jueves, 6 de marzo de 2014

Leopoldo María Panero, la lúcida locura del poeta

(1948-2014)
“Viva la inteligencia y viva la muerte. Al revés que en la vida”.
(Leopoldo María Panero).
Sus poemas siempre surgieron de la lucidez y de los infiernos de la cabeza enferma de un genio. Cada verso sumió de lúcida esquizofrenia una obra de réprobo talento, de lucidez autodestructiva que acuñaron una obra de impecable grandeza, de paranoico idilio con las drogas, el tabaco, el alcohol, la dipsomanía y la locura para entender la vida y la muerte, para observar al mundo increpándole respuestas en forma de líneas que abrumaron por su definición translúcida del existencialismo más doloroso. Leopoldo María Panero se inició en las letras por vocación familiar de un padre ausente y de la mano del maestro Pere Gimferrer, siendo incluido siendo muy joven en aquella legendaria antología de José María Castellet titulada ‘Nueve novísimos poetas españoles’ y protagonista de una de las obras maestras más penetrantes que se recuerden en la cinematografía española: ‘El desencanto’, de Jaime Chávarri, crónica de una familia disfuncional sumida en la tortura, la soledad y la locura y reflejo de una España que revive y sube a la superficie putrefacta que vivimos. Última película que sufrió los tijeretazos de la censura franquista, establecía su eje en un poeta que con los años emergió de los psiquiátricos en los que ha vivido para convertirse en una reconocida figura, en un maestro de la insondable lírica de intenso sufrimiento y que heredó dos décadas después Ricardo Franco en ‘Después de tantos años’. Panero, era ya entonces el sólido paradigma de la transgresión llevado a la genialidad, que hizo de él uno de los mejores poetas que ha tenido este país.
Panero fue además de poeta, traductor, narrador y ensayista que llegó mucho allá de la viciosa tendencia a la catalogación tautológica del “artista maldito”. Fue mucho más que eso. Un metódico escritor con un estilo definido en una visión privilegiada de las letras, tan sugestiva y rebelde como incómoda. Su desgarradora trayectoria comenzó con ‘Por el camino de Swan’ en 1968, al que siguió ‘Así se fundó Carnaby Street’, ‘En Teoría’ ‘Narciso en el acorde último de las flautas’, ‘Dioscuros’, ‘Heroína y otros poemas’, ‘Guarida de un animal que no existe’, ‘Poemas del manicomio de Mondragón’, ‘Esquizofrénicas o la balada de la lámpara azul’o ‘Esphera’, que amparan una obra tan escalofriante como abismática, capaz de surtir de conmoción y gran evocación la reconfortante lectura de su fecundadora productividad desde el infierno emocional. Panero se reinventaba una y otra vez en el insondable océano de su locura que acababa, por insistencia anti romántica, en un discurso de deshumanización y vacío. Tan grande como la vida y la muerte.
EL LOCO
He vivido entre los arrabales, pareciendo
un mono, he vivido en la alcantarilla
transportando las heces,
he vivido dos años en el Pueblo de las Moscas
y aprendido a nutrirme de lo que suelto.
Fui una culebra deslizándose
por la ruina del hombre, gritando
aforismos en pie sobre los muertos,
atravesando mares de carne desconocida
con mis logaritmos.
Y sólo pude pensar que de niño me secuestraron para una alucinante batalla
y que mis padres me sedujeron para
ejecutar el sacrilegio, entre ancianos y muertos.
He enseñado a moverse a las larvas
sobre los cuerpos, y a las mujeres a oír
cómo cantan los árboles al crepúsculo, y lloran.
Y los hombres manchaban mi cara con cieno, al hablar,
y decían con los ojos «fuera de la vida», o bien «no hay nada que pueda
ser menos todavía que tu alma», o bien «cómo te llamas»
y «qué oscuro es tu nombre».
He vivido los blancos de la vida,
sus equivocaciones, sus olvidos, su
torpeza incesante y recuerdo su
misterio brutal, y el tentáculo
suyo acariciarme el vientre y las nalgas y los pies
frenéticos de huida.
He vivido su tentación, y he vivido el pecado
del que nadie cabe nunca nos absuelva.