viernes, 4 de abril de 2014

1984: Tres décadas después

Hace 30 años… sucedieron muchas cosas. 1984 está considerado como un año vital dentro de la comedia cinematográfica norteamericana con la eclosión de varios de los ‘blockbusters’ inesperados que se transformaron en clásicos de culto. Aunque haciendo un breve repaso, la cantidad de películas de calidad que impusieron un listón de grandeza fílmica muy reconocida posteriormente produce escalofríos; cintas como ‘Los Cazafantasmas’ (al que le dedicaré un dossier extenso y exhaustivo para celebrar su trigésimo aniversario como se merece), ‘Superdetective en Hollywood’, ‘Indiana Jones y el templo maldito’, ‘Gremlins’ (lo mismo), ‘Karate Kid’, ‘Loca Academia de policía’, ‘Pesadilla en Elm Street’, ‘Un, dos, tres... splash’, ‘Tras el corazón verde’, ‘Footlose’, ‘Terminator’ reventaron el ‘box office’ con una cifras que hicieron de aquel año uno de los más rentables cinematográficamente hablando. No sólo eso, hubo otras tantas otras capaces de generar un círculo de seguidores que las convirtieron en instantáneos ‘cult-movies’; ‘Juego secreto’, ‘Las aventuras de Buckaroo Banzai’ (de estas también habrá que escribir en este 2014 ¿no?), ‘Juegos de Guerra’, ‘Dieciséis velas’, ‘Extraños en el paraíso’, ‘La mujer de rojo’, ‘La historia inolvidable’, ‘Repo Man’, ‘Starman’, ‘En compañía de lobos’, ‘This Is Spinal Tap’, ‘Top Secret!’, ‘Calles de fuego’, ‘Conan, el destructor’ y películas que sobresalieron con unas pautas artísticas que hicieron de ellas clásicos del celuloide, como ‘Érase una vez en América’, ‘Cotton Club’, ‘Amadeus’, ‘Doble cuerpo’, ‘Los gritos del silencio’, ‘París, Texas’, ‘Adiós a la inocencia’, ‘Bajo el volcán’, ‘Cuando el río crece’, ‘Birdy’…
Ese mismo año tendría lugar el debut de los hermanos Coen con ‘Sangre fácil’, se produciría un golpe de efecto por parte de John Milius en Hollywood con ‘Amanecer Rojo’, que sería el filme que le apartaría de la dirección, el lanzamiento al estrellato de Tom Hanks con ‘Despedida de soltero’ o el año en que Corey Haim se trasladaría a Hollywood desde Canadá para que el destino le uniera  a Corey Feldman. Sin olvidar nuestro cine, por supuesto, con un buen puñado de títulos imprescindibles en la gesta de obras magnas patrias; ‘Epílogo’ ‘Feroz’, ‘Fanny pelopaja’, ‘Río abajo’, ‘Sesión continua’, ‘Tasio’, ‘Akelarre’, ‘La muerte de Mikel’, ‘El Pico 2’, ‘El jardín secreto’, ‘Los Santos Inocentes’, que le daría, de forma compartida, el premio al mejor actor del Festival de Cannes a Alfreso Landa y Paco Rabal.
Pero 1984, aquel año que George Orwell en 1949 profetizó dando título a su obra más conocida y trazando una sociedad totalitaria y distópica, no se corresponde con aquellos 365 días bastante profusos en acontecimientos que surtirían la memoria cultural de una generación que creció en constante aprendizaje y privilegio televisivo, musical, audiovisual y deportivo. La sociedad 'orwelliana' se observa con cierto rigor anticipativo hoy en día. El 1984 real parecía ajeno a la crisis y a la desolación que vivimos, tan análoga a las páginas de la novela y que tan bien definen nuestra sociedad actual. Fue cuando pasábamos las tardes en frente de la televisión, sintiéndonos uno más de la familia de los Seaver en ‘Los problemas crecen’ u otro hermano Huxtable en ‘La hora de Bill Cosby’. Deseábamos poder entrar en aquel bar de la calle Beacon Street llamado ‘Cheers’, donde pasar un rato y tomar algo con Sam Malone, Diana Chambers, Ernie Pantuso, Cliff y Norm o acudir a un tribunal junto al honorable juez Harry T. Stone en ‘Juzgado de Guardia’. Por aquel tiempo, ‘Canción triste de Hill Street’, volvía arrasar por cuarto año consecutivo en los premios Emmy y se puso de moda el detective con el rudo rostro de Steacy Keach en ‘Mike Hammer’.
