseída a la que le pasan cosas malas por tener el Diablo dentro...” o del estilo de “yo creo que es una deliberada exposición de la pérdida de la Fe en la actualidad...”. Esto puede llevar a la reflexión sobre cuál era el grado de aprendizaje que la madre imponía en los monólogos que le pasaban a su hija en los ‘castings’. Pero cuando Friedkin le preguntó acerca de la secuencia del crucifijo, la pequeña Blair le miró a los ojos y le concretó “¿la de la masturbación?...”. Friedkin atónito le replicó “¿sabes lo que es masturbarse?”, la actriz dijo “Oh, claro, se hace para llegar al orgasmo”. Blatty batió su puntilla al inquirir “¿y tú te masturbas?” A lo que Blair aseveró ganándose a ambos con su personalidad abrumadora al responder “Por supuesto ¿y tú?”.
Linda Blair iba a componer una de las mejores interpretaciones infantiles que se recuerden en la Historia del Cine. Durmiendo cuatro o cinco horas al día ante la exigente actitud de Friedkin, la pequeña nunca se mostró cansada o caprichosa. En la secuencia en que la cama se tambalea por primera vez, el movimiento era tan brusco y doloroso en la espalda de la niña que gritó "haz que pare, haz que pare...". Los técnicos, creyendo que era el guión, siguieron un buen rato, ante las lágrimas reales de Blair producidas por el sufrimiento. Jamás se quejó. Recuerdan que un día, tras 17 horas de rodaje, Linda no pudo más y cayó dormida, siendo luego recriminada por Friedkin. En seguida, la actriz le dio una de las mejores tomas de la película. La profesionalidad que mostró en todo momento era incomprensible para una actriz de su edad. Ellen Burstyn la recuerda como “un cielo de persona. Trabajar con ella fue lo mejor de un rodaje brutal. No sé cómo aguantó, siempre con aquella sonrisa angelical”.
Producción le asignó un psicólogo a Blair. Pero en vez de trabajar con la niña, tuvo que atender a los demás miembros del equipo porque a ella no le hacía falta. Incluso embutida en el pesado maquillaje de Dick Smith y profanando toda clase de improperios y barrabasadas, Linda afirmaba: “es el papel que interpreto, Regan no es ella, es el Demonio y éste actuaría así”. El aguante que toleró la actriz no se vio recompensado con el Oscar al que fue nominada en 1974 por su labor como actriz secundaria. Paradójicamente lo perdió frente a Tatum O’Neall por ‘Luna de Papel’, de Peter Bogdanovich. O’Neall tenía 11 años. “Me lo merecía más, pero ha sido maravilloso. Otra vez será” respondió a los medios de comunicación tras la entrega de las estatuillas.
Pero nada iba a estar más lejos de la realidad. Como se ha mencionado antes, sus futuras películas no fueron ni mucho menos exitosas, todo lo contrario. Su meteórico estrellato le hizo caer en el lado oscuro del éxito a edad temprana. Con 20 años fue acusada de tenencia de estupefacientes y nunca más volvió a levantar el vuelo. Filmes como ‘Nacida Salvaje’, ‘Sarah T. Portrait of a Teenage Alcoholic’ (una semibiografía de su carrera cinematográfica), ‘Stranger in the House’ o breves papeles en películas como ‘Aeropuerto 75’ o ‘Victoria en Tenbee’ no sirvieron para devolverla al estrellato que se había ganado con sólo doce años. De hecho, cuando en 1977 Boorman la llamó para hacer un papel secundario en la archimaldita (pero reivindicable) ‘El Exorcista II: El hereje’, Blair era ya una casi una mujer. En cualquier caso, su trayectoria profesional nunca sería en exceso destacable.
Nunca se pudo quitar de encima un personaje que, a pesar de darle la fama, también coartó para siempre una carrera con posibilidades. Convertida en actriz de culto la pudimos ver haciendo cameos autoparódicos en la primera parte de la saga ‘Scream’ de Wes Craven y en ‘The Blair Witch Project’ y protagonizando telefilmes (donde es una de las reinas norteamericanas) o multitud de series televisivas o TV movies. Eso sí, nunca falta a ninguna convención sobre 'El Exorcista' o la presentación de nuevos montajes o lanzamientos en DVD o BluRay. Al fin y al cabo, siempre será nuestra niña poseida favorita, la inmortal Regan MacNeil.
CONTINUARÁ...