jueves, 13 de marzo de 2014

‘Milius’, de Joey Figueroa y Zak Knutson: el doble rostro del extravagante mito

Un tirano, un loco de las armas, un zumbado que se creó para sí mismo un personaje excéntrico y estrambótico en un mundo de glamour donde no encajó nunca. Así fue durante más dos décadas John Milius. También fue un genio del guión, un director kamikaze que creyó hasta las últimas consecuencias en sus proyectos. Un mito con esa etiqueta de “maldito” que tanta injusticia le hace a uno de los talentos más sobresalientes que ha tenido Hollywood desde los 70. Fue una pieza clave, como impulsor en la sombra, del golpe de efecto que cambió para siempre la forma de concebir y crear el cine, cuando la industria pasó a objetivizar su evolución a manos de los artesanos que confeccionaron unos patrones capaces de transformar todas las nociones de comercialidad y distribución de la época.
Como se cuenta en la leyenda que le determina en el documental ‘Milius’, de Joey Figueroa y Zak Knutson, “el primero en meter la cabeza en Hollywood y con imposiciones impropias de un recién llegado”. En una época de locura colectiva en la que nombres como Steven Spielberg, George Lucas, Francis Ford Coppola, Martin Scorsese, Paul Schrader, Dennis Hopper, Robert Zemeckis, Randal Kleiser, Robert Towne, Hal Ashbey, Michael Cimino o Peter Bogdanovich irrumpieron en el cine norteamericano transformando para siempre los arcaicos modelos cinematográficos, introduciendo una metamorfosis desde la mercadotecnia y la megalomanía.
‘Miluis’ va construyendo el mito humano de un hombre de espíritu salvaje que pasó de querer combatir con el ejército yanqui blandiendo un arma de fuego a enamorar a los grandes estudios con guiones que incluían personajes que hablaban y discernían en sus páginas como nunca antes lo habían hecho, desde una frontalidad a veces abrupta y tan directa que sus diálogos pasaron a ejemplarizar toda una época. Milius era un combatiente beligerante que llevó sus excesos a sus libretos, encontrándose con el sueño americano de un mundo de oropel que nunca comulgó con esa actitud tan conflictiva. Sin embargo, su talento era descomedido. Desde una perspectiva de ofrenda, algunas de las figuras más mitológicas del cine se confabulan para narrar sus historias, sus leyendas urbanas, sus escandalosas contribuciones a la leyenda de un hombre que concibió obras cumbre del cine como los guiones de ‘Harry, el sucio’, ‘El juez de la horca’, ‘Las aventuras de Jeremiah Johnson’, ‘Apocalypse Now’, metió la zarpa en ‘1941’ o parió la televisiva y más actual ‘Roma’ o se puso al frente como director de películas del calibre de ‘Dillinger’, ‘El viento y el león’, ‘El gran miércoles’, ‘Amanecer rojo’, ‘Conan, el bárbaro’ o ‘Adiós al rey’.
En este documental, Figueroa y Knutson erigen una visión contradictoria del autor; por una esgrimen una ofrenda casi hagiográfica. Sin embargo, efectúan un giro en el que Milius pasa a ser un esperpéntico personaje concebido desde una personalidad tan auténtica que fagocita incluso a la persona y al creador que, después de recibir un varapalo de la crítica con su cinta ‘Amanecer rojo’, le arrinconó en el ostracismo y el olvido. Esa tendencia a escribir lo que le venía en gana con “guiones muy para hombres”, como dice Sam Neill, condicionó la posición de una conducta que sobrepasó los límites que subrayaron esa ideología limítrofe en lo fascista, casi en la sublimación de la inocencia reaccionaria de un pirado hecho a sí mismo.
Capaz de presentarse en un despacho de un pez gordo de una gran ‘major’ y conseguir financiación para un largometraje a punta de pistola, el documental muestra, con gran habilidad, esa fortaleza indestructible de un cineasta en estado puro para describir de forma oral cómo su vida sufrió un giro radical con la gran broma del destino, su debilidad imprevista, el cruel punto de giro que hizo que Milius padeciera un grave ictus que le retiró del panorama fílmico cuando había cosechado un éxito televisivo como ‘Roma’ y estaba a punto de regresar a la gran pantalla con una personal y violenta adaptación de ‘Gengis Kan’. Este trance dejó al tipo de verborrea intimidadora, al contador de historias infinitas, sin la capacidad de hablar y de escribir. Aquel joven que rebatió a los antibelicistas de la guerra de Vietnam que, obsesionado con los conflictos armados, sustituyó la lema y el símbolo de la paz reconvirtiéndolo en un avión de guerra en el que se leía ‘Apocalypse Now’, quedó en un estado de aprendizaje casi infantil en el que lucha por recobrar su fuerza y capacidad para volver a ser el que era es su mayor reto en estos instantes. Toda una paradoja vital.
Milius queda reflejado como un icono cinematográfico que nunca quiso ser respetado, sino que quiso que la gente le tuviera miedo. Un anarquista “Zen” que tan bien supieron reflejar los hermanos Coen basándose en su personalidad al moldear al clásico Walter Shoback que encarnó John Goodman en ‘El Gran Lebowski’. Es la narración de cómo un cineasta se erige como una figura anti-sistema, adorador del ‘surf’, de los puros caros, de las motos, de las prostitutas de lujo y de la dictadura dentro del rodaje que, creyéndose indestructible, fue estafado por un socio que le desplumó hasta tal punto que entró una situación de bancarrota que impidió que pudiera pagar la Universidad de su hijo.
Una sensacional narración documental de discordancias, la exploración de un hombre único mostrado en una autodramatización desequilibrada pero apasionante. De aquel titán capaz de escribir en diez folios la historia personal que cuenta Quint (Robert Shaw) en el ‘Tiburón’ de Spielberg a ese otro que, en su ocaso, solicita ser guionista a David Milch para unirse al equipo de guionistas de la serie ‘Deadwood’ y es rechazado. John Milius es parte fundamental del cine contemporáneo tal y como lo conocemos hoy en dia. Y esa faceta es la que traspasa el discurso de este interesante documental sobre un hombre condenado por sus ínfulas de grandeza.