jueves, 27 de marzo de 2014

Una década junto a Myrian

Hoy es un día muy especial. Uno de esos días marcados en el calendario por la importancia que conlleva personalmente y que establece un orden progresivo de estabilidad vital. Tal día como hoy, hace diez años, conocí a Myrian, la persona con la que comparto mi vida. Recuerdo perfectamente cómo nos conocimos… Su padre me atropelló con el coche y me llevó inconsciente a su casa. Allí la conocí. Después la invité a ir al "Baile del Encantamiento Bajo al Mar", la besé por primera vez en la pista de baile y desde ése instante supimos que pasaríamos nuestra vida juntos ¿Qué? Ah, bueno… Vale, exactamente no fue así. Fue algo más normal, coincidimos en una fiesta en casa de Feli, una amiga común a la que siempre ambos estaremos agradecidos. Sin embargo, no empaña la inmediata conexión que se produjo. Los inicios fueron algo titubeantes, sin prisas ni agobios, dejando que esa capacidad de empatía que cada uno sentíamos por el otro fluyera y otorgara, paulatinamente, una férrea amistad que se tradujo en una hermosa relación que dura desde entonces.
Fue ella quien consiguió que enterrara todos los nombres del pasado por el suyo, sin la necesidad edulcorada o cursi de dejarnos arrastrar hacia un empuje mimético de romanticismo exacerbado. Eso no va mucho con nosotros. Simplemente, entendimos que había que preservar un sentimiento común trabajado en la amistad, el respeto, el afecto mutuo y la cerveza. Como un estado mental inmutable que implica de un cuidado por el bienestar recíproco. Y desde la plácida connivencia, nuestras aficiones comunes y esas necesarias diferencias antagónicas que terminan por ser casi obligatorias en toda relación, fueron definiendo un trayecto común, dentro de un sueño compartido en los pronombres, en el “tú” y el “yo”. Nuestra vida juntos.
Myrian es la luz que ilumina la esperanza y la voz del alma que susurra las palabras apaciguadoras cuando las cosas van mal, trasformando en algo natural el complicado acto de establecer una relación más allá del lenguaje, del mundo y de las circunstancias. Esa empatía es la que nos hace crecer de forma conjunta, sabiendo hacer frente a esta existencia de crisis y lamentos que nos ha tocado vivir. Ésa sinceridad y entendimiento bilateral ha sido la clave para que todos estos años hayan pasado de un modo tan plácido y satisfactorio. Tanto es así que, echando la vista atrás, incluso parece absurdo la cantidad de años que han transcurrido. Un amor esgrimido desde el tiempo compartido, manteniendo nuestras respectivas ilusiones intactas, desde las discusiones sobre lo que nos espera o las decepciones de la vida y los trances adversos que hemos sabido superar. En definitiva, conscientes del afán de vivir de la mejor manera esta vida común.
Ella me ha demostrado hasta dónde se puede querer, dejando claro la grandeza de su espíritu, su carácter divertido y abierto, su inagotable inteligencia y capacidad de esfuerzo, su lealtad con lo que cree y con lo que quiere. Ella es capaz de transmitir esa alegría eterna que posee, haciendo que sus innumerables virtudes encuentren un punto de extensión a todos los que la rodean. Myrian es más grande que esta vida. Y creo que no exagero afirmándolo tan alegremente.
Una década que se ha hecho muy corta y que abre un horizonte inmenso por descubrir, sin alterar la esencia del potencial innato para compartir el caudal de vitalidad que nos une. Hoy, diez años después, he querido expresar de nuevo al mundo y através de este blog (bastante ajeno a lo personal) lo mucho que la quiero y agradecerle cada minuto que ha estado a mi lado, participando en todo lo que ha sucedido a mi alrededor, siendo dos en uno, venga lo que venga. Ella es la mejor amiga que he tenido en mi vida, mi cómplice, mi compañera perfecta... mi amor. Mientras estemos juntos, por muy mal que vayan las cosas, siempre habrá esperanza. Porque estará ahí, apoyándome cada segundo de mi existencia. Y eso ofrece un estado de paz que es imposible de valorar y de descibrir.
Gracias por esta década de felicidad conjunta, pequeña… y por tantas otras cosas. Tenemos una vida por delante para saber qué nos deparará el destino. Gracias por esa emocionante aventura que es compartir cada día contigo.
Te quiero mucho.