lunes, 3 de febrero de 2014

Adiós a Phillip Seymour Hoffman, el mejor actor de su generación

(1967-2014)
La noticia del fallecimiento de Phillip Seymour Hoffman ha sacudido el mundo cinematográfico con la trágica noticia que en la tarde de ayer inundó titulares y se extendió como la pólvora por las redes sociales. Su pérdida constituye la interrupción de una de las carreras interpretativas más brillantes de las últimas décadas. Seymour Hoffman era uno de los mejores actores del mundo, un portento capaz de multiplicar los matices actorales como ningún otro actor de su generación. Su versatilidad y minimalismo a la hora de encarnar personajes aportaron la sutilidad de varios y diferentes códigos que conseguía, con una facilidad deslumbrante, llevándolos hasta el extremo de la genialidad. Su extraordinaria habilidad para metamorfosearse en sus personajes y una voz profunda de personalidad inconfundible hicieron de él un metódico intérprete que llenaba la pantalla con su sola presencia.
El actor fetiche de Paul Thomas Anderson, con el que compartió cinco de sus seis películas como director (‘Sidney’, ‘Boogie Nights’, ‘Magnolia’, ‘Punch Drunk Love’ y ‘The Master’), nos deja memorables trabajos como ‘El talento de Mr. Ripley’, ‘Happiness’, ‘Casi famosos’, ‘Cold Mountain’, ‘Capote’ (cinta por la que ganó el Oscar en 2005), ‘La última noche, ‘Misión: Imposible III’, ‘La duda’, ‘Moneyball’, ‘El gran Lebowski’, ‘Antes de que el diablo sepa que has muerto’ o ‘Synecdoche, New York’, entre otros tantos. Trabajos que hicieron de este actor uno de los más reconocidos y capacitados de Hollywood. Ha sido encontrado muerto en su apartamento de la calle Bethune en el neoyorquino barrio de West Village, con una jeringuilla hipodérmica en el brazo. Una sobredosis de heroína acabó con su vida. La droga se lleva así a otro actor cuyo talento podría haber seguido en un ascenso que parecía no tener fin.