lunes, 10 de febrero de 2014

XXVIII Premios Goya: La noche de David Trueba... sin Wert

Había cierta incertidumbre por ver esta 28ª edición de los Premios Goya de la Academia. Primero, porque a priori, no había un claro favorito en las apuestas en casi todas las categorías (a excepción de la actriz principal) y eso daba un céfiro de misterio e interés al reparto de estatuillas. Segundo, era la primera vez que el presentador Manel Fuentes se ponía al frente como maestro de ceremonias, lo que había suscitado una incógnita sobre la eficacia humorística del catalán. Sin embargo, lo más importante y lo que subrayó la velada desde hace unos días nada tenía que ver con esto. El componente controvertido que ha dejado (con enésima reincidencia) encendidas dudas sobre la honestidad política de este país era que la de ayer sería la primera gala en la historia de estos premios a la que no acude el ministro de cultura. José Ignacio Wert prefirió inventarse una excusa adulterada antes que asistir como representante gubernamental en apoyo a la cultura, que se supone que es parte de sus funciones. Obviamente, la cobardía y el temor a salir escaldado de la fiesta anual de un sector al que desde su partido tienen arrinconado ganaron la partida. Aunque era algo que todos preveían. Parece ser que cine y política van unidos en este sarao, cuando en realidad lo importante sería disfrutar de la fiesta del cine español y olvidarse de otros aspectos. Parece ser que es una batalla perdida y, hasta cierto punto, entendible. Como que trabajadores de Coca-Cola afectados por el ERE, activistas de 'Stop Desahucios' y figurantes de cine mal pagados se aglutinen en los aledaños a protestar por su situación aprovechando el tirón mediático del evento.
De cualquier modo, anoche en el Centro de Congresos Príncipe Felipe del hotel Auditórium de Madrid se le reconoció su trabajo como profesional del medio a David Trueba que, tras años en las quinielas de los nominados (hasta 11 veces por anteriores trabajos), por fin consiguió convocar el aplauso colectivo por su película 'Vivir es fácil con los ojos cerrados’, que se llevó, además del premio a la mejor película 2013, los Goya al mejor director, mejor guión original, mejor actor protagonista (Javier Cámara, que ya iba siendo hora), mejor actriz revelación (Natalia de Molina) y mejor música original (Pat Metheny). La historia inspirada en Juan Carrión, un profesor de escuela que viaja a Almería a conocer a John Lennon mientras rodaba una película en 1966, fue la gran vencedora de la gala, dejando a otras que sonaban con más fuerza, sobre todo ‘La gran familia española’ como la gran derrotada de la noche. De once candidaturas con las que partía, tan sólo Roberto Álamo (mejor actor de reparto) y mejor canción original fueron la cosecha de premios que logró reunir la cinta de Daniel Sánchez Arévalo. Sin embargo, ‘Las brujas de Zugarramurdi’, de Álex de la Iglesia, casi hizo pleno. Logró ocho de los diez “cabezones” a los que optaba; actriz de reparto para Terele Pávez, maquillaje y peluquería, efectos especiales, dirección de producción, sonido, montaje, diseño de vestuario y dirección artística.
Los comentarios generados por la presentación de Manel Fuentes dieron la razón a los que dudaban de su carisma como presentador de una cita como esta. Una vez que salió evidenció que no iba a ser su mejor noche. Nervioso, en exceso gesticulador y amanerado con aspavientos como si Raphael actuara con su ímpetu artístico, inició la noche con algún chiste atropellado haciendo alusión a Wert, a Montoro, metiéndose con Fernando Trueba y su ojo estrábico, saco un paipái a colación de vete a saber qué razón y siguió con alguna loa aduladora al cine patrio. No se extendió mucho y su presencia pasó desapercibido en las contadas ocasiones en las que regresó. Hubo espacio para un chistecillo de Santiago Segura dando vida a Torrente. Un Torrente venido a menos y escuálido ¿Es la metáfora de la crisis que vive nustro país? Tampoco fueron muy acertados sus vídeos humorísticos de montaje dentro de las películas candidatas a mejor película. Fuentes hizo lo que pudo y dejó una gala bastante desastrosa e irregular. Al menos, no recurrió a imitar al Rey o a Gurruchaga como hace siempre. Aunque, si somos sinceros, las ha habido mucho peores. Aunque ha sido la más apagada de los últimos años. Y la menos vista en el último lustro, por otra parte. Habría que remontarse al año 2000, cuando presentó Antonia San Juan, para rememorar una noche tan poco vistosa para un presentador y para una ceremonia de los Goya. ¿Y la presentación de los cortos? ¿Qué coño sucedió? Alex O'Dogherty recrea una canción ridiculizando estos apartados, aunque acabó como tenía que haber empezado. Por si todo fuera poco que no procedieron ni las formas de comedia a ese importante momento, salen fulanos anónimos y otorgan los premios a los cortometrajistas patrocinados por ADECCO ¿WTF? Una falta de respeto escandalosa. Y si quieren a gente con patrocinio cutre para dar premios, que lo hagan a la hora de dárselo a la mejor ¿O eso no?