Sin embargo, estaba muy lejos de la sofisticación y el lujo de Richards Tubbs y Sonny Crockett de ‘Corrupción en Miami’. Había mucho más… ‘Hart to Hart’, ‘The master’, ‘Muelle 56’, ‘Autopista hacia el cielo’, la constatación de un extraño fenómeno televisivo como ‘Webster’, haciendo de Emmanuel Lewis una pequeña gran estrella, la adicción a las sobremesas absortos disfrutando como si no hubiera mañana con ‘El Equipo A’, cuando ‘Dinastía’ y ‘Dallas’ se disputaban la atención ‘culebresca’ de la parrilla o el último año de ‘Apartamento para tres’. 1984 es también el año de dos series de misterio que marcaron una impronta personal y copiada hasta la extenuación posteriormente; ‘Alfred Hitchcock… presenta’ y ‘Se ha escrito un crimen’, con Angela Lansbury dando vida a Jessica Fletcher que, allá donde iba tenía resolver un crimen.
Fue muy difícil digerir que ‘Dabadabadá’ pusiera fin a su emisión y tener que decir adiós a Sonia Martínez y Paco Micro o los dibujos del genial José Ramón Sánchez, aunque la consternación fue fugaz porque aterrizó en la parrilla española ‘Planeta Imaginario’, con Flip y su amigo imaginario Muc ¿Quién no recuerda las tardes de tardes de ‘Barrio Sésamo’ y los fines de semana imposibles de olvidar con ‘Sherlock Holmes’, ‘Luky Luke’, ‘Raimbow Brite’, ‘El inspector Gadget’ o ‘Los diminutos’? Sí, todo ello tuvo emisión en 1984. Pero si por algo fue especial, y a título personal, fue por la serie que cambiaría mi vida por completo: la adaptación de mi libro favorito, ‘Chocky’, de John Wyndham. Sin olvidar otra de las legendarias obras catódicas que supusiera un exitazo en su momento como ‘El Gran Héroe Americano’. Obviamente, en este recorrido nostálgico sería un pecado no recordar el nacimiento de otro programa generacional que ha pasado con letras de oro a los fastos televisivos patrios: ‘La bola de Cristal’, dirigido por Lolo Rico y que desmitificó cualquier tipo de formato e innovó en un espacio kamikaze que optó por la cultura más radical y libre en su empeño didáctico de tratar a los niños como personas inteligentes y con ansias de aprender y leer. Y vaya si lo consiguieron.
Era una televisión mucho más instructiva y familiar, dotada de unas características basadas en la imaginación y el poder de filiación con el televidente, generando una memoria colectiva, entrañable y de alquimia catódica que jamás se volvió a producir de una forma tan palmaria. El emocionante concurso ‘A la caza del tesoro’, con Isabel Tenaille en el estudio y el intrépido Miguel de la Cuadra Salcedo en plena acción dirigiéndose allí donde los concursantes le indicaban propagaba un entusiasmo en el público que se transmitía a ‘Silencio, se juega’, con Paula Gardoqui y que descubrió a un rostro hoy de sobra conocido José Miguel Monzón, más conocido como “El Gran Wyoming”. O ese final de un programa de entrevistas que tenía por nombre ‘Buenas Noches’ y conducido por Mercedes Milá que dejó instantes que han pasado a la mitología cultural española. Había espacio incluso para un programa tan específico como ‘Jazz entre amigos’, dirigido por Javier Díez Moro y presentado por el inigualable Juan Claudio Cifuentes, “Cifu” para los amigos. 1984 propondría en su oferta otro extraño éxito de temática gastronómica y una sintonía cantada por Sabina y Gloria Van Aersse que ha pasado como un himno rememorado por varias generaciones en algún momento sobre la mesa en alguna celebración. En efecto, ‘Con las manos en la masa’ se hizo un hueco como un espacio que ofrecía al espectador compartir recetas en una cocina con invitados famosos siempre de la mano de la carismática Elena Santonja. Además, el deporte encontraba en el recordado ‘Estadio 2’ otra dimensión que abría un espacio a otras competiciones hasta entonces algo inéditas en la televisión pública con Olga Viza, María Escario, Jesús Álvarez, Pedro Barthe, entre otros.
