martes, 22 de abril de 2014

El adiós de Gabriel García Márquez

(1927-2014)
“En aquél Macondo olvidado hasta por los pájaros, dónde el polvo y el calor se habían hecho tan tenaces que costaba trabajo respirar, recluidos por la soledad y el amor y por la soledad del amor en una casa dónde era casi imposible dormir por el estruendo de las hormigas coloradas, Aureliano y Amaranta Úrsula eran los únicos seres felices y los más felices sobre la tierra”.
(‘Cien años de soledad’, 1967).
La muerte de Gabriel García Márquez ha trascendido con un golpe de efecto literario mucho más allá del esperado. Con su despedida se va una de las figuras identificativas y trascendentales dentro de las letras hispánicas como uno de los grandes clásicos de todos los tiempos, renovador de la novela hispanoamericana, capaz de universalizar con sus libros ese realismo mágico que generó su obra más conocida y una de las obras cumbre de la narrativa contemporánea. La novela ‘Cien años de soledad’, considerada una de las más representativas de este género y, tal vez, como su gran obra maestra, así lo manifiesta. De sus inicios como periodista nació un espíritu aventurero nutrido a base de viajes y trabajos por todo el mundo. En sus crónicas y artículos ya se podían intuir un talento para la escritura que fomentó nuevas formas de hacer periodismo.
García Marquéz supo imbuir sus novelas de una sorprendente capacidad para la fragmentación de la forma y el tiempo, dejando fuera de campo las circunstancias descriptivas para comprometer al lector a la reciprocidad con la narración, haciendo que la palabra esgrimiera su importancia como poderoso instrumento de comunicación. Un efecto de débito entre autor y lector que forjó esa especial conexión entre aspectos mágicos y la realidad impregnada de ironía y violencia, incitada desde un prisma de ambigüedad deliberada, con nostalgia hacia una historia impregnada de soledad y derrota, lo que le permitió identificar las circunstancias de un entorno inmediato con otro universo de entelequia literaria descrita en sus más grandes logros; ‘El amor en los tiempos del cólera’, 'El coronel no tiene quien le escriba’, ‘El otoño del patriarca’ o ‘Crónica de una muerte anunciada’, entre muchas otras.
Sin embargo, “Gabo” (como se le conocía hasta el paroxismo) siempre fue un controvertido testigo y cronista de ciertas tendencias políticas que despertaron animadversiones y antipatías, por ejemplo, el hecho de erigir su voz partidaria de la revolución cubana, promulgar su condición de socialista radical para ir progresando hacia tendencias de opacidad política e interesada en su acercamiento a grandes figuras políticas de gran relevancia, además de criticar el imperialismo norteamericano o la amistad fraguada a través de los años con Fidel Castro… García Márzquez podría definirse como un escritor ‘mainstream’ que durante largo tiempo saboreó el clamor de las alabanzas incondicionales de un público ciego ante su arte.
Pero lo cierto es que pocos escritores poseen una carrera literarias tan rica y prolífica como la suya, desde ‘La hojarasca’ hasta la publicación de ‘Memoria de mis putas tristes’ ha otorgado más de cinco décadas con la compleja condición de clásico en vida gracias a libros que se perpetuarán en la lectura a través de los siglos. Un iconoclasta que supo acariciar las palabras para que la literatura fuera una herramienta excepcional que desembrujara la realidad del mundo y hacerla más interesante y mágica. La inmortalidad de sus palabras y de su obra nos deja una impronta difícil de llenar.
D.E.P.