sábado, 24 de mayo de 2014

Detroit y la cruel imagen de la crisis

Si os hablo del Pontiac Silverdome a pocos os sonará a qué me refiero. Pues bien, se trata del estadio de fútbol americano que en su construcción supuso el más grande del área metropolitana de Detroit. Se inauguró en 1975 y sirvió de campo local del quipo de la liga profesional de Futbol americano (NFL) Detroit Lions. Así fue de 1975 hasta 2010, pasando por una remodelación en 2006. En este entorno, los Lions vivieron los mejores y, sobre todo, los peores momentos de su historia deportiva. A lo largo de su vida, el Silverdome acaparó todo tipo de eventos multitudinarios debido a su condición de gran recinto deportivo y multiusos, algo muy extendido en los campos compartidos de las grandes ligas americanas; en 1979 y 2010 se celebró allí el NBA All-Star Game o la XVI Super Bowl en enero de 1982, así como las fases finales de la Midwest Regionals de la NCAA en los años 1988 y 1991. Incluso mantuvo el récord de afluencia de público en la celebración del World Wrestling Federation's (WWF), WrestleMania III, de 1987 con 93.173 personas jaleando a los luchadores, registro que se superó en 2010 con la celebración del All-Star de Dallas en 2010 (108.713 espectadores). También los Detroit Pistons de los Bad Boys capitaneados por Isiah Thomas vivieron páginas históricas en este recinto. Como en 1994, donde fue sede del Mundial de fútbol que se disputó en USA. También ha sido ubicación de imponentes y recordados conciertos como los ofrecidos por The Who, Bruce Springsteen, Madonna, Pink Floyd o Metallica, entre muchos otros. Tal era su importancia dentro de este tipo de recintos, que el Papa Juan Pablo II celebró una misa multitudinaria en 1987.
Sin embargo, hoy en día todo eso forma parte del pasado y ahora se vende por 600.000 dólares. Como un reflejo de la realidad que se vive en la sociedad occidental con el colapso económico que vive el mundo gracias al declive del capitalismo, el Silverdome ahora es un recordatorio de los tiempos más oscuros de una ciudad que ha sido azotada más que ningún otro por la crisis financiera. Detroit, otrora una fuente de riqueza gracias al sector automovilístico, se ha convertido en la España de los Estados Unidos, una ciudad que ya no recuerda los tiempos de opulencia y que ha pasado a ser invadida por los escombros, abandonando lugares de prestigio que no han soportado la falta de medios. Algo parecido a la impronta del Michigan Theater, un majestuoso teatro de estilo renacentista que en la actualidad se utiliza como un parking público. Sí, amigos, un auditorio de indiscutible belleza arquitectónica usada como aparcamiento de coches. Irónicamente este teatro fue construido en el lugar donde se fundó el primer taller de automóviles de Henry Ford.
Es un paradigma perfecto de la conversión que vive la sociedad actual, la tristeza que empapa a una de las regiones a las que ha azotado la crisis mostrando su rostro más cruel.