viernes, 18 de abril de 2014

Chicago Bulls: la reconstrucción y el enigma Rose

El 3 de mayo de 2011, la estrella y jugador franquicia de los Bulls, Derrick Rose se convertía en el jugador más joven de la Historia en conseguir el trofeo Maurice Podoloff Trophy, el premio por votación que designa al mejor y más valioso jugador de la temporada. Lo hizo con 22 años y un espléndido margen de 113 de 121 votos. Su futuro no conocía límites, todo parecía que iba a ir en progresión y que el equipo de Chicago iba a regresar al Olimpo de los elegidos para amargarle la vida a los Miami Heat de LeBron James. El dorsal número 1 se había transformado a los ojos del United Center en el gran líder sobre el que un equipo en pleno proceso de creación y estabilización se miraba, encontrando así a un capitán con ganas ese codiciado anillo de campeón que devolviera las mieles del éxito a la Ciudad del Viento.
Sin embargo, el destino le tenía reservado el rostro más cruel y doloroso de este deporte. En abril de 2012, durante el primer partido de Playoffs de los Bulls contra Philadelphia 76ers, Rose se rompió en un salto. Cuando no quedaba más que un minuto para acabar el partido, sufrió una rotura de ligamentos cruzado anterior de su rodilla izquierda. Se perdió lo que restaba de temporada y parte de la siguiente. Se especuló con su regreso durante toda aquélla temporada, estableciendo plazos y fechas que nunca se cumplieron. También se comenzó a dudar sobre su fortaleza psicológica o nuevas recaídas. Lo cierto es que al comienzo de la presente campaña, Rose regresaba al mando de la escuadra de Tom Thibodeau. Antes de lesionarse había firmado un contrato con la franquicia de casi 95 millones de dólares por cinco temporadas y había llegado a un acuerdo con Adidas para ser su imagen estrella por otra cifra astronómica de otros 260 millones en los próximos trece años ¿Qué sucedió? El devenir le guardaba otro revés imposible de concebir para una estrella de este calibre: en noviembre de 2013, en el partido de temporada regular contra Portland, Rose volvía a lesionarse de gravedad, ésta vez en la rodilla derecha. El diagnóstico no podía ser más negativo; de nuevo se había roto el ligamento. Ahora todos especulan sobre el futuro de su carrera, acerca de su recuperación mental y física y si volverá a ser el que era.
Criado en el difícil barrio de Englewood, Rose tenía en sus manos ser el nuevo icono no sólo de la ciudad de Chicago, sino de toda la NBA. Educado, comedido y respetuoso con sus compañeros, había pasado a ser un modelo a seguir mostrando sus valores y deportividad sobre una condición física excelente. Sin embargo, las dudas son patentes ¿Podrá volver a ser el mismo? Parece difícil, pero no imposible. Adidas ha sido la primera en ir definiendo la situación con su apuesta; las zapatillas y camisetas de Rose han caído en picado en ventas. Ya no es la imagen del héroe deportivo. Incluso en la primera lesión se vio la oportunidad como una elegía al poder de superación, a la espera del público que estaba deseando volver a ver a su estrella sobre la pista, vendiendo una campaña de regreso por todo lo alto en aquella campaña con varios vídeos llamada ‘The Return’. Esta temporada ya no cuenta para Rose, por lo que Adidas ya ha anunciado que no seguirá el protocolo de lanzamiento cuando regrese. La sensación generalizada es que una vez que el jugador vuelva a las canchas, lo hará de forma discreta y que jamás volverá a hacer aquel electrizante baloncesto que cautivó al mundo hace dos temporadas. Los sueños rotos parecen la metáfora perfecta para señalarle, dejando claro que esas ínfulas de grandeza que venden las grandes marcas nunca se cumplen.