Aunque no todo fue una ruina. Afortunadamente hubo instantes que lograron dejar la gala con algunos instantes destacables, como ese momento pletórico de humor que despertaron las sonrisas que no había conseguido comulgar Fuentes. Me refiero, obviamente, a los “chanantes”, capaces de convertir una gala aburrida en una fiesta de risas, parodias e imitaciones que convocó lo más brillante en el sentido humorístico, con Ernesto Sevilla presentando títulos de películas NO rodadas que hicieron que Carlos Areces hiciera de Tejero-Transformer, se jugara con la escatología de la mano de Javier Botet o que Joaquín Reyes apareciera en el escenario disfrazado de FEMEN, gritando: “Subid el IVA” con unas prótesis mamarias de un realismo impactante. De hecho, ellos fueron de los pocos capaces de provocar la risa del respetable. Se llegó a un momento de humor en declive, que hasta la presencia de Alberto Chicote en el ‘sketch’ de ‘Caníbal’ (y posterior plano en su butaca) se tomó como un momento ¿brillante? de la noche. O que anteriores presentadores como Eva Hache, Andreu Buenafuente, Jose Corbacho o la mencionada Antonia San Juan aparecieran para criticar a Fuentes.
Por su parte, Enrique González Macho apabulló con otro de esos discursos larguísimos que, pese a determinar algunos de los problemas que ahogan al cine español, no evitó caer en cierto victimismo aludiendo a una “polarización” y que hizo añorar al mejor presidente que ha tenido la Academia de Cine: Álex de la Iglesia, el hombre aludido cuando Terele Pávez recogió su Goya a la mejor actriz secundaria de manos de un Javier Bardem reivindicativo que no dudó en llamar a Wert “minsitro de anti-cultura”. La veterana actriz emocionó y logró poner en pie a la platea y humedecer los ojos de los presentes con un discurso entrañable y sincero dedicándole el premio a su hijo Carolo allí presente. Otro momento un tanto dadá, pero que marcó la noche con algo inesperado fue a esa historia de señoritas ligera de ropa, soldados, jotas aragonesas y José Luis Borau que se marcó el Goya Honorífico Jaime de Armiñán. “Juro que seré breve…” comenzó diciendo. Obviamente, no le creyó nadie, pero protagonizó el período menos preparado de la noche con su discurso totalmente rocambolesco. Eso sí, acabó gritando: “viva Aragón y viva el cine español. Y se llevó el aplauso general. Cuando llegó el nefasto número musical la cosa no podía ser peor. De ahí que esa coreografía absurda, esos gallos vocales desafinados de Carolina Bang, Dafne Fernández, Lucía Jiménez, Fernando Tejero, Adrián Lastra, Secun de la Rosa unidos al propio Fuentes pusieron el broche de oro al bochorno de este reincidente tema de los Goya: el musical no es el fuerte de este cine. A menos que el objetivo sea hacer el ridículo. Ayer, en este último, acertaron de pleno. El año que viene, casi mejor que prueben con algo más de género chico. Al menos, si tiene que quedar grotesco que sea más nuestro.
