lunes, 19 de mayo de 2014

Athletic 2013.2014: Una temporada de ensueño

Consumó el Athletic la mejor temporada de los últimos años. Concretamente, la más brillante desde que hace dieciocho años fuera subcampeón de liga. El mismo tiempo que el equipo zurigorri no regresaba a la máxima competición continental. Se han cumplido unos objetivos que, a principio de campaña, nadie esperaba y que se han ido fraguando en la solidez de un equipo que ha exhibido un nivel de rendimiento lustrado por el esfuerzo y la cohesión que ha cristalizado el técnico de Viandar de la Vera Ernesto Valverde, auténtico artífice de la armonía y el equilibrio que este equipo venía necesitando tras una temporada en la que el Athletic había vivido el agridulce devenir de un entrenador tan personal y carismático como Marcelo Bielsa.
Este Athletic ha emergido como un bloque consistente, capaz de hacer fluir un fútbol de garra, vistoso y natural, de presión, recuperación y movimiento de balón inteligente, sustentado en unos criterios de determinación y confianza que se han materializado sobre todo en este nuevo talismán que es el inexorable San Mamés, que ha pasado a ser un fortín en el que el equipo local sólo ha dejado escapar seis puntos, feudo en el cual se le ha dado la vuelta al marcador hasta en cinco ocasiones y se han granjeado unos números que el club no vivía desde la temporada 1986-1987. Sería un error individualizar este gran logro, porque la consecución de esta cuarta plaza deriva de un funcionamiento general y una revitalización del colectivo y de la complicidad de todos los jugadores que han capacitado con su trabajo una línea ascendente con la precisión de un reloj suizo hasta completar una segunda vuelta de ensueño; cediendo sólo dos derrotas en campo propio y una única en campo ajeno.
Ha demostrado ser un equipo de una solvencia férrea y la precisión de un concepto futbolístico con el que los leones han sabido identificarse con la convicción de interiorizar la creencia en sí mismos, de superar paulatinamente cada reto que se ha puesto por delante del camino. Un Athletic caracterizado por la visceralidad de no someter su fútbol a un dictado previsible, sino abordando cada partido con el esfuerzo máximo de unos luchadores aunados en esa caballería clásica que venía haciendo falta para recuperar la raigambre athleticzale y la esencia de un equipo que, después de aquella primera temporada con Bielsa, parecía haberse difuminado en la incertidumbre.
El resultado: 70 puntos, récord del equipo (las últimas dos ligas se ganaron con menos puntos) y la mejor marca de un cuarto clasificado en la liga de tres puntos, igualando la del Real Madrid de la temporada 2003-2004. Tal dulce resurrección ha logrado relegar los fantasmas de aquel “bienio negro” en la que el equipo se salvó en una dramática última jornada contra el Levante de la 2006-2007. Forma parte del pasado. Ahora, el Athletic se ha reencontrado con su carácter, con la naturaleza de un equipo que hoy se codea de nuevo con los más grandes. Esta temporada será difícil de olvidar, puesto que el trabajo y el débito por el escudo, otra vez en esa inquebrantable alianza entre jugadores y afición, han contribuido a reavivar la grandeza de este club mítico y especial.
A partir de este momento, la ilusión porque esta idea siga prevaleciendo transformada en logros abre las expectativas de un próximo curso en el que el Athletic deberá trabajar duro por mantener el bloque e intentar conjugar esfuerzos para que ciertas piezas no descoloquen la composición del equipo ganador y asumir el desgaste de las tres competiciones que están por venir.
Para ello, presidente y junta tienen un verano de negociaciones que solidifiquen la madurez que todos pronostican en un año lleno de ilusión y desafíos. El primero de ellos, superar el complicado escollo de la previa de Champions en agosto para poder estar finalmente en el bombo de los elegidos. Después, seguir manteniendo su afán de mejora en un duro trayecto, entendiendo como se ha hecho siempre que esta institución va más allá de lo deportivo, conjugado con una voluntad en el terreno de juego que nace directamente del corazón de un símbolo: el Athletic. Este equipo del "Txingurri" (sin olvidar los cimientos asentados por Caparrós y “El loco” Bielsa) ha vuelto a poner sobre la mesa que más que un club de fútbol, es una forma de vida y un sentimiento colectivo. Y llegados al final de una temporada mágica, es hora de disfrutar y celebrar lo conseguido.
AUPA ATHLETIC!