miércoles, 21 de mayo de 2014

El arte clásico, adelgazado digitalmente

A estas alturas, todos nos hemos acostumbrado a ver bombardeadas nuestras retinas con campañas publicitarias que venden un ideal de belleza social adulterado, que aplaude los arreglos virtuales para renegar de la naturalidad de los cuerpos. El retoque digital es una obsesión para los mercados de la moda, que transmite una falsa idea y encubre la veracidad de lo que se vende. Con ello ha provocado una aspiración impuesta que deriva en la tiranía de los tiempos modernos del culto al cuerpo, causante de todo tipo de desórdenes alimenticios o traumas provocados por la obsesión por la delgadez, mucho más allá de la comida sana y regulada. Esa viciada retórica visual con la que se intenta persuadir a la sociedad hacia unos modelos de belleza impuestos, hacia ese apestoso tono ‘light’ o ‘wellness’ que parece imponerse en las revistas de salud y de moda, han dinamitado las tradiciones estéticas occidentales de forma irreversible.
No siempre las mujeres de portada han parecido necesitadas de un buen bocata de panceta. Los iconos de belleza han seguido, sobre todo en la historia del arte, unos cánones bien diferentes, sin exigir esa tendencia a la demacración física. Siglos atrás, los desnudos mostraban una aceptación mucha más cercana a la realidad saludable de la época. La editora fotográfica Lauren Wade reflexiona, no sin cierto sarcasmo, acerca de cómo hubiera afectado estas técnicas de falseamiento de los cuerpos por técnicas de retoque digital en ocho grandes obras clásicas del arte clásico; sustituyendo las curvas creadas por Boticelli, Degras, Ingres, Goya o Gauguin para evidenciar ese efecto tan ilegítimo como espurio.
Aquí el trabajo de Wade para TakePart.com.