Dentro de los Bulls siguen esperando el eterno retorno de su hijo pródigo, aquél destinado a hacer que el equipo volviera a ganar un nuevo anillo y que había establecido en él los pilares de su reconstrucción. Se trata de un equipo muy defensivo que extrema ese potencial que hizo de su estrella la característica más intimidadora. Sin un jugador estrella rápido y veloz como Rose, el equipo ha perdido el punto diferencial sobre el resto de equipos. Para colmo, Luol Deng ha sido traspasado por no llegar a las exigencias monetarias del jugador para ampliar contrato y no esperar a que en verano se fuera sin recibir nada a cambio de un posible traspaso por su condición de agente libre. Chicago es un equipo que rara vez ejecuta jugadas ofensivas completas y utiliza mucho de sus recursos en la transición y en un poder reboteador muy evidente con los hombres de arriba. Desde la marcha de Rose, Jimmy Butler ejerce de revulsivo del equipo, duplicando su condición de base y no tanto a sus rebotes, forzado más a proteger defensivamente que aplicar sus valores a lo ofensivo. La disciplina y un aumento de protagonismo de Joakim Noah están siendo la clave de unos Bulls que han sorprendido con su capacidad de aguante, de progresión y de victorias acumuladas de cara a los playoffs.
De hecho, han finalizado en una más que meritoria cuarta plaza de la Conferencia Este y a ello están contribuyendo hombres que están viendo muchísimos minutos como Mike Dunleavy, Tony Snell o Jimmer Fredette. Con la vista puesta a completar una temporada digna, han recuperado para su tramo final a Ronnie Brewer, así como la adquisición hasta final de temporada de refuerzos de última hora como Mike James, Lou Amundson y Greg Smith. Parece que el espíritu competitivo por los playoffs está asegurado. Eso sí, nadie se engaña en Chicago y todos saben que el conjunto ha entrado en una especie de bucle de periodo de transición y que acabará cayendo antes de luchar por el anillo. El cambio producido en Chicago con la lesión de Rose se tradujo en una disminución del contraataque, ya que la línea ofensiva se ha retrasado más, haciendo que tras un posible fallo se pueda regresar de forma más rápida a esa defensa asfixiante que ellos representan. Con una figura como Rose el ritmo de juego se elevaba y siempre había una opción coherente cuando los movimientos de pizarra no cuajaban.
¿La solución? Parece que los Bulls dejarán marcharse a otro de sus pilares como Carlos Boozer a final de temporada con una cláusula de amnistía, algo de lo que el ala-pívot estudiará en verano. Quieren a la estrella del Real Madrid Nikola Mirotic a toda costa, ya que es el verdadero negocio del equipo y el jugador deseado. En estas últimas semanas se ha hablado mucho de Carmelo Anthony como revulsivo y, con vistas al futuro con la recuperación de Rose, tener a dos estrellas letales en el ataque en un sistema conservador como el de Thibodeau sería un golpe de efecto muy definitivo en las aspiraciones de los Bulls. También ha sonado con fuerza Pau Gasol, ya que el español podría ser también el fichaje que este equipo necesita para ser uno de los aspirantes al anillo, el punto de poder que necesita el equipo para consolidarse entre los grandes. Pero estas dos adquisiciones no serían posibles en conjunto. Tan sólo uno de ellos podría recalar en Chicago. Y con cierta complejidad, ya que para ello deberían deshacerse de Taj Gibson o Noah con el objetivo de crear el margen salarial necesario. Cosa que parece bastante improbable. Un par de selecciones acertadas en el draft también podrían poner sobre el papel las opciones de Chicago de cara a la próxima temporada.
Lo cierto es que, a pesar de que los Bulls este año jueguen los Playoffs y los acometan haciendo un buen papel, tendrán que seguir con esa reconstrucción parsimoniosa que puede devolver a los Bulls al cetro que estuvieron a punto de conseguir hace un par de temporadas. El regreso de Rose, por mucho que haya opiniones desalentadas ante su regreso, es lo más fundamental del ciclo de crecimiento del equipo. Sólo su capacidad de sufrimiento y fortaleza mental podrá devolverle a un primer orden, a esa explosividad y elevación que las lesiones nos han privado de disfrutar. De momento, quiere estar presente en el Mundial de Baloncesto que se celebrará en nuestro país en agosto. A partir de ahí, podremos valorar si el regreso de “Pooh” se traduce en la vuelta del que estaba llamado a ser una leyenda contemporánea de la canasta.