Por qué no recordar el estrellato en el cine sicalíptico de las mujeres que permanecen en nuestra memoria como las grandes divas debutantes en el porno por antonomasia: Traci Lords, Christy Canyon y Ginger Lynn. O cuando Vanessa Williams renunció a su trono de Miss América cuando Penthouse publicó unas fotografías en pelota picada. Un escándalo nacional entonces. Todo eso sucedió en 1984, cuando los videojuegos comenzaban a ser uno de los negocios e intereses más populares y con futuro del audiovisual. Y es importante porque es también el año en que Steve Jobs entra en juego y decide cambiar el mundo informático lanzando la primera computadora Apple. Las salas recreativas eran uno de los puntos de encuentro de diversión más multitudinarios y los videojuegos como ‘Circus Charlie’, ‘1942’, ‘Punch Out’, ‘Excitebike’, ‘Sabre Wulf’,’ Hyper sports’, ‘Elite’, ‘Balloon Fight’, ‘Daley Thompson's Decathlon’, ‘Paperboy’, ‘Karateka’ algunos de los favoritos del público. Y sí, también fue el año en que ‘Tetris’ salió a la luz.
En la radio americana debuta Howard Stern, poniendo patas arriba el medio con su desparpajo y experimentación al micrófono, mientras aquí, la televisión musical descubría su mejor versión con aquel mítico 'Tocata', que este año incorporó a José Antonio Abellán. Bruce Springsteen pondría música a un ideario ideológico no muy de acuerdo con la política de Ronald Reagan con el mítico ‘Born in the U.S.A.’, David Lee Roth y Van Halen abanderaron un verano musical con su pegadizo ‘Jump’ y Madonna se encumbraría a lo más alto con el ‘Like a virgin’. El ‘Time After Time’ dejaba una de las mejores canciones de Cyndi Lauper y Ray Parker Jr. elevó la canción de ‘Los Cazafantasmas’ a los altares de la antología musical. MTV lanzó los Video Music Awards y en las radios de todo el mundo se podía escuchar lo nuevo de Duran Duran, Phil Collins, Billy Idol, Huey Lewis, Wham!, The Smiths, R.E.M, Depeche Mode, The Pretenders, New Order, Eurythmics, Bronski Beat, Tears for Fears, Cocteau Twins, Echo and The Bunnymen, Prince, David Bowie, ZZ Top, Lionel Ritchie o Bobby Womack. A Michael Jackson se le incendiaría el pelo en un desafortunado accidente mientras grababa un ‘spot’ publicitario de Pepsi al son de la canción ‘Billie Jean’ y daba a conocer su célebre ‘moonwalk’, coincidiendo con la disolución de The Police, a la vez que Metallica publicaba ‘Ride the lightning’. En estos lares, metidos de lleno en la Movida Madrileña. Y mientras se produjo el debate en la Tertulia de Creadores en el Círculo de Bellas Artes de Madrid bajo el concepto 'Narrativa en la Posmodernidad', todos aprendimos la letra de ‘¿Cómo pudiste hacerme esto a mí?’, de Alaska y Dinarama y sucumbimos a la calidad de los discos de Radio Futura, Los elegantes, Gabinete Caligari, Los Chichos, Golpes bajos, Burning, Siniestro Total, Eskorbuto, Asfalto, La Unión, Objetivo Birmania o los omnipresentes Mecano.
Una vez más, todo esto estaba ocurriendo en el 84, cuando los reyes de España realizan la primera visita oficial a la Comunidad de Castilla y León y Fidel Castro hace lo mismo en un viaje a España. Aquí se popularizó aquella frase: “Doctor, yo quiero hablar con usted. La cornada es fuerte. Tiene al menos dos trayectorias, una para acá y otra para allá. Abra usted todo lo que tenga que abrir, lo demás está en sus manos. Y tranquilo, doctor”. Al día siguiente, una tonadillera muy famosa por su vello facial lloraba su muerte junto a la mitad de los españoles. Aunque claro, 1984 dejó un obituario mucho más trascendental con la muerte de Michel Foucault, Andy Kaufman, Jorge Guillén, Marvin Gaye, Truman Capote, François Truffaut, Vicente Aleixandre o Sam Peckinpah. En el aspecto deportivo, era la era en que Anatoli Karpov y Gary Kasparov se enfrentaron en el que ha sido el duelo más famoso y seguido por una colectividad mundial bastante indiferente ante el tablero y los movimientos de las 32 piezas. Ayrton Senna debutaba en el mundial de Fórmula 1 a los mandos de un Toleman, aunque el mundial lo ganaría Niki Lauda imponiéndose a su compañero de equipo, Alain Prost, por tan solo medio punto. John McEnroe rompía raquetas y profería todo tipo de improperios en las pistas de tenis, pero también demostraba que era un fuera de serie en Wimbledon y U.S. Open.
La guerra fría hizo que URSS no participara en unos Juegos Olímpicos de Los Ángeles (junto a otros trece países que compartieron el complot) que tendrían un nombre propio: Carl Lewis, apodado “el hijo del viento”. De repente sabíamos quién era Hulk Hogan y la World Wrestling Federation (WWF) y el espectáculo de lucha libre. El Athletic Club ganó 1-0 al Barcelona en una Final de la copa del Rey muy polémica con altercados al final del partido que desataron una guerra campal en el Santiago Bernabéu enfrentando a los dos equipos más allá de las manos. El Athletic hizo ese año doblete, logrando ganar también la Liga, popularizando la Gabarra de los campeones. Qué tiempos. En la Eurocopa de fútbol en Francia, tampoco podremos olvidar cómo Arkonada no pudo dejar escurrir aquel primer gol de Platini y que hizo que Francia ganara 2-0 a la selección española. Eric Caritoux ganó la vuelta a España con sólo dos segundos respecto al segundo clasificado, Alberto Fernández y el Tour fue a manos de Laurent Fignon, en aquellas pugnas históricas con Bernard Hinault. 1984 también supuso que los Chicago Bulls seleccionaran a Michael Jordan con el número 3 del ‘draft’ de la NBA y diera comienzo una de las páginas más importantes de la historia del baloncesto o en la que los Detroit Tigers irrumpieron en la MLB y Sparky Anderson comenzó a gestar una de las historias más emotivas de la historia del deporte.
1984… Aquel año ¿Lo recordáis? ¿Cómo confluyeron en un sólo año tantas cosas memorables? Tres décadas después, uno echa la vista a atrás con nostalgia y reivindica aquel espíritu de inocencia perdida y apela a la colectividad de una generación que fue la última en vivir la infancia jugando en la calle con los amigos y la primera en dejarse seducir por las nuevas tecnologías. Un vistazo a un año concreto que evoca los recuerdos de necesaria complicidad y que soslaya, aunque sea de forma provisoria, ese enfrentamiento al presente y a un futuro bastante aciago. El mismo que Orwell describió en su novela. España era otra. Nosotros también. Tal vez idealizamos aquel año y aquella década más de la cuenta, pero sigue siendo nuestro vía de escape a instantes de sosiego y recuerdos. Han transcurrido tres décadas que dejan la sensación de que cualquier pasado siempre fue mejor. Y lo cierto, es que bien podría ser así.