martes, 11 de marzo de 2014

Las 9 atmósferas de las palomitas, a ‘stop motion’

Más para mal que para bien las palomitas de maíz están cada día más arraigadas al concepto de cine como espectáculo ‘mainstream’. Sin embargo, no es necesario acudir a una sala para disfrutar de este archiconocido ‘snack’ que, según algún estudio de esos que proliferan por las redes, son muy beneficiosas para la salud. Fundamentalmente, porque las palomitas de maíz tienen más antioxidantes, fibras y polifenoles que las frutas y las verduras, por ejemplo. Obviamente el tema de embadurnar en aceite y sal el maíz antes de explotar y dar forma a este aperitivo no es la vía para disfrutar de un modo saludable. Tampoco lo es acercarse al supermercado más cercano y comprar esas bolsas que se meten en el microondas y proporcionan una ración incontestable de grasas saturadas y vegetales hidrogenadas. Lo que los especialistas llaman grasas “trans”.
Hablamos de los granos de maíz especiales para hacer ese “pop” del que surgirá esta apetecible y adictiva pitanza. Esa presión producida por el sobrecalentamiento de la humedad interna a 9 atmósferas hace florecer el grano de maíz hasta convertirlo en una forma indefinida, haciendo que el vapor al que conlleva la presión solidifique la mixtura del almidón y proteínas para obtener como resultado ese sencillo manjar tan globalizado. Históricamente, en la época precolombina y en la cultura azteca ya se popularizó esta forma de maíz hasta que Charles Cretors inventara la primera máquina de palomitas en 1885.
¿A que apetecen?