Fernando Franco se acordó de su escuela, a la ECAM (Escuela de Cine de la Comunidad de Madrid), a la hora de recibir el Goya como mejor director novel. De entre lo más destacado a la hora de los agradecimientos; ahí estuvo Marián Álvarez que cerró con este Goya una carrera de premios por su fantástica interpretación en ‘La Herida’, el actor Roberto Álamo, mejor actor de reparto por 'La Gran Familia Española', que empezó metiendo cera a Wert y acabó evocando la memoria de Phillip Seymour Hoffman, el frenesí patriota de los venezolanos que subieron a recoger su premio por 'Azul y no tan rosa' como si se tratara de la celebración por la consecución de la copa del mundo de fútbol o el gran ganador David Trueba, contando una anécdota del rodaje de ‘Vivir es fácil con los ojos cerrados’ en la que un encargado de una gasolinera, referido a la corrupción política instaurada en España, concluyó con esa frase que forma parte de la historia de estos premios: “España es el país más rico del mundo, 400 años robando y todavía no se ha acabado”.
Sin duda alguna esta gala se recordará por el desplante de Wert, pero no por lo esplendoroso de su contenido. Fue algo imprevista en sí el hecho que hasta lo más serio a la hora de ponerse reivindicativo y crítico rozase la parodia, en una noche que se desdobló en esas vertiente de cine como arte y una industria a desagraviar y la actitud de denuncia. Motivos hay para ello; el tipo reducido del 8% para los espectáculos culturales al general del 21% ha provocado una escisión no sólo en el mundo del cine, sino en otros sectores vinculados a la cultura. Lo ideal sería una recuperación de los cauces que normalicen esta relación entre cine y política. Cuando esto suceda y deje a un lado la controversia entre ambas partes y el séptimo arte que se hace en este país sea el único protagonista de esta noche de entrega de los Goya incluso se puede dar la eventualidad de que salga una gala esplendorosa. Hasta entonces, habrá que esperar.
LO MEJOR
- La historia del viaje francés con banderas rojas y vodevil de Jaime de Armiñán. Puro delirio improvisado.
- Terele Pávez, lo más emotivo de la noche.
- Que el papel de Manel Fuentes se limitara a dos o tres apariciones en el escenario. Si no, esto podría haber sido muchísimo más desastroso.
- La sutil frase reivindicativa de cruda crítica contra la ley antiaborto de Natalia de Molina: “No dejes que nadie elija nunca por ti” con la que acabó su discurso de agradecimiento.
- Otra vez, los “chanantes”, que ya han convertido en un clásico con sus apariciones el hecho de levantar la gala con sus ‘sketchs’. Son únicos.
- Este año no ha habido gilipollas que salten al escenario a hacer el imbécil del tipo “El Muletilla” o “Jimmy Jump”. Bien por la seguridad.
- Aitana Sánchez-Gijón.
- Este GIF.
LO PEOR
- El guión de una gala para olvidar.
- Echar tanto de menos a Rosa María Sardá, Eva Hache e incluso a Buenafuente.
- El patético número musical, que hizo que otro de los momentos históricos más vergonzosos de los Goya quedara en el olvido. No aprenden ni a palos.
- Una ETT como Adecco patrocinando los premios a los mejores cortometrajes. Un insulto a los cortometrajistas. Sí que está mal el cine español. Y lo cuidan desde la cuna. Sí, de cojones.
- Los constantes fallos de sonido.
- Los baremos que rigen el Goya de Mejor Actor Revelación. Sin quitarle méritos a un estupendo Javier Pereira por ‘Stockholm’, su carrera como intérprete de cine es dilata y nada nueva.
- Desde la narración en vivo de Bloguionistas por parte del gran Chico Santamao se filtró la noticia de que este año había prohibido el alcohol dentro del recinto. Unos Goya muy sobrios, en todos los sentidos. Así les salió el tema.
- No hubo instante Adriana Ugarte y Carlos Santos. Comentan que este año la habían invitado para hacer un pequeño ‘gag’ sobre el garrafal error del año pasado en la entrega del Goya a la mejor canción y declinó el ofrecimiento.
- Confundir en el IN MEMORIAN a Beatrice Sartori con Nuria Vidal. Es un error imperdonable y negligente. Tremendo.
- Que ’15 años y un día’ o ‘3 bodas de más’ (sobre todo cuando ha sido el éxito taquillero de esta temporada en recaudación nacional) se fueran tan de vacío